sábado, 24 de agosto de 2019

UNA INVITACIÓN A LA SALVACIÓN

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Has sido creado no para luego morir sino para vivir eternamente. Esa es la apuesta por la Vida para la que Dios te ha pensado e invitado. Una Vida Plena y Eterna junto al Padre. Ahora, para ello tendrás que aceptar, no sólo la invitación al Banquete sino también llevar el traje apropiado. Es decir, el plan de Dios que te ha propuesto en su Hijo Jesucristo. Un plan, no sólo proclamado por Él con su Palabra, sino vivido y testimoniado con su Vida entregada a una muerte de cruz.

Jesús, el Hijo encarnado en Naturaleza humana, es el Camino, la Verdad y la Vida, y, Él en los tres años de su Vida pública compartida entre nosotros, nos ha dejado claramente señalado el camino que su Padre Dios nos ha propuesto, no sólo para aceptarlo, sino también para salvarnos para toda la Eternidad. Ese camino es estrecho, nos lo dice claramente, y muy difícil y nos exigirá sacrificio y lucha cada instante de nuestra vida. Seguirle exigirá renuncia, dolor y esfuerzo constante y cargar con nuestra propia cruz.

No se trata de sufrir sino de aceptar el dolor como prueba y demostración de nuestro amor y fe. El camino y recorrido de nuestra vida es la oportunidad para, no sólo afirmar nuestra fe, sino para demostrarla doblegando, por la libertad que se nos ha dado, nuestras posiciones y pecados entregándonos a la Voluntad de nuestro Padre Dios y, por su Gracia,  viviendo según y en su Palabra.

¿Y TÚ, ACEPTAS LA INVITACIÓN A CONOCER A JESÚS?

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Jn 1,45-51
Con frecuencia solemos poner dificultades a todo lo que nos dicen o nos invitan. Siempre encontramos algún reparo para justificar nuestro rechazo u obstáculo. Hay un cierto instinto de ponernos en guardia y a la defensiva a la primera de cambio. Es como si sintiéramos alergia a las invitaciones, incluso hasta las realizadas por algún buen amigo. La desconfianza está siempre flotando a nuestro derredor.

También es importante el origen de donde nos viene la invitación, pues dependiendo del lugar ponemos o no dificultades, objeciones e impedimentos. Sin embargo, el caso que hoy nos ocupa y nos presenta el Evangelio se desmarca de esa tendencia negativa. El invitado hace caso al amigo y accede a conocer al que se le presenta. Es el caso de Felipe y su amigo Natanael. Éste, aconsejado e invitado por su amigo Felipe  accede a acercarse a Jesús, y su encuentro con Él tiene su impacto y le toca su corazón. Lo que acontece en ese encuentro ya lo saben a través del Evangelio - Jn 1, 45-51 -.

Ahora, la pregunta que debemos interiorizar es: ¿Me dejo yo invitar y correspondo a esa invitación? ¿Me acerco al Señor y le escucho? Porque, posiblemente me suceda a mí como ocurrió con Natanael si estoy abierto y disponible a acercarme y escucharle. En caso contrario no tendré esa oportunidad. Creo que la primera y única conclusión que debo aplicarme es la de mirar para mi interior y observar cual es mi actitud y mi cercanía con el Señor. Natanael ya respondió a esa llamada del Señor, pero, ahora me toca a mí responder. Es mi tiempo y mi hora, y no puedo justificarme postergándola para otro momento. El tren no pasa a cada momento, y este tipo de tren es el más importante de nuestra vida.

La respuesta la tengo yo, pues Dios la ha dejado en mis manos dándome la libertad para elegir, pero, esa opción pasa primero por acercarme al Señor y escucharle. Sólo de esta manera tendré la oportunidad de conocerle y, conociéndole, actuar en consecuencia. El tiempo es oro y cada instante perdido no se vuelve a recuperar.

viernes, 23 de agosto de 2019

UN AMOR AUTÉNTICO ES LO QUE IMPORTA

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Mt 22,34-40
Tendemos a formulas muchas leyes y para cada situación concreta nos inventamos leyes y maneras de interpretarlas que no significa que sea mala, sino que, quizás no es lo esencial y principal. En este contexto y forma de ver las leyes, los judíos tenían su vida apoyada en la Ley de la Tora, como Ley revelada y con muchos mandamientos con los que a veces dudaban del cual era el principal. Es por lo que también, sin descartar una segunda intención, aquel doctor de la ley quiere arrancar de Jesús una respuesta a esa cuestión planteada.

Y Jesús responde con naturalidad, seguridad y firmeza:  «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».

Debemos dejar claro que nuestra vida está centrada en el Amor, y lo está porque nuestro origen es el Amor y, precisamente de Él venimos. Dios es Amor y Él nos ha creado. Sin embargo, sucede que nosotros hemos manchado ese amor por el pecado y, por la Gracia y Misericordia de nuestro Padre Dios, hemos sido rescatados por los méritos de su Hijo Jesús al entregar voluntariamente su Vida en una muerte de Cruz.

Por el Bautismo, Dios, borra nuestro pecado y volvemos a recuperar nuestra dignidad de hijos recibiendo las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad. Es, entonces, cuando estamos en la actitud de vivir en el Amor verdadero para poder amar como Jesús nos ha amado y nos ama. Y, no hay otro mejor modo de hacerlo que amar al prójimo, pues sólo así y de esa forma podemos demostrar y demostrarnos que realmente amamos al Señor.

jueves, 22 de agosto de 2019

CON LOS OJOS VENDADOS

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Mt 22,1-14
Es fácil constatar que vamos ciegos por el mundo. La realidad se nos muestra clara y nos descubre como el mundo nos somete hasta el punto de dejarnos ciegos y esclavos de sus tentaciones y seducciones. Y es que, a pesar de "erre que erre" no terminamos de darnos cuenta que el mundo nos tiende una trampa hasta el punto de esclavizarnos, someternos y vendarnos los ojos. Porque, da abrirlos todo queda a la vista, pues la felicidad que tanto buscamos no se encuentra en este mundo.

Sí, es verdad. Este mundo es una buena oportunidad y un camino a través del cual podemos encontrar el camino, valga la redundancia, para llegar al Reino de Dios. Un Reino de amor, justicia y paz. Por eso, tomar conciencia de esa oportunidad que presenta nuestra vida en este mundo, es abrir los ojos, quitarnos la venda y descubrir que quien nos invita al Banquete de la Vida Eterna es el Rey, no sólo de este mundo, sino del Universo tanto visible como invisible.

Rechazar o cerrar nuestros ojos a esa realidad es negarnos a nosotros mismos y cambiar nuestra invitación a ser felices plenamente y a la Vida Eterna por un mundo caduco y de muerte. Se hace necesario y urgente abrir los ojos a esa invitación al Banquete Eterno. Una invitación para la que tenemos que estar preparados y bien ataviados con el traje de la Gracia y abierto y disponible a la acción del Espíritu Santo en actitud de dejarme modela según la Voluntad de mi Padre Dios.

miércoles, 21 de agosto de 2019

AMOR MISERICORDIOSO

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Mt 20,1-16
Nuestra justicia es limitada y entiende que no da más sino en la medida que es correspondida. Es decir, diríamos que nuestro amor, porque es humano, está sujeto a dar según recibe. Por eso, es lógico que nuestra justicia quede sujeta a nuestro trabajo y no podamos entender que quienes hayan trabajado sólo una hora puedan recibir el salario correspondiente a una jornada.

Sin lugar a duda, no entra en nuestra cabeza esa forma de justicia ni nuestro pobre intelecto está preparado para poder comprender esa forma extraordinaria de amar hasta el punto de no exigir ninguna contrapartida o condición al respecto. Es una amor sin limite e infinitamente misericordioso. Se descubre que sólo Dios puede amar de esa forma. Por eso, nos es difícil entender como nuestro Padre Dios nos puede amar de esta forma sin merecerlo.

Es imposible para nosotros que, sin merecer nada, se nos ofrezca gratuitamente compartir la Gloria de Dios sin exigir nada a cambio. Porque, lo que se nos está exigiendo es lo que nosotros también queremos. A todos nos gustaría ser el hombre perfecto o la mujer perfecta. Todos nos gusta mirarnos en aquellos que son generosos, dados al bien común, serviciales y hombres y mujeres de bien, que viven en la verdad, justicia y buscan la paz. Tal es así que los distinguimos con honores y los ponemos como ejemplos a imitar. Sean ejemplos de ello los galardonados con diferentes premios y honores como el Nobel de la paz y otros.

Pues bien, nuestro premio es único. Se nos invita a compartir la Gloria con nuestro Padre Dios y Vida Eterna junto a Él. Es lo más grande y lo que todos, conscientes o no, buscamos. Es lo que nos está descubriendo y revelándonos el Señor hoy en el Evangelio. Nos dice que él es Inmensamente bueno y que por su Infinito Amor  quiere regalarnos el salario, por supuesto inmerecido, de la Vida Eterna. ¿Hay algo más grande y deseado?

Es para, si nos paramos y meditamos serenamente, quedarnos perplejos. ¡Qué grande es el Señor! Es indudable que no nos entra en la cabeza por nuestras carencias y limitadas capacidades, pero es realidad su Infinito Amor Misericordioso, porque es lo que me dicen mis perplejos ojos y me lo revela su Palabra y el testimonio de sus apóstoles. Ha entregado su Vida en su Hijo, el Señor, hasta morir en la Cruz por mí, que no lo merezco ni he trabajado lo necesario para ganarme el salario recibido. 

¿Y yo, correspondo a ese Infinito Amor? ¿Trato de amar de esa misma forma? Porque, ese es el camino de perfección, seguir al Señor hasta, por su Gracia, llegar a amar como Él nos ama.

martes, 20 de agosto de 2019

NO TODO VALE PARA EL REINO DE LOS CIELOS

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Sin lugar a duda, todos estamos llamados a entrar en el Reino de los Cielos por la Misericordia de Dios. Indudablemente, no por nuestros méritos, sino por la Infinita Misericordia de Dios. Y esa Infinita Misericordia de Dios, inmerecida, nos da derecho a acceder al Reino de los Cielos, pero no de cualquier manera. Hay un camino marcado y señalado por el Señor. Precisamente, a este respecto nos lo aclara Jesús diciéndonos que Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

En este camino, el de nuestra vida, nos encontramos con muchos peligros y obstáculos. La ambición por las riquezas es el más peligroso, pues ellas nos llevan a posterga al Señor y a las personas a un segundo plano y poner como prioridad de nuestra vida los bienes materiales y las riquezas como primeros objetivos e intereses principales. Y Jesús, nuestro Señor, que nos conoce mejor que nosotros, nos lo advierte: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos».

Cuando el Señor nos dice estas palabras tan fuertes es porque son un peligro difícil de superar. Nos lo advierte y nos previene contra ellas. Y no porque en sí las riquezas sean malas, sino porque nos tientan a ponerlas en el centro de nuestro corazón y desalojar al Señor a un lugar secundario, que terminará desapareciendo de nuestra vida.

Por lo tanto, todo lo que nos ofrece nuestra vida no es válido para el Reino de Dios. Tendremos que saber elegir bien para que el Reino de Dios crezca entre nosotros y ocupe el centro de nuestro corazón. Tenemos que injertarnos en el Espíritu Santo para que nos auxilie a discernir bien el camino que tenemos que tomar y de los peligros que tenemos que alejarnos o desalojarlos de nuestros corazones. 

Lo verdaderamente importante es dejar crecer el Reino de Dios entre nosotros y para eso se hace necesario permanecer en el Señor y no perder de vista que al final recibiremos el ciento por uno. Será muy importante fiarnos de la Palabra del Señor y creer en ella. Nunca ha fallado porque el Señor tiene Palabra de Vida Eterna.

lunes, 19 de agosto de 2019

INQUIETUD TRASCENDENTE

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Mt 19,16-22
El problema que presenta el mundo es la parsimonia de una quietud inquietante. Me explico, una indiferencia o mal resignación ante la muerte con la que el mundo nos marca. Sabemos que destino nos espera. No sabemos de qué manera o cómo y cuándo va a llegar, pero, si sabemos con certeza y plena seguridad que llegará. Y, ¿cuál es nuestra respuesta a esa certeza?  Con sorpresa y perplejidad, la indiferencia o la pasividad envuelta en papel de resignación.

¡Hermanos, estamos llamados a la vida eterna y plenitud de gozo y felicidad! Ese es nuestro verdadero destino y para eso hemos sido creados por nuestro Padre Dios. Luego, ¿qué esperamos? ¿Acaso estamos dormidos por las caducas, disparatadas opciones que el mundo nos ofrece? Pues, ¡despertemos! Ayer, nuestro Señor Jesús nos alertaba y advertía de ese pasotismo y tedio que pueda apoderarse de nuestros corazones. Pongámoslo a arder y activémoslo en correspondencia y sintonía con la Palabra de Dios.

Estemos pues inquietos y busquemos ese Reino de Dios que Jesús, el Hijo predilecto y amado del Padre, nos revela y nos promete en el nombre del Padre. Él ha venido a enseñarnos el Camino, porque, sólo Él es la Verdad y la Vida. Sólo Dios es Bueno y si Él lo es, es, valga la redundancia, porque también es Hombre y Dios a la vez. Muchos, de forma quizás inconsciente advertían en Él esa doble Naturaleza, la Humana y la Divina.

¿No te das cuenta del mensaje, de la advertencia? Nada está primero en el Reino de Dios que Dios mismos. Jesús nos enseña precisamente ese camino. Muchos, entregándose al servicio de los demás, y hacen bien, se olvidan de que Dios es lo primero y, a la menor tempestad el mástil que apuntala su fe se tambalea y, quizás sin darse cuenta, queda en las manos del príncipe de este mundo. Sí, hay que servir, pero sin dejar primero de servir a Dios. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Él es el punto de apoyo para luego, en, con y por Él servir a los demás.

Tenemos que tener mucho cuidado porque tan malo o peligroso es servir sin estar agarrados al Señor, como agarrarse al Señor y no mirar para los que necesitan el servicio. Ahí está la clave, sin dejar al Señor tomar fuerza, fortaleza, sabiduría y capacidad para servir a los hermanos. Podríamos recordar el pasaje del encuentro del Señor en casa de su amigo Lázaro y reflexionar sobre lo que dijo Jesús a Marta con respecto a María.