sábado, 28 de abril de 2018

JESÚS, ROSTRO DEL PADRE

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Jn 14,7-14
No sabemos nada del Padre. Le conocemos sólo por el nombre, pero no sabemos nada más. Sin embargo, Jesús nos dice hoy que quien le conoce y le ve ha visto también al Padre. Lo expresa claramente en respuesta a la pregunta que le hace Felipe.

Es verdad que tú y yo podemos alegar y justificarnos que no hemos visto a Jesús, y menos al Padre, pues pertenecemos a otra época, pero, también es verdad que nos ha dejado su Palabra y el testimonio su Iglesia apoyada en el testimonio de sus apóstoles, que sí le conocieron y recibieron directamente de Él sus enseñanzas. A nosotros, que somos unos privilegiados, sólo nos resta creer y confiarnos a su Palabra. Precisamente, hoy nos dice que Él está en el Padre y el Padre está en Él.

Y digo que somos unos privilegiados porque, a los apóstoles les costó mucho entenderle y, por eso, necesitaron ser asistidos e iluminados por el Espíritu, y ver a Jesús Resucitado. Pero, nosotros hoy tenemos las enseñanzas de la Iglesia fundadas y apoyadas en el testimonio del colegio apostólico. Es verdad que también tenemos dificultades, pero hay muchas razones que nos ayudan a comprender en la medida de nuestra naturaleza la presencia del Señor en nuestra vida. Porque, lo experimentamos dentro de nosotros.

Él y el Padre son uno. El Padre, que permanece en Él es quien actúa y hace las obras. Obras que tampoco nosotros hemos visto, pero sí oídas y que nos han sido transmitidas por los apóstoles y la Iglesia en nuestro tiempo. Sí, a nosotros nos toca creerle, porque su Palabra sigue viva y cada día nos habla y se nos revela en la Palabra del Evangelio.

Tenemos el mismo Espíritu que Él recibió en el Jordán para ir entendiendo todo lo que nos ha dicho Jesús a través del testimonio de los apóstoles y de la Escrituras. También nos fortalece y nos asiste, y nos abre la mente para que podamos verle en lo más profundo de nuestro corazón. Posiblemente, nuestra fe, al menos la mía, sea muy pequeña y no damos la talla, porque es el mismo quien nos dice que podemos hacer las mismas obras que Él y aun mayores. Tenemos el mismo Espíritu, recibido por nosotros en nuestro bautismo, sólo nos falta la fe.

viernes, 27 de abril de 2018

NOS LLENA DE ESPERANZA Y NOS CONFORTA LO QUE NOS DICE JESÚS

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Juan 14, 1-6
Estamos invitados a la Casa del Padre. Y no nos invita un cualquiera ni un recomendado indirectamente, sino que nos hace la invitación de forma personal y directa el Hijo de Dios,el enviado del Padre, precisamente enviado para salvarnos. Y nos dice: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino».

¡Qué alegría, que esperanza, tenemos ya reserva en el Cielo! ¡Y una reserva hecha por el mismo Jesús, el Hijo de Dios! En realidad, ¿tomamos conciencia de lo que eso significa? Posiblemente, casi seguro que no, pues envueltos en este mundo lleno de ruidos, de aspiraciones materiales, de éxitos económicos y distracciones banales, ahogamos nuestra dicha de estar invitados a la mayor fiesta que nunca tendrá fin. Por eso, la importancia de aislarnos para, en silencio, meditar y encontrarnos con nuestra propia realidad a la que estamos llamados.

Y, para más sorpresa y dicha, Jesús, a la pregunta de Tomás, responde: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Es para quedarse con la boca abierta y lleno de gozo y admiración. Y además nos promete que vendrá a buscarnos. No quiere que nadie se pueda perder y nos acompaña para llevarnos a ese lugar prometido. Nada más y nada menos que la Casa del Padre, donde Él está y para permanecer con Él y junto al Padre eternamente.

No podemos esperar mejor Noticia. Satisface todas nuestras expectativas y todas nuestras ansias de felicidad eterna. Indudablemente, tengamos confianza y pidamos la Gracia de valorar y entender lo gran Noticia que Jesús nos revela en este pasaje evangélico.

jueves, 26 de abril de 2018

SAL Y LUZ

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Mateo 5, 13-16
Muchas veces hemos oído este Evangelio, y muchas veces seguiremos oyéndolo, porque necesitamos recordar en todo momento de nuestra vida que somos sal y luz que sala y alumbra el mundo. Porque, si no salamos ni damos luz, ¿qué pasará? Posiblemente, la sal se volverá sosa y quedará inhabilitada para salar el mundo.

Un mundo que necesita sabor; un mundo que necesita alegría; un mundo que necesita gusto por la verdad, la justicia y la fraternidad. Un mundo donde esa sal conserva y aviva el amor y la paz. Una sal evangélica que proclama la verdad y la justicia del verdadero amor. Una sal que nos da sabor para escuchar y vivir en la Palabra de Dios. Una sal de la que hemos sido revestido en nuestro bautismo y de la que debemos hacer uso para salar el mundo de los criterios de la Palabra de Dios.

Pero, no sólo basta con salar. También tenemos que dar luz. Una luz que alumbre el camino y que enseñe a los hombres a ver la Verdad, el Camino y la Vida. Una luz que de testimonio de la Palabra de Dios con sus obras y testimonio. Una luz que, su luz, valga la redundancia, se desprenda de su mismo y propio actuar que le viene de la única y verdadera Luz que es el Señor, el Hijo de Dios hecho Hombre que nos señala el Camino, la Verdad y la Vida.

Ser cristiano católico consiste en revestirse de esa sal que contagia la fe en Jesús, y de esa luz que nos ilumina el camino que recorremos con Él a lo largo de la etapa de nuestra vida en este mundo, por el que peregrinamos hacia el que Jesús nos ha prometido y nos ha ido a preparárnoslo, para llevarnos cuando regrese en su segunda venida.

Seamos consciente de nuestro compromiso bautismal y pidamos con confianza y perseverancia la capacidad necesaria para ser sal y luz en el camino de nuestra vida.

miércoles, 25 de abril de 2018

ENVIADOS A EVANGELIZAR

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Mc 16,15-20
No es por capricho nuestro o por puro proselitismo, es por mandato, necesidad y por una incondicional libre voluntad de hacerlo. Porque, el mandato de Jesús no se impone, sino se propone a todos aquellos que así y libremente lo aceptan y se comprometen a ello. Porque, nuestro compromiso empieza en el Bautismo para los que en edad adulta se bautizan, y para los que nuestros padres nos lo han regalado, empieza en la temprana edad de la primera comunión, confirmación y capacidad de respuesta y compromiso.

Porque, no estamos hablando de algo que pasa, que puede o no puede influir en nuestra vida, o de algo que puedes comprar o vender. Estamos hablando de la vida, de tu vida. De esa vida que tanto deseas vivir y conservar; de esa vida que anhelas vivir de forma plena y que buscas con todos tus esfuerzos. Quieres ser feliz y vivir eternamente. Hablamos de eso 

Por lo tanto, el compromiso y la obligación de proclamarlo es algo muy serio. Lo más serio e importante de nuestra vida, porque es lo que todos buscamos. No se trata de algo que se puede o no aceptar, se trata de lo que todos quieren y desean. Se trata de lo que todos llevan escrito e impreso en sus corazones. Se trata de la Salvación Eterna. Y nuestra responsabilidad de proclamarlo, hablarlo o contagiarlo es ineludible.

Nuestro Señor Jesús asciende al cielo y nos deja la misión de continuar la buena Noticia de salvación a la Iglesia. Esa Iglesia que Él fundó en sus apóstoles y que camina desde su Ascensión a los Cielos. Esa Iglesia que ha tenido dificultades, divisiones y seudobrotes que la erosionan y la amenazan, pero que no pueden con ella, porque es invencible. El Espíritu Santo la protege, la dirige, la auxilia y la fortalece.

No tengamos miedo. Demos testimonio de nuestra fe y vivamos firmes en la presencia del Señor. Porque, nuestro Dios es un Dios de vivos. Jesús, el Señor, el Hijo de Dios Vivo, ha muerto crucificado, pero ha Resucitado y Vive entre nosotros. Con Él seremos siempre mayoría aplastante.

martes, 24 de abril de 2018

LA EXIGENCIA DE NUESTRA RAZÓN

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Jn 10,22-30
Queremos ver y comprender según nuestra razón, y exigimos que nos lo demuestren, que nos hagan algo espectacular y que nos dejen satisfechos. Eso de fiarnos y de creer no van con nosotros. Somos desconfiados, orgullosos y exigimos pruebas y demostraciones. Nada de palabras y de confianza. Nos sentimos con derechos y descubrimos nuestra soberbia.

Y nos alejamos de Dios, porque la soberbia nos pierde y nos ciega. Se hace necesario ser humilde y reconocer nuestra condición humilde, pues somos pequeños, pobres y limitados. Nuestra mente no puede abarcar los misterios del mundo, el espacio, los millones de constelaciones y todo lo que se esconde a nuestra vista y razón. Cuanto más el Creador de todo lo visible e invisible.

¿Cómo nos atrevemos a pedir y exigir a Jesús que nos dé pruebas de su Divinidad? ¿Acaso tenemos derecho a exigírselo? ¿No nos basta todo lo que nos ha dicho y ha hecho? Y si no creemos en su Palabra, ¿no nos basta sus obras? El resultado es que aquellos que cierran los ojos alentados por su soberbia, no podrán verle ni creer en Él. Se necesita la humildad, porque es ahí donde realmente está la sabiduría del hombre.

Y esa sabiduría nos lleva a escuchar la Voz del Señor y a seguirle, porque en Él encontraremos todo lo que buscamos: "El gozo y la felicidad de la Vida Eterna", que Jesús nos lo promete y da a todos los que le siguen y se cuentan entre sus ovejas. Nos lo dice muy claramente, y nos fiamos de Él.:«Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno».

lunes, 23 de abril de 2018

MRIA A TU ALREDEDOR Y OBSERVA LO QUE HAY Y ENCUENTRAS

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Jn 10,1-10
Despierta y abre los ojos, porque lo que está delante de ti te descubre el único y verdadero camino. La amistad que encuentras en este mundo es una amistad condicionada por el dinero, los favores, la conveniencia, el disfrute, la pasión y el servicio egoísta. 

Nada te satisface plenamente, aunque tú quieras presentarlo de otra manera disimulando en apariencia. El tiempo te lo va descubriendo y la felicidad, adulterada y limitada te deja siempre insatisfecho y esclavizado. Y, casi sin darte cuenta, te obligas instintivamente a mentir, a vivir distorsionando tu propia realidad y la del mundo donde vives. ¿A dónde vas? Esa es la pregunta que te haces y que late dentro de tu corazón. ¿Quién te guía y por quién te dejas guiar?

¿Te encuentras bien, o estás mintiendo? Eres capaz de mirarte hacia ti mismo hasta lo más profundo de tu corazón? ¿Y qué encuentras? ¿Te encuentras con fuerza para entenderte, verte y compartirlo? ¿O tienes miedo? ¿De qué pastor te dejas llevar? ¿O piensas que eres libre? ¿Quién te maneja? ¿Eres capaz de descubrir los vicios que te dirigen? ¿Puedes tú mandar sobre ellos, o no descubre que son ellos los que planifican tu vida día a día?

Tras todas estas preguntas  ¿ descubren la necesidad que tienes de un buen Pastor? ¿Y realmente lo encuentras en este mundo? ¿O sigues, erre que erre, que no te hace falta? ¿Crees que alguien puede dar la vida por ti? ¿Así te lo demuestran y lo experimentas de tus amigos? Sigue preguntándote, porque, quieras o no terminarás en un redil, y allí necesitarás los cuidados de un Pastor. Y no de un Pastor cualquiera, sino de único y buen Pastor que pueda salvarte y darte esa vida llena de buenos pastos eternos que tú buscas y ansias.

Hoy, Jesús, te lo dice claramente: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».

domingo, 22 de abril de 2018

TODA UNA DECLARACIÓN DE BUENAS INTENCIONES

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Jn 10,11-18
Es una alegría enorme leer esta hermosa declaración de compromiso y cargada de buenas intenciones que nos llenan de alegría y de esperanza. No se puede esperar más. Jesús, el Señor, el Buen Pastor ha dejado muy claro todo lo que pretende. 

«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.

»También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre».

Está todo tan claro que siento miedo de estropearlo añadiendo algo más. No hay duda por ningún lado, ni nada que se tenga que aclarar. ¿Dónde nos encontramos nosotros? Quizás esa sea la pregunta que tengamos que responder cada uno. Estamos entre sus ovejas o entre esas otras ovejas que Él nombra. Lo que falta ponlo tú con tu reflexión o comentario.