jueves, 27 de marzo de 2025

CORAZONES ENDUREDICIDOS

La realidad de tus circunstancias te pone en tu sitio. Si andas con corazones endurecidos, tu corazón también se endurecerá. Alejarte de Dios endurece tu corazón porque si no estás con y en Él, estás con el mundo, demonio y carne, y en ese ambiente tu corazón se endurece y deja de ser tierno, compasivo y misericordioso.

Y un corazón endurecido se cierra a la verdad, a la escucha de la Palabra de Dios, y se pierde en la oscuridad de la confusión y del sin sentido. El corazón endurecido se justifica, y ello le lleva a señalar a Jesús como príncipe de los demonios con poder para expulsar a los demonios. Cosa absurda y disparatada, porque el demonio no se va a expulsar a sí mismo.

Otros, cerrados a la fe, exigen signos y pruebas que le abran los ojos, cuando el signo fundamental lo tienen delante. Y es que cuando te traiciona a ti mismo terminas por cerrarte a la evidencia y justificar tus razonamientos auto traicionándote. Además, si Dios te muestra su Poder y su Rostro, la encarnación, celebrada hace unos días, no hubiese hecho falta.  Y menos la redención y muerte de nuestro Señor Jesús. Por tanto, se hace necesaria la fe y el fiarnos de la Palabra de nuestro Señor, y poner toda nuestra confianza en Él.

miércoles, 26 de marzo de 2025

AMAR HASTA EL ÚLTIMO DETALLE

Posiblemente, el más mínimo detalle, por insignificante que parezca tiene gran importancia, hasta el extremo de que puede ser la clave del éxito, de la comprensión o del cambio de cualquier persona. De ahí que hay que cuidar todos los detalles por insignificantes que parezca.

En el Evangelio de hoy, Jesús, el Señor, nos habla de eso: (Mt 5,17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

El amor se manifiesta tanto en lo grande como en lo pequeño. Los detalles fortalecen el vínculo del amor, porque, el amor es un compromiso, no una pasión o un placer. El amor es la búsqueda del bien de otra persona, y, referido al matrimonio, es la búsqueda del bien de ambos por ambos, valga la redundancia.

Tenemos un modelo para fijarnos: El Amor con el que nos ama nuestro Padre Dios, y al que hace visible nuestro Señor Jesús, el Hijo encarnado en Naturaleza humana. Fijándonos en Él, y tomándolo como referencia, el amor nos lleva al cumplimiento de la ley, incluso en los detalles mínimos, como las caricias, las miradas, la atención constante y el desvelo, que siendo, aparentemente, actos insignificantes y pequeños, dan al amor su propia esencia y su grandeza.

martes, 25 de marzo de 2025

Y MARÍA DIJO, SÍ.

Detrás del Sí de María se esconden muchas conclusiones. Primero, dejar paso a la prioridad del Plan de Dios; segundo, confiar en su Palabra y aceptar todas las dificultades que se presenten. El camino no parece fácil ni sencillo. Las incomprensiones se presentan inevitablemente, y los pareceres ante las apariencias auguran un cúmulo de dificultades y obstáculos que no parece fácil superarlos.

A pesar de eso, María dice: Sí al Plan de Dios, y abre su corazón y pone plenamente su voluntad al servicio y Voluntad – valga la redundancia – de Dios. Así, de esta manera, aparentemente simple, empieza el Plan de Dios en este mundo. María, nuestra Madre, hace de puerta para que su Hijo, nuestro Señor Jesús, sea el Redentor que rescatará nuestra dignidad – manchada y herida  – de la esclavitud del pecado. Pero, para ello, María, una mujer sencilla y humilde, acepta participar en la historia de Dios sabiendo de las dificultades, pero consciente de que Dios va a ser la prioridad de su vida.

Vendrán días de soledad, incomprensión, tristezas, sufrimientos e innumerables interrogantes que no entenderá, pero, abre su corazón al Señor para que se haga presente en nuestra historia humana y, por su mérito entre la Gracia y la Misericordia de Dios en nuestras vidas, y, por ello, la salvación.

lunes, 24 de marzo de 2025

EL PELIGRO DE NO RECONOCER EL TALENTO DEL OTRO

Es fácil caer en el peligro de mostrarse indiferente ante el talento del otro. Sobre todo si ese otro es alguien de afuera, o contrario a nuestra manera de pensar. La vida nos ha mostrado muchos ejemplos de ese cainismo que está anclado en nuestro corazón. Y es, precisamente, esa inclinación al mal la que debemos tratar de expulsar de lo más profundo de nuestro corazón en este tiempo de conversión y fe – Cuaresma – que se nos brinda como oportunidad de salvación.

Es cierto que nos cuesta quedarnos en segundo plano. Es cierto que nos duele que se mire al otro mejor que a mí, pero es ese dolor el que nos purifica y nos abaja de nuestro pedestal de soberbia y suficiencia. Es la cruz de la humildad la que nos salva, no el talento o la suficiencia, que sólo sirven para entregarlas – para eso se nos han dado -  en servicio al que lo necesita.

Ahí está establecida la lucha. Dejarnos llevar por nuestra soberbia significa hundirnos en los celos y envidia por el talento ajeno, y eso nos descontrola, nos empobrece y nos deja vacío de contenido y de esperanza. Tratemos de ser humildes y de reconocernos pobres y, nunca, mejores que otros.

domingo, 23 de marzo de 2025

CIERTAMENTE, DIOS NO NOS CASTIGA

Sucede que las personas que sufren alguna adversidad, al menos nos parece, viene de un castigo de Dios. Y, por otro lado, las que intentan hacer su Voluntad reciben premio y les va bien.

En mi humilde opinión, ni una cosa ni otra. Dios, nuestro Padre, no se mete en esas cosas, si bien, si lo cree necesario actuará. Él es dueño de hacer lo que crea, sobre todo si es para bien de sus hijos.

Las cosas suceden porque los hombres, consciente o inconsciente las provocan con sus actuaciones. A veces aparecen sin intención, por coincidencias en el tiempo o en la acción, y otras por nuestras irresponsabilidades, errores y pecados. Dios ha dejado el mundo en nuestras manos, y para nuestra salvación. Es cierto que nos acompaña y nos asiste, pero siempre contando con nuestro permiso. Nos ha creado libres y nos deja la libertad para que decidamos nosotros.

Otra cosa es que nos ha creado a su imagen y semejanza, y eso nos inclina, al menos lo experimentamos, deseos de hacer el bien y amar. Y otra, consecuencia de nuestra libertad – si no no seríamos libres – inclinados a dejarnos seducir por nuestras pasiones, ambiciones y egoísmos. La sombra del pecado nos acompaña y nos somete si no acudimos al Espíritu Santo, que desde la hora de nuestro bautismo está presente en nosotros.

La paciencia de nuestro Padre Dios, así como su Misericordia es Infinita, y, a pesar de nuestras meteduras de pata, errores y pecados, nuestro Padre nos da siempre la oportunidad de arrepentirnos y convertimos. Así nos lo dice en el Evangelio de hoy con esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar … Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”.

sábado, 22 de marzo de 2025

ESPERANZA EN LA MISERICORDIA

Aquellos momentos, imagino, tuvieron que ser trágicos. Pobre, indefenso, arruinado, alejado de su casa y de la protección de su padre, aquel hijo estuvo a punto de la desesperación y de cualquier disparate. Sin embargo, le pudo la razón y la confianza en la misericordia de su padre. Su conclusión fue confiar en el padre y regresar a casa.

La pregunta que nos lleva a la reflexión es: ¿Qué hubiésemos hecho nosotros? ¿Confiar en la misericordia de nuestro padre, o, desesperado hundirnos en la perdición? La parábola del hijo pródigo o, también conocida del Padre amoroso, nos señala el verdadero camino a tomar. Tenemos un Padre Infinitamente Misericordioso, y eso nos debe servir para no desesperar sino, tras reconocer nuestros pecados, levantarnos y volver a la Casa del Padre.

Porque, en ningún lugar estaremos mejor que con el Padre. Nuestro querido Padre, que nos ha creado, nos ha dado todo lo que somos y tenemos, y nos quiere con un Amor Misericordioso hasta el extremos de, encarnado en Naturaleza humana, segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo Predilecto, entregar su vida por nosotros.

¿Se puede querer más? Y nos espera con una paciencia infinita, para acogernos, abrazarnos y perdonar nuestros pecados. La mejor opción, nuestra mejor opción es levantarnos y volver a casa. Se nos permite pecar, pero no quedarnos en el pecado.

viernes, 21 de marzo de 2025

CERRADOS A LA ESCUCHA DE LA PALABRA

Vivimos con cierta indiferencia a nuestro destino. Imbuidos en el consumo de un mundo que nos seduce con sus ofertas, desde siempre no hemos rebelado contra nuestro propio origen y destino. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Dónde esta nuestra felicidad? Porque, una cosa es clara, buscamos la felicidad.

La realidad, nuestra propia realidad, es que hemos sido creados y provisto de todo lo necesario, y capacitados de libertad y talentos para, con nuestro esfuerzo, construir el mundo en el que vivimos y alcanzar la felicidad que buscamos. Porque, hemos sido creados para ser felices eternamente. Sin embargo, no despertamos a ese bien del que dependemos y del que hemos recibido todo lo que somos y tenemos. Y nos negamos a devolverle los frutos que espera de nosotros.

Podemos decir que de alguna manera nos negamos a ser felices. Precisamente para lo que hemos sido creados. Y, el Creador, ha enviado a Profetas una y otra vez y los hemos matado. Por último nos ha enviado a su Hijo predilecto, y hemos hecho lo mismo, le hemos matado. Y erre que erre seguimos haciéndolo cada día de nuestra vida. ¿Hasta cuándo vamos a resistirnos a la escucha de la Palabra de nuestro Creador?

Mientras, nuestro Padre Dios, nos sigue amando y perdonando. Y nos espera con Infinita Misericordia a que nos demos cuenta de todo su Infinito Amor y le devolvamos esos frutos de gloria y alabanza por todo lo que somos y nos ha dado gratuitamente sin merecerlo.