lunes, 6 de mayo de 2019

INTERESA LO QUE PERDURA Y NO MUERE

Resultado de imagen de Jn 6,22-29
Jn 6,22-29
Una de las cosas más estimadas por la persona humana es buscar aquello que es bueno y perdurable. Cuando compramos algo buscamos que sea bueno, bonito y barato. Y yo añadiría ahora que dure bastante. Es una de las características que nos gusta y más buscadas. Interesa lo que perdura y no muere. Claro, aquí en este mundo sabemos que todo perece y tiene su tiempo.

Por eso, conviene buscar lo que no perece. Es lo que nos aconseja hoy Jesús, que se da cuenta que lo buscan simplemente porque se han saciado de alimento cuando han estado con Él: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello».

Eso es lo verdaderamente importante. ¿Y qué significa eso que nos dice Jesús? Pues, que el alimento de aquí abajo es un alimento temporal, que nos sacia para unos momentos, pero que más tarde tendremos de nuevo que alimentarnos. Un alimento que perece y que no nos da la Vida Eterna. Es ese el alimento que tenemos que buscar y que solamente lo encontraremos en Jesús.

Por todo ello, busquemos a Jesús motivados, no por lo que de material podamos conseguir, sino buscando la Gracia que Él nos da y que nos lleva hasta la Vida Eterna. Es esa agua que prometía a la samaritana cuando le hablaba de esa agua que salta hasta la Vida Eterna - Jn 4, 5-42 -. 

Porque, todo lo de aquí abajo no sirve sino de forma temporal. Y, es verdad, lo necesitamos, pero de forma transitoria y sistemática, porque lo que nos salva es la presencia y nuestra cercanía con Jesús. Es Él el Camino, la Verdad y la Vida, y sin Él no encontraremos la forma de llegar a la Casa del Padre.

domingo, 5 de mayo de 2019

APARTADOS DEL SEÑOR NOS ENGULLE EL MUNDO

Resultado de imagen de Jn 21,1-19
Jn 21,1-19
A pesar de las apariciones del Señor, los apóstoles no reaccionan. Están desolados y desorientados. Quieren volver a su actividad anterior. Deciden ir a pescar, y como a una sola voz todos se lanzan a la actividad de la pesca. ¿Nos ocurre a nosotros lo mismo? Cuando nos apartamos del Señor solemos volver a la rutina de nuestra vida. Nuestro trabajo, nuestras aficiones y entretenimientos y nuestra vuelta a la vida en el mundo que estamos inmersos.

Quizás se te haya pasado un poco la euforia pascual, o te hayas relajado un poco en las aguas de este mundo que, sin darnos cuenta, nos mecen dulcemente o nos violentan fuertemente hasta alejarnos de la presencia del Señor. Posiblemente hayamos salido a pescar, a cultivar, a alguna actividad que nos ayude a pasar el tiempo y eso nos haga perder la mirada en el Señor. Pero, Él no se va de nuestro lado y te espera en la playa, en el campo o en donde tú estés. Quizás, el problema sea que tú y yo no lo veamos.

Tratemos de darnos cuenta, tal y como hizo Juan. Y respondamos como Pedro, que, oyéndolo, se lanza al mar en busca del Señor. Busquemos al Señor y respondamos a su llamada poniéndonos en sus Manos y dejando que nos transforme nuestro corazón, empobrecido por el mundo, en un corazón manso, generoso y dado a proclamar el anuncio de la Buena Noticia de la Resurrección del Señor.

El Señor nos enseñará a pescar, a pescar hombres para su Reino. Porque, sumergidos en el mundo, los hombres se pierden, se ahogan y se condenan. Les falta el oxigeno de la vida espiritual que los purifica y los limpia de todo pecado y les da vida eterna. Él nos da el alimento necesario para que encontremos la fuerza necesaria para ser pescadores de hombres. Porque, a partir de nuestro bautismo todos estamos llamados a dar testimonio de esa nueva vida que nos hace hijos de Dios y coherederos con su Hijo, nuestro Señor, de su Gloria.

sábado, 4 de mayo de 2019

SERÍA UN DISPARATE TRATAR DE NAVEGAR SOLO

Imagen relacionada
Jn 6,16-21
Hay momentos que intentamos ir solos por el inmenso mar del mundo, y lo hacemos porque estamos convencidos de nuestras propias fuerzas y de que solos nos bastamos para luchar contra las tempestades del inmenso mar. Pero, la experiencia nos descubre que sería un gran disparate tratar de navegar por el mundo solos. La vida es una navegación, en términos marinos, por el mar que conduce a la plena felicidad, porque eso es lo que toda persona humana persigue.

Todos buscamos un lugar especial donde podamos vivir felizmente y eternamente. Al menos es lo que en lo más profundo de nuestro ser queremos y anhelamos. Sin embargo, sucede que no terminamos de creérnoslo y que nos parece una utopía. Eso nos hace desviarnos del rumbo trazado hacia esa meta de la eternidad. Somos poco ambicioso y nos resignamos a acabar aquí nuestra ruta de navegación.

 ¿No es eso una pobreza? ¿No es eso una vida sin esperanza y resignada a la muerte? ¿Acaso no se nos ha proclamado la vida eterna? ¿No es el gran testimonio y la gran esperanza la Resurrección del Señor? Posiblemente, nuestra naturaleza humana nos imposibilita ver con claridad, y, por supuesto, creer. Supongo que a todos nos gustaría creer y vivir en esa esperanza, pero, lamentablemente, estamos sometidos a las apetencias de nuestra propia naturaleza humana que nos impide ver con los ojos de la fe.

Cada día se desata una lucha a muerte. Un combate en donde tenemos que demostrar nuestra elección y dejar muy firme y clara nuestra opción de optar por la vida, Vida Eterna. Y eso significa, no hay otro camino, seguir a Jesús. Para eso se nos ha dado la voluntad, para dirigir nuestra capacidad libre de elegir nuestro camino y, libremente, ponernos en Manos del Señor.

Y en eso consiste en dejar subir al Señor a la barca de nuestra vida. Invitarle, porque Él está presto y disponible a subirse, para que tome el timón de nuestra vida y nos oriente rumbo hacia el puerto deseado donde nos espera nuestro Padre Dios. Porque, a pesar de que muchos no nos enteramos, eso es lo que todos deseamos. El Señor está dispuesto, pero necesita nuestro permiso, pues ha dejado en nuestras manos esa elección. Podremos elegir seguirle o no. Dependerá de cada uno de nosotros, de modo que tú y yo decidimos. El Señor ya ha hecho su apuesta por nosotros.

viernes, 3 de mayo de 2019

JESÚS, ROSTRO DEL PADRE

Resultado de imagen de Jn 14,6-14
En la medida que conocemos a Jesús vamos conociendo al Padre. Porque, Jesús es el rostro de Dios Padre y con su Vida nos va enseñando y mostrando como nos quiere el Padre y lo que nos tiene preparado para aquellos que creen en el Hijo, que Él ha enviado para decirnos lo que nos ama.

Todos llevamos grabados en nuestros corazones el amor de Dios. La huella de su amor está impresa en nuestro corazón y también su Alianza con cada uno de nosotros - Jer 31, 31-33 - y, quieras o no, vayas despistados o no, o no quieras darte cuenta, llegará la hora de tu encuentro inevitable con el Señor. Por tanto, conviene conocerle y estar a bien con Él.

Para eso te ha creado libre, para que seas tú mismo quien decida estar a su lado o contra Él. Hoy les descubre a los apóstoles su verdadero Rostro: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto» 

Y a las Palabras de Felipe responde: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Nuestra vida es un gran privilegio y debemos aprovecharla. Nuestro tiempo es un regalo inmenso de Dios que debemos aprovechar, porque se puede acabar en un instante. Y no sabemos. Por tanto, abramos nuestro corazón a su Palabra y creamos en Él. Fíate de su Palabra, es el mejor Camino para tu vida.

jueves, 2 de mayo de 2019

LA OPORTUNIDAD DE CREER

Imagen relacionada
Jn 3,31-36
Tu tiempo es ahora y debes de cuidarlo y aprovecharlo. Tu vida tiene un tiempo y ese es tu tiempo de salvación. No conviene gastarlo inútilmente y de manera indiferente, distraida, superficial y en cosas vanas y vacías. Ese tiempo representa tu gran oportunidad de ponerte en Manos de Dios a través de su Hijo, el enviado, el Mesías que nos da todo lo que su Padre le ha dado. Creer en su Palabra es tomar el verdadero camino de salvación para alcanzar la Vida Eterna en plenitud, que es precisamente lo que todos buscamos.

Y, aunque todo lo que tienes lo has recibido gratuitamente y sin condiciones, dependerá de ti y sólo de ti el que tu elijas lo mejor, que es precisamente tu salvación. Y esa salvación no está en las cosas de aquí abajo, como hoy te descubre, te enseña y te lo dice el Evangelio, sino en mirar y levantar la mirada hacia arriba, porque es de arriba de donde nos viene la salvación: El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida.

Aquí abajo no hay nada que nos pueda dar lo que buscamos, y menos nuestra verdadera y anhelada salvación. Porque, tú y yo queremos salvarnos, pero no salvarnos unos años sino siempre. Es decir, la eternidad. Y esa nos viene dada de arriba, del que viene de arriba. Del que ha venido y nos ha revelado el amor del Padre. Por lo tanto, buscar lo de arriba es creer en la Palabra de Dios revelada por nuestro Señor Jesucristo, el Hijo predilecto en el que el Padre pone toda su complacencia.

Aprovechemos nuestro tiempo, regalo inmerecido de Dios, para, entregando libremente nuestra vida al servicio de la Palabra de Dios, podamos aspirar a todo lo que viene de arriba y alcanzar la Vida Eterna que nuestro Padre Dios nos regala gratuitamente y sin condiciones.

miércoles, 1 de mayo de 2019

LA LUZ NOS DEJA VER CON CLARIDAD

Resultado de imagen de Jn 3,16-21
El Evangelio de hoy nos abre la mente. Claro, a quienes quieren abrirla y mirar de frente la Verdad. El Amor de Dios es Infinito y no está a nuestro alcance entenderlo. Es un hermoso y maravilloso misterio, porque todo lo que se desprende de él es bueno, agradable, apetecido, gozoso y no acabaríamos de ponerles epítetos tan hermosos y extraordinarios que nos suenan a música celestial. 

Dios nos ama tanto que nos ha creado para hacernos la vida agradable, gozosa y eterna. La realidad es que no sabemos ni cómo expresarlo. Es algo que ni siquiera podemos llegar a imaginarnos. Y ese amor es tan grande que, condenados ya por el pecado, encarnándose se ha hecho Hombre y ha bajado a este mundo para, igualándose como nosotros, acompañarnos a encontrar el único y verdadero camino de regreso a la Casa del Padre.

Pero, y aquí está la clave de la cuestión, no ha querido imponernos esa salvación, que habíamos perdido por el pecado, sino que nos ha, poniéndose Él primero en la fila y entregando su vida de forma voluntaria por nosotros, dejado la libertad de elegir por nosotros mismos. Una elección que exige confianza y fiarse, a pesar de no entender muchas cosas. La misma paradoja que vivimos con nuestros padres que, sin entenderles, nos fiamos de sus consejos y mandatos.

Ocurre lo mismo con el Señor. La distancia entre nosotros y Él es Infinita, y nuestra capacidad, limitada y pobre, no llega nunca a entenderle. Necesitamos fiarnos y creer en Él. Y eso es lo que nos propone. Te fías o no. En ese sentido eres libres para elegir y para jugarte tu salvación eterna. Porque, de no creer en Él quedas ya juzgado. Tendrá un crédito según los años que te queden de vida. pero te urge darte prisa, porque no sabrás nunca cuando acaba ese crédito. Puede ser en este mismo momento o...

Busca la luz, porque quien está en la verdad no se esconde y deja que sus obras sean vistas por los demás. Eso es indicio que tus obras están cargadas de buenas intenciones, y, aunque manchadas por el pecado, buscan la luz que las purifiquen y las limpien. Y, seguramente, la encontraran, porque es Dios quien te busca primero y sale a tu encuentro.

martes, 30 de abril de 2019

¿NOS DEJAMOS DIRIGIR POR EL ESPÍRITU SANTO?

Resultado de imagen de Jn 3,7-15
Jn 3,7-15
Quizás recibimos el bautismo y no incide de una forma decisiva en nuestra vida. Es decir, nos bautizamos y seguimos la misma forma de vida. No ha cambiado nada y, siendo los mismos, seguimos haciendo lo mismo. Y eso debe ser entendido como una mala señal o un mal signo. Porque, si por el bautismo nuestra vida sigue igual a como era antes de bautizarnos y no sufre ninguna transformación hacia una Vida Nueva, significa que le hemos cerrado la puerta al Espíritu Santo.

Y de eso somos nosotros directamente los responsables. Porque, se nos ha dado desde lo alto la capacidad para elegir y aceptar o no la acción del Espíritu Santo. Si bien, el hecho de bautizarnos debe ser signo de que hemos aceptado el recibirlo y darle la libertad de que actúe en nosotros. Pero, al parecer eso no sucede y comprobamos que muchos bautizados siguen luego sus propias iniciativas o apetencias sin tener en cuenta la acción del Espíritu Santo.

Precisamente, hoy nos lo aclara Jesús en el Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu»

Nosotros podemos entender a que se refería Jesús, pues tenemos ventaja sobre Nicodemo y que nuestra Madre, la Iglesia nos lo ha enseñado y explicado. Pero, esa ventaja no significa que hayamos abierto nuestro corazón al Espíritu, sino que, peor aún, sabiéndolo lo tengamos cerrado a su acción. Y eso es muy grave para nuestra salvación. Dependerá, pues , de nosotros que el Espíritu Santo actúe y nos transforme, porque siempre respetará nuestra libertad en aceptarlo o no.

Recibir el bautismo significa que aceptamos y queremos ponernos en Manos del Espíritu para que, recibiéndolo nos transforme y nos dé esa Vida Nueva que viene de lo Alto y de la que nos habla Jesús. Una Vida Nueva que nos va a dar Vida Eterna en plenitud. Una Vida Nueva que transformará toda nuestra vida terrenal en los diferentes estados de profesional, cultural, deportivo, lúdico, familiar y, sobre todo, de piedad. Una Vida Nueva que se ve transformada y tocada por la Gracia de Dios.