sábado, 10 de julio de 2021

NO TENGAS MIEDO, CONFIA EN EL SEÑOR

 

La realidad es que, si tenemos fe, el miedo debe de desaparecer. Porque, nada podemos perder, es más, si acaso ganar con aquellos que pueden hacernos daño corporal, pero nunca matar nuestra alma, que será inmortal y llamada a vivir en plenitud de gozo y felicidad en presencia de Dios nuestro Padre.

Sin embargo, nuestra naturaleza, herida por el pecado, teme el dolor y el sufrimiento. Es, precisamente, ese miedo el que nos paraliza y cambia el rumbo de nuestra vida. Por miedo, dejamos de hacer muchas cosas que, al menos pensamos, debemos hacer. Por miedo guardamos silencio y ocultamos la verdad. Por miedo, llegamos, incluso, a cambiar, o al menos esconderlos, nuestros pensamientos y, también, por miedo, dejamos de seguir a Jesús.

Jesús, que conoce y sabe del miedo que hay oculto en nuestros corazones nos repite hasta por tres veces que no tengamos miedo. Primero, porque Él no se ha ido, está y ha estado siempre presente y camina con nosotros. Segundo, se ha quedado para fortalecernos y protegernos ente el peligro y la amenaza. 

Y, tercero, nos da fuerza para soportar y superar el mal que nos amenaza y para, con paciencia, humildad y confianza cargar, como hizo Él, con nuestras cruces de cada día. Por tanto, sin miedos, creamos en el Señor poniendo en Él toda nuestra confianza.

viernes, 9 de julio de 2021

EN UN MUNDO AL QUE NO PERTENECEMOS

Mt 10,16-23

Indudablemente, estamos en este mundo, pero no somos de este mundo. Hemos sido creados para vivir eternamente en un mundo de paz, verdad, justicia y, sobre todo, amor. Pero, previamente hemos de pasar por el puente de este mundo para llegar al otro, a ese otro al que hemos sido destinados. Y no es fácil, porque, no consiste simplemente en caminar y acabar el recorrido de esta vida, sino que va a depender mucho de la intensidad de nuestro amor durante el paso de nuestra vida por este mundo.

La visión de este mundo está en confrontación con el otro. Mientras aquí vale la ambición, el poder, la riqueza y la supremacía de unos sobre otros hasta el extremo de someterlo, explotarlo y hasta matarlo. En el otro mundo, ese que del que Jesús - el Hijo de Dios - nos ha hablado, prima la verdad, la justicia, la fraternidad y el amor. Es un mundo de paz, de justicia y de amor. Es un mundo de plena felicidad, gozo y eternidad.

Pero, costará sudor, lucha, dolor y sangre llegar a él. Porque, tendremos que olvidarnos de nosotros; prima siempre el bien del otro y sobre todo, amar al enemigo. A ese que te va a hacer sufrir, que te odia y quiere borrarte de este mundo. Fue ese camino el que recorrió Jesús, el que aceptó y sufrió por y para rescatarnos y libertarnos de la esclavitud del pecado. Y el camino que nos ha dejado señalado para que también, los que queramos seguirle, lo recorramos.

Ahora, no tengamos miedo porque no estamos solos. Nos acompaña el Espíritu Santo, recibido en nuestro bautismo, y al cual hemos prometido agarrarnos e injertarnos para afrontar la lucha contra ese mundo que nos quiere profanar, destruir y pervertir. En y por Él seremos fuertes y resistiremos las embestidas del mal. Precisamente, ha venido para acompañarnos y fortalecernos en esa lucha de cada día.

jueves, 8 de julio de 2021

EL REINO DE LOS CIELOS ESTÁ CERCA

 

La esperanza es algo que está dentro de nuestro corazón. No la vemos ni la tocamos, pero si la anhelamos y la sentimos. Experimentamos su presencia y nos anima y empuja a caminar. Quizás no nos damos cuenta que algo en nuestro interior nos llama a esperar, a desear, a tener una esperanza de un mundo mejor, que está ahí y que nos está esperando. Un mundo donde la paz, la concordia, la fraternidad y, sobre todo, el amor sea el centro de una vida gozosa y feliz eternamente.

Jesús - Reino de los Cielos - está entre nosotros. Ha venido a dar sentido a esa semilla de esperanza y eternidad sembrada en nuestros corazones. Él es ese Reino de los Cielos que envía a sus apóstoles a anunciar  y donde no hay llanto, enfermedad, sufrimiento ni muerte. Es el Reino al que estamos llamados para vivir en él eternamente.

Sin embargo, es evidente que no podemos esperar con los brazos cruzados. Si gratis lo hemos recibido, gratis lo hemos de ofrecer y dar. Anunciarlo nos da alegría, porque, el compartir fortalece y da gozo. Saber que todos estamos llamado a eso nos compromete a, una vez recibido, darlo con ese gozo de que los demás lleguen a recibirlo con alegría. Porque, lo que buscamos, aún sin saberlo, es ese Reino de los Cielos, que nos da la felicidad y la vida eterna.

miércoles, 7 de julio de 2021

Y HOY LA HISTORIA CONTINÚA

 

Jesús se daba cuenta de que tenía que preparar un grupo y dejar una Iglesia para que continuara su labor. Sabía de su Pasión, de su muerte y Resurrección y, por consiguiente, su Ascensión a los Cielos. Por tanto, era evidente que había que elegir al grupo de los apóstoles y prepararlos. El Evangelio de hoy, según San Mateo, nos narra ese hecho de la elección de los doce: (Mt 10,1-7): En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de...

También leemos al final; «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca». Observamos que el primer envío fue a la casa de Israel y que, tras el rechazo de los judíos, llegó a los gentiles con Pablo, el apóstol de los gentiles. 

También nosotros ahora, y desde la hora de nuestro bautismo, somos enviados a proclamar y anunciar que el Reino de los Cielos está cerca, que Jesús, el Hijo de Dios, enviado a este mundo, Vive entre nosotros, pues ha vencido a la muerte y ha Resucitado. Nos acompaña y, en el Espíritu Santo, somos asistidos y auxiliados para proclamar que Jesús Vive y camina entre nosotros. Él es nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida y en Él podemos y debemos apoyarnos para, con y por su Gracia, anunciar la Buena Noticia.

martes, 6 de julio de 2021

A PESAR DE TUS CRÍTICAS, JESÚS SIGUE AMÁNDOTE MISERICORDIOSAMENTE

 

Jesús pasa por alto todas tus críticas y dudas. No hace caso a tus lamentaciones ni acusaciones: ... Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios». A pesar de sus comentarios y señalamientos, Jesús sigue haciendo el bien: Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.

La cuestión es que, a pesar del tiempo, nada ha cambiado. Sí, la vida es diferente, pero, Jesús es el mismo y  su mensaje sigue siendo el mismo. Nos ofrece esa Buena Noticia del Amor de su Padre y su ofrecimiento a vivir eternamente en plenitud de gozo y felicidad junto a Él. Ahora, ¿cuál es nuestra respuesta hoy, siglo XXI?

¿Le tachamos, como aquellos fariseos de colaborar con el demonio? ¿Le respondemos con indiferencia dándole la espalda? ¿No nos sumamos a su misión de trabajar con y por los demás? No se trata de simplemente leer y estar o no de acuerdo, se trata de dar una respuesta. Tú decides.

lunes, 5 de julio de 2021

Y TÚ, ¿ACUDES AL SEÑOR EN LOS MOMENTOS DE APURO?

 

Suele ocurrir que la fe se enciende - está dormida - dentro de nuestro corazón cuando el peligro se ha consumado en nuestra vida. Es el caso de Jairo, del que se habla hoy en el Evangelio, y de muchos otros cuya vida están escritas en la presencia de Dios, aunque en el anonimato para muchos de nosotros.

Una de las preguntas que nos suscita la lectura de este pasaje evangélico de Mateo es la de plantearnos cuál es nuestra respuesta en los momentos duros que se nos plantea en la vida. ¿Acudes tú también al Señor con la misma fe con la que acudió Jairo, o, por el contrario te resignas y sometes a la ley de este mundo? ¿Tienes la fe de aquella mujer enferma de flujo de sangre que busca, confiada, tocarle el manto con la esperanza de ser curada?

Posiblemente, eso es lo que tendremos que reflexionar en nuestra vida. ¿Qué medida tiene mi fe? ¿La suplico y pido con insistencia para que aumente y crezca en mi vida? ¿Me esfuerzo en dar los pasos que posibiliten que mi fe - don de Dios - pueda ir creciendo y avanzado en mi compromiso bautismal?

domingo, 4 de julio de 2021

LO DE CASA PARECE QUE NO TIENE MUCHO VALOR

 

La experiencia nos dice que lo propio, lo de casa se desvalora y se le quita importancia. Por regla general, solo los que tiran a puerta se arriesgan a fallar. De la misma forma, quienes proponen son los que reciben rechazo. Sobre todo si lo propuesto se ajusta a la verdad, al sentido común y es el bien. ¿Por qué ocurre esto? Precisamente porque, cuando la Verdad no coincide con mi verdad, me estorba y trato de adaptarla y acomodarla a mi interés. Entonces, la rechazo.

Esa es la historia de los Profetas. Han sido rechazados porque lo que decían no se ajustaba a, los que escuchaban, querían oír. Luego, los rechazaban, desprestigiándolos y desvalorando sus profecías. Jesús también fue rechazado en y por su propio pueblo y desvalorado y desprestigIado como el hijo del humilde carpintero José. Tanto fue su rechazo que le condenaron a morir crucificado.

A lo largo de la historia ha sucedido lo mismo con todos los que han seguido a Jesús. Fundamentalmente, su Iglesia es perseguida hasta sentirse amenazada de muerte. En algunos lugares hay una guerra frÍa, incruenta pero con una gran amenaza a la familia - iglesia domestica - y en otros lugares la amenaza es cruenta y exterminadora - Congo, Mozambique, Nigeria...etc -. La Buena Noticia que Jesús nos trajo y nos trae cada día en la presencia real del Espíritu Santo, que nos asiste y acompaña en todo bautizado, sigue adelante superando todas esas dificultades con y por el Amor.

Porque, el triunfo de Jesús fue la entrega de su Vida en la Cruz. Cruz que, desde ese momento, se convierte en el signo del triunfo del Amor. Por Amor hemos sido creados, y por Amor somos salvados. Ese amor que, quieras o no, palmita en nuestros corazones y es la prueba y la llama que enciende la fe en nuestro corazón.