domingo, 13 de octubre de 2013

EL OLVIDO DE DAR LAS GRACIAS

(Lc 17,11-19)

Todos, alguna vez, hemos recibido las gracias por algún favor que hemos hecho. Pero también, pronto, hemos experimentado que esas gracias se han olvidado y echado en saco roto. En el fondo somos muy pocos agradecidos. Preferimos pedir y recibir, pero poco dar y agradecer.

Y en muchos casos, en los que agradecemos, lo hacemos de corazón para fuera, para guardar las obligadas apariencias sociales que todos interpretamos a las mil maravillas. No son gracias salidas de lo más profundo del corazón, por lo que se olvidan pronto. La raíz no es profunda y se seca al salir los primero rayos de sol.

Así nos ocurre con nuestro Padre Dios. Pedimos y hasta exigimos de forma inconsciente lo pedido. Nuestra relación es sólo para pedir necesidades, para que mejore nuestra vida y la de los nuestros. Pedir y pedir, pero nos olvidamos de dar gracias. No sólo de lo recibido, sino de lo que tenemos. Así le ocurrió a aquellos nueve leprosos. De los diez curados sólo se volvió uno para agradecer la curación recibida, y fue precisamente el samaritano.

¿Nos ocurre a nosotros lo mismo? ¿Nos damos cuenta de que todo lo recibido ha sido regalo de Dios?

sábado, 12 de octubre de 2013

ESCUCHAR PARA CUMPLIR

(Lc 11,27-28)

Hay dos cosas que van unida. Si una es separada, la otra pierde todo su sentido. La una, es la escucha de la Palabra de Dios. Sin ella, el camino se hace oscuridad y el horizonte se esconde. La Palabra es la estrella que nos guía y alumbra nuestros pasos. Escuchar la Palabra para encontrar la orientación del camino se hace necesario. Cada día trae sus interrogantes, sus decisiones y su trabajo. Vivirlo en presencia de Dios implica escuchar su Palabra y, en consecuencia, aplicarla a nuestra vida.

La otra, es cumplir lo escuchado. Aplicar la Palabra a nuestra vida significa darle cumplimiento con y en nuestro obrar concreto de cada día. Vivenciar la Palabra en otros lugares donde vivimos: familia, trabajo, amigos, vida social, ambientes... Y hoy, en la época que vivimos, a través de la red también podemos llevar nuestras vivencias e inquietudes de la  Palabra a todos los lugares del mundo. Y es trajo y compromiso que debemos, cada uno en la medida de sus posibilidades, realizar.

Y simplemente, serán dichosos aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.

viernes, 11 de octubre de 2013

EL DEMONIO NO DUERME


(Lc 11,15-26)

Ignorar la realidad del demonio, es ignorar que alguien está interesado en estropear tu vida e impedir que alcances la vida eterna en plena felicidad. Quiere dividirnos y ponernos en contra de Jesús. Nuestra razón puede ser arma diabólica y exigirnos pruebas y fundamentos. Si la dejamos en manos del demonio puede enfrentarnos a Jesús.

Muchos que levantan su voz en contra de la verdad, por otro lado insultan perdiendo el respeto a la libertad del otro. ¿Dónde está la justicia y la verdad de esas personas? Sus actitudes desesperadas los delatan y los descubren en la mentira y falsedad. No escuchan porque solo quieren imponer su verdad. La verdad del demonio que llevan dentro.

Y es que no podemos estar divididos, porque terminaremos por seguir a uno y dejar a otro. Sólo Jesús es la única y verdadera Verdad. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Y debemos tener mucho cuidado que nos asalten y nos desvíen del camino hacia la Verdad. Por eso, caminando todos juntos, desde el respeto a los demás y abierto a buscar la Verdad, será más difícil que nos puedan confundir. La oración es nuestra arma principal.


jueves, 10 de octubre de 2013

¡SEÑOR, COMO INGNORAR TU AMOR!

Lucas 11, 5-13

Ignorar que tenemos un Padre dispuesto a darnos todo lo que deseamos simplemente por amor, es el mayor delito y torpeza que el hombre puede cometer. Y hay muchos hombres que lo ignoran y se desvían en el afán de buscar otras cosas o metas que sólo conducen al sin sentido y la perdición.

Claro, hay una condición, para eso somos libres, la de confiar. Porque si confiamos no desfalleceremos y seremos persistentes e insistiremos hasta el final. Por eso, Jesús nos anima hoy a ser constantes y no dejarnos llevar por el desánimo y la desconfianza. 

Pedid y se nos dará;  buscar y hallaréis; llamar y se nos abrirá. Porque bien es sabido por todos que quien pide, recibe; quien busca, encuentra y quien llama se le abre. ¿Cuántas veces hemos oído: "el que no llora no mama"?, pues esta frase explica que ese criterio habita dentro de nosotros. Sin embargo, perdemos la confianza y dejamos de insistir.

¿Cómo podemos pensar que nuestro Padre Dios nos desoyes y no nos atiende? ¿Qué sentido tiene entonces entregarnos a su Hijo para que sufra y muera por nosotros? ¿Para dejarnos abandonados? Ocurre que no confiamos y perdemos la fe. Queremos respuestas inmediatas, y las que nosotros pensamos, no las que piensa nuestro Padre Dios, que es el Único que sabe lo que nos conviene. No estamos dispuestos a esperarle. Nos importa sólo nuestra voluntad, no la Voluntad del Padre.

Sin embargo, cuando somos capaces de esperarle y de aguardar pacientemente su respuesta, la luz se hace en nuestra vida y el camino aligera nuestro paso y suaviza nuestra carga.

miércoles, 9 de octubre de 2013

SIMPLEMENTE PEDIR LA CAPACIDAD PARA AMAR

(Lc 11,1-4)

La oración del Padre nuestro es una petición de fuerza y capacidad para poder amar al estilo que el Padre nos ama. Darnos gratuitamente y sin ningún interés al servicio de los demás, sobre todo de los que nos rechazan o perjudican, es misión sólo de aquellos que se apoyan en la Gracia de Dios Padre.

Jesús nos pone en lo fundamental del camino: "El amor". Y para amar al estilo de Jesús se hace necesario conocerle, seguirle y amarlo profundamente. Sólo con Él y en Él podemos encontrar y vivir esa capacidad de amar. La oración se hace imprescindible. Pero no cualquiera oración. Toda oración debe tener la esencia de la disponibilidad y reconocimiento de la Paternidad Divina.

Porque esa Paternidad es la que nos va a hermanar y a provocar esa fuente de amor entre los hijos hermanados por el Amor del Padre. Si decimos Padre nuestro, reconocemos nuestra filiación, y si somos hijos, somos también hermanos. Pues esa, simplemente esa es la Voluntad del Padre. 

Amarnos conlleva todo lo demás: perdonarnos tal y como nos perdona el Padre; suplicar alejarnos del mal y de no caer en tentación. El camino está señalado claramente, sin lugar a equívocos. Sólo hay uno, el camino del amor.

martes, 8 de octubre de 2013

LAS PRISAS NOS DESEQUILIBRAN

(Lc 10,38-42)

No estamos hechos para vivir con prisas, ni con agobios. No son buenas compañeras y sus compañías nos perjudican notablemente. El ser humano necesita calma, sentir que existe y darse cuenta que camina y se dirige a algún lugar. Un lugar feliz, hermoso, lleno de paz y de eternidad.

Y buscar tan maravilloso lugar necesita de espacios de tranquilidad y reflexión. Necesita paz interior para ver con claridad el camino aunque muchas veces se presente lleno de espinas, de amenazas y de dificultades. Y también de buen acompañamiento donde apoyarse y compartir sus inquietudes y esa fe que te empuja a caminar hacia ese lugar que buscas desesperadamente, pero en paz y gozo.

Marta se perdía en el afán de atender y servir. Ocurre que nos desesperamos porque queremos hacer las cosas mejor que nadie. Nos exigimos triunfar y no fallar. ¡Y fallamos!, claro que fallamos, porque somos humanos y limitados. No está mal esforzarnos en hacer las cosas bien, pero siempre entendiendo que eso es simplemente un medio para seguir el camino hacia la Luz verdadera.

Así lo entendió María. Necesitó y eligió pararse en ese momento, porque delante tenía la Luz, y aprovechó para llenarse de Ella. Luego, llegarían momentos de seguir el camino y la lucha de cada día. Necesitamos pararnos para, llenos de Luz, ver y aprender a caminar mejor.

lunes, 7 de octubre de 2013

¿QUIÉN ES MI PRÓJIMO?

Lc 10, 25-37


A veces ocurre que nos gusta nos den el potaje hecho puré. Es decir, todo fácil y sin ninguna necesidad de encender nuestras neuronas y ponerlas a trabajar. Aquel maestro de la ley, conocedor de la misma, quería eludir la responsabilidad de señalar al prójimo. Nos cuesta reconocer que mi prójimo está necesitado y reclama mi ayuda. Buscamos autoengañarnos y en el intento de justificarnos, distorsionamos la realidad.

Sí, el autoengaño, he hablado mucho de eso, está a la orden de día en nuestro vivir cotidiano. Cuando algo me descubre mis limitaciones, mis egoísmos o apetencias, busco enseguida autoengañarme y justificándome distorsionando la realidad. Precisamente eso fue lo que les ocurrió a aquel sacerdote y al otro levita que de forma casual acertaron a pasar por allí. Simplemente, sin más comentario: "Hicieron la vista gorda".

Sin embargo, el señalado como enemigo, el samaritano, tuvo compasión y actuó con misericordia. Se complicó parte de su tiempo y dinero y socorrió a aquella persona necesitada en aquel momento. Todos sabemos quiénes son nuestros prójimos, a pesar de que sean nuestros enemigos. Quizás esos sean más prójimos. Y el examen que nos importa y para el que debemos prepararnos seriamente es precisamente ese, socorrer al prójimo. Luego, la fiesta será celebrada, la única y verdadera fiesta, la del amor. Es la única que nos hará inmensamente y eternamente feliz.