sábado, 14 de julio de 2018

ABANDONADOS EN EL SEÑOR

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Mt 10,24-33
No perder de vista al Señor y su promesa es la fuerza que nos impulsará antes la dureza y dificultades del camino. Sabemos, por la fe, que nuestro camino, sostenido en la fidelidad al Señor, será un éxito y un triunfo de gozo y vida eterna. El Señor nos lo ha prometido y su Palabra tiene cumplimiento. El Señor no permitirá que nuestras dificultades sean superiores a nuestras fuerzas. Yendo de sus Manos seremos siempre más fuerte y tendremos la capacidad de resistir. Él nos acompaña y no deja que desfallezcamos,

Somos sus hermanos por adopción, hijos adoptivos de su Padre del Cielo, quien lo ha enviado para rescatarnos con su voluntaria y libre entrega a una Muerte de Cruz. Por ella,  gratuitamente, y por su Gracia, alcanzamos la Misericordia y el perdón de todos nuestros pecados ante el Padre, a  pesar de ser indignos. Por su Pasión y Muerte somos acogidos y aceptados en la Gloria del Padre.

Pero, eso no evitará las pruebas que hemos de sufrir y padecer, pero tampoco permitirá que nos derrumbe. Son necesarias para que demos testimonio de nuestro auténtico amor y entrega. "Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo". Por lo tanto, tendremos que padecer en proporción a la capacidad y fortaleza que hemos recibido.

Y, sólo Dios sabe de nuestra capacidad y resistencia, pero nos ha dejado en libertad, para elegir enfrentarnos o entregarnos a las seducciones del Maligno. Somos muy valiosos para el Señor y en Él permaneceremos fuertes y seguros, y tendremos el mejor defensor ante el Padre, pues el mismo nos lo ha dicho: «todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos».

Tengamos confianza y fe en el Señor, pues Él nos ha creado para hacernos eternamente felices.

viernes, 13 de julio de 2018

EN UN MUNDO HOSTIL

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Mt 10,16-23
Se nos ha hablado claro desde el principio. Seremos perseguidos como lo fue Jesús y no hay otra puerta sino esa. Es la puerta estrecha de la que se nos ha hablado con anterioridad. Es la puerta por la que tendremos que pasar ante las dificultades y exigencias que el mundo nos propone. Un mundo rendido al poder del demonio y lleno de seducciones de todo tipo que tratan de incumplir los mandatos que nos propone, nunca impone, Jesús.

Unos mandatos que nos ayuda a ser libre, a dominar nuestros sentimientos y apetencias. Unos mandatos que nos favorecen y que nos conducen a vivir en paz, en armonía, verdad y justicia. Unos mandatos que persiguen nuestra plena felicidad acabado nuestro trayecto por este mundo. Tendremos que ser prudentes y guardarnos de aquellos que nos quieren entregar y azotar ante los tribunales, pero siempre con esperanza y sabiendo que el Espíritu de Dios está con nosotros. Él nos dará fortaleza, paciencia y capacidad para aceptar y superar esos sufrimientos.

Habrá mucha confusión y enfrentamientos entre hermanos, padres e hijos, pero el que persevere hasta el final ese se salvará. Será un camino de odio, de venganzas, de amenazas, de persecuciones, de luchas y de muerte. Un camino de cruz como sufrió el Señor, pero un camino de victoria, porque al final triunfará la Vida y la plena felicidad. Esa esperanza nos ayudará, injertados, por supuesto, en el Espíritu Santo, a perseverar hasta el momento final de nuestra vida.

Desde el principio, seguir a Jesús ha sido un camino contra corriente en un mundo hostil y contrario a la buena Noticia de salvación. Un mundo lleno de satisfacciones y placeres que invitan al egoísmo, al poder, a la riqueza y al olvido del más débil, pobre y pequeño. Un mundo donde prevalece el egoísmo al compartir; la mentira a la verdad y el odio al amor. 

No perdamos de vista que será el amor lo que se impondrá al final, porque el hombre ha sido creado para amar. Y en el amor, injertado en el Espíritu Santo, seremos plenamente felices. Ese es nuestro camino y el que no podemos perder de vista.

jueves, 12 de julio de 2018

COMUNIDAD Y EVANGELIZACIÓN

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Mt 10,7-15

La llamada del Señor debe tener sus razones e implicarnos en algo. Jesús llamó a sus discípulos para que compartieran y vivieran la fe en comunidad. Fue formando con ellos un grupo que terminó en hacerse comunidad. Y así lo quiso el Señor, que vivimos en comunidad, porque la única forma de expresar y dar nuestro amor es viviendo cerca el uno del otro y aprendiendo a darnos y sacrificarnos el uno por el otro.

Pero, también, esa llamada implica compromiso de enseñar a los demás ese mensaje comunitario del amor. Proclamar que somos seres, no individuales sino en relación. Y esa relación nos compromete a amarnos, porque sería absurdo permanecer junto a personas que se odian y que se procuran el mal. No tiene sentido no querernos, pues todos deseamos ser felices y la felicidad pasa porque haya paz, armonía y mucho amor.

Todo empieza con el bautismo. En él somos llamados a pertenecer al pueblo de Dios, y también a comprometernos en dar razones de esa llamada y esa conversión. Porque, en el bautismo recibimos al Espíritu Santo, que nos fortalece, nos prepara, nos ilumina y nos capacita para dar razón de nuestra fe. Jesús nos acerca a Él para que seamos sus manos y palabra en la tierra y proclamemos en todo el mundo la buena Noticia de salvación.

No tengamos miedo. Jesús nos da señales y maneras de proclamar: En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa... ver más

Hoy los tiempos son diferentes, pero la Palabra sigue siendo la misma, Palabra de salvación. Y tenemos muchas ocasiones de proclamar: en el trabajo, en la familia, con los amigos, en nuestros círculos y ambientes...etc. Siempre hay ocasiones y momentos donde se puede hablar de Dios y anunciar la buena Noticia.

miércoles, 11 de julio de 2018

IMPORTA LO QUE VALE

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Valoramos las cosas por su valor, pero, más importante sería discernir y clarificar que es lo que realmente tiene valor. Porque, estamos en un mundo hermoso y que tiene muchos valores, pero, quizás nosotros no sabemos elegir bien ni tomar los verdaderos y reales valores. La realidad nos descubre que el valor principal que el mundo erige en lo más alto es el dinero. Y es ese dinero, del que hay que dudar si realmente es un valor, el que rige y manda en todos los ordenes de este mundo. Hasta tal punto que eres alguien o se te tiene en cuenta según el dinero que tengas.

Desgraciadamente es esa la realidad que impera en todos los ambientes de nuestros pueblos y círculos. Quizás se esconde, pero se persigue y se busca. El poder político está en primer lugar, porque con él mandamos y abrimos puertas y hasta conseguimos poder económico. Es es el panorama, a grandes pinceladas, del mundo en que vivimos. Y, precisamente por eso importa el valor de las cosas y su tiempo. Porque, lo que no perdura pierde todo su valor. Es decir, conseguir algo valioso para un rato no tiene gracia, porque, lo bueno pasa pronto, ¿y después? El desconsuelo será peor y más doloroso.

Por todo ello, el valor supremo es la vida. Pero, Vida Eterna, no de unos cuantos años. Y esa vida se consigue sólo injertado en Cristo Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Dejarlo todo, como nos dice Jesús y como lo han hecho apóstoles es poner al Señor en el centro de nuestra vida. Puedes tener muchas cosas y hasta gobernar un gran país, pero, a pesar de todo eso habrás dejado todo cuando el centro de tu vida es el Señor, y cuando todos tus esfuerzos desde la presidencia de un país, o una multinacional, o una gran familia, o donde sea está centrada en vivir según la Palabra de Dios.

No se trata de quedarse sin nada, sino de poner todo lo que se tiene, material, intelectual e espiritual en aras a servir y amar según la Palabra y la Voluntad del Señor nuestro Dios.

martes, 10 de julio de 2018

UN CORAZÓN COMPASIVO

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Mt 9,32-38
Todos sabemos por propia experiencia que la compasión es algo común a todos los hombres. Diría que vive dentro del corazón del hombre. Pero, simultáneamente, también sabemos que el pecado la debilita y la endurece contaminándola de maldad y malas intenciones. Sin saber cómo la endurece transformándola agresivamente, inmisericorde y soberbia. El mundo lo sufre mientras el demonio se alegra y aprovecha de ello moviéndose a sus anchas y silenciando toda relación y unidad.

Jesús pasa y no es indiferente al dolor y sufrimiento de la gente. No puede evitar el compadecerse, pues su Corazón es un Corazón Compasivo. Y actúa liberando y expulsando demonios y aliviando las penas y sufrimientos. Y no lo hace para lucimiento personal ni para imponer su autoridad. Es consecuencia de su Corazón compasivo. Jesús se compadece de aquellos que sufren y no puede permanecer impasible ante tanto dolor y sufrimiento.

Expulsa demonios y establece la relación, el diálogo y la unidad. No obstante, muchos, que se sienten señalados y amenazados en su bienestar económico y en su cómoda vida, donde ellos dirigen y mandan, se resisten a admitir tales obras y prodigios. Buscan justificarse y le acusan de que está en complicidad con el demonio. La cerrazón ciega y sus consecuencias les lleva a tales disparates irracionales y sin sentido.

Son pocos los obreros para mitigar y ayudar a todos esos desperdigados, desorientados y esparcidos como ovejas sin pastor y entre lobos. Abundante es la mies y pocos los obreros. Pidamos obreros, nos dice Jesús, para el abundante trabajo que representa la abundante, valga la redundancia, de la mies. Sucede lo mismo hoy. La riqueza está mal repartida y se concentra en unos pocos, mientras la mayoría carece de lo necesario para vivir dignamente. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».

lunes, 9 de julio de 2018

LA FE SIEMPRE TIENE RESPUESTA DE DIOS

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Mt 9,18-26
Jesús nos lo dijo:  "Si tuvieran una fe como un grano... -Mt 17, 20- y Él siempre habla en Verdad y cumple su Palabra. Pero, sucede que no terminamos por creérnoslo y todo no pasa nada. Lo mismo le ocurrió a Jesús en su pueblo. En el Evangelio de ayer nos lo decía, "nadie es profeta en su tierra", y no hizo milagros en su pueblo porque no tenían fe.

¿Tenemos la suficiente fe nosotros para creer que el Señor lo puede todo? Esa es la pregunta que nos suscita hoy el Evangelio. La duda salta enseguida. Quizás no sabemos qué pedir, o qué realmente conviene pedir. Porque, puede ocurrirnos que lo que pedimos no conviene o no procede. De todas formas, tengamos confianza en el Señor que Él nos guiará e iluminará para pedir bien.

El Evangelio nos pone ejemplos de personajes que creyeron en Jesús y tuvieron respuesta del Señor. Respuesta afirmativa. Aquel magistrado creyó que Jesús era su única y verdadera esperanza, y, al parecer, sin titubeos, solicitó al Señor que le devolviera la vida a su hija. Realmente, no sé cuál sería su fe, pero Mateo testimonia que su hija fue resucitada. Yo también he pedido esa resurrección para muchos enfermos y hasta familiares, pero no ha sucedido como yo pedía. Tendré que reconocer que, quizás, mi fe no era suficiente. O que el Señor no puede ir curando todo las solicitudes que le lleguen, pues sería algo sin mucho sentido.

Nuestra fe debe apoyarse en que el Señor nos salvará definitivamente al final. Porque, la salvación temporal de este mundo no es eterna sino transitoria. La verdadera será después de compartir nuestra muerte con Él. En este sentido, si puedo dar testimonio de que he sido devuelto a la vida después de un ataque directo al corazón y estar aparentemente muerto casi veinte minutos. Si el Señor me mandó de nuevo a este mundo o no está por ver, pero yo creo en lo primero.

También, aquella mujer, creyó en el poder de Jesús y, acercándose a Él, tocó su manto y quedó curada. También yo creo que Jesús despertó mi corazón parado y me envío al mundo, y que, por su Amor y Misericordia, me salvará porque confío en Él. En él pongo toda mi confianza, mi esperanza y mi vida.

domingo, 8 de julio de 2018

COMO SI FUERA HOY

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Mc 6,1-6
Sigue ocurriendo lo mismo, exactamente lo mismo que sucedió en tiempo de Jesús. Nadie, en su círculo más próximo, entre sus familiares, amigos, parroquia y ambiente es reconocido. Se conoce muy de cerca sus defectos y sus orígenes, y sus talentos no son bien apreciados.

Sí, nadie es profeta en su tierra y eso lo experimentamos todos aquellos que hacemos algo que, si bien son reconocido lejos de sus círculos y ambientes, en el suyo propio es ignorado.

Jesús se extraña que en su propio pueblo se le ignore y hasta se escandalicen de su sabiduría y poder de hacer milagros. Conocen quien es y se preguntan de dónde le viene esa autoridad con la que habla y esas cosas que hace. No arranca la fe en sus propios paisanos y extrañando deja de actuar y proclamar en su tierra porque no tiene fe. Nadie es profeta en su tierra, termina Jesús por decir. Y hasta hoy llega esa frase que tanta resonancia ha tomado, porque es verdad. Donde te conocen no te valoran ni te creen.

Lo vivo yo personalmente y doy crédito de ello. Y lo viven todos los que de alguna manera y por alguna causa han experimentado esa vivencia de forma personal. Cuesta reconocer las cualidades y las buenas obras del paisano. Sobre todo si se tiene trascendencia hacia afuera. Necesitan cosas extraordinarias, fuera de lo normal para reconocer tus dones o cualidades. Ser de su pueblo, de su raza, de sus conocidos les parece muy normal para recibir lecciones de Jesús. Es el hijo del carpintero y el hermano de Santiago, José, Judas y Simón y no nos va a enseñar nada.

Algo así sucede en todas partes. Nos cuesta aceptar la verdad cuando la dice alguien al que consideramos inferior o igual a nosotros. Y es que buscar la verdad y reconocerla es lo que importa ,venga de donde venga.