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sábado, 24 de agosto de 2019

¿Y TÚ, ACEPTAS LA INVITACIÓN A CONOCER A JESÚS?

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Jn 1,45-51
Con frecuencia solemos poner dificultades a todo lo que nos dicen o nos invitan. Siempre encontramos algún reparo para justificar nuestro rechazo u obstáculo. Hay un cierto instinto de ponernos en guardia y a la defensiva a la primera de cambio. Es como si sintiéramos alergia a las invitaciones, incluso hasta las realizadas por algún buen amigo. La desconfianza está siempre flotando a nuestro derredor.

También es importante el origen de donde nos viene la invitación, pues dependiendo del lugar ponemos o no dificultades, objeciones e impedimentos. Sin embargo, el caso que hoy nos ocupa y nos presenta el Evangelio se desmarca de esa tendencia negativa. El invitado hace caso al amigo y accede a conocer al que se le presenta. Es el caso de Felipe y su amigo Natanael. Éste, aconsejado e invitado por su amigo Felipe  accede a acercarse a Jesús, y su encuentro con Él tiene su impacto y le toca su corazón. Lo que acontece en ese encuentro ya lo saben a través del Evangelio - Jn 1, 45-51 -.

Ahora, la pregunta que debemos interiorizar es: ¿Me dejo yo invitar y correspondo a esa invitación? ¿Me acerco al Señor y le escucho? Porque, posiblemente me suceda a mí como ocurrió con Natanael si estoy abierto y disponible a acercarme y escucharle. En caso contrario no tendré esa oportunidad. Creo que la primera y única conclusión que debo aplicarme es la de mirar para mi interior y observar cual es mi actitud y mi cercanía con el Señor. Natanael ya respondió a esa llamada del Señor, pero, ahora me toca a mí responder. Es mi tiempo y mi hora, y no puedo justificarme postergándola para otro momento. El tren no pasa a cada momento, y este tipo de tren es el más importante de nuestra vida.

La respuesta la tengo yo, pues Dios la ha dejado en mis manos dándome la libertad para elegir, pero, esa opción pasa primero por acercarme al Señor y escucharle. Sólo de esta manera tendré la oportunidad de conocerle y, conociéndole, actuar en consecuencia. El tiempo es oro y cada instante perdido no se vuelve a recuperar.

sábado, 22 de diciembre de 2012

ACEPTAR EL AMOR DE DIOS

 Evangelio San Lucas 1,46-56

Es el paso principal para abrirnos a su acción amorosa y redentora. No es fácil porque someternos a su Voluntad significa olvidarnos de la nuestra, y eso supone una decisión muy dura y confiada. Se nos hace muy cuesta arriba dejar nuestras convicciones, pensamientos y apetencias. Buscamos la felicidad acomodada a nuestros gustos y egoísmos, y salir de ellos para darnos a otros intereses es hablar en clave amorosa y difícil de entender.

Afortunadamente, María lo entendió, y, por la Gracia de Dios, tuvo las fuerzas necesarias para someterse, dejando todos sus planes, a la Voluntad del Dios que le pedía permiso para encarnarse en su seno. Bendita decisión que nos da la oportunidad de recibir también a ese Niño Dios en nuestros corazones, y optar a la oportunidad de librarnos de los pecados que nos encadenan y amenazan de muerte, para ser redimidos y salvados para la vida eterna.

María significa esperanza y salvación, porque su "Sí" es la decisión que nos abre a la Vida, la verdadera Vida que todos buscamos y esperamos. Por eso, junto a María, cantamos con Ella: 

MAGNIFICAT:

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el todo poderoso ha hecho conmigo cosas grandes,
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.