sábado, 20 de septiembre de 2014

¿CÓMO Y EN QUÉ TIERRA PLANTO?


(Lc 8,4-15)

No podemos, Señor, dejar toda la eficacia al lugar o la calidad de la tierra donde caiga la semilla. También hay parte de culpa y responsabilidad del cultivador que la cuide y la cultive. Quizás muchas de esas semillas caídas o tiradas al borde del camino podían transportarse y plantarse en buena tierra donde poder germinar.

O las del terreno pedregoso y seco refrescarlas y humedecerlas para reavivar sus raíces. De la misma forma que las que crecen entre zarzas y abrojos ayudarlas a crecer evitando que sean absorvidas y ahogadas. ¿Qué clase de labrador soy yo? ¿Me basto yo sólo para cultivar mis semillas a mi manera, o cultivo, injertado en el Espíritu Santo, la Verdadera Semilla de la Palabra de Dios.

¿Y lo hago desde la doctrina regando esa tierra de normas, preceptos y mandatos, o la riego también con mi vida? Supongo que, independientemente de donde caiga cada semilla, también dependerá mucho del labrador que la cultive y la cuide..

Dame, Señor, la Gracia de ser un buen labrador y que cada semilla, empezando por la mía propia, sea cultivada desde la Verdad y la vivencia de tu Palabra. Amén.

viernes, 19 de septiembre de 2014

INVITADOS A PROCLAMAR

(Lc 8,1-3)

Hoy, el Evangelio del día, nos invita de manera especial a proclamar la Buena Noticia. En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres... Así empieza el Evangelio narrando lo acontecido uno de esos días de la vida pública de Jesús.

En aquellos tiempos la proclamación se hacía cara a cara, de viva voz y cuerpo presente. También se transmitía de boca en boca, pero eso también implicaba un testigo y una presencia. Y no sólo iban hombres con Jesús, le acompañaba algunas mujeres como bien relata el Evangelio. Mujeres que habían  sido curadas por Él de espíritus malignos y enfermedades; mujeres fieles a su Mensaje y a su Palabra, y que le ayudaban con sus bienes.

Hoy ocurre lo mismo. Predicamos su Palabra con nuestra voz y el esfuerzo de nuestra vida. Pero también con la palabra escrita, como hago ahora, y por Internet llegando a todos los rincones del mundo. Y sin tu presencia ni tu propia voz, pero sí con una presencia virtual, constante, permanente y visualizada en imágenes o por hangout u otros medios.

 Muchas amistades han salido entre nosotros, algunos sin conocernos de forma física, pero sí, más importante, de pensamiento y de corazón. Por eso los encuentros personales tienen su importancia, y el IV Encuentro Internacional de Blogueros con el Papa, próximo ya a celebrar en Cádiz, es una inmejorable ocasión para vernos, animarnos, mirarnos a la cara, tomar un café juntos, sentir la cercanía y la presencia física y espiritual y sentirnos unidos en el mismo Señor y Dios verdadero.

Es la forma que hoy tenemos de continuar, injertados en Xto. Jesús, de proclamar el Evangelio. Confiados, sin complejos, sabiéndonos asistidos e iluminados por el Espíritu Santo y conscientes de que es el mismo Jesús quien, valiéndose de cada uno de nosotros, continua recorriendo los caminos y ofreciéndonos la salvación eterna.

jueves, 18 de septiembre de 2014

MUCHO ME TEMO SEÑOR QUE MI VIDA TE DEFRAUDE

(Lc 7,36-50)

No me siento digno Señor de merecer tanto amor y, menos, la salvación. Mi vida no es dinga de tanto amor y misericordia, porque no respondo a tu Voluntad. Estoy más cerca de ese fariseo engreido y soberbio que quiso valerse de tu buena y afamada reputación y, ni siquiera atendiéndote como manda la ley, te invitó a comer a su casa para pavonearse de tu presencia y amistad.

Porque Tú, Señor, estás con todos, con los que viven en la mentira y la hipocresía, y también con los que se esfuerzan en vivir en la verdad y el amor. Porque nadie tiene esa dignidad de vivir en la verdad y la justicia. Sólo Tú, Señor, eres Justo, Verdad, Camino y Vida Eterna.

Ante la conducta oportunista e hipócrita de ese fariseo, Tú le descubres sus intenciones y pensamientos que buscan desacreditarte y acusar a esa mujer que, agradecida y arrepentida, llora su pecado manifestándote alabanza y atenciones. Yo también quiero alejarme de esa imagen farisaica e hipócrita de tu anfitrión y estar más próximo a la de esa mujer que llora sus pecados y te reconoce su Señor.

Quiero acercarme a Ti, Señor, porque sé de tu Compasión y Misericordia. Porque sé que has venido para salvarme y darme la fuerza necesaria para transformarme de hipócrita en justo y humilde. Hoy me lo revelas y descubres en tu encuentro con Simón el fariseo y la mujer pecadora. 

Yo espero y te pido que me atiendas a mí también y me des la sabiduría de alabarte, recibirte con el agua para tus pies, el ungüento para tus cabellos y el beso de la paz. Y rendirme a tus pies para servirte según tu Voluntad. Amén.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

COMO NIÑOS EN LA PLAZA

(Lc 7,31-35)

Es frecuente encontrar diferentes opiniones y criticas sobre lo que se haga o se proponga en los grupos o comunidades. Pero más en los pueblos o barrios donde gravita la vida de una parroquia. Parece que nunca se acierta y, para unos la medida o norma no está nada bien, y para otros quizás sea excesiva o fuera de tono.

En resumen, que como nos proclama hoy el evangelio: Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: ‘Demonio tiene’. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’.

Todo nos parece mal cuando pensamos que somos nosotros los que estamos capacitados para hacer o deshacer, y todo tiene que ir de acuerdo con nuestra manera de pensar y de ver. Porque también todo se nos tiene que consultar o se nos tiene que escuchar. Nuestra soberbia  busca razones para justificar nuestro orgullo, nuestra comodidad, nuestra pereza, ambiciones e intereses.

Y es que nos cuesta reconocer nuestros egoísmos y dar el brazo a torcer. Bañarnos de humildad y aceptarnos pecadores y necesitados de salvación redentora es el gran paso que nos cuesta dar. Todo encuentro con el Señor necesita pasos de humildad que nos ayude a reconocernos lo que realmente somos, pecadores necesitados de salvación.

Y para eso ha venido Jesús, para darnos la sabiduría y la fuerza de conversión que todos necesitamos para soportarnos, perdonarnos y amarnos. No hay otro camino.

 

martes, 16 de septiembre de 2014

EL HIJO DE LA VIUDA DE NAÍN

(Lc 7,11-17)

Supongo, no puedo entenderlo de otra forma, que la gente que presenció este milagro de Jesús quedaron tocados y, con toda probalidad, se convirtieron. No hay otra salida, sino la de creer al ver un chico joven en ataúd camino al cementerio para ser enterrado y, de repente, parado y llamado a la atención por Jesús, despierta, se levanta y se pone a hablar.

¿No es para arrodillarse y postrarse ante el Señor? ¿Es qué hay otra manera de reaccionar o responder? Supongo que eso fue lo que sucedió porque no se puede entender otra cosa. "El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». Y lo que se decía de Él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina".

Lo que nos cuenta el Evangelio es lo que todos, por pura lógica, pensamos que pudo suceder. No es normal resucitar a un muerto, y quién lo hace descubre y revela que tiene poder sobre la muerte. Pero al mismo tiempo, que nos revela su Divinidad al tener poder sobre lo natural, nos manifiesta su Amor Misericordioso al tener compasión de ella y preocuparse por su dolor y su llanto.

El Señor nos expresa el motivo de su misión: "Ha venido a salvarnos, ha darnos la esperanza sobre la muerte. Ya no es ella la que tiene la última palabra. Es el Señor dueño de la muerte y la vida. Y ha venido para darnos Vida en abundancia. 

Danos Señor la sabiduría de descubrirte como Hijo de Dios y Señor de la Resurrección, porque quienes creen en Ti tendrán Vida Eterna. Amén.


lunes, 15 de septiembre de 2014

EN EL CAMINO JUNTO A MARÍA


(Lc 2,33-35)

María, la Madre de Jesús, y también Madre nuestra, no sólo nos acompaña en el camino sino que también nos sirve de guía, ejemplo, testimonio y Madre. Ella que, desde la boda de Caná, indicó la hora para que Jesús irrumpiera públicamente convirtiendo el agua en vino, también hoy nos indica a nosotros que el camino de nuestra vida está en seguir a su Hijo.

Ella que, al pie de la Cruz, supo soportar, por la Gracia del Padre, el sufrimiento y sacrificio de su Hijo, tal y como años atrás le había profetizado el viejo Simeón, nos transmite la actitud, el camino y el testimonio de perseverar y confiar en su Hijo Jesús.

Por eso, María es Madre, y ya sabemos cómo se comportan las madres. Pero en María, la Madre de Dios, su forma de mirarnos, acompañarnos y arroparnos es especial, porque la Madre del Señor, llena de su Gracia, es especial. Su ternura, su sencillez, su paciencia, delicadeza, constancia, humildad y generosidad nos llena de fortaleza, de luz, de esperanza y alegría para, también como Ella, ver y entender que la Cruz, donde Ella acompañó y vio morir a su Hijo es signo de liberación y salvación.

Por eso, Madre, acompáñanos y guíanos por el camino que, junto a tu Hijo, Tú supiste recorrer y que comienza en Él y termina en Él. Amén.

domingo, 14 de septiembre de 2014

¡POR TU CRUZ, SEÑOR, HAS REDIMIDO AL MUNDO!

Jn 3, 13-17


No es cuestión de lamentaciones, ni tampoco de desesperación. Es verdad que estamos muy heridos, pero no muertos, y si el Señor, enviado por el Padre, no hubiese pasado, voluntariamente aceptada, por una muerte de Cruz, nosotros estuviésemos irremediablemente condenados a una muerte de perdición por nuestros pecados.

Pero nada de eso, Jesús, aceptando voluntariamente la Voluntad del Padre, se ha entregado libremente a una muerte de Cruz para remisión de nuestros pecados y, por su amor, a rescatarnos para la Vida Eterna. ¡Estamos salvados por la Cruz! Jesús, por Voluntad del Padre, ha bajado del cielo, no para jugarnoz sino para salvarnos del juicio, porque por el pecado estamos heridos y condenados, pero por el Señor y por su muerte en la Cruz hemos sido rescatados y salvados para la vida eterna.

En la Cruz, símbolo no de muerte sino de Resurrección, Jesús ha pagado por todos nuestros pecados y nos ha rescatado como hijos adoptivos del Padre igualándonos como coherederos de su Gloria. La Cruz se convierte en signo de esperanza, porque nuestra vida está llena de cruces, cruces que salen en nuestro camino aunque queramos evitarla. Cruces que nos acusan y nos persiguen cuando vivimos en la verdad y en la renuncia a la mentira e injusticia.

Son las cruces que cada uno encuentra en su propia vida. Cruces que como las alegría y penas aparecen y desaparecen y nuestra misión es aceptarlas siempre desde la Voluntad del Padre. Así hizo Jesús, el Hijo, y libremente y voluntariamente, acepto una muerte de Cruz para salvarnos.

Danos Señor la fuerza y sabiduría de saber aceptar las cruces que sirven para hacernos mejores y crecer en vivir y cumplir tu Voluntad, porque es esa la que nos salva. Amén.