domingo, 15 de diciembre de 2019

JUAN SEÑALA A JESÚS COMO EL MESÍAS

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Mt 11,2-11
Juan había confirmado a Jesús en el bautismo del Jordán: Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo’» (Jn 1,33). Pero, estando en la cárcel quiere saber si realmente Jesús es el prometido o hay que esperar a otro. Envía a sus discípulos y la respuesta que recibe de Jesús es: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!».

Jesús no se afirma como el Mesías, sino que deja que tú y yo lo descubramos. Lo mismo hizo con Juan el Bautista. Eso sí , nos presenta su Vida y sus Obras. Esa es la respuesta que envía a Juan. Y Juan lo entiende y queda en paz. Ese es realmente el Mesías que había de venir y que estaba anunciado en las Escrituras. Ahora, te toca a ti y a mí responder. Juan ya lo hizo, pero, tú y yo estamos también seguros y confiamos en el Señor. De nada vale confesarlo con tus palabras si tu vida y tus obras no lo corroboran.

Jesús es el Señor. Nadie ha podido hacer lo que hizo y lo que hace cada día desde el Cielo. Él está vivo y camino contigo y conmigo. Su Amor y su Misericordia son Infinitas. Y en la Iglesia lo descubrimos a través del testimonio de muchos santos que, con sus vidas, nos ayudan a descubrirlo. Jesús nos enseña a amar como Dios nos ama. Él es el ejemplo del mandamiento nuevo que Dios quiere que vivamos: "Amar como Él nos ama y nos enseña por medio de su Hijo.

Nadie puede compararse con Jesús. Resulta paradójico que admiremos a mucha gente por lo que han hecho en este mundo y no descubramos la grandeza incomparable del Poder y el Amor de Dios. Jesús es la imagen visible de ese Dios invisible que no vemos, pero que experimentamos en el Amor de Jesús.

sábado, 14 de diciembre de 2019

TODO ESTÁ CONSUMADO

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Mt 17,10-13
La sexta palabra que Jesús pronunció en la Cruz fue: "Todo está consumado". Su Obra había terminado y el Anuncio de la Buena Noticia había llegado a su consumación. Un mensaje que estaba siendo certificado y corroborado, no sólo con su Palabra sino de manera extraordinaria con sus Obras y con el precio de su Infinita Vida que salda y paga nuestro rescate de la esclavitud del pecado.

No hay más, todo ha sido revelado y ofrecido gratuitamente con el precio de la Vida entregada en una muerte de Cruz. El Mesías ha llegado y ha sido presentado, pero, el pueblo de Israel no lo ha aceptado. Esperaban un mesías según sus proyectos e ideas. Un mesías poderoso, fuerte y capaz de someter al pueblo invasor y liberarlos del dominio romano. 

El problema, al igual que lo tuvieron los contemporáneos de Jesús no es otro sino el del poder y la fuerza. Ellos como nosotros ahora queremos un Mesías con poder y con fuerza para expulsar a los invasores y vencer a los que pretenden dominar el mundo. Ellos, igual que nosotros, queremos un Mesías que no se deje someter y menos condenar. La muerte en la Cruz fue un escándalo para los que esperaban un mesías triunfador y vencedor. Y para nosotros también. Nos cuesta entender la Pasión y la Muerte de Jesús, el Hijo de Dios.

El problema es siempre el mismo. Nos cuesta, Señor, aceptar tu Amor. No tanto el que Tú nos das, cuanto el que Tú nos invitas a dar. Nos cuestas, y además no lo entendemos, amar al enemigo. Es algo que no nos cabe en la cabeza, y es que un mesías aparentemente vencido y derrotado no estaba en nuestra imaginación ni en nuestra mente. No nos hemos dado cuenta que todo ha sido ya previamente preparado por Juan y que el camino sigue abierto para que lo recorramos cada uno. 

La invitación es personal y comunitaria. Dios nos quiere como pueblo, pero también a cada uno de los que lo forman. Estás invitado. Abre tu corazón y acepta el camino de conversión que te anuncia Juan el Bautista y que Jesús inicia con su Vida pública.

viernes, 13 de diciembre de 2019

AUTOTRAICIÓN

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Cuando algo nos incómoda y nos exige, hasta el punto de salir de mis ideas, de mis proyectos, de mis dudas y miedos, de mis vacíos, de mis comodidades y de mí mismo, me autoengaño y distorsiono la realidad tratando de justificar mis actos en favor de mis conveniencias. Ese actuar de una forma espontánea y natural, llevado por mis inclinaciones y apetencias,  se denomina autotraición. Distorsiona la realidad acomodándola a mis intereses.

Es eso lo que nos ocurre ante el anuncio que nos compromete y nos invita a cambiar de rumbo en nuestra vida. Hablamos de conversión y de cambio de vida. Es lo que nos propone Juan el Bautista ante la inminente venida del Mesías que él anuncia y proclama. Juan prepara así el camino para la venida del Señor. Pero, ¿nos abrimos nosotros a ese anuncio preparándonos para la venida del Señor? ¿Disponemos nuestros corazones y hacemos espacio para que nazca el Señor habilitándole el lugar principal y dirija nuestras vidas? ¿O por el contrario le habilitamos un lugar sin mucha importancia, donde pasa desapercibido, ocupando nuestras apetencias, satisfacciones, consumo y diversión el mejor lugar?

Hoy nos ocurre algo parecido a lo que Jesús nos dice en este Evangelio. Actuamos de la misma forma ante el anuncio de Juan, y nos autotraicionamos justificándonos la radicalidad y austeridad que Juan nos propone como algo conservador, del pasado y regresivo. Pero, viene Jesús, y ante su Anuncio de la Buena Noticia le criticamos porque nos parece que sólo se aprovecha y se dedica a comer, a beber y a reunirse con la gente pecadora y de dudosa condición. Al final, con tal de salir con la nuestra y hacer lo que nosotros queremos, criticamos todo los que nos llega y no coincide con mis intereses y egoísmos.

Y entre nosotros mismos, muchos que nos confesamos cristianos, permanecemos inamovibles en nuestras actitudes y cerrados a la acción del Espíritu Santo. Es posible que no podamos hacer nada más, pero, ¿estamos seguros de eso mientras hay mucha gente que sufre? ¿Ponemos todo nuestro esfuerzo y talentos recibidos en beneficio y para el bien de los de más.? Son preguntas a las que debemos de dar respuesta.

jueves, 12 de diciembre de 2019

JUAN, EL QUE PREPARA EL CAMINO

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Mt 11,11-15
Todos podemos descubrirnos en Juan porque, como él, tenemos la misión y la necesidad de preparar el camino de nuestro propio corazón y también el de aquellos que se relacionan con nosotros. Precisamente, este tiempo de Adviento nos anuncia y nos previene a prepararnos para acoger en nuestros corazones el nacimiento del Niño Dios. Porque, Jesús, el Dios hecho Hombre, nace cada día en nuestro corazón y nos alimenta y fortalece para anunciar en todos los acontecimientos de nuestro vivir diario que Él da verdadero sentido a nuestra vida y la llena de esperanza y de gozo eterno.

Un gozo eterno que no podremos encontrar en las cosas de este mundo. Porque, son caducas y no nos dejan satisfechos plenamente sino, a medias y temporalmente. Por eso, siempre queremos más, como dice esa famosa canción.  Ahora, tiempo de Adviento se nos presenta un tiempo adecuado para preparar nuestro corazón a acoger el Anuncio de la Buena Noticia de Salvación. Una Buena Noticia que se resume en que Dios, nuestro Padre nos Ama. Nos Ama con mayúscula hasta el punto de dar su Vida por cada uno de nosotros. Una Vida Infinita y Eterna, de Incalculable Valor a cambio de una vida menos que minúscula, caduca y que no vale nada. ¡Cuánto Amor inmerecido nos ofrece el Señor! ¡Y cuanta necedad por parte nuestra que lo dejamos escapar por una basura mundana y caduca!

Juan el Bautista es el elegido y enviado a preparar el camino al Señor. Es él el que anuncia que la llegada del Mesías prometido está próxima y que será Él el que bautizará con Espíritu y fuego. Un Bautismo que nos limpia de todo pecado y nos fortalece para la lucha de cada día contra el poder del Maligno. Juan sabe perfectamente cuál es su misión y lo que corresponde a él hacer. Descubre la Persona de Jesús donde otros sólo ven un profeta entrometido o atrevido. Ve en Él al Mesías prometido que viene a salvar al pueblo de Israel y a liberarlo de la esclavitud del pecado.

Juan conoce su papel y sabe que, preparado el camino, debe poner todo en Manos de Jesús. Le señala como el Mesías al que deben seguir todos. Y así se lo dice a sus discípulos. Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

APOYADO EN LA CONFIANZA EN EL SEÑOR

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Mt 11,28-30
En estos momentos paso por una etapa en mi vida que me da agobio y hasta cansancio. Incluso, me parece que hasta me cuesta más sentir la espiritualidad que en otros momentos me hacía gozar. Creo, y lo experimento, que son momentos de prueba donde dejar todo en Manos de Dios es la mejor opción y la prueba de creer en Él.

Porque, el Señor no puede darnos angustia ni desasosiego. Es verdad que en muchos momentos podemos preocuparnos y hasta sentir dolor y miedo, pero siempre, al final, sentiremos gozo y alegría como testimonio y prueba de que hemos hecho la Voluntad del Señor. También he experimentado eso muchas veces. No tengo ganas de hacer algo que, por otro lado pienso que debo hacer, y a lo que me he comprometido, y superado las desganas, sin evitar el esfuerzo, experimento luego el gozo de haberlo hecho. Lo he vivido varias veces y experimentado el gozo de la presencia del Señor.

He también experimentado como después de sentirte desganado y tedioso, realizado el compromiso, me he sentido mejor, descansado, fortalecido, activo.y gozoso. No lo digo porque lo haya oído o leído, sino porque lo he vivido y experimentado. Apoyado en la confianza en el Señor nuestro descanso es más alegre y gozoso. Creo, sinceramente, que sin el Señor mi vida estaría vacía y sin sentido, porque, todo lo que te ofrece el mundo termina por cansarte y, al final, desaparece.

En el Señor encontramos sentido a todo, en los buenos y malos momentos y llena de esperanza y de alegría toda nuestra vida. En el Señor encontramos descanso y fortaleza para superar todos esos momentos de cansancio, de desánimo, de oscuridad y de desesperanza. Él nos da la vida y la esperanza para continuar el camino hasta llegar a Él.

martes, 10 de diciembre de 2019

TÚ, QUE ESTÁS INDEFENSO

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Dios se preocupa por todos, pues, todos son sus hijos, pero, siempre hay, por decirlo con palabras humanas, algunos que tienen alguna preferencia. La tuvo José, hijo de Jacob, con su padre y también la tienen todos los pobres indefensos con su Padre Dios. Porque, Dios busca con más ahinco, por decirlo de alguna manera, a aquellos que están impedidos, son pobres y dependen de los demás. Porque, Dios, busca con total preferencia a aquellos que no se valen por sí mismo - excluidos, pobres, necesitados, inocentes, esclavos, sometidos al poder de los poderosos...etc - para liberarnos y traerlos a su Casa, donde serán felices y liberados de todo sufrimiento.

Es esto lo que Jesús nos dice hoy en el Evangelio: No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños. Dios está pendiente de los pequeños y de aquellos que están a merced de los caprichos y poderes de los otros. Dios los busca y los salva. Es lo que se deduce de lo del pastor y la oveja perdida. Ahora, también tenemos que saber que somos libres y Dios nos pone un Camino y una Verdad para que vayamos bien orientados y no nos perdamos. Se trata de no hacer lo que queramos, sino de hacer la Voluntad de Dos.

No podemos obviar que no se nos ha dicho y advertido. Dios nos busca, pero también nosotros tenemos que corresponder a esa búsqueda que Dios nos promete y cumple. Necesita nuestra libertad y nuestra obediencia. En nuestra Madre María tenemos un reciente ejemplo en el Evangelio del domingo. De ti depende el encuentro con Jesús. Hazte visible a su búsqueda y a su Palabra.

lunes, 9 de diciembre de 2019

LA SALUD O SALVACIÓN INTEGRAL: ALMA Y CUERPO

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De poco sirve, aunque aparentemente creamos que no, sanar de nuestra enfermedades si nuestra alma queda en pecado. Lo verdaderamente importante es salvar nuestra alma, es decir, quedar limpio de pecados, aunque nuestro cuerpo quede enfermo, porque, salvada nuestra alma, nuestro cuerpo quedará también salvado para la Eternidad. Esa es la única y verdadera misión de Jesús, salvarnos integramente, es decir, cuerpo y alma.

Por eso, se entiende y se explica que Jesús le dijera a aquel paralitico puesto delante de Él: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados». Y es que Jesús, nuestro Señor, busca nuestra íntegra salvación, la del cuerpo y la del alma. Pues, de nada nos vale salvar el cuerpo en este mundo si perdemos nuestra alma. 

Sucede que muchas veces Jesús, el Señor, se ve obligado a hacer lo que no quiere hacer. Nuestra mente es muy terca y necesitamos ver algún milagro para creer. Sucedió con Tomás y con muchos otros. Jesús cura a aquel paralitico de su parálisis para que los que estaban dudando de su poder misericordioso creyeran. También nos ocurre a nosotros, ¿estás de acuerdo? 

Nos desesperamos cuando nos aflige alguna enfermedad y hace sufrir a nuestro cuerpo. Perdemos la confianza en el Señor. Nuestro cuerpo no vale mucho, pues le llegará su hora y tendrá que corromperse. Importa nuestra alma y que esté limpia de todo pecado. Y sólo el Señor, nos podrá limpiar. Para eso ha venido para salvarnos de la esclavitud del pecado.

No tengamos miedo y pongamos delante de Él, como aquel paralitico, nuestras parálisis, que nos inmovilizan y nos mantienen pasivos, temerosos e imposibilitados de caminar y confiar en el Señor. Él nos sana integramente, tanto del cuerpo como del alma, pero no por un tiempo, sino para toda la vida.