miércoles, 31 de julio de 2024

¿DÓNDE ESTÁN TUS TESOROS?

Posiblemente habrás advertido que si hubieses tenido ayer la madurez y la experiencia que tienes hoy todo en tu vida sería distinto. Hubieras cambiado muchas cosas en tu vida y la hubieses orientado de otra manera. No habrías cometido muchos de los errores que has cometido y, posiblemente, todo hubiese sido diferente en el mejor de los sentidos.

Pero, ¿por qué ha sucedido eso? ¿Dónde estaban enterrados esos talentos que no fuiste capaz de ver ni de advertir? ¿Por qué tanta precipitación, debilidad o inclinación a dejarte llevar y seducir por la pereza, comodidad o placer? ¿Por qué no buscar, no indagar y preocuparte por interiorizar tu propia vida y descubrir esos tesoros que mantenías ocultos?

Nunca es tarde tengas la edad que tengas. Siempre hay tiempo, mientras te dure la vida en este mundo, de encontrar ese gran Tesoro que llevas dentro de tu alma. Simplemente, sólo tienes que buscarlo y confiar en que lo encontrarás. Porque, tu verdadero Tesoro está dentro de ti, en lo más profundo de tu corazón. Allí está tú, obra de Dios y semejante a Él, tu Creador, esperándote para ofrecerte su Infinita Misericordia, perdonar todas tus ofensas y, reconciliado en Él, darte la gloria eterna.

De modo que busca, corre y vende todo lo que tienes para comprar y quedarte con ese gran Tesoro que es el «encuentro con Dios Padre».

martes, 30 de julio de 2024

UNA HUERTA SEMBRADA DE TRIGO, PERO TAMBIÉN DE CIZAÑA

Sí, nuestro corazón no está limpio. De eso se ha encargado el pecado original con el que todos nacemos. ¿Nuestra salvación?, ¡el Bautismo! Por él quedamos limpio de ese pecado, aunque no invulnerable. Podemos volver a caer en pecado, y hay muchas más posibilidades en la medida que crecemos y adquirimos conciencia de nosotros mismos y, en consecuencia, responsabilidades.

Es evidente que nunca nos libraremos de la tentación de pecado. Nuestra naturaleza está herida y nuestro corazón contagiado por esa cizaña del mal que, al menor descuido, siembra la tierra de nuestra huerta particular – nuestro corazón –.

Es evidente que las luces tienen motas de sombras, y no escapamos a ello. Nuestras sombras – pecados – nos impiden ver en muchos momentos la luz y, en la oscuridad, nos perdemos. Pero, eso no debe llevarnos a la desesperación ni a la impaciencia. Reconozcamos nuestra debilidad, nuestra testarudez y nuestros fracasos. Pero nunca olvidemos que Dios, nuestro Padre, nos quiere con locura misericordiosa, nos espera y limpia nuestro corazón de malas hierbas y nos abre el camino para que fortalecidos en Él demos frutos.

Recordemos en primer persona que Jesús, nuestro Señor, nos reitera con frecuencia que no ha venido a salvar a los buenos sino a los pecadores. Es evidente que los buenos ya están salvados. Necesitan de médico los enfermos. Y es ahí donde nosotros debemos situarnos, entre los enfermos, los que necesitan cuidados y medicina de redención y misericordia.

Mostrar nuestros corazones llenos de trigo y cizaña, confiados en el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios, será el Camino, la Verdad y la Vida para que, por los méritos de nuestro Señor Jesús – Pasión, muerte y Resurrección – seamos también nosotros perdonados, limpio de toda cizaña y llevados a la Gloria Eterna.

lunes, 29 de julio de 2024

YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA

Es evidente que todos, sin ninguna discusión, buscamos la eternidad. Una eternidad que lleva implícito la felicidad, porque ser eterno con padecimientos y sufrimientos a nadie le gusta. De tal forma que hay muchos que buscan la muerte física ante el sufrimiento permanente e irrevocable. Todos queremos y buscamos una vida eterna en plenitud de gozo y felicidad. 

Y es precisamente eso lo que Jesús le promete hoy a Marta ante el acontecimiento de la muerte de su hermano Lázaro: Juan 11, 19-27: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Ya sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y crea en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?». Ella contestó: «Sí, Señor. Creo firmemente que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

La pregunta y la respuesta nos toca ahora, en este momento y en el camino de nuestra vida, responder a nosotros: ¿Creemos en que Jesús, el Señor, es la Resurrección y la Vida? ¿Y si lo creemos es nuestra vida coherente con esa fe? Nuestros propios actos y obras nos darán la respuesta. Y será inútil escondernos, pues la verdad al final saldrá a relucir.

domingo, 28 de julio de 2024

DE LO PEQUEÑO A LO UNIVERSAL

Ocurre siempre igual, de lo pequeño nace lo grande y universal. Jesús busca y escoge lo pequeño para hacerlo grande, para alumbrar su Palabra y darle poder. Digamos que hace lo imposible, es decir, un milagro. Donde no hay, pone, y de cinco panes y dos peces da de comer a una multitud. Evidentemente, eso solo lo puede hacer Aquel que es el Hijo de Dios.

Afortunada o desgraciadamente, no sé que será, Jesús, el Hijo de Dios, se vale de lo pequeño, de lo limitado y casi sin capacidad o valor humano para darle grandeza, capacidad y valor. Siempre toma lo pequeño, lo ignorado, lo que nadie elegiría y lo que al mundo poco importa o no le da valor.  Y lo coge para demostrarnos su Poder y para llamarnos la atención a que su Palabra es Palabra de Vida Eterna.

Y cuando actúa, lo hace buscando siempre el bien de alguien o de muchos. En el caso que nos trae el Evangelio de hoy domingo se trata de darle de comer a un gentío que le había seguido y esperaban su Palabra. Se da cuenta de la situación, de la lejanía para conseguir alimento y la necesidad de alimentarse. Y, valiéndose de cinco panes y dos peces que tenía un muchacho, hace el milagro de la multiplicación de esos panes y peces.

De alguna forma es el adelanto de la Eucaristía. Jesús se hace comida y alimento espiritual para darnos su Vida, su Espíritu y fortalecernos en el Camino, en la Verdad y la Vida. Más adelante nos lo dirá claramente en la última Cena, y nos lo dirá con estas palabras: Marcos 14, 12-16. 22-26 … «Tomad, este es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos …

sábado, 27 de julio de 2024

UNA VIDA ENTRE EL TRIGO Y LA CIZAÑA

Es irremediable separarlos, el bien y el mal crecen juntos y juntos llegarán hasta el final de sus vidas. Donde hay trigo habrá también cizaña, donde hay ganancia hay también perdida y donde hay ventajas hay también desventajas. El afán por querer lo bueno, la ganancia o la ventaja despierta la ambición, el egoísmo y la avaricia, y eso construye la mecha por donde arde la confrontación y nace la cizaña.

Será imposible separar el trigo de la cizaña. La libertad te dará opción a elegir y tu naturaleza herida por el pecado sentirá la tentación de acaparar todo el trigo y descartar al otro de ganancia. Así, el egoísmo y la avaricia harán que la cizaña esté también presente y la confrontación, la lucha entre el bien y el mal se eternizará mientras haya mundo.

La cuestión será limpiar y separar cuando llegue el momento. Porque, de hacerlo antes corremos el riesgo de confundirnos y arrastrar el bien mezclado de mal. Mejor dejarlo para el final donde con calma y una visión general podemos apartar lo bueno de lo malo nuestra vida.

viernes, 26 de julio de 2024

EN ESTADO DE VIGILANCIA Y ALERTA

Seguir a Jesús exige permanecer en estado de vigilancia y alerta constante. El Maligno está al acecho y, al menor descuido y relajamiento por nuestra parte, caerá encima de nosotros para tentarnos y seducirnos y apartarnos del Camino, de la Verdad y de la Vida.

Si nos quedamos a orillas del camino, pronto los pájaros de nuestra pereza, de nuestro abandono y comodidad terminarán por apagar todas nuestras inquietudes y aspiraciones y engullirlas hasta el punto de desaparecer. Pero, también nos puede ocurrir que llenos de alegrías y entusiasmo por acoger la Buena Noticia, todo queda en la superficie, no hay profundidad ni interiorización, y pronto a las primeras de cambio, ante las dificultades y problemas, desistimos y dejamos de seguir a Jesús. Nuestro primer entusiasmo desaparece.

Otro de los grandes peligros es quedarnos a media y no escuchar en silencio la Palabra. Sembrar no limpiamente sino en medio de mucho ruido y entre medias aguas. Es decir, querer estar aquí y allí, escuchar la Palabra, pero también al mundo. Terminarán los afanes y ambiciones de este mundo por vencernos y apartarnos de Dios. Consecuencia de sembrar entre abrojos.

Sólo, lo sembrado en tierra buena, capaz de dejar hundir las raíces de tu corazón y de que se adhieran a la Palabra de Dios, será capaz de dar frutos. Y esa será nuestra misión, aspiración y vigilancia, cuidar bien nuestra siembra de la Palabra de Dios, escuchándola y poniéndola en práctica en nuestras vidas asistidos por la acción del Espíritu Santo.

jueves, 25 de julio de 2024

EN EL SERVICIO SE ESCONDE NUESTRA DIGNIDAD

Quizás no se nos ha ocurrido preguntarnos alguna vez el por qué servimos al más débil, pequeño o excluido. Incluso, preferible a aquel que no pueda pagarnos ni devolvernos el favor. Posiblemente no hayamos pensado sobre eso nunca.

Pues bien, descubramos que si lo hacemos es porque creemos y lo sentimos, de que esas personas son tan hijas de Padre Dios como nosotros. Y al ayudarlas es como si lo estuviésemos haciendo al mismo Padre Dios.

De alguna manera significamos que la más grande dignidad de la persona humana se esconde en la dignidad de ser hijo de Dios. Todos somos iguales en dignidad y derechos porque somos hijos de un mismo Padre Dios. Y en Él quedamos configurados como herederos de su Gloria por la Gracia y méritos de su Pasión y Muerte de su Predilecto Hijo, nuestro Señor Jesús, que al Resucitar no da a cada uno de nosotros esa Resurrección para gloria de Dios Padre.

Y cuando servimos en esa clave de amar sin condiciones ni recompensa estamos respondiendo a esa dignidad de hijos que Dios, nuestro Padre, nos ha dado por los méritos de su Hijo, nuestro Señor.

Esa es la clave y la cuestión, servir por amor. Servir tal y como nos ha enseñado y nos dice Jesús: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

Así de claro, estar en el Señor y seguirle significa estar dispuesto a servir como Él mismo nos ha servido.