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lunes, 7 de septiembre de 2026

LA IMPORTANCIA DE HACER EL BIEN

Lc 6, 6-11

Muchas veces hemos presenciado, cuando no experimentado, que la vida se llena de enfrentamientos y tensiones provocadas por diversas posturas ante la realidad.

Tensiones relacionadas con intereses propios o con ideas sobre qué hacer y cómo actuar.

Y nos preguntamos: ¿Cómo respondemos a la realidad en lo cotidiano? ¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?

Manuel, levantando los brazos, dijo:

—Lo lícito, lo bueno, lo útil, lo conveniente, lo humano es hacer el bien y no dejar morir a nadie…

Pero los problemas, las dudas, las dificultades concretas comienzan cuando pasamos a los medios: ¿Qué nos exige actuar así?

Pues nada más y nada menos que fijarnos en el otro, comprender sus necesidades, emplear nuestro tiempo, talentos y medios para socorrerlo.

Guardó un breve silencio y con suavidad continuó:

 —Y, sobre todo, hacer que nuestra mentalidad vaya cambiando desde un egoísmo narcisista que piensa que yo soy el centro del mundo y los demás solo medios para mi felicidad o comodidad…

Hizo una pausa, los miró con ternura y siguió:

—Hasta un sentido de fraternidad que entiende algo tan difícil como que mi libertad no comienza cuando termina la del otro, sino cuando descubrimos que solo podemos ser verdaderamente libres cuando nos hacemos libres los dos.

Todos escuchaban en silencio y con gestos de aprobación. Se había entendido que esto es un verdadero proceso, a veces largo y doloroso, siempre costoso, de saber preguntarnos:

 ¿Por qué hago lo que hago? O, más exactamente, ¿por quién hago lo que hago?

Jesús, en el evangelio (Lc 6, 6-11) de hoy, descubre una sutil y peligrosísima corrupción de la religiosidad.  En medio de la sinagoga, en sábado, día especialmente consagrado a Dios y sometido a unas estrictas normas religiosas, lanza la pregunta decisiva a los asistentes, poniendo en el centro de la sinagoga a un hombre que tenía paralizada una mano.

La cuestión fundamental es: ¿qué es más importante para Dios, el culto o la misericordia?

Y, más profundamente, ¿vamos al culto para comprometernos más en ser hijos de “ese” Dios y hermanos de los demás, o para tranquilizar nuestra conciencia o cumplir un precepto? 

lunes, 7 de septiembre de 2020

IMPORTA EL ESPÍRITU DE LA LEY

Lucas 6, 6-11 | Lucas 6, Evangelio, Evangelio del dia
Es obvio que el espíritu de la ley persigue el bien. Una ley se establece y se legisla para regular las relaciones entre las personas en orden al bien, la verdad, la justicia y la paz. Pero, por encima de toda ley está siempre el espíritu de buscar lo mejor y el bien para el hombre. De forma que, la ley nunca puede ir en contra del bien, la verdad y la justicia.

Por tanto, no favorecer el bien del hombre y buscar su mejoría inmediata, es decir, hoy, y no mañana, es de sentido común y lo más lógico y natural. Porque, el hombre busca el alivio inmediato y no tiene ningún sentido dejarlo para otro día. Una ley que exija eso es un disparate ilógico que no entra en la lógica y en la cabeza del hombre. Y es eso lo que provoca Jesús en aquella ocasión en la sinagoga aprovechando que un hombre sufre parálisis en un brazo. 

La pregunta es, ¿conviene o no curar esa parálisis del hombre hoy? ¿Por qué dejar para mañana ese dolor o impedimento físico? Una ley no puede, aunque no sea algo vital, impedir la mejoría de la persona hoy prolongándola para mañana u otro momento. No se puede anteponer y priorizar la ley posponiendo el bien del hombre. Y eso lo deja meridianamente claro Jesús delante de aquellos escribas y fariseos que buscan primero el cumplimiento antes que el bien del hombre.

No cabe ninguna duda que la ley está para respetarla y cumplirla en orden de servicio al hombre. Un servicio que conlleva el bien, la verdad y la justicia. El espíritu de la ley debe siempre buscar primero el bien del hombre. Es la intención de Lucas, dejar sentado que la ley debe siempre buscar y encontrar la verdad que beneficia y mejora la vida del hombre. Y Jesús lo descubre, lo anuncia y lo realiza.

miércoles, 27 de febrero de 2019

UNA IGLESIA ABIERTA AL BIEN

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Mc 9,38-40
A veces hay momentos que nos creemos los únicos salvadores y en posesión de la verdad. Fuera de nosotros y de la Iglesia no hay salvación y eso nos puede llevar a confundirnos y a permanecer equivocados. No parece que Jesús dice eso: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros».

Podemos deducir que todo aquel que haga el bien y tenga buenas intenciones de ayudar y de servir está del lado de Jesús, y, aunque, de forma ritual, esté fuera de la Iglesia, está muy cerca y bastante más dentro que muchos de los que nos creemos que la Iglesia es nuestra y de los que están con nosotros. Mucho cuidado, pues, Jesús en una ocasión también dijo: Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros - Mt 19, 30 -.

Es verdad que siempre hay quienes estén a favor y en contra, pero eso no significa que muchos que están alejado de la Iglesia, en cuanto a prácticas, preceptos y cumplimientos, no estén más cerca del Señor que los que están muchos que se consideran dentro y hasta poseedores de la verdad. Sucede que muchas veces estando dentro de la Iglesia tenemos dioses diferentes, porque nos formamos una idea de Dios según nuestro pensamiento y forma de ver las cosas.

Sólo hay un Dios, y ese Dios es el que nos ha revelado nuestro Señor Jesucristo. Un Dios liberador, que se compadece de los oprimidos, de los necesitados, de los que sufren y son marginados y excluidos. Un Dios que viene a dar Vida y a que tengamos la opción de decidir libremente el camino a seguir. El del bien o el del mal. Pero, nunca que seamos víctimas hasta el punto que nos inclinen a la fuerza a alejarnos de Dios. Porque, tanto se nos aleja del camino de Dios por la opresión y esclavitud como por el hedonismo y la corrupción.

viernes, 15 de febrero de 2019

TODAS TUS ACCIONES SON BUENAS PARA EL HOMBRE

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Mc 7,31-37
Todo lo que Tú, Señor, haces es bueno para el hombre. Por donde pasas vas haciendo el bien. Hoy dice el Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: "¡Ábrete!".

Te preocupas por los que sufren, por los que están limitados de sus funciones corporales, de los que no pueden oír ni hablar, de los que necesitan ayuda y de todos los que te buscan y quieren que impongas tus Manos sobre ellos. Y yo, Señor, como lo hiciste con esa persona, que no podía hablar ni oír, quiero también acercarme a Ti para que cures mis limitaciones, me habras mis oídos y desates mi lengua para anunciar tus obras y tu Noticia de salvación.

Porque, no puedo callar el bien que haces y la salvación que el anuncio de tu Buena Noticia significa para todos los hombres. Siempre haces todo bien y siempre el resultado es el mismo, el bien del hombre. Así lo describre y lo anuncia el Evangelio de Marcos 7, 31-37: Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

miércoles, 23 de mayo de 2018

CUANDO APARECEN LOS CELOS

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Mc 9,38-40
El mundo no lo arreglamos nosotros ni tampoco somos los llamados a arreglarlo. El celo es una enfermedad que debemos tener muy en cuenta, porque, de lo contrario, puede destrozar nuestra convivencia y nuestra paz. No podemos sentir celo porque otros hagan lo mismo y mejor que nosotros y estén en otros grupos, o incluso pertenezcan a otra religión. Si creen en Jesús y viven en el amor esforzándose en practicarlo bienvenidos sean.

No podemos por eso excluirlos ni enfrentarnos. Todo aquel que hace el bien no está contra Dios, sino todo lo contrario, es de los nuestros.. Por tanto, no confundamos el celo apostólico, deseo de construir el reino de Dios y darlo a conocer, con los celos por lo que tú haces y yo quiero que lo hagas en mi grupo. Los celos por pensar y creer que  mi grupo es el más privilegiado y el mejor y fuera de mi grupo no se pueden hacer las cosas bien. Ni tampoco quiero que se hagan aunque eso perjudique a la comunidad.

La Iglesia la formamos todos, todos aquellos que están bautizados, aunque después hayan muchos que se desentiendan e incluso murmuren contra ella. Pero, principalmente, los que están comprometidos con su bautismo y tratan de responder a esa fe recibida y fortalecida en el Espíritu Santo. Y todos, venga de donde venga, que se esfuercen en hacer el bien, no están en contra, ni por eso debemos exigirle que se unan a nuestro grupo.

Hay muchas O.N.G. que, no siendo de la Iglesia ni estar movida por ella están haciendo una buena labor y luchando por restablecer la justicia y la paz. Sólo Dios sabe lo que se encuentra en lo más profundo del corazón del hombre y sus buenas o malas intenciones. Sólo Dios puede juzgar y así lo ha dejado claro nuestro Señor Jesús: 
En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros». Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros».