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martes, 18 de agosto de 2015

LOS OBSTÁCULOS PARA LA ENTRADA AL REINO DE LOS CIELOS

(Mt 19,23-30)


Para Dios no hay nada imposible, pues Él ha creado todo lo visible y lo invisible. Sería absurdo pensar que Dios tuviera algún problema para pasar un camello por el ojo de una aguja. Sin embargo, nosotros que hemos sido dotados de libertad y voluntad por la Gracia de Dios, podemos rechazarle y elegir otro camino que no nos conduzca a Él.

Es ahí donde se nos hace más difícil a nosotros entrar en el Reino que a un camello pasar por el agujero de una aguja. Porque somos libres y tocados por el pecado. El pecado del egoísmo y de la inclinación hacia el mal. El mundo nos ofrece muchas tentaciones a las que nos resulta difícil resistirnos. Nuestra naturaleza es frágil y, tentada, le resulta muy duro rechazarlas.

Estamos instalados y apegados a las cosas de este mundo. No resulta muy difícil dejarlo y renunciar a sus encantos, pues nuestra naturaleza débil está sometida por el pecado a sus encantos. Somos libres y capaces de dirigir nuestra voluntad, y ese es el peligro y nuestra gran responsabilidad. Sobre todo porque queremos hacer las cosas según nuestros intereses, y porque pensamos que nadie mejor que nosotros sabe lo que nos conviene.

Es entonces cuando el Maligno se despacha a su gusto y nos prepara el camino para que caigamos en la trampa. Es esa la dificultad, porque si Dios puede fácilmente hacer pasar un camello por el ojo de una aguja, no lo podrá hacer con nuestra libertad. Él mismo se ha comprometido, porque así lo ha querido, en darnos la libertad y respetárnosla. Y ante nuestra libertad de ata las manos. De modo que quedamos solo ante el peligro y frente al poderoso príncipe de este mundo.

Por eso necesitamos agarrarnos al Señor. Y como los apóstoles, dejarlo todo para seguirle y estar injertados en Él. Porque en el Señor venceremos al demonio. Por eso nos ha sido enviado el Espíritu Santo, para asistirnos y fortalecernos frente a las tentaciones del Príncipe del mundo.

Entonces encontraremos las fuerzas y la sabiduría para saber elegir, y la fortaleza para salir victorioso de la lucha de cada día. Entonces, despojados de todos los obstáculos que nos impiden y nos atan para entrar en el Reino de los Cielos, podemos ser libres para elegir el verdadero camino.

Porque no se trata de ser rico o pobre, sino de ser libre para vivir en la justicia y poner tus riquezas en actitud de ayudar y compartir con los más pobres y necesitados. Y eso es imposible para nosotros si no estamos abiertos a la acción del Espíritu Santo.

lunes, 25 de mayo de 2015

UNA OPCIÓN QUE EXIGE RENUNCIA

(Mc 10,17-27)


Privarse de algo no es fácil, sobre todo cuando ese algo interesa, da placer o te permite vivir con comodidad y cierto confort. Se está bien, al menos aparentemente, cuando se da rienda suelta a las apetencias y placeres que nos tientan y atraen.

Dejar esta situación es complicado y molesta, por lo que se hace difícil cambiar. Supongo que fue lo que le ocurrió a ese personaje, que corrió al lado de Jesús a plantearle que tenía que hacer para heredar la vida eterna. Y recibió como respuesta la de seguirle dejando todo lo demás. No pudo dar una respuesta, porque tenía su corazón en el mundo apegado a todas las cosas que le poseían.

Porque son, precisamente, las cosas las que te poseen y te esclavizan despojándote de tu propia libertad y haciéndote esclavo. A mayor poder, riqueza y bienes, mayor dependencia y esclavitud. Tanto es así que el resultado es someterte hasta el extremo de resistirte al Amor de Dios y rechazarle. Así ocurrió con aquella persona. No resistió el poder de sus riquezas y rechazó la invitación de seguir a Jesús.

¿Qué nos ocurre a nosotros? No estamos lejos de esa actitud y decisión, y nadamos en el medio. Queremos seguirle, pero también estamos en el mundo y miramos para el mundo. Y de esa forma será muy difícil servir al Señor. La sentencia que pronuncia Jesús se hace real. Las riquezas nos alejan del camino de salvación y nos pierden, porque nos esclavizan y nos esconden la verdad. Y sin verdad es imposible ser libre.

Nadie es bueno sino sólo Dios. Y si Jesús es bueno es porque es Dios. Su vida es intachable y su doctrina se instala en la Verdad y la Justicia. Verdad y Justicia que tienen que refrendarse en las obras de tu vida. Sólo así, dando testimonio de tu fe con tu vida, puedes transmitir la verdad del amor.

No estaba dispuesta aquella persona a dar el salto. Se había limitado a practicar y a cumplir, pero fuera de ahí nada más. El compromiso no llegaba tan lejos, pues se daba prioridad a los bienes, riqueza y poder, que a la del seguimiento a Jesús. Es un gran obstáculo que Jesús compara metafóricamente con que sería más fácil pasar un camello por el agujero de una aguja, que entrar un rico en el cielo.

Jesús sabe de nuestras dificultades y de la capacidad de nuestra fuerza, y nos advierte sobre lo que debemos hacer. El cumplir debe ir acompañado del vivir en la Palabra con las obras.