martes, 17 de julio de 2018

PERO, A LA HORA DE LA VERDAD...

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Mt 11,20-24
Supongo que visto el milagro todo sigue igual. Y no lo digo por supocisiones, sino apoyado en realidades. El milagro de Calanda - ver aquí - es relativamente reciente - siglo XVII - y al parecer no ha cambiado mucho el obrar de la gente. Puede ser que empieces a pensar de otra forma, pero si tu pensamiento no te lleva a creer y la fe a obrar, tu conversíon no se ha realizado.

Convertirse es tomar la decisión de creer en Jesús de Nazaret y de ponerse con toda confianza en sus Manos. Eso no va a cambiar tu vida, pero si le va a dar verdadero sentido, gozo, felicidad y paz. Y eso no significa que todo te va a salir bien ahora, sino que todo te saldrá bien al final de tu vida. Es decir, ahora tendrás - tendremos - que caminar utilizando la mochila que nos ha sido regalada y todas nuestras capacidades, pero nunca solos, sino agarrados de la Mano de nuestro Padre Dios en el Espíritu Santo. Pero, sin perder de vista que al final, en nuestra hora, nos espera el gozo, la plenitud y la Vida Eterna.

Y, convertirse, significa que el Espíritu Santo irá cambiando tu corazón humano por un corazón parecido al de Jesús. Empezarás, quizás sin darte cuenta, a amar como te ama tu Padre Dios y a entender el amor de Jesús y su entrega hasta dar su vida sin tú haberle respondido ni hacer ningún gesto de cambio. Empezarás a comprender que el amor no exige cambio, sino aceptación y entrega hasta el extremo. Empezarás a comprender que no se necesitan pruebas sino confianza y dejarse llevar hasta experimentar el gozo y la paz dentro de ti.

Pero, no te fias de alguien que trata de ganar tu confianza, te fías del Alguien que ha dado su vida, Él primero, por ti y que ha Resucitado. Lo que te ofrece, la Vida Eterna, Él la tiene, porque ha vencido a la muerte. Así que es simplemente creer y fiarte de Él, tal y como dice Pablo, 2Tm 1, 12, - sé de quien me he fiado -.

lunes, 16 de julio de 2018

EL AMOR NOS ENFRENTA

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Mt 10,34--11,1
Parece algo raro y contradictorio, pero el amor, cuando es verdadero amor nos enfrenta y nos divide. Porque, los hombres y mujeres nos relacionamos y nos amamos con amor humano. Un amor que no sobrepasa la frontera de la gratuidad ni de la entrega total hasta la vida. Un amor que se detiene en lo puramente humano: interés, beneficio, gusto, egoísmo, placer...etc. Un amor que busca la correspondencia o el mismo pensamiento. Un amor que tiende a igualar.

Y eso no es realmente amor. No es lo mismo amar que querer. Aunque ambas palabras parecen expresar lo mismo, no lo hacen. Querer es desear una cosa o a una persona, hasta el punto de poseerla y disfrutar de su presencia, pero nunca servirla. Amar puede quedarse en lo mismo, como un querer, pero va más allá hasta el punto de implicarse en servir sin condiciones ni exigencias.

Dios nos quiere así, sin exigirnos a cambiar; sin modificar nuestra manera de ser; sin pedirnos nada a cambio. Dios nos quiere tal y como somos, pues ha sido Él quien nos ha dado la vida y todo lo que tenemos. Dios simplemente quiere que creamos en El y estemos dispuestos a dar la vida por los demás como Él la da por nosotros. Dios quiere que amemos con un amor ágape, un amor que se da en servicio y entrega hasta las últimas consecuencia. Ese es el amor que nos pide Dios.

Y ese amor nos enfrenta muchas veces. No nos hace falta ejemplos, porque todos lo hemos experimentado en nuestras familias, en nuestros ambientes y círculos más próximos, y lo vemos y observamos en los demás. Dios quiere que cambiemos en ese aspecto, en dejarnos transformar nuestro corazón endurecido por un corazón ágape. Y eso no lo puedes hacer tú, ni tampoco yo. Ambos amamos humanamente y para amar como Dios tendremos que dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo.

Esa es la cruz que tendremos que tomar y, sin mirar para otro lado, seguir fielmente al Señor. Jesús nos lleva a amar tal y como Él lo hace con nosotros. No nos pide que cambiemos sino que tratemos de amar inmersos en Él y llevados de su Gracia. Será ese amor quien nos transformará.

domingo, 15 de julio de 2018

ENVIADOS A MISIONAR

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Mc 6,7-13
No hay otro objetivo ni otra misión. Nuestra misión es misionar, valga la redundancia. Una misión, pongámosle un nombre, seglar. Es decir, una misión que realizas desde tu familia, desde tu colegio, desde tu círculo de amigos, desde tu ambiente, pueblo o ciudad. Y, hoy, también desde Internet. Desde el momento de tu bautizo quedas configurado como sacerdote, profeta y rey, y eres enviado a dar testimonio de la Palabra y del Reino de los Cielos.

Pero, ¡cuidado!, no te asuste. No se trata de nada que no sea natural. Sí, existen vocaciones concretas de misioneros que van a otros países, y de consagrados en unas misiones concretas, pero no todos son enviados a lo mismo. También está la ciudad, las familias, los pueblos, el colegio, el ambiente de tu círculo más íntimo, en tu trabajo...etc. Cada cual debe dar testimonio de su fe, es decir, de lo que vive. Y es muy fácil hacerlo. Se trata de escuchar, de compartir, de comprender, de ser amable, de ser solidario, de ayudar, de ser generoso, de...etc. Eso está al alcance de todo y en todos los lugares que tu vida se sitúe.

Otra cosa es que nos cueste y nos resulte difícil por nuestros pecados. El orgullo, la soberbia, la suficiencia, la envidia, la avaricia, el egoísmo, las riquezas, el poder...etc, son piedras que nos impiden avanzar y realizar la misión como a nosotros nos gustaría. Sí, lo fácil se torna difícil. Pero, tenemos una carta en la manga. No vamos solos. Desde el día de nuestro bautismos recibimos al Espíritu Santo, y Él nos acompaña y nos fortalece, nos da sabiduría, inteligencia, consejo, ciencia, piedad y temor de Dios. Con ellos y sus constante asistencia podemos vencer las dificultades y realizar nuestra misión.

No perdamos de vista, porque es lo que verdaderamente importa. Siempre, cuando vamos al cine, nos interesa saber el final. Pues, nuestro final es el gozo y la plenitud de la Vida Eterna. ¿Qué te parece? Ese objetivo nos ayudará a confiar, a creer y a dejarnos interpelar y dirigir por el Espíritu Santo, porque eso nos hará mas felices ahora y en la otra vida para siempre.

sábado, 14 de julio de 2018

ABANDONADOS EN EL SEÑOR

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Mt 10,24-33
No perder de vista al Señor y su promesa es la fuerza que nos impulsará antes la dureza y dificultades del camino. Sabemos, por la fe, que nuestro camino, sostenido en la fidelidad al Señor, será un éxito y un triunfo de gozo y vida eterna. El Señor nos lo ha prometido y su Palabra tiene cumplimiento. El Señor no permitirá que nuestras dificultades sean superiores a nuestras fuerzas. Yendo de sus Manos seremos siempre más fuerte y tendremos la capacidad de resistir. Él nos acompaña y no deja que desfallezcamos,

Somos sus hermanos por adopción, hijos adoptivos de su Padre del Cielo, quien lo ha enviado para rescatarnos con su voluntaria y libre entrega a una Muerte de Cruz. Por ella,  gratuitamente, y por su Gracia, alcanzamos la Misericordia y el perdón de todos nuestros pecados ante el Padre, a  pesar de ser indignos. Por su Pasión y Muerte somos acogidos y aceptados en la Gloria del Padre.

Pero, eso no evitará las pruebas que hemos de sufrir y padecer, pero tampoco permitirá que nos derrumbe. Son necesarias para que demos testimonio de nuestro auténtico amor y entrega. "Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo". Por lo tanto, tendremos que padecer en proporción a la capacidad y fortaleza que hemos recibido.

Y, sólo Dios sabe de nuestra capacidad y resistencia, pero nos ha dejado en libertad, para elegir enfrentarnos o entregarnos a las seducciones del Maligno. Somos muy valiosos para el Señor y en Él permaneceremos fuertes y seguros, y tendremos el mejor defensor ante el Padre, pues el mismo nos lo ha dicho: «todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos».

Tengamos confianza y fe en el Señor, pues Él nos ha creado para hacernos eternamente felices.

viernes, 13 de julio de 2018

EN UN MUNDO HOSTIL

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Mt 10,16-23
Se nos ha hablado claro desde el principio. Seremos perseguidos como lo fue Jesús y no hay otra puerta sino esa. Es la puerta estrecha de la que se nos ha hablado con anterioridad. Es la puerta por la que tendremos que pasar ante las dificultades y exigencias que el mundo nos propone. Un mundo rendido al poder del demonio y lleno de seducciones de todo tipo que tratan de incumplir los mandatos que nos propone, nunca impone, Jesús.

Unos mandatos que nos ayuda a ser libre, a dominar nuestros sentimientos y apetencias. Unos mandatos que nos favorecen y que nos conducen a vivir en paz, en armonía, verdad y justicia. Unos mandatos que persiguen nuestra plena felicidad acabado nuestro trayecto por este mundo. Tendremos que ser prudentes y guardarnos de aquellos que nos quieren entregar y azotar ante los tribunales, pero siempre con esperanza y sabiendo que el Espíritu de Dios está con nosotros. Él nos dará fortaleza, paciencia y capacidad para aceptar y superar esos sufrimientos.

Habrá mucha confusión y enfrentamientos entre hermanos, padres e hijos, pero el que persevere hasta el final ese se salvará. Será un camino de odio, de venganzas, de amenazas, de persecuciones, de luchas y de muerte. Un camino de cruz como sufrió el Señor, pero un camino de victoria, porque al final triunfará la Vida y la plena felicidad. Esa esperanza nos ayudará, injertados, por supuesto, en el Espíritu Santo, a perseverar hasta el momento final de nuestra vida.

Desde el principio, seguir a Jesús ha sido un camino contra corriente en un mundo hostil y contrario a la buena Noticia de salvación. Un mundo lleno de satisfacciones y placeres que invitan al egoísmo, al poder, a la riqueza y al olvido del más débil, pobre y pequeño. Un mundo donde prevalece el egoísmo al compartir; la mentira a la verdad y el odio al amor. 

No perdamos de vista que será el amor lo que se impondrá al final, porque el hombre ha sido creado para amar. Y en el amor, injertado en el Espíritu Santo, seremos plenamente felices. Ese es nuestro camino y el que no podemos perder de vista.

jueves, 12 de julio de 2018

COMUNIDAD Y EVANGELIZACIÓN

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Mt 10,7-15

La llamada del Señor debe tener sus razones e implicarnos en algo. Jesús llamó a sus discípulos para que compartieran y vivieran la fe en comunidad. Fue formando con ellos un grupo que terminó en hacerse comunidad. Y así lo quiso el Señor, que vivimos en comunidad, porque la única forma de expresar y dar nuestro amor es viviendo cerca el uno del otro y aprendiendo a darnos y sacrificarnos el uno por el otro.

Pero, también, esa llamada implica compromiso de enseñar a los demás ese mensaje comunitario del amor. Proclamar que somos seres, no individuales sino en relación. Y esa relación nos compromete a amarnos, porque sería absurdo permanecer junto a personas que se odian y que se procuran el mal. No tiene sentido no querernos, pues todos deseamos ser felices y la felicidad pasa porque haya paz, armonía y mucho amor.

Todo empieza con el bautismo. En él somos llamados a pertenecer al pueblo de Dios, y también a comprometernos en dar razones de esa llamada y esa conversión. Porque, en el bautismo recibimos al Espíritu Santo, que nos fortalece, nos prepara, nos ilumina y nos capacita para dar razón de nuestra fe. Jesús nos acerca a Él para que seamos sus manos y palabra en la tierra y proclamemos en todo el mundo la buena Noticia de salvación.

No tengamos miedo. Jesús nos da señales y maneras de proclamar: En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa... ver más

Hoy los tiempos son diferentes, pero la Palabra sigue siendo la misma, Palabra de salvación. Y tenemos muchas ocasiones de proclamar: en el trabajo, en la familia, con los amigos, en nuestros círculos y ambientes...etc. Siempre hay ocasiones y momentos donde se puede hablar de Dios y anunciar la buena Noticia.

miércoles, 11 de julio de 2018

IMPORTA LO QUE VALE

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Valoramos las cosas por su valor, pero, más importante sería discernir y clarificar que es lo que realmente tiene valor. Porque, estamos en un mundo hermoso y que tiene muchos valores, pero, quizás nosotros no sabemos elegir bien ni tomar los verdaderos y reales valores. La realidad nos descubre que el valor principal que el mundo erige en lo más alto es el dinero. Y es ese dinero, del que hay que dudar si realmente es un valor, el que rige y manda en todos los ordenes de este mundo. Hasta tal punto que eres alguien o se te tiene en cuenta según el dinero que tengas.

Desgraciadamente es esa la realidad que impera en todos los ambientes de nuestros pueblos y círculos. Quizás se esconde, pero se persigue y se busca. El poder político está en primer lugar, porque con él mandamos y abrimos puertas y hasta conseguimos poder económico. Es es el panorama, a grandes pinceladas, del mundo en que vivimos. Y, precisamente por eso importa el valor de las cosas y su tiempo. Porque, lo que no perdura pierde todo su valor. Es decir, conseguir algo valioso para un rato no tiene gracia, porque, lo bueno pasa pronto, ¿y después? El desconsuelo será peor y más doloroso.

Por todo ello, el valor supremo es la vida. Pero, Vida Eterna, no de unos cuantos años. Y esa vida se consigue sólo injertado en Cristo Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Dejarlo todo, como nos dice Jesús y como lo han hecho apóstoles es poner al Señor en el centro de nuestra vida. Puedes tener muchas cosas y hasta gobernar un gran país, pero, a pesar de todo eso habrás dejado todo cuando el centro de tu vida es el Señor, y cuando todos tus esfuerzos desde la presidencia de un país, o una multinacional, o una gran familia, o donde sea está centrada en vivir según la Palabra de Dios.

No se trata de quedarse sin nada, sino de poner todo lo que se tiene, material, intelectual e espiritual en aras a servir y amar según la Palabra y la Voluntad del Señor nuestro Dios.