miércoles, 26 de septiembre de 2012

¿A DÓNDE VAMOS TAN APRISA?...

 Evangelio según San Lucas 9,1-6. Jesús convocó a los Doce y les dio

 Porque se nos va la vida sin darnos cuenta quienes somos ni a dónde vamos. No podemos ni sabemos estar unos minutos a sola con nosotros mismos. Las cosas que la vida nos ofrece no nos dejan estar solos. Y estar solo no es, no tener a nadie a mi lado, sino despojarnos de tantas ofertas y tecnicismos que nos impiden pensar y descubrir quienes somos.

Necesitamos pararnos, relajarnos y despegarnos de todo lo que nos impide parar, pensar y encontrar paz. Parar, pensar y paz, tres palabras que empiezan por la p y que necesitamos proclamar. Jesús envía a sus discípulos precisamente a eso,  proclamar la paz, el pararnos y serenos inundarnos de tranquilidad. Porque sólo en la serenidad podemos encontrarnos y descubrirnos.

Pero también necesitamos ser sanados, sanados de todas aquellas apetencias que nos esclavizan y nos introducen en una voraz y vertiginosa carrera hacia el consumo, hacia la curiosidad de experimentar nuevas sensaciones, nuevas experiencias de felicidad que prometen llenarnos, satisfacernos pero que nunca llegan a dejarnos pleno. Y eso hace que volvamos a la carrera, al desasosiego, a la locura.

Dejemosno sanar en paz y tranquilidad. Escuchemos la Palabra dejándola serenamente asentarse en nuestro corazón, sin prisas, sin agobios, sin compromisos. Dejemosno invadir por la Misericordia de Dios y llenos de su Espíritu vivamos en paz su amor. Amén.

martes, 25 de septiembre de 2012

MI VOLUNTAD LA VOLUNTAD DE DIOS...

 La madre y los hermanos de Jesús (Lc 8, 19-21)

porque si son mis proyectos y planes lo que priorizo en mi vida, no sigo a Jesús, que vino para hacer la Voluntad del Padre, sino me sigo a mí mismo en mis proyectos e intereses. Por eso, Jesús, remarca cuando se le presenta esa oportunidad: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

Porque, precisamente, su Madre lo primero que hace es ponerse bajo la Voluntad de Dios aceptando el Plan que Él había pensado en ella. María da comienzo a la Redención dando un sí firme y sin condiciones a la propuesta de Dios: "Hágase en mí según tu Palabra".

Ahora, si nosotros queremos seguir a Jesús en calidad de hermanos suyo, ¿qué voluntad tendremos que hacer? ¿La nuestra propia? ¿La que nos procurará más riquezas, más bienes, más poder, más...? ¿La que colmará todas nuestras ansías de satisfacciones, fama, privilegios, honores...?

¿O simplemente, aquella que exigiéndonos olvido de nosotros mismos, y renuncia de riquezas, poder, bienes y honores nos anima a entregarnos a servir amando a los demás? Jesús sabe muy bien lo que dice y no deja escapar la oportunidad de poner a su Madre como ejemplo y referencia de lo que significa aceptar la Voluntad del Padre.

Tengamos la luz de ver como María, nuestra Madre, dejando todos sus proyectos e intereses, se pone en Mano del Espíritu, avisado por el Arcángel Gabriel, a disposición de la Voluntad de Dios. Y pidamos, por la Gracia de Dios, tener la misma clarividencia y voluntad de deponer nuestra actitud ante la solicitud del Padre Dios. Amén.

lunes, 24 de septiembre de 2012

LA LUZ ILUMINA LA OSCURIDAD...

 Evangelio según Lucas 8,16-18
porque nada se puede esconder a la luz. No es el lugar natural poner lo que alumbra debajo de una mesa, porque su función fundamental quedará anulada. La luz si no alumbra dejará de ser luz y se volverá oscuridad. Y eso es sinónimo de muerte.

La luz ha sido puesta para marcar el camino, para señalar la senda, para despejar el camino de sus dificultades y tropiezos. Quien deja pasar su propia luz, la recibida de su Padre Dios, alumbrará a otros que no la hayan encendido o la tenga oculta y desperdiciada.

Y esa luz entregada, derramada y ofrecida dará frutos, así que quienes la tengan y la pongan al servicio de los que no ven, recibirán más hasta el punto que teniendo recibirán más. Sin embargo, aquellos que no dejen escapar la luz que les ha sido dada terminarán por quedarse en la oscuridad. De modo que, a medida que cada vez tienen menos, terminarán por quedarse en plena oscuridad.

Danos, Señor, la sabiduría de no ser opacos y de reflejar la luz de tu amor en los demás, de modo que todos aquellos que se nos acerquen vean tu Luz que nos llena y nos ilumina. Amén.


domingo, 23 de septiembre de 2012

SER ÚLTIMO PARA SER PRIMERO

 San Marcos 9, 30- 37

Al revés del pepino, si quieres llegar el primero procura quedarte el último. Es algo que no se entiende bien, porque eso del servicio, a pesar de todo, no nos entra muy bien en la cabeza. Quizás podamos entenderlo, pero vivirlo se hace casi imposible.

Imposible cuando tratas de hacerlo desde la opción personal, cuando te empeñas, porque nos es más fácil, emprenderlo desde tus propias ideas y planes. Y lo que resulta es que desde ahí si se hace verdaderamente imposible. Sin Mí nada podrán hacer, nos dice Jesús. Y esa es la clave de nuestro éxito o no.

Sólo en el Señor podemos ser capaces de buscar ser los últimos para hacernos un puesto entre los primeros. Y no se trata de tener ese objetivo como prioridad, sino que cuando olvidándote de ti te das a los demás es cuando los demás te colocan en el primer puesto.

Basta observar a nuestro derredor para darnos cuenta que todos aquellos que entregan su vida al servicio de los demás son elevados a los altares. Incluso no sin pretenderlo, es más, renunciando. En amor en clave de ágape es tan fuerte que los que lo reciben te empujan irresistiblemente a los primeros lugares.

No hay otro atajo, para llegar al Padre hay que amar como Jesús nos enseña. Y esa enseñanza no es otra cosa que amar, lo que verdaderamente te cuesta: amar al enemigo, al que no te hace la vida agradable, al esfuerzo constante de hacerte pequeño y humilde.

Por eso, quienes seamos capaces de abrazar a ese niño confiando, inocente, puro, bien intencionado, justo e ingenuo ante la intelectualidad del sabio, del engreído, prepotente, suficiente, capaz de creer que se basta a sí sólo... Ese ocupará los primeros puestos. Amén.

sábado, 22 de septiembre de 2012

EL PELIGRO DE LA COSECHA...

 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 8, 4-15
está siempre al acecho, pues hay muchas dificultades que se suceden y que la amenazan. Sembrar es más fácil, pero que dé frutos esa siembra supone mayor dificultad. La Palabra de Dios se proclama en muchos lugares y a mucha gente, pero al parecer son pocos los que la guardan y dan frutos.

Y es que hay muchos peligros a los que nos exponemos y sucumbimos. Las preocupaciones por las cosas de este mundo porque en él hemos puesto nuestro objetivo. Queremos ser felices en este mundo y para ello dejamos la siembra de la Palabra porque nos impide alcanzar ese objetivo de felicidad.

Las riquezas, las comodidades, el poder y los placeres nos dibujan un mundo de felicidad, pero un mundo caduco que no promete permanencia sino que desaparece tal y como ha venido. Una felicidad que no llena plenamente sino que deja vacío, insatisfacción y perdición.

Sin embargo, la buena cosecha, la que muere y da vida en tierra buena, permanece y da frutos de gozo y felicidad. Esa tierra que acoge y mima a la semilla en ella sembrada es tierra agradecida, bendecida y de buenos frutos. Y es tierra eterna que satisface plenamente. Amén.

P.D. Hace ya algún tiempo, en los comienzos como bloguero, hice esta reflexión de la parábola del sembrador. La enlazo en esta para aquellos que les apetezca leerla: ver aquí

viernes, 21 de septiembre de 2012

¿POR QUÉ ME SIENTO SUPERIOR...

 Mt. 9, 9-13. 'Vió Jesús a un hombre llamado Mateo...

ante ciertas personas y no ante otras. Pongamos la mano en el corazón y dejemosno interpelar por el Espíritu. Abramos nuestro corazón y dejemos que hable en espíritu y verdad en presencia del Espíritu Santo.

Experimentamos que nuestra soberbia se comporta de forma diferente ante cierto tipo de personas. Mientras que ante unas adoptas una actitud más sumisa o de igualdad, ante otras tu actitud es arrogante y superior. Y esa actitud nos empuja a juzgarlas y criticarla negativamente.

Es el caso de hoy. La Palabra nos descubre la actitud de aquellos fariseos que se consideraban mejores que los publicanos y pecadores. Significa eso que ellos no se consideraban pecadores ni impuros, al menos debemos suponer por lo que deja entrever el texto que ellos estaban en una escala superior, mejor.

Y no debemos autoengañarnos, pues somos lo que somos, pecadores. Y ser pecador implica ser pequeño, limitado, débil, apegado a cosas que nos esclavizan, enfermo de vanidad y soberbia, falto de humildad y engreído y orgulloso. Ser pecador es descubrir la necesidad de asistencia, de curación.

Dios se hizo Hombre para estar cerca del hombre. Porque sólo en la cercanía existe la posibilidad de sanar, de conocer el mal que nos enferma y somete. Amar exige relación, conocimiento y proximidad, pues lo que no se conoce no se puede amar, y menos sanar.

Jesús, Dios hecho Hombre, se acerca, se autoinvita a la casa de Mateo y intimidando con él, lo cura, lo sana, le transforma su alma, la más necesitada de curación. Y aprovecha la oportunidad de curar y sanar a todos aquellos enfermos de pecados que se acercan a comer.

¿Me siento yo tentado a aceptar esa invitación que Jesús también me hace hoy a mí? ¿Le dejo entrar en mi casa? Y más importante todavía, ¿me siento y considero un enfermo pecador que necesita de su medicina de amor para ser transformado y sanado?

Sólo en la presencia del Espíritu Santo y abandonados a su acción podemos encontrar respuestas a esas preguntas. Qué así sea. Amén.

jueves, 20 de septiembre de 2012

LA INCLINACIÓN A JUZGAR...

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 Lucas 7,36-50. Tiempo Ordinario. ¿Quieres saber cuánto vales?

Es algo que nace en nace en lo más profundo de nuestro ser. Me atrevería a decir que es una de nuestras mayores tentaciones y debilidades que afectan a nuestra naturaleza. Juzgamos sin poder evitarlo y en muchas ocasiones necesitamos luchar interiormente contra nosotros mismo para evitar caer en esa dinámica que nos inclina a juzgar.
 
Y en esos juicios subjetivos que emitimos, siempre barremos en el mismo sentido. Somos nosotros los mejores, los perfectos y los favorecidos. Siempre es el otro el culpable, o en su defecto tendremos una y mil excusas para ponernos en buen lugar.
 
Nunca, cegados por nuestra propia vanidad y soberbia, vemos lo que hace el otro y su actitud generosa, sino empequeñecemos sus actos y magnificamos los nuestros. Es el caso que hoy nos descubre el Evangelio. Aquel publicano se escandaliza de que Jesús se deje tocar y atender por aquella mujer pecadora, y no advierte su actitud y desatenciones al recibir a Jesús en su casa.
 
Nuestro criterio no está en función de entrega y gratuidad, sino en relación directa con el rendimiento y la productividad. De modo que en la medida que sea más útil y provechoso, mejor y más grande será su valor. No importan otras cosas, sólo lo que rinda y aporte en valor material. Así no se valora lo que aquella mujer hace ni el cómo y por qué invierte tan caro perfume en los pies de Jesús.
 
No se entendió ayer, pero tampoco se entiende hoy. El criterio del amor no consiste en sentimientos, emociones o deseos subjetivos o movidos por intereses de una u otra forma. El criterio del amor es una actitud de desapego y olvido de uno mismo para darse en servicio a otro. Y ese criterio fue el que movió a aquella mujer, a darse de forma agradecida pero desinteresada, pues es evidente imaginar que ella no conocía ni sabía quien era o podía ser Jesús.
 
Simplemente, cuando el amor se experimenta, el amor enciende en nosotros una llama que tiende a propagarse irresistiblemente hasta quemar de gozo y felicidad a los demás. Eso había sucedido delante de los ojos de aquel fariseo, pero su mente permanecía ciega. Tendría que oír de labios de Jesús que sólo aquel que ama con todas sus fuerzas será, en esa medida, también perdonado en todos sus pecados.
 
Despierta nuestra inteligencia e ilumina nuestra mente para experimentar que sólo el amor nos hará feliz, y eso sólo lo alcanzaremos por tu Gracia. Amén.