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sábado, 21 de febrero de 2026

LA NECESIDAD DE MÉDICO

Lc 5, 27-32

—Le gustaba observar y discernir sobre lo que veía. Pero, cuando adoptaba una actitud biempensante, no dejaba títere con cabeza: todo le parecía lejano, distante de la realidad.

No consideraba oportuno acercarse a los demás y, menos aún, compartir mantel, reunirse comunitariamente, dialogar y reconciliarse con quienes pensaban distinto o pertenecían a otros grupos.

Ese es el personaje de nuestra historia. Se llama Alfredo. No ve con buenos ojos nada que le suene a comensalidad, comunidad, diálogo, reconciliación, diversidad, comunión, justicia, apoyo mutuo, sanación, inclusión, igualdad, hospitalidad, acogida, aceptación… e incluso algo de desafío y Eucaristía.

Sin embargo, ni se le pasa por la cabeza que precisamente él, y quienes viven gozándose en la crítica, sean de los que más necesitan del Médico.

Hizo un silencio, tomó el Evangelio y, señalando el pasaje de Lc 5, 27-32, leyó:

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban…

Al terminar la lectura, añadió:

—No vino a condenar, sino a salvar. Pensemos en nosotros: cuántas veces condenamos… cuántas veces buscamos chismes sobre los demás.

El problema no era Leví, sino los que creían no necesitar conversión.

Con estas palabras cerraba Manuel su historia de hoy en la tertulia.

viernes, 5 de julio de 2019

ENSÉÑAME, SEÑOR, A SER MISERICORDIOSO

Resultado de imagen de Mt 9,9-13
Mt 9,9-13
Tu fe te salva si va acompaña del compromiso misericordioso en tu relación con los demás. Una actitud misericordiosa que emana del Corazón de Cristo y llena tu vida terrena de cada día en tu relación con los demás.

Una misericordia que aterriza en hechos concretos que se traducen en poseer un corazón suave, benigno y manso como el de Jesús. Una  misericordia que va dirigida a todos aquellos que la piden porque la necesitan y les incluye en el redil del rebaño del Señor.

Porque, ¿quiénes necesitan esa misericordia? No son los suficientes ni los sanos o buenos. Ellos seguro que no la buscarán. La pedirán y buscarán  los pecadores necesitados de ser perdonados. A ellos va dirigida esa misericordia del Señor, porque, ha venido a perdonar a los pecadores. Son, pues, los enfermos los que necesitan de médicos y, de la misma forma son los pecadores los que necesitan misericordia.

Por tanto, no perdamos el tiempo en sacrificios y cumplimientos desencarnados de la realidad de cada día en relación con los demás. Tratemos de, en la lucha diaria, parecernos al Señor asistidos por y con su Gracia misericordiosa. Esa será nuestra meta y objetivo, poniéndonos siempre en Manos del Señor. Porque, sólo en Él conseguiremos alcanzar un corazón misericordioso.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

DESCUBRE TU ENFERMEDAD Y PODRÁS SER CURADO

(Mt 9,9-13)

Cuando haces mal, ¿qué sensación te queda después? Seguro que alegre y regocijado no. Puedes ser que trates de aparentar, pero en lo más profundo de tu corazón hay dolor y arrepentimiento. Porque no te gustaría que, otro más fuerte que tú, te lo hiciera a ti. El mal no deja buenas huellas de gozo y alegría, y nadie, por lo menos en principio, quiere hacerlo. Otra cosa es que nuestra condición de pecador nos haga caer en él.

La experiencia nos ayuda a comprender nuestras equivocaciones y también nuestros pecados. Sin estar enfermo no valoramos el valor del médico. Después de experimentarnos curados damos importancia a aquel que nos ha curado. El médico es importante. Sus conocimientos y esfuerzo nos ayudan a estar saludables. Pero, si nos consideramos saludables no necesitamos del médico, ni tampoco le damos importancia. Claro, que cuando llegue la enfermedad nos acordaremos de él.

Nos suele pasar eso con respecto a Jesús. El Señor no quiere sacrificios ni heroicidades. Con Él se basta. El Señor es Misericordioso, y gracias a su Misericordia estamos vivos y sostenidos en la esperanza de Vivir Eternamente en plenitud. Por lo tanto, Jesús, nuestro Señor, viene a curar a los enfermos, porque reparte perdón y misericordia. Y sólo los que se consideran enfermos experimentan la necesidad de aceptarla y pedirla.

Mateo, considerado un publicano y pecador no gozaba de buena fama. Erudito formado en economía realizaba el oficio de recaudador y no era bien visto. Sin embargo, Jesús se fija en él y le llama. Y lo sorprendente es que Mateo le sigue. Y no sólo le sigue sino que se convierte, es decir, cambia de vida y de actitudes. Mateo se deja curar por Jesús abriéndole su corazón sucio para que Él lo transforme en un corazón limpio.

La pregunta viene sola: ¿Y nosotros, tú y yo, nos dejamos curar nuestro corazón, contaminado por el mundo, poniéndolo en Manos de Jesús, que viene a perdonarnos misericordiosamente? 

sábado, 19 de enero de 2013

PRIMERO, ANTES DE SEGUIR, ESCUCHA

Marcos 2,13-17. Jesús salió nuevamente a la orilla del mar;


Es lo que nos dice el sentido común. Toda propuesta o proyecto tendrá primero que ser escuchado para luego tomar un compromiso en uno u otro sentido. Iba mucha gente a oírle hablar, pero quizás muchos no tomaron la decisión de seguirle o se cerraron a sus palabras.

Sin embargo, aquel Leví, el de Alfeo, escuchó la petición de Jesús, y presto se decidió a seguirle. Es probable que durante la comida en su casa escuchó y habló con Jesús. Y su actitud decidida de responderle a la primera invitación, se convirtió en un seguimiento total hasta el día de su muerte.

¿Escucho yo al Señor? ¿Trato de seguirle y luego escucharle? Son preguntas que llevamos en nuestro corazón y que tratamos de responder, pero, ¿realmente lo intentamos? ¿Nos ponemos en movimiento y nos atrevemos a cambiar, a movernos, a intentar responder?

Quizás nos parezca que eso no va con nosotros, que ese tipo de gente a la que pensamos dirigirnos no quiere oír hablar al Señor, que mezclarse con cierta clase de gente no procede. Nos encontramos más a gusto dentro de la iglesia, con la gente más cercana y creyente. 

¿Pero son estos los enfermos, los necesitados? Jesús busca a las ovejas perdidas y enfermas. Son a esos a los que quiere curar y en ellos se vuelca, y a ellos llama. El enfermo es el que necesita cuidados y amor para ser sanado. Más tarde será él quien dará y compartirá el amor recibido con otros que lo necesiten. Así hizo Leví, el de Alfeo, llamado por Jesús se dejó curar para luego convertirse en médicos de otros.