domingo, 19 de enero de 2020

CORDERO DE DIOS

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Jn 1,29-34
Cuando Juan dijo: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29), se refería a que Jesús es quien nos va a liberar del pecado del mundo. Porque, el pueblo de Israel que tiene muy presente aquel cordero que comieron con pan ácimo cuando salieron de Egipto - Ex 12 - y fueron liberados de la esclavitud egipcia tenía que ser un cordero perfecto,  ahora, Juan el bautista lo señala como el Cordero que nos liberara del pecado del mundo. 

Un mundo de injusticia, de poder, de riqueza y sometimiento que nos sumerge a todos en el pecado. Un mundo que todos queremos mejorar y que viva en la justicia, la verdad y en paz. Un mundo del que el Cordero de Dios nos libera contando con nuestra libertad y aceptación. Un mundo de amor, justicia y paz. Para eso ha venido Jesús, para salvarnos del pecado y darnos la libertad de la vida eterna.

Jesús es el Cordero de Dios, un Cordero manso, bondadoso, humilde, frágil, no violento y signo de paz y de fraternidad. Son los atributos del signo del cordero llevado al matadero sin rechistar, y todo por amor a los hombres. Al mismo tiempo, Jesús es signo de contradicción por aquellos que esperan un Mesías fuerte, poderoso a los que su Misericordia les escandaliza; a quienes conceptúan a Dios en una moral de preceptos y de normas de cumplimiento.

Dios no es nada de eso. Dios es, por encima de todo un Dios que busca liberarnos por amor y proclama que en el mundo haya verdad y justicia. Por eso y para eso ha venido, para liberarnos del pecado del mundo.

sábado, 18 de enero de 2020

PERIFERIAS Y EXCLUIDOS


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Mc 2,13-17
Dios es Amor y en la medida que nosotros amemos a los demás estamos haciendo la Voluntad de Dios. Así de sencillo y así de difícil, porque, amar exige salir de uno mismo olvidándose de sí mismo. La regla es el amor y el amor es verdadero amor cuando se da de forma gratuita, abundante y desmesurado. Se comparte donde no hay y donde la escasez está presente. Y eso ocurre preferentemente en las periferias, donde precisamente viven los excluidos.

La única manera que tienes de amar es renunciando a ti mismo, porque el amor verdadero es aquel que exige dar sin pensar en recibir; exige gratuidad sin buscar interés. Es desinteresado y siempre busca el bien del otro. Amar te da la oportunidad de ser feliz por la Misericordia de Dios, porque, por nuestros pecados hemos perdido la dignidad de hijos de Dios y, si la recuperamos es por los méritos de Xto. Jesús y nunca por merecimientos nuestros, sino por pura gratuidad y por Amor.

Por eso, debemos y tenemos que hacer lo mismo nosotros, darnos gratuitamente y por amor. Pero, no debemos quedarnos en palabras, sino hacer de las palabras vida. El problema es que en muchas ocasiones no sabemos qué hacer. ¿Qué harías Tú, Señor?

viernes, 17 de enero de 2020

LA SEMILLA DE LA DUDA

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Mc 2,1-12
En muchos momentos de nuestra vida la duda se despierta, posiblemente, por muchas causas o motivos, y se levanta y nos cuestiona. En algunas circunstancias es causa de la envidia; en otras del acomodamiento en el que estamos instalados; en otras la ambición de poder, las seguridades u otras más. El caso es que, a pesar de la admiración y asombro y la compasión misericordiosa de Jesús, el hombre, que vive atada a la Ley la antepone a la dignidad de la persona y se resiste al poder de Dios y su Infinita Misericordia.

Jesús es todo Misericordia y su lógica no es preceptual - del la palabra de cada día, camino, verdad y vida de San Pablo - sino amorosa y entrañable. Es el amor lo que regula su relación con el hombre, porque, por amor se ha encarnado y, por amor, voluntariamente, Él lo ha amado primero y ha dado el primer paso para ofrecerle la salvación eterna.

Jesús propone, no impone, y eso descubre y significa que respeta, por encima de todo,  la Ley y la libertad del hombre. Las Obras de Jesús - milagros - no buscan seducir ni imponer la aceptación de su anuncio, sino dar signos y señales de su Poder y testimonio, sobre todo, de su Amor. Siempre respetando la libertad del hombre. De ahí, pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá - Mt 7, 7 -. La libertad del hombre será la que decida en última instancia.

Eres libres para presentar tus parálisis al Señor, y eres libres para pensar que, tanto tus pecados como tus parálisis Él puede perdonarlos y sanarlas. Sólo es cuestión que lo busques y te dejes encontrar con Él, porque es Él, quedarás sorprendido, quien te espera y te tiende sus brazos.

jueves, 16 de enero de 2020

CONTACTO CON JESÚS

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Jesús se hace cercano porque esa es su misión. Ha venido para estar cerca de los hombres y, por eso, se hace hombre, igual en todo menos en el pecado. Está presente entre los hombres y anunciarles el Amor del Padre y su Infinita Misericordia. Y, por los méritos de su Pasión y Muerte, aceptada voluntariamente y también por Amor, nos rescata de la esclavitud del pecado y nos devuelve la dignidad de hijos de Dios alcanzando, por su Misericordia, el compartir su misma Gloria.

Pero, la cercanía de Jesús nos da también la posibilidad de entrar en contacto con Él, bien Eucarísticamente o por la Gracia indirecta de Dios a través de otras personas - caso del sacramento de la reconciliación -  y recibir no sólo la sanación corporal sino el perdón de los pecados. Exactamente igual que en sus tiempos cuando caminaba por este mundo, de cuerpo presente, acompañado por sus apóstoles y discípulos. Extendía sus brazos, se los imponía y tocaba a los que le suplicaban y pedían que les sanara.

Hoy, también, sigue sanándonos por medio de su real presencia en el sacramento Eucarístico, en la oración, o por intercesión de la comunión de los santos. Sólo necesitamos tener fe y confiar en Él, porque el Señor quiere nuestro bien y ha venido a salvarnos. Luego, ¿cómo no nos va a atender y hacernos el bien para que seamos felices? Es lo que precisamente Él nos ha ofrecido, la Felicidad plena y Eterna.

Confiando en tu Poder de sanación y, sobre todo, por tu Infinito y Misericordioso Amor, nos ponemos en tus Manos, Señor.

miércoles, 15 de enero de 2020

EN LA MISIÓN DE CADA DÍA

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Mc 1,29-39
Jesús se mezcla con la gente y actúa. Acude a la casa de Pedro y, encontrándose la suegra en cama con fiebre, se lo dicen a Jesús que se le acerca, la toma de la mano y levantándola la fiebre la dejó. Inmediatamente se puso a servirles. Son los actos normales de cada día donde podemos descubrir nuestro amor haciendo el bien. Se trata de lo normal y natural sobre naturalizarlo por obra y Gracia de Dios. Así nos lo enseña y muestra Jesús.

La noticia se propaga como el fuego y, pronto, al atardecer mucha gente le busca y acuden a que les sane y alivie sus enfermedades, y Jesús les atiende. Curó a muchos de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Luego, de madrugada se levantó y buscó un lugar solitario donde se puso a hacer oración. Sin lugar a duda, Jesús ora y la oración tiene un lugar importante en su vida.

Nuestra labor no está en un lugar extraordinario ni se trata de hacer cosas extraordinarias, sino todo consiste en actuar en la cotidianidad normal de cada día. Se trata de vivir en la presencia de Jesús en cada momento sencillo de nuestra vida divinizando lo sencillo y natural. Se trata de hacer el bien en cada instante y momento de tu vida, sea en tu casa, en familia, en el trabajo o en el tiempo de ocio y diversión. Se trata de ser misericordios en tus relaciones y en tus acciones cotidianas.

Se trata de, injertado en el Espíritu Santo, ese mismo Espíritu Santo del que ayer decíamos que también nosotros recibimos en nuestro bautismo, actuar misericordiosamente siguiendo las enseñanzas de Jesús y, por la acción del Espíritu Santo, actuar poniendo todo lo máximo posible de nuestra parte para parecernos a Jesús.

martes, 14 de enero de 2020

AUTORIDAD = COHERENCIA ENTRE PALABRA Y VIDA

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Mc 1,21-28
La autoridad no reside en el poder ni en los cargos relevantes, ni siquiera tampoco en los conocimientos o sabiduría. La verdadera autoridad nace de la coherencia entre lo que dices y haces. Porque, si tus palabras dicen una cosa, pero tu vida dice otra, tu autoridad se desvanece y desaparece. Jesús enseña con autoridad porque lo que dice y enseña se corresponde con lo que hace. Su Palabra se descubre, se nota, se percibe y se ve en las obras y hechos de su Vida.

Jesús no se destaca por ocupar un cargo relevante y de gran importancia. Ni siquiera pertenece a una familia notable, rica y destacada. Digamos todo lo contrario. Nació en una cueva abandonada a las afuera de Belén, en un pesebre y su nacimiento fue anunciado a los más pobres y marginados, los pastores. Sin embargo, fue visitado por unos Magos de Oriente que lo reconocieron como rey.

Podemos preguntarnos, siendo todo esto así, ¿de dónde le viene esa admirable autoridad percibida por los que le escuchan? Sin lugar a duda que sus enseñanzas calan, porque lo que transmite tiene eco en la vida de los que escuchan. Sus Palabras trascienden y se cumplen. Su coherencia no da lugar a duda, pues lo que dice se hace y deja huella en el corazón de los que oyen y ven. Cosa que nunca habían observado en los demás.

Realmente, no valemos por lo que tenemos sino por lo que somos. Es decir, mi autoridad no me viene del rango o la riqueza que pueda poseer, sino por lo que realmente soy. Es esa coherencia entre lo que soy y hago lo que da valor y sentido a mis palabras.

lunes, 13 de enero de 2020

EL REINO, LO PRIMERO


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Mc 1,14-20
Cuando fue arrestado Juan, Jesús se marcha a Galilea a anunciar el Reino de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Y empieza a formar el grupo con el que va a constituir la Iglesia, que continuará su misión cuando Él regrese, Resucitado, a el Padre. Su misión durará tres años en este mundo y en ese tiempo dejará constituida su Iglesia con la comunidad apostólica que, a partir de ahora, irá formando. Desde este momento, Jesús recorrerá toda la región de Galilea anunciando la Buena Noticia y haciendo el bien por todos los lugares que va recorriendo. 

También, el Señor busca colaboradores hoy y tras el bautismo, los bautizados reciben al Espíritu Santo, el mismo Espíritu Santo que recibió Él en su bautismo y que le acompañó durante su tiempo en este mundo. Ese Espíritu Santo, que nos asistirá también a nosotros durante nuestro tiempo terrenal, será nuestro asistente y defensor para cumplir nuestro compromiso bautismal de anunciar el Reino de Dios.

Tenemos que tener en cuenta que los apóstoles al seguir a Jesús lo dejaron todo. Eso significa que también nosotros al seguir a Jesús lo tenemos que dejar todo. Sin embargo, eso no significa que tengamos que hacer lo mismo que los apóstoles sino que el Reino de Dios debe estar y ser lo primero en nuestros corazones. Anunciar la Buena Noticia de Salvación debe ser nuestra prioridad.

Anunciarla con nuestra vida tratando de imitar en todo momento y en todas las circunstancias de nuestra vida el estilo de Jesús. Un estilo que no se concreta sólo en la palabra sino también con el ejemplo de nuestras vidas.