sábado, 26 de octubre de 2013

LAS CADENAS DE LA CARNE

Lc 13,1-9)

 
El camino de nuestra salvación está marcado por una lucha a vida o muerte. Vida si caminamos injertados en Xto. Jesús; muerte si nos dejamos dirigir y guiar por las apetencias de nuestra carne. Carne que, como muy bien expresaba Fray Nelson Medina, no sólo son nuestras apetencias carnales, sino también las intangibles o espirituales con las que expresamos nuestros sentimientos o emociones.

Así, la envidia, la codicia, el individualismo, la inclinación a desunir, la venganza, la soberbia... son también parte de nuestro cuerpo que nos arrastran y someten. Esta mala tierra que somos si no está abonada y cuidada por la Gracia del Espíritu Santo que las fertiliza, pronto será encadenada y sometida a la esterilidad y la indiferencia. 

Así, no es de extrañar que aquella parra no diese frutos. Pero siempre tenemos la Misericordia de Padre Dios que prolonga nuestro camino en el tiempo y nos riega con la Sangre de su Hijo, con la esperanza de que la próxima cosecha sea fructífera. 

Abramos nuestro corazón para que nuestra mala tierra sea arada y abonada por la Gracia de Dios y podamos dar frutos abundantes.

viernes, 25 de octubre de 2013

APROVECHAR MI TIEMPO

(Lc 12,54-59)

El miércoles 23, en la Eucaristía, el sacerdote celebrante nos dejó abierto un interrogante en la homilía (Lc 12, 39-48). Se limitó a plantear lo siguiente: Si Jesús llegase ahora, a las 6,45', aquí, tal y como estamos todos los que aquí nos encontramos, ¡qué pasaría? ¿Y cómo nos encontraría?

Esa fue aproximadamente la homilía. Permanecimos, luego, un minuto más o menos en silencio y reflexión... Y fue unos instantes muy emotivos, profundos y llenos de santo temor. Es verdad, qué pasaría si Jesús nos sorprende en estos momentos. ¿Estamos preparados?

Minutos después seguía esa pregunta retumbando en nuestro corazón. ¿Qué le presentaría al Señor? ¿Tendría algo para presentarle? Posiblemente, pensamos, tendríamos las manos llenas de fracasos, de errores y apetencias. De pecados y debilidades, pero no los escondemos Señor. Eso te presentamos porque sabemos que Tú buscas nuestra pobreza y enfermedades. Has venido para eso, para sanarnos y salvarnos. Y nosotros, Señor nuestro, queremos dejarnos salvar.

Hoy 25 , se nos cuestiona la sabiduría que ponemos para descifrar e interpretar el tiempo de la tierra y el cielo, pero nos pasa indiferente estos momentos presentes que vivimos. No nos planteamos muchas cosas que ocurren en cada instante y no tomamos partido en ello. Mucha gente sufre; mueren niños asesinados en el vientre de sus madres; hay pueblos oprimidos, marginados...Y nosotros lo pasamos muy bien quizás de espalda a todos esos acontecimientos.

Sin embargo, quizás nos preocupa más si hay lluvias o viento o sol, pero muy poco el final de nuestro camino y destino. ¿Qué pasaría si en este momento nos sorprendiera el Señor? Dejamos también la pregunta abierta...


jueves, 24 de octubre de 2013

SER PACIENTE

(Lc 12,49-53)

No es fácil soportar la impaciencia de no tener paciencia. Se necesita aplomo y serenidad para llenarse de paciencia y aguantar los impulsos de responder a aquello que consideramos injusto, falso a que no actúa en justicia y verdad. Jesús se nos muestra hoy impaciente y con deseos de ver el mundo ardiendo e inquieto por establecer un mundo vivido en justicia y verdad.

Él ha venido para eso: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! Jesús nos testimonia su impaciencia, pero nos enseña a ser pacientes a la Voluntad del Padre.

El Reino de Jesús es un Reino dividido. Dividido entre aquellos que viven en la injusticia y la hipocresía y en la mentira y la apariencia, frente a los que luchamos para que reine la justicia y la verdad. Es un Reino donde no cabe la pasividad, la indiferencia, el quitarse y dejar que los otros hagan y tú critiques. Es un Reino de justicia, de amor y de paz. Y eso exige esfuerzo, lucha y trabajo, pero nunca solo sino arropados y apoyados sabiendo que Jesús está con nosotros y nos asiste el Espíritu Santo.

¡Ánimo y quema tu vida por amor!

miércoles, 23 de octubre de 2013

MI PÚBLICO ES MI PADRE DIOS

(Lc 12,39-48)

Estamos acostumbrados a esforzarnos y tratar de hacer las cosas bien cuando sentimos la mirada de quienes nos vigilan o contemplan nuestro trabajo. Pero cuando esa mirada desaparece o nadie nos observa, nuestro interés decae y nuestro esfuerzo decrece. Trabajamos solo aparentemente o para ser contemplados. O mirado de otra forma, ponemos empeño y entusiasmo cuando nos vigilan o nos contemplan.

Hoy Jesús nos advierte de que nuestro ser y obrar sea así. Nos exhorta a trabajar y poner empeño en nuestro trabajo, aun en la ausencia de nuestro amo o  administrador. Porque ese es nuestro cometido, y porque el amo o administrador se presentará cuando menos lo esperemos.

Debemos actuar siempre, incluso en la ausencia de toda mirada, como si nuestra obra fuese contemplada por un afinteatro lleno, pues nuestro verdadero público es la Mirada de nuestro Padre Dios. Él siempre está a nuestro lado y nos acompaña en todo nuestro ser y obrar. Él nos mira y sabe de nuestros esfuerzos y trabajos. De nada nos vale aparentar delante de los que nos vigilan o miran, y bajar la guardia cuando nos sentimos solos y sin vigilancia de ninguna clase.

Pidamos al Padre que seamos siempre fieles en cumplir su Voluntad. Voluntad que pasa por cumplir con nuestro trabajo en todo momento y situación.

martes, 22 de octubre de 2013

ESTAR ATENTOS Y LISTOS


Lc 12,35-38)

Estar preparado significa no perder de vista la meta de nuestro camino. Podemos pararnos, descansar, reflexionar y hasta tomarnos unas vacaciones, pero sin dejar de mirar siempre para la meta del camino. Pero antes, claro, tenemos que cerciorarnos de cuál es la meta que tratamos de alcanzar.

Pues, clara la meta tendremos claro el camino y la preparación que necesitamos para recorrerlo. Hoy Jesús nos advierte y nos invita a estar preparados: «Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.

 E incluso llama dichosos a aquellos que aceptan y cumplen su invitación: Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.

¡Y agrega que nos servirá! Realmente no nos damos cuenta de estas cosas y pasamos la vida pensando y buscando cosas que se consumen y terminan en ellas mismas. ¡Qué necios somos!

Si pensáramos que en cualquier momento puede llegar ese momento, valga la redundancia, nos ayudaría a vivir de otra forma y con más cuidado. Porque lo que importa al final es a dónde vamos, Y ese deseo de nuestro corazón de vivir eternamente feliz nos descubre que hay un lugar donde ese anhelo se puede cumplir.

lunes, 21 de octubre de 2013

LA NECEDAD DE LA RIQUEZA

(Lc 12,13-21)


Hay mucha gente que anhela ser rico. No me atrevo a decir todos porque conozco también a muchos que no lo anhela, pero diría que mucha, mucha gente. Es una gran tentación porque con el poder de la riqueza se puede hacer muchas cosas. El mundo puede, aparentemente, verse de color de rosa sin serlo, porque nosotros, los hombres y mujeres, somos muy aficionados a autoengañarnos, y ese tipo de felicidad efímera y temporal, pero inmediata, sin esfuerzos y simplemente apretando un botón, nos gusta y atrae.

Con riqueza podemos conseguir muchos caprichos, antojos, deseos y privilegios. Por eso damos mucho valor a la riqueza. Diría que el mayor poder. Todo, decimos, tiene su precio, y con riqueza se puede comprar. Sin embargo, aquellas palabras que Jesús dijo a la gente de su tiempo, hoy nos las dice a nosotros: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes».

Y en nuestra vida hemos constatado por propia experiencia que eso es verdad. Observamos que mucha gente rica se ha quedado en el camino. Mayores, jóvenes y hasta niños. Sus riquezas no le han servido para salvar sus vidas. Y es que la vida no depende del ser rico o pobre. La vida depende de reconocernos hijos de Dios y coherederos, en y por los méritos de su Hijo Jesús, de su Gloria.

La experiencia nos dice que debemos estar preparados. Preparados para recibir la llamada del Señor y partir hacia su presencia. Y esa preparación no consiste en acumular riquezas sino en atesorar vivencias de amor al estilo de Jesús. ¿A qué esperamos? Pues la llamada nos está esperando en cualquier momento.

domingo, 20 de octubre de 2013

PEDIR DESCUBRE NUESTRA NECESIDAD

(Lc 18,1-8)

Es claro que quien no pide nada le hace falta. Al menos no tiene ni siente gran necesidad. Se encuentra bien o se basta a sí mismo. Pedir descubre nuestras necesidades. Por eso, quien está necesitado insiste y persiste en pedir. Hoy Jesús nos anima a ello y nos invita a ser constante e insistentes en el pedir.

Nos habla de una mujer que insistió hasta cansar al juez que no le atendía, y consiguió que, por quitársela de encima y no le molestara más, le atendiera. El Señor nos llama a ser constante y no desfallecer en el pedir. Si no rezamos nuestra fe es sólo una teoría; si no rezamos nuestra vida cristiana se deteriora.

Sentirnos hijos de Dios es sentirnos necesitado de su Misericordia. Necesitamos, sobre todo, su perdón y su Gracia para poder salir airosos en el camino de nuestra vida. Jesús nos enseña a ora cuando nos señala el Padre nuestro como la oración modelo para hablar con el Padre. Jesús ora constantemente, pero sobre todo, en los momentos importantes de su vida: Bautismo del Jordán; elección de los doce; Monte Tabor...

No perdamos nunca ese hermoso y necesario apego a pedir. Porque necesitamos pedirle al Padre por nuestras necesidades y problemas. Estamos expuestos a malos pensamientos, a sentimientos vanidosos, a vanagloria, ambición, egoísmos... y necesitamos la Gracia de Dios para salir victorioso de todo ese lodazal que nos aprisiona y no nos deja caminar.