viernes, 25 de octubre de 2019

RAZONAR EN LA VERDAD

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Lc 12,54-59
Nos jactamos de saber, conocer e interpretar el tiempo, pero, miramos para otro lado cuando se trata de razonar el significado trascendente de nuestra vida. No podemos ignorar el deseo y la necesidad de felicidad que sentimos en lo más profundo de nuestro ser y que está presente en todos los instantes de nuestra vida e instalada en el centro de nuestro corazón, que junto a la aspiración eterna forman la mayor esperanza que el ser humano desea alcanzar.

Sin embargo, cerramos los ojos ante esta realidad que palpita y vive dentro de nosotros. Preferimos permanecer en el Egipto de nuestro tiempo al calor de los pepinos, puerros y cebollas que nos dan seguridad ante que emprender la travesía por el desierto que nos señala y nos propone la Palabra de Dios cargando con nuestra cruz. Realmente, es verdad se me hace difícil y se nos hace difícil a todos. Por eso somos pecadores y necesitados de la Gracia de Dios.

Presumimos ante el conocimiento de los fenómenos atmosféricos, pero justificamos nuestra ignorancia ante la interpretación de la verdad, de lo justo frente a la mentira e injusto. Quizás buscamos justificarnos ante la aparición de nuestros propios miedos y las exigencias de salir, de caminar por terrenos no conocidos e inseguros. Quizás, sentimos la llegada de situaciones que nos pueden crear problemas que no queremos vivir ni afrontar. Quizás nos guste quedarnos, aunque de forma rutinaria, instalados en lo que ya conocemos y esperar el desenlace de nuestra vida tal y como viene. ¿Acaso no nos damos cuenta de que arriesgamos el mayor Tesoro que tenemos? ¿Es qué tenemos los ojos cerrados?

¿Para qué ese conocimiento, del que presumimos, si estamos despreciando el verdadero Tesoro que nos ofrece la felicidad eterna? ¿Somos tan necios, como aquel rico insensato, que pensamos en banquetear y vivir la vida sin pararnos a pensar que lo verdaderamente sensato es mirar hacia nuestro Padre y Dios y seguir sus enseñanzas? ¿Es qué no aprendemos en la medida que vamos cubriendo etapas en nuestra vida?

jueves, 24 de octubre de 2019

ESTAR ACTIVOS PARA AMAR

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Lc 12,49-53
No se trata de arder para destruir, sino todo lo contrario. Se trata de prender el fuego del amor. Un amor que se extienda por todas partes y prenda en el mundo haciendo el bien, proclamando la verdad y realizando la justicia. Un amor que enfrenta el bien contra el mal y que es la causa de muchos enfrentamientos familiares: padres contra hijos; hijos contra padres; madre contra hijos, hijos contra madres; suegros y suegras contra nueras y yernos y viceversa.

Jesús ha venido a prender fuego al mundo en ese sentido arriba descrito. Un fuego activo que arda desde dentro del corazón llenándolo de verdadero amor y haciendo el bien cada día. Un fuego avivado por el Espíritu Santo, que sopla y enciende el corazón de quien le abre la puerta y atiende sus impulsos. Hablamos de ese fuego que necesitamos avivar. Hablamos de esa lámpara de nuestro corazón que queremos mantener encendida y extenderla hasta quemar todo lo que está a nuestro derredor. 

Y lo queremos no por proselitismo o por un interés egoísta, sino para convertirlo en llama de amor también que haga el bien y viva en la verdad y la justicia del Reino de Dios. Buscamos el fuego de nuestro Señor, que nos abraza y nos invita a amar y a incendiar también otros corazones, quizás apagado por el agua impura de un mundo contaminado, vacío de valores y corrupto por las seducciones y sobornos del pecado. 

Un mundo que ha dejado de arder con ese fuego que nos provoca el deseo de amar y de proclamar la Vida Eterna que el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesús ha venido a anunciarnos.

miércoles, 23 de octubre de 2019

NECESARIO ESTAR PREPARADO


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Lc 12,39-48
Es muy importante saber que el Señor está a nuestro lado y nos quiere salvar. Nos lo ha dicho por activa y pasiva. Pero nos pide que confiemos en Él, que tengamos confianza en Él. Estar preparado significa que le esperamos y que puede venir en cualquier momento.

Y tú y yo, y también todos, tenemos que estar vigilantes, atentos y preparados. La batalla comienza cada día y termino cada noche, para, de nuevo, con el amanecer del nuevo día empezar otra vez la lucha. Nuestra misión es impedir que nuestro corazón quede herido y perforado, dejando un hueco por donde pueda colarse el Maligno y dejar en nuestro corazón el veneno del pecado, contaminándolo y alejándolo del Señor. Y para evitar esa amenaza y esa herida, tenemos que estar en alerta vigilancia y tensión, de la misma forma que lo hacemos cuando realizamos una labor importante de riesgo y que demanda concentración.

Hay ladrones en el mundo. Ladrones que quieren vivir sin trabajar adueñándose del dinero y bienes trabajados por otros. Pero, ladrones también que viven en el pecado buscando  la manera de llevar a otros al pecado. Y nuestra naturaleza humana, débil y propensa a caer en la trampa está siempre en peligro antes estas tentaciones y seducciones que el mundo, demonio y carne le proponen.

Por todo ello, necesitamos estar preparados y en constante vigilancia, agarrados al Espíritu Santo para hacernos fuertes, no desfallecer y superar ese asedio y seducción que trata de invadirnos y perdernos para el Señor. Nuestro Señor, que vendrá sin avisarnos y que nos advierte para que sepamos perseverar y mantenernos siempre activos en su Palabra y según su Voluntad.

martes, 22 de octubre de 2019

PREPARADOS Y VIGILANTES

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La consigna es estar preparados y vigilantes. No hay otra alternativa sino la de estar con la cintura ceñida y la lámpara encendida. Es decir, atentos al peligro de cada día, porque, cada día, valga la redundancia, el mal está al acecho y preparado para engañarnos y seducirnos. Tiene mucho recursos, todos los que el mundo y la carne les proporciona, y, nosotros, somos sus reos, sus objetivos a los que quieren devorar.

Es vital estar preparados, y eso significa que el Señor puede llegar de una manera definitiva en cada momento. Nuestra vida puede terminar en cualquier momento y olvidar eso es vivir en la mayor ignorancia. Estar preparado significa vivir en esa actitud de que el Señor puede llegar en cualquier instante a mi vida y debo estar preparado para abrirle mi corazón. Y esa preparación necesita estar atento a su Palabra y en disponibilidad de vivir en y a la acción de su Espíritu.

El mundo nos ofrece muchos peligros, muchas tentaciones que nos seducen porque nos gustan y hasta nos apetece, pero, ¿no es primero el Reino de Dios? ¿No es primero la búsqueda del mayor Tesoro que nos lleva a la Vida Eterna? Pues, esa disposición y actitud nos exige estar atentos y preparados en todos los momentos de nuestra vida. Una preparación que consiste en leer su Palabra, reflexionarla, hablar con Él - la oración - y, sobre todo, con la mayor frecuencia que podamos, recibir el verdadero alimento, su Cuerpo y su Sangre - la Eucaristía -.

Por lo tanto, mantengamos encendida la lámpara de la fe. Una fe que la sostenemos en la medida que no perdamos de vista que el Señor es nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida, y siguiéndole encontraremos esa felicidad eterna que buscamos.

lunes, 21 de octubre de 2019

¿SON LOS BIENES MATERIALES EL FIN DE TU VIDA?

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Lc 12,13-21
Al parecer aunque todo el mundo diga que no busca los bienes materiales, la realidad contradice tal afirmación, pues la gran mayoría busca hacerse con la mayor cantidad de bienes para proporcionarse seguridad y bienestar. En la parábola que Jesús nos pone hoy aparece un hombre que viéndose con gran cantidad de bienes decide vivir una vida de ocio dedicada a banquetearse y pasarlo bien.

El problema que nos plantea Jesús es el siguiente: ¿Acaso la vida te pertenece y eres tú quien decide sobre ella? ¿Acaso conoces tus días y tu tiempo? ¿Te sirven las riquezas acumuladas para ganar la verdadera vida que, quieras o no, todos esperamos? ¿Es qué tratas de mirar para otro lado y no aceptar ese sentimiento trascendente que está impreso en tu corazón? 

Muchos llegan  a enfrentamientos entre ellos por causa de los bienes y las herencias. Precisamente, el Evangelio de hoy nos habla de la disputa de dos hermanos por el reparto de la herencia. Así ocurre en muchas familias, sociedades, colectivos, naciones...etc. Las riquezas enfrenta y destruye al ser humano, pues siendo en principio una ayuda para sus necesidades no son la respuesta que el hombre y la mujer buscan como solución a sus vidas.

Porque, la felicidad y la eternidad, metas que están escritas en el corazón del hombre y la mujer no se esconden detrás del poder económico ni de las riquezas. Es verdad que proporcionan oportunidades para solucionar problemas y, sobre todo, poder ayudar a gente necesitada, pero tenemos que saber que los bienes materiales no nos darán nunca la plenitud y gozo eterno. Y esa es nuestra máxima aspiración, vivir en plenitud eternamente.

Y eso sucederá cuando nuestra vida terrenal llegue a su fin. A partir de ese momento, los bienes materiales pierden todo su valor y su eficacia, y la actitud generosa con la que hayas vivido esta vida cobrará todo su valor. Porque, de la forma y manera que tú hayas gastado tu amor, así será el gozo y plenitud con la que vivirás eternamente. Pidamos al Señor que sepamos  discernir bien la función de los bienes de este mundo y darles la justa y correcta función para lo que nos han sido dado. Amén.

domingo, 20 de octubre de 2019

¿CÓMO ES TU RELACIÓN CON DIOS?

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Lc 18,1-8
Cuando nos relacionamos con alguien tenemos el peligro de imponer nuestro criterio o de que nos respondan atendiendo a nuestras peticiones y apetencias. Y, sin darnos cuenta, nuestra relación con Dios puede convertirse en una exigencia a nuestras peticiones. Y es que me relaciono con Dios en la medida que me concede lo que le pido y si voy experimentando que no es así, me enfrío y desisto de mi insistencia.

Dios no es eso, ni puedes convertirlo en una cosa mágica que resuelve mis problemas y me da lo que le pido. Dios es Infinitamente bueno y nos da todo lo que realmente necesitamos para nuestro bien. Y nuestro máximo bien es alcanzar la Vida Eterna que Él nos regala y nos ofrece. De nuestro Padre Dios no nos puede venir nada malo, porque, Él no puede negarse a sí mismo. Su Bondad es Infinita y su Amor Misericordioso. Su Amor siempre estará en nosotros hasta que nuestra última decisión, cuando se acabe nuestra vida, sea no responderle a su Amor.

Dios siempre está pendiente de nuestras peticiones, pero nunca nos va a responder según nuestra voluntad sino según su Voluntad, porque, Él quiere nuestro bien y sabe lo que en cada momento nos conviene y necesitamos en aras de alcanzar la Vida Eterna en gozo y plenitud. Y eso es lo que nuestro Padre Dios nos pide, plena confianza en Él. De esa manera debemos relacionarnos con  Él, con plena confianza en que siempre nos escucha y nos responde, porque nos quiere y quiere compartir su Gloria con cada uno de nosotros.

Así nos ha enseñado su Hijo, el Señor, que nos propone insistir e insistir y nunca dejar de hacerlo. Jesús nos invita a perseverar y a ser constante como esa mujer con el juez injusto que nos cuenta hoy en el Evangelio. Nunca debemos de desfallecer, pues nuestro Padre Dios nos dará siempre lo mejor. Y lo mejor es aquello que nos sirve, no para este mundo, sino para alcanzar el otro, el que Él nos ofrece, compartir su Gloria Eternamente.

sábado, 19 de octubre de 2019

INJERTADOS EN EL ESPÍRITU

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Lc 12,8-12
El Dios en el que creo es un Dios vivo que camina junto a mí y da su Mano. Es un Dios que me garantiza que promete defenderme y auxiliarme durante el camino de mi vida Es un Dios misericordioso que me perdona y me fortalece en las luchas de cada día para que las supere y las venza. Es un Dios Padre que, a pesar de mis fracasos, mis debilidades  siempre esté abierto a la Misericordia y a acompañarme a comenzar de nuevo de regreso a Casa.

Es un Dios que nunca desaparece en los momentos difíciles y está siempre presente en mi vida para ayudarme a superarlos. Es un Dios Padre, Hermano y Amigo. Es un Dios Vivo en el que creo y por el que intento dar mi vida aunque sé que no alcanzo la altura deseada ni doy la talla que yo desearía, pero que me esfuerzo en defender en todo momento. Es también un Dios único, pues no encuentro a otro igual en ninguna parte del mundo. 

Un Dios Trino en tres Persona: Padre - Hijo - Espíritu Santo. Un Dios que me ama y, enviando a su Hijo, que voluntariamente da su Vida por cada uno de nosotros nos redime pagando por nuestros pecados y rescatando nuestra dignidad de hijos de Dios. Dignidad que, injertados en el Espíritu Santo y auxiliados por Él sostenemos en la lucha de cada día contra los poderes del mal y las seducciones de este mundo.

Un Dios Espíritu Santo, que está presente en nuestro corazón para caminar junto a todos aquellos que se abren a su acción asistiéndonos, auxiliándonos y defendiéndonos de todos los peligros y ocasiones en las que nuestra salvación se pone en peligro.