martes, 13 de abril de 2021

ABIERTOS A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

 

En la medida que dejas que tu corazón se abra a la acción del Espíritu y dirija tu vida, empieza a nacer en ti una vida nueva, un corazón nuevo. Un nacimiento, que no significa cambia la vida, sino la forma de mirarla y de verla. 

Ver la vida desde un prisma humano y material a verla desde la Palabra y la mirada de Dios sobre el corazón humano, significa volver tu mirada hacia Dios. Permitir- puesto que se nos ha dada la libertad de elegir - que la Voluntad de Dios viva, sea lo primero y ocupe el centro de tu corazón.

Se trata de que la Sabiduría de Dios, no la del mundo, sea el Norte de tu vida y, desde ella y por ella, tu vida refleje en todos sus actos la presencia de Dios, hasta el punto de que se note y los demás la adviertan. Una Sabiduría que, quizás sea ignorancia para el mundo, pero que nos viene de arriba, del Cielo y que nadie conoce excepto Jesús, porque nadie ha subido al Cielo sino Él.

Nacer de nuevo es despojarse de todo conocimiento mundano que nos materializa, nos ensobebece y nos hace suficiente hasta el punto de prescindir de Dios creyendo que tú lo sabes todo y, en realidad, no sabes nada. Nacer de nuevo es abrir los ojos de nuestra ignorancia para convertirnos, por la Gracia del agua y del Espíritu en nuestro bautismo, en verdaderos hijos de Dios. Siervos humildes y pequeños.

lunes, 12 de abril de 2021

NACER DE NUEVO

 

Se extrañó Nicodemo, jefe y maestro judío de la ley, y, posiblemente, también nos extrañaríamos nosotros sí, perteneciendo a aquella época, Jesús nos hubiese dicho lo mismo que dijo a Nicodemo. No hubiésemos entendido eso de tener que nacer de nuevo. Y si hoy lo entendemos es gracia a la Madre Iglesia que a través de los padres de la Iglesia nos lo explican y transmiten.

Indudablemente, en nuestro bautismo nacemos a una vida nueva, una vida que nace del agua y del Espíritu que recibimos en el bautismo. El mismo Espíritu que recibió Jesús en el Jordán cuando fue bautizado por Juan y presentado por el Padre. Ese Espíritu que sopla por doquier y nos mueve por el camino del amor y de la misericordia. De esa manera se lo dijo Jesús a Nicodemo: 
                                                         «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu». 
 
Y es ese Espíritu quien nos mueve contando con nuestro permiso. Hemos sido creados libres, libres para abrirnos a la verdad y al amor. Y es el Espíritu de Dios quien nos mueve en ese camino. Por tanto, nacer de nuevo significa poner nuestro corazón en manos del Espíritu Santo para que oriente y dirija nuestra vida según la Voluntad de Dios, que no es otra que darnos nuestra salvación plena de gozo y felicidad eterna.

domingo, 11 de abril de 2021

MIEDO - ESCEPTÍCISMO - PAZ

 

La consecuencia del miedo es la defensa. Una defensa que se convierte en ataque, pues, no en vano se ha dicho que la mejor defensa es un ataque. No deja de ser una paradoja para el cristiano, pues, ¿cómo deseando la paz se puede responder con violencia? Jesús muere por amor y se presenta vulnerable - encarnado en naturaleza humana - como cualquier hombre. Su presencia invita siempre a la paz.

Los discípulos, escépticos se esconde tras sus miedos y tratan de aislarse de toda relación social y permanecen con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Hacemos un paréntisis para preguntarnos: ¿Permanecemos también nosotros cerrados - interior y externamente - por miedo al qué dirán, a los incrédulos, a los intereses económicos, a...? Tratar de situarnos y responder a nuestras actitudes sería una buena señal y compromiso en el esfuerzo de dar una respuesta a esa pregunta del Señor. ¿Creo realmente en Él y en su Resurrección?

Tomás tuvo ese problema, pero también la oportunidad de retractarse y de creer en Jesús como el Señor. Y tuvo esa oportunidad porque estaba allí. Volvió a la Iglesia, a la comunidad, al grupo que había acompañado a Jesús en esos tres años de anuncio y proclamación de la Buena Noticia. Y, el estar allí, le dio esa oportunidad de encontrarse con Jesús y tener esa experiencia que él buscaba por su incredulidad.

Quizás nosotros no hemos tenido la paciencia y la fortaleza de saber esperar y aguardar en el lugar donde encontrarnos con el Señor. La Iglesia nos da esa oportunidad, porque, fue en esa Iglesia primitiva e incipiente, que se formaba alrededor de los apóstoles, donde Jesús tuvo sus apariciones y a quienes quiso dar esa misión. Y donde envío la fuerza del Espíritu Santo, que dio la sabiduría y fortaleza a los apóstoles para anunciar la Buena Noticia.

sábado, 10 de abril de 2021

SEMILLA DE FE

 

La fe es un proceso, lento y perseverante. No se produce, al menos normalmente, de repente y de forma espontánea. Es como una siembra, que empieza de pequeña y, poco a poco, va creciendo hasta llegar a dar frutos. Es un camino en el que, la semilla sembrada, germina y crece. Podemos equiparar la siembra como un encuentro con Jesús, en el que escuchando su Palabra - abono y riego - va creciendo en nuestro corazón esos frutos de amor que la Palabra de Dios produce en nuestro corazón - nuestra tierra buena -.

Una tierra - nuestro corazón - que con la frecuencia de los sacramentos - Eucaristía y Reconciliación - va germinando y creciendo hasta dar frutos. No cabe ninguna duda que las dudas persistirán y estarán siempre presente en nuestro camino. El diablo se encarga de eso y busca siempre la forma de seducirnos, engañarnos y tentarnos. El mundo está a sus pies y le ofrece muchos recursos. Él busca que nuestra semilla no eche raíces, no muera y, en consecuencia, se seque y no dé frutos.

En contrapartida, necesitamos perseverar unidos al Señor y a los hermanos en la fe. La parroquia es un lugar donde podemos fortalecernos y sostenernos firmes para que nuestra semilla de fe persevere y dé frutos. No tengamos miedo. Posiblemente, el riesgo, la incertidumbre e inseguridad nos ayudan a mantenernos cerca del Señor y a pedirle su auxilio. 

Experimentamos esa necesidad, como los apóstoles, de descubrir su presencia, de saber que está Vivo entre nosotros y que, caminando a su lado, podemos resistirnos al pecado y, por consiguiente, dar frutos.

viernes, 9 de abril de 2021

DESESPERANZA Y DESENCANTO

 

Cuando las cosas no te salen como esperas, aparece el desencanto y la desesperanza. Concluyes que nada importa y, resignado y aceptando la fatalidad, emprendes la vuelta a la rutina de antes. Inicias tu propio regreso a Emaús desencantado y desesperanzado. Todo ha acabado y vuelve a lo mismo. Como si se trata de una vana ilusión, todo parece haber acabado.

Podíamos, a mi manera de ver, resumir así la vuelta de aquellos discípulos a Emaús. Unos regresan a la rutina diaria de su Emaús, y otros vuelven a la pesca. Es lo que hace Pedro, ¡me voy a pescar! Es la decisión de dar todo por terminado. Hay que volver de nuevo a lo que siempre hemos hecho, pescar peces. Y los demás siguen sus pasos. De alguna manera, Pedro está demostrando el por qué Jesús le había elegido el primado de su Iglesia.

Ambas actitudes descubren un regreso al pasado, al desencanto y resignación. Todo se ha acabado. Jesús ha muerto y nuestra esperanza se esfuma en Él. Y eso que ya habían tenido alguna respuesta de la Resurrección del Maestro. Las dudas, la incredulidad y los fantasmas están siempre presentes. ¿No nos ocurre también a nosotros lo mismo? ¿Cuántas pruebas y testimonios necesitamos para confiar y abandonarnos en el Señor? ¿Qué débil es nuestra fe?

No acabamos de descubrirle, ni de tener una experiencia vital de encuentro con Él. Estamos desencantados y pensamos dejarlo todo y volver a nuestra rutina mundana. Creo que esa es la actitud de aquel grupo que había compartido aproximadamente tres hermosos años de esperanza y de gozo con Jesús. Habían puesto todas sus esperanzas en Él. Y, creo también, que esa puede ser nuestra actitud, la de resignarnos y quedarnos establecidos en una simple y superficial religiosidad de cumplimientos.

Pero, la realidad es otra, Jesús Resucitó desde una vez para siempre. ¡Y Vive entre nosotros! Necesitamos despertar y darnos cuenta de que Él sigue entre nosotros y nos acompaña en nuestro camino. ¡No perdamos la esperanza de encuentro, cada día, con Él! Está Vivo en la Eucaristía y dentro de cada uno de nosotros.

jueves, 8 de abril de 2021

EN EL CAMINO DE MI PROPIA EXPERIENCIA

 

Me identifico con aquellos dos discípulos de Emaús. Y, digo que me indentifico porque, de alguna manera experimento lo mismo que ellos, ese ardiente deseo interior del corazón que arde al escuchar su Palabra y descubrir su presencia en mis actos de cada día. Experimentar gozo y alegría delata su cercanía y presencia hasta el punto de dar la vuelta y emprender el camino de regreso contrario a ese Emaús resignado y desencantado.

Descubrir que tu corazón arde en deseos de vivir esa Palabra que llega a lo más profundo de su existencia y te llama a seguirle, a anunciarle y, hasta el extremo de responder a ese compromiso contraído desde la hora de tu bautismo, es la prueba de que Jesús se hace presente en mi vida y me anima a seguir adelante. Es ese Espíritu de Dios que me mueve a descubrir en cada instante de mi vida su presencia. Es mi camino de Emaús.

Y, experimento que mis primeras reacciones espontáneas y repentinas se encaminan a tenerle presente en todos los actos de mi vida. Él está presente en mi vida y su Palabra enciende mi corazón, me activa y me remite a Él. Jesús se nos presenta en nuestro propio y singular camino de Emaús. Se hace presente en tu vida de búsqueda, de encuentro y de deseo de experimentarle. Indudablemente, es Él quien nos busca primero, pero nos respeta y desea tu colaboración desde la libertad que te ha dado.

Solo se manifiesta a aquellos que le buscan, tanto de palabra como con los actos de su vida. Aquellos que de alguna manera manifiestan en su camino el deseo de encuentro con Él. La pregunta que nos podemos hacer es: ¿soy yo uno de esos?

miércoles, 7 de abril de 2021

TAMBIÉN TÚ CAMINAS HACIA EMAÚS

Lc 24,13-35

He de confesar que en muchos momentos de mi vida he sentido deseos de retirarme, de entender la andadura de mis últimos años como un dulce retiro de gozo y comodidades que mis posibilidades me puedan permitir. Y confieso que esa era la forma que había pensado y concebido como el ideal de mi jubilación. Sin embargo, sin darme cuenta y, como llevado por un impulso interior - Espíritu Santo - me he sentido envuelto en una dinámica diferente, comprometida y sin apenas tiempo de reposo y de relajamiento.

Mi huida a mi Emaús particular se ha visto interrumpida por un compromiso progresivo de anuncio, tanto escrito como de palabra, de la Buena Noticia. Y ese compromiso me ha despojado de asentarme en mis comodidades y placentera vida. No puedo decir cómo fue ni cómo empezó. Por eso, pienso y creo que ha sido obra del Espíritu de Dios que me ha ido llevando donde, a pesar de las dificultades y obstáculos, yo quería estar.

No cabe ninguna duda que Jesús Resucitó y que se les presentó a aquellos dos discípulos que habían arriado su fe y regresaban de vuelta a su aldea de Emaús. Y su presencia bastó para que sus corazones ardieran de nuevo encendiendo su fe. Porque, Jesús se presenta y se descubre a aquel que de alguna manera le busca, le llama y quiere seguirle. Esa creo que es la razón de que se me haya presentado a mí también en mi vida. No tan claramente como a aquellos discípulos camino de Emaús, pero sí, poco a poco, en el camino de mi vida indicándome y señalándome la senda por donde debo ir.

Y lo experimento en estos momentos con gozo y alegría. Entiendo y veo que de haber ido por otro camino, creyendo que iba a encontrar la felicidad que todos buscamos, me habría equivocado. La verdadera felicidad se esconde detrás del esfuerzo, del sacrificio y del amor generoso y entregado gratuitamente a los demás, buscando precisamente su bien.  Y Emaús significa lo contrario.