viernes, 30 de junio de 2023

DESDE LO MÁS PROFUNDO DE TUS DESEOS, BUSCA EN DIOS QUE SE CUMPLAN.

Todo lo que vive en lo más profundo de tu corazón está presente en el Amor de Dios. Solo Él puede complacerte y hacer realidad esos deseos y sueños. Su Poder es Ilimitado y su Amor Infinito. Por tanto, ese deseo tuyo de querer realizar tu felicidad es también deseo del Señor que quiere dártela. La prueba de su Amor es su Hijo y la entrega incondicional, libre y voluntaria, de su Vida para que la tuya se inmensa y eternamente feliz.

¿Lo has pensado en algún momento de tu vida? En Dios puedes colmar todos tus deseos y también purificarlos. Porque, muchos de esos deseos que tu anhelas no te convienen, te destruyen y te pierden. El Señor, aparte de poder darte lo mejor, sabe realmente lo que te conviene. Sería muy importante, ¡lo más importante!, buscar en el Señor dar plenitud a todos esos buenos deseos – frutos de amor – que bullen dentro de tu corazón.

No lo dudes. Jesús te lo dice claramente en el Evangelio de hoy en pocas palabras: (Mt 8,1-4): En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio».  

Eso es lo que tenemos que hacer, dar testimonio de esa felicidad que vivimos al abrirle la puerta de nuestra vida al Señor. Reflejar en nuestras relaciones y todos nuestros actos esa presencia del Señor manifestando con simplemente vivir que en Él está todos nuestros anhelos y felicidad. Y además para siempre.

jueves, 29 de junio de 2023

DIFERENCIAS QUE UNEN PERO QUE NO DEBEN SEPARARNOS

Esa es la Iglesia. Una sola Iglesia, la de Pedro y Pablo que, aunque tuvieron sus diferencias, permanecen unidos en el camino junto al Señor. Y esa es la Iglesia en la que estamos nosotros ahora, una sola Iglesia de la que se han separado muchos por diferencias y maneras de pensar diferente. Pero, la unidad debe ser inseparable. Podemos tener diferencias pero permanecer unidos porque solo uno es el Señor y quien nos une. Y el Amor nunca puede separar.

Es evidente que en la convivencia hay diferencias, formas de ver y de pensar que no coinciden pero la unidad debe ser siempre firme. Las diferencias se soportan en el respeto, la verdad y, sobre todo, en el amor. ¿Acaso el Señor no soporta a cada uno de sus hijos que piensan diferente, actúan diferente y hasta se atreven a discutirle y rechazarle? ¿Y cuál es la actitud y forma de comportarse el Señor? ¿No es ejemplo para que nosotros nos portemos igual? Luego, ¿a qué vienen tantas separaciones, iglesias y pensamientos?

Siempre, de eso no nos libra nadie, hay diferentes formas de ver las cosas; siempre tendremos diferencias y disputas, pero siempre debemos estar unidos. Porque es el Amor quien nos sostiene unidos y en actitud de misericordia y aceptación. Está claro, las diferencias entre aquella primera comunidad que Jesús dejó en manos de Pedro y los apóstoles son consecuencia de las diferencias que origina el pecado. Un pecado que separa y divide y que solo el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios vence y une.

Por tanto, reflexionemos, ¿por qué estamos separados? Todos venidos de un mismo Dios Padre que, manifestado y anunciado por el Hijo, lo aceptamos para luego, en el camino de la prueba y perseverancia, dejarnos someter por el pecado que nos separa. ¿Es esa la medida, de la que hablábamos ayer, de nuestro amor? Pidamos la Luz y la Gracia de darnos cuenta, aceptarnos misericordiosamente y, a pesar de nuestras diferencias, perseverar en la unidad. Amén.

miércoles, 28 de junio de 2023

¿QUE OBRAS VA DEJANDO TU ACTUAR EN EL CAMINO DE TU VIDA?: ¿TE LO HAS PREGUNTADO?

Por sus frutos los conoceréis. Esa es la realidad, conocemos a las personas por el rastro que va dejando sus frutos. Sin embargo, los frutos en muchas ocasiones no se ven, o, al menos, no todos. Hay muchas veces que el trabajo constante, perseverante y bueno no, aparentemente, parece dar frutos, sin embargo, los frutos están. Aparecerán cuando Dios quiera. Los frutos son de Dios y es Él quien los recogerá cuando lo crea oportuno.

La realidad es que hay mucha apariencia y mucha mala intención escondida en la mentira vestida de verdad. Y eso hay que saber distinguirlo muy bien para no caer en la trampa ni dejarnos embaucar por esos que aparentando decir la verdad nos están mintiendo. ¡A propósito, mucho de eso estamos viviendo estos últimos años sobre todo en el mundo de la política!

Todo se ve mucho más claro cuando miramos la cosecha de resultados que van dejando la obra con aquellos que nos relacionamos y que creemos conocer. Serán sus frutos los que nos dirán quienes son y como viven. Y de la misma manera discerniremos nuestra actuar y vivir cristiano observando los frutos que nuestra vida va dejando en el paso a paso de nuestro vivir de cada día.

Y no se nos puede esconder donde y cuales son nuestros frutos: ¿Dónde y en qué gastamos nuestro tiempo? ¿Quién ocupa el centro de nuestra vida? ¿Cuáles son nuestras prioridades? ¿Con quienes nos relacionamos? ¿En qué lugar están los débiles y pequeños en nuestra vida? ¿Cuán es nuestra relación con Dios? Porque según todos esos aspectos de nuestras vida serán así también nuestros frutos.

martes, 27 de junio de 2023

UNA MEDIDA DE IGUALDAD EN EL TRATO CON EL QUE NOS GUSTARÍA SER TRATADO.

La cosa es bien sencilla. Todos la entendemos y quienes no alcancen a entenderla la practican.: quieren ser bien tratados. Todo se centra y sostiene en el trato. Igual valdría decir, en el amor. Si el amor, algo que he oído recientemente, tuviera matices, ese sería el principal: «tratar al otro como te gustaría ser tratado».

La cuestión es que el amor no tiene matices diga quien lo diga. El amor es uno e indivisible. Se ama o no se ama. Nunca se puede amar con matices, con más o menos color, porque entonces no se está amando plenamente. El amor no tiene condiciones, es pleno, todo, entero. Jesús, el Señor, es el ejemplo de los ejemplos. Nos amó hasta el extremo de darse plenamente, entero y a una muerte de Cruz. Y si el amor no tiene matices debe entregarse sin condiciones y en proporción a lo que cada cual pueda dar plenamente.

Es ahí donde está la plenitud de nuestro amor, darnos sin mirarnos, sin pensar en nosotros, sin egoísmos, sin rencores, sin envidias, sin esperar nada a cambio y sin condiciones. Si ponemos algún matiz lo estropeamos, lo adulteramos. No podremos entrar por la puerta estrecha que Jesús nos señala con matices: «Esto sí, lo otro no; esto a media, lo otro entero». No se puede servir a dos señores. No se puede estar con una vela a Dios y otra al diablo.

Y, por experiencia propia, puedo estar de acuerdo de que atravesar esa puerta estrecha es bastante difícil. Es más, digo que será imposible si no vas de la mano del Espíritu Santo, que, dicho sea de paso, ha venido para ayudarte a pasar por esa puerta. Y es que nos empeñamos, como quienes creen que el amor tiene matices, llevar matices – valga la redundancia – en nuestra mochila. ¡Y claro, no cabemos por la puerta estrecha! Porque, así de sencillo, se ama o no se ama; tratas a los otros como te gustaría que te trataran a ti o los tratas desde tu egoísmo, intereses y provecho. No cabe unos sí por este matiz; otro no por otro matiz, y así sucesivamente. Estaríamos hablando de privilegios, enchufismos, mentiras, apariencias…etc.

 Una aspiración: ¡Qué bueno sería para aquellas personas que aspiran a cargos públicos que tuvieran esto del trato de igualdad tal y como lo plantea Jesús!

Realmente todo podemos resumirlo en esta frase con la que termina el Evangelio de hoy nuestro Señor Jesús: (Mt 7,6.12-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo…  ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran». Ahora, saca tú, sobre todo los señores votantes y políticos tus propias conclusiones.

lunes, 26 de junio de 2023

MÁS PENDIENTE DE LA PEQUEÑA FALTA DEL OTRO QUE DE LA NOTABLE MÍA

Es algo innato y adherido a nuestra herida naturaleza humana. Nos fijamos más en las pequeñas debilidades y faltas de los otros que en las grandes y propias nuestras. Y, pienso, es algo innato que viene añadido a nuestra condición humana. Si no a todos, si a casi todos. Siempre sentimos y apreciamos más las faltas del que tenemos enfrente que las nuestras propias. ¿A qué es debido?

Desde mi humilde opinión pienso que al pecado. Ese pecado de orgullo, de prepotencia, de envidia, de deseos de sentirnos más que otros, de verme mejor que los otros … etc. Nos resulta más fácil y gozoso descubrir la mota en el ojo ajeno que la viga en el nuestro. No creo que haga falta decirlo con mis torpes palabras, mejor que el Señor nadie lo puede decir: (Mt 7,1-5): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que…

Conviene tener muy en cuenta lo que nos advierte el Señor: «con el juicio que juzguemos seremos nosotros juzgados». Tener muy presente ese pensamiento en nuestra mente y corazón nos ayudará grandemente a no atrevernos a juzgar, a moderar nuestros juicios y a ser prudentes para que cuando nos toque a nosotros seamos también medidos con esa misericordia infinita de nuestro Padre Dios.

Por tanto, seamos misericordiosos porque de esa manera garantizamos, Palabra de Dios, que nuestro Padre Dios, cuya Misericordia es Infinita, la tenga también con nosotros.

domingo, 25 de junio de 2023

ENTRETENIDOS Y DISTRAÍDOS POR AQUEL QUE BUSCA PERDERNOS Y CONDENARNOS A LA GEHENNA.

Posiblemente no nos damos cuenta, no nos decidimos y dejamos, impávidos ante el tiempo, que nuestra vida se consuma de forma inútil y vana. El demonio, uno, si no el más peligroso de los tres enemigos del alma, conoce nuestras debilidades y apetencias y juega con muchas cartas favorables. Nuestra naturaleza humana – herida por el pecado – es una de las mejores baza a su favor. Y nos distrae, nos entretiene, nos despista y aletarga para que no entremos en nosotros mismos, reflexionemos y reaccionemos.

No tengamos miedo, nos dice el Señor hoy en el Evangelio: (Mt 10,26-33): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: «No tengáis miedo a los…» Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna…

Nada debemos temer porque Jesús está con nosotros. Porque, Él, muerto ha vencido a la muerte y ha Resucitado. Porque su promesa es esa: Resucitaremos en y por Él. Por tanto nada hay que temer y si mucho que ganar: La Vida Eterna. Procedamos, pues, con valentía y confianza. Temamos solo al pecado que inducidos y engañados por el demonio y seducidos por el mundo y la carne podamos no solo perder nuestro cuerpo sino también lo fundamental y vital: nuestra alma.

Una cosa es segura, mantenernos unidos al Señor – alimento y perdón misericordioso – para no ser vencidos por las tentaciones y astucias del demonio y, fortalecidos en el Espíritu Santo, anunciar con valentía y alegría que Jesús Vive y está entre nosotros para que, al final de nuestro tiempo, llevarnos junto a Él en la Gloria Eterna.

sábado, 24 de junio de 2023

DOS VIDAS PARALELAS

Ambos, Jesús y Juan, guardan un paralelismo en sus vidas. Ambos son anunciados como acontecimientos milagrosos nacidos en el vientre de sus madres; ambos son celebrados con gran admiración y asombro por todos sus círculos y vecinos en sus respectivos nacimientos; ambos son circuncidados tal y como ordena la ley y ambos viven una vida oculta hasta el instante donde proclaman el anuncio de la Buena Noticia.

Dos mujeres infractoras que se atreven a tomar la palabra en público: María canta la grandeza del Señor e Isabel interrumpe la solicitud de los sacerdotes del templo proponiéndoles el nombre de Juan. Uno, Juan, será el precursor, aquel que preparará el camino al Dios encarnado en Naturaleza Humana. Y Jesús, Dios hecho Hombre, dará certificado de veracidad a la palabra de Juan proclamándola como la Buena Noticia de salvación.

Y esa realidad es la que ha seguido en la historia del mundo hasta nuestros días. La pregunta ahora no puede ser otra: ¿Qué piensas tú de esas dos mujeres? Una la madre de Juan, el precursor. La otra, María, la Madre del Dios encarnado, nuestro Señor Jesús. ¿Crees que son criaturas tomadas por Dios para realizar su Plan salvífico? ¿Y crees que sus hijos son los pilares de ese Plan que nuestro Padre Dios, enviando a su Hijo, nuestro Señor Jesús, Señor, Jesús, nos anuncia su Infinito Amor Misericordioso y su oferta de salvación?

Ahora es momento de salvación y está en nuestras manos admirarnos y asombrarnos como aquellas personas de su tiempo y abrir nuestros corazones a su Palabra.