martes, 19 de febrero de 2019

RODEADOS DE MALA LEVADURA


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Todo lo que nos rodea entraña peligro y nos puede afectar. Hay personas que puede influir sobre nuestra manera de ver las cosas y de pensar. Sí, realmente estamos rodeados de lobos y tendremos que andar con mucho cuidado. Jesús sabe y es consciente de ese peligro que corremos y nos pone en guardia:  «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes» (Mc 8,15), pues ellos —los fariseos y los de Herodes— no quieren que la Gracia de Dios sea conocida, y más bien se la pasan cundiendo al mundo de mala levadura, sembrando cizaña.

Tenemos muchas preguntas e interrogantes y, de eso, el mundo aprovecha para confundirnos. Las dudas nos dejan a merced de aquellos que nos quieren distraer, confundir y alejar del Señor. Y, sometidos a una lucha sin cuartel por nuestra naturaleza humana sentimos el aguijón del pecado y de las tentaciones que otros nos preparan. Todo lo vemos negro y nacen en nosotros las dudas que nos confunden con el mal testimonio de nuestros mismos compañeros e incluso dentro de la Iglesia.

Siempre hay quienes quieren vivir al margen de Dios y rechazan su mensaje de salvación. Siempre hay quienes derraman toda sus influencias para que no se viva desde la fe en Dios y sí desde los criterios humanos que quieren hacerse dueños del mundo y gobernarlo para satisfacer sus propios egoísmos. Para ello rechazan todo lo religioso que, desde la fe, cuestionan actitudes que van contra la defensa de la vida, contra la familia o contra formas de vida cuestionables. 

Se hace necesario sostener y fijar la mirada en el Señor. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y en quien debemos apoyarnos incondicionalmente superando todas las adversidades e influencias de aquellos que nos quieren separar de Él.

lunes, 18 de febrero de 2019

SIGNOS QUE PRUEBEN TU PALABRA

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Mc 8,11-13
El Evangelio de hoy dice: En aquel tiempo, salieron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba... Y poco o nada ha cambiado hasta hoy, porque las generaciones actuales exigen lo mismo. Quieren pruebas y más pruebas que les convenza de la Palabra que les anuncia la Iglesia. Todo se concreta en exigencias que les demuestren lo que les llega por medio de la Palabra de Dios.

Y Jesús no está por esa labor, porque Él no ha venido a hacer milagros ni a convencer a nadie, sino a salvar a todos los que se fían de Él y creen en su Palabra. Ha venido a anunciar la Buena Noticia de salvación, esa salvación que tú y yo y todo ser humano busca, vencer a la muerte y ser feliz eternamente. Y, por eso, te la anuncia y ha entregado su vida para darte la vida a ti, a mí y a todos los que en Él creen.

Y es entonces cuando el Señor actúa, porque se compadece de las necesidades y problemas del hombre que le busca y le suplica. Jesús actúa por compasión, porque ha venido para alumbrar al hombre donde está su salvación y quien realmente es su Padre. Nunca actuará según la voluntad de los hombres, que quieren ver los signos que ellos esperan y desean.

Porque, todos buscamos un Mesías y Salvador según nuestra imaginación. Fabricamos en nuestra mente un dios que nos salve según nuestros pensamientos, nuestras ideas. Un dios que actúe para nuestros intereses y que coincida con nuestras actitudes e ideas. Son esos los signos que pedimos y los que Jesús, el Señor, nunca estará dispuesto a darnos. Porque, el Señor se identifica con el perdón, con la justicia, con la verdad, con la humildad y, sobre todo, con el amor.

domingo, 17 de febrero de 2019

EL ESFUERZO DE HACER PRESENTE EL REINO DE DIOS

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Lc 6,17.20-26
Nadie quiere sufrir ni pasar hambre ni vivir en la pobreza. Esas situaciones y estados no dan satisfacción humana y es natural que nadie las quieras. Tampoco Jesús las quiere, pero, otra cosa es que en muchas circunstancias sean necesaria para que se haga justicia y haya solidaridad con aquellos que, por causas de injusticias y egoísmos de otros, las sufren y las padecen.

En ese sentido, Jesús, dice: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas».

Se trata de luchar para que el Reino de Dios se haga en este mundo, y ello exige en muchos momentos situaciones de pobreza, de hambre o sufrimiento. El cristiano que sigue a Jesús no busca el sufrimiento, ni tampoco quiere pasar hambre y menos vivir en la pobreza de no tener donde resguardarse ni que llevarse a la boca. Pero, no puede vivir en la abundancia mientras otros no tienen lo imprescindible y necesario para vivir. Por eso, comparte lo que tiene con aquel que no tiene y eso le lleva a situaciones de pobreza, de hambre y de sufrimiento. Pero, situaciones de esperanza que serán recompensadas en el cielo.

Sin embargo, cuidado con aquellos que buscan aquí, en este mundo, su reino y paraíso, porque lo que encontraran será lo que termina diciendo Jesús: «Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas».

sábado, 16 de febrero de 2019

UN ALIMENTO QUE DA VIDA ETERNA

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Sabemos por experiencia que el alimento sostiene el cuerpo, pero no nos da esa paz y gozo que buscamos y necesitamos. Podemos quedar hartos, pero no con la conciencia tranquila ni con el corazón satisfecho. Sólo el alimento que da Jesús es capaz de llenar el corazón humano. Y es ese alimento el que realmente debemos buscar porque el otro, el que necesita nuestro cuerpo, no basta.

Jesús cuenta contigo para repartir el pan que lleva a la Vida Eterna, y cuenta de una manera total. Quiere que tú y yo nos impliquemos en esa misión de buscar alimento para todos y que la justicia reine entre los hombres para que haya pan para todos. Precisamente, la oración de la C. Episcopal, que estamos rezando este mes de febrero dice así: Por quienes sufren hambre y cualquier forma de pobreza, para que reciban la ayuda que necesitan y la riqueza sea justamente distribuida en el mundo.

Pero, ¿dónde conseguimos esos panes y cómo llegamos a los que están tan lejos? Tú y yo nada podemos hacer, pero, juntos al Señor todo nos es posible. Nuestras oraciones, nuestras Eucaristías vividas, nuestras buenas acciones, nuestros sacrificios, nuestros esfuerzos y solidaridades, nuestros ayunos, nuestro perdón, nuestras escuchas, atenciones...etc. Cada uno de esos actos son panes que damos a aquellos que lo necesitan. Pan del bueno, pan del testimonio de la Palabra, pan que trata, no sólo de alimentar sino de dar la luz que alumbre el camino hacia el encuentro con Jesús.

Ese es el verdadero Pan, el que nuestro Señor Jesús da. Un Pan que llena, que da vida, que nos transforma y nos da plenitud eterna. Porque, su Amor, su Bondad, su Perdón, su Presencia continúa entre nosotros, su amistad, su cercanía nos llenan el corazón y nos dan esa felicidad eterna que buscamos.

viernes, 15 de febrero de 2019

TODAS TUS ACCIONES SON BUENAS PARA EL HOMBRE

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Mc 7,31-37
Todo lo que Tú, Señor, haces es bueno para el hombre. Por donde pasas vas haciendo el bien. Hoy dice el Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: "¡Ábrete!".

Te preocupas por los que sufren, por los que están limitados de sus funciones corporales, de los que no pueden oír ni hablar, de los que necesitan ayuda y de todos los que te buscan y quieren que impongas tus Manos sobre ellos. Y yo, Señor, como lo hiciste con esa persona, que no podía hablar ni oír, quiero también acercarme a Ti para que cures mis limitaciones, me habras mis oídos y desates mi lengua para anunciar tus obras y tu Noticia de salvación.

Porque, no puedo callar el bien que haces y la salvación que el anuncio de tu Buena Noticia significa para todos los hombres. Siempre haces todo bien y siempre el resultado es el mismo, el bien del hombre. Así lo describre y lo anuncia el Evangelio de Marcos 7, 31-37: Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

jueves, 14 de febrero de 2019

TODOS NECESITAMOS AL SEÑOR

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Es la pregunta del millón, ¿necesito yo al Señor? La respuesta es sí. Todos necesitamos al Señor porque todos queremos salvar nuestra vida y ser felices eternamente. Dentro de cada ser humano hay una búsqueda incesante de felicidad, de eternidad y de amor. El ser humano necesita amar para ser feliz, y es lo que busca y desea. Ahora,, también eres libres para aceptar o rechazar esa propuesta que Dios te anuncia. Y, aunque, es lo que buscas, incluso sin saberlo, no es fácil responder, pues, para ello, necesitamos primero vencer muchos obstáculos que nacen dentro de nosotros mismos.

Nos apetece quedarnos quietos una vez estamos acomodados. Nos mueve el hambre, el sufrimiento, las incomodidades, el frío, las pasiones y todo lo que nos pide satisfacción. Tratamos de dar plenitud a nuestras necesidades corporales, pero, ¿y a las espirituales? Quizás esas, cubiertas las primeras, quedan olvidadas y no son tan buscadas.

Sin embargo, queremos vivir en plenitud, pero, instalados cómodamente nos conformamos incluso aunque no lo seamos plenamente. Porque, en este mundo nunca lo seremos. Siempre está el error, la enfermedad o la sombra de la muerte amenazándonos y sembrando la tristeza, la infelicidad en nuestras vidas. Y nos quedamos tan tranquilos, tristemente, esperando que llegue el día de nuestra hora. ¿Es qué no sabemos que hemos sido creados para vivir eternamente? Ese es el anuncio que tenemos que conocer y eso nos corresponde anunciarlo a los que los conocemos.

Luego, dependerá de que los que lo reciban lo acepten o no. Habrá muchos que no querrán oír hablar de esa Buena Noticia, pues se sienten bien con lo que tienen. Creen tener la muerte muy lejos y no parecen temerle.Otros quedan esclavizados por sus propias pasiones y apetencias carnales y otros aceptarán la Palabra de Dios. ¿En qué lugar de esos estamos cada uno de nosotros? Corresponderá a cada uno dar la debida respuesta. Mientras, el mundo necesita conocer la Buena Noticia de salvación. Estamos llamados a vivir en plenitud eterna.

miércoles, 13 de febrero de 2019

LO IMPURO VIVE DENTRO, EN NUESTRO CORAZÓN

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Mc 7,14-23
Sin lugar a duda que el ambiente y las circunstancias contamina y puede influir en tu manera de ver y pensar con respecto a tus actitudes frente al mundo en el que vives. Sin embargo, la realidad es que lo que en verdad contamina duerme y vive dentro de nosotros, y de una manera concreta en nuestros corazones.

Todo lo que viene de afuera, sobre todo referido a los alimentos, según entran se eliminan. Es la clara respuesta con la que le responde a sus discípulos cuando, sin entenderle, le preguntan: ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» —así declaraba puros todos los alimentos—.

Pero, es dentro del hombre donde se gestan las malas intenciones y todo aquello que realmente hace daño al hombre. Y es el corazón el núcleo donde se fabrican todas esas inclinaciones hacia el mal y el bien, por lo que es ahí donde tiene lugar la batalla de cada día para purificar todos nuestros pecados y alejar de nuestro diario actuar el mal.

Esto, continúa diciendo el Señor: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre».