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miércoles, 15 de septiembre de 2021

LA CRUZ SIGNO DE SALVACIÓN

Jn 19, 25-27

En cierta ocasión alguien me hizo la siguiente pregunta: ¿Cómo la cruz puede ser signo de salvación para los cristianos cuando es un icono  tortuoso y perverso? Y mi respuesta fue inmediata: La Cruz es signo de salvación, porque, en ella, los que creen en Jesús, Resucitarán en y con Él. Por lo tanto, a raíz de la muerte de nuestro Señor, la Cruz se convierte para el cristiano en la tabla de salvación. Por y en ella, los cristianos hemos sido redimidos por Xto. Jesús, que entregando su Vida nos ha regalado la nuestra. Y una Vida de Eternidad.

La vida está llena de cruces. Incluso, en el mejor de los casos, aparecen repentinamente: Una enfermedad, un accidente, una traición...etc. Pero, es en los pobres, los marginados, los excluidos, los explotados, ignorantes, inocentes, indefensos...etc., donde la cruz está siempre presente. Se hace necesario cargarla y llevarla diariamente sobre tus hombros.

De ahí, bienaventurados los que lloran, los  que sufren, los pobres de... _Mt 5, 3-12 - porque, la cruz está siempre presente en ellos. E, irremediablemente, se hace inevitable cargarla. Avanzar y caminar es siempre un camino de cruz. Bienaventurados aquellos que en el silencio de cada día las aceptan y tratan de cargarlas sobre sus hombros asistidos y auxiliados por el Espíritu Santo.

María, Madre de Dios y también Madre nuestra, aceptó y supo soportar la cruz de seguir a su Hijo en su Pasión dolorosa hasta los pies de la Cruz donde entregó su Vida por nosotros. Una cruz que, desde el mismo día de la Anunciación, aceptó voluntariamente la Voluntad - valga la redundancia - del Padre. Y desde ese momento se convirtió en mediadora de esa Gracia que ella recibió del Padre.

lunes, 3 de mayo de 2021

UN CAMINO INAGOTABLE

 

En la vida no paramos de caminar y, malo sería parar, eso significaría retroceder y si retrocedes tu vida pierde todo sentido y se precipita al abismo y la perdición. La vida es vida en cuanto es camino y camino, como dice la poesía, se hace al andar. Pero, no un camino cualquiera, pues, son muchos los que conducen al precipicio. Solo uno lleva a la felicidad que todo hombre busca.

Jesús, en el Evangelio de hoy, conociendo lo que hay dentro de nuestro corazón, se nos revela como el verdadero Camino que todos buscamos, aunque muchos lo ignoremos o no lo sepamos ni queramos saberlo. Pero, también, nos dice que Él es la Verdad, esa Verdad que a todos gusta y goza saber y tener, y que todos también, aunque inconscientemente, buscamos.

Porque, vivir sin verdad es vivir con un corazón enfermo, con remordimiento y sin libertad. La Verdad es la que nos hace libre. Sin libertad no hay vida ya que una vida encorsetada, esclavizada y sometida es una vida sin sentido, empobrecida, enferma y sin sentido. Por eso, Jesús nos dice hoy con toda claridad que Él es el verdadero Camino, la única Verdad y esa Vida que todos buscamos y ansiamos encontrar.

jueves, 18 de febrero de 2021

LA VERDAD POR DELANTE

Lc 9,22-25

Jesús no nos engaña. Desde el primer momento nos habla claro. Seguirle supone problemas y sufrimientos. Él no se esconde, va primero y nos muestra el final de su camino. Nos lo dice claramente: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

¿Puede alguien justificarse con que no ha entendido lo que Jesús ha dicho? Está muy claro para todos sin ninguna excepción. No hace falta ni saber leer, simplemente con oír y tener uso de razón basta. Es verdad que en principio asusta y da miedo seguirle. Es verdad que nos cuesta y que nuestra naturaleza acomodada y herida por el pecado nos hace difícil seguirle. 

Pero, las últimas palabras lo cambia todo y nos llena de esperanza: Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?». 

Y es verdad, esa felicidad que todos buscamos en este mundo no nos servirá para nada por una sencilla razón, porque lo que tiene fecha de caducidad no nos hace feliz. Todo principio tiene su final, y eso termina siempre en el vacío y la muerte. Lo que nos importa y todos queremos es la Vida Eterna en gozo y felicidad. Y esa es la promesa que Jesús nos promete y se esconde detrás de la cruz.

jueves, 26 de noviembre de 2020

CAMINO DE LIBERACIÓN

(Lc 21,20-2

Lo primero que debe saber un cristiano es que seguir al Señor, a pesar de lo negro que se pueda ver respecto a los peligros y dificultades que se presentan, es el único camino que nos garantiza y nos asegura la Liberación de nuestra alma y la felicidad eterna. ¿Hay quien dé más? ¡Claro!, lo bueno cuesta y exige esfuerzo y sacrificio, pero, la esperanza de saber con plena seguridad a donde vamos y lo que está por venir es gozo, alegría y gloria pura. ¡Verdaderamente, vale la pena seguir al Señor!

No cabe duda que la vida se hace dura, difícil, a veces rutinaria y monótona. El suicidio es la consecuencia de esta desesperanza cuando no hay esperanza, cuando se apaga la luz y la ceguera nos conduce al precipicio y la vida se apaga. Y es que para una persona que su vida empieza en este mundo y, cree, que también en él termina, la vida debe ser - cuando llega la fatalidad - un infierno y el suicidio una salida, pero, nunca una liberación.

Sin embargo, para una persona creyente en Jesús de Nazaret, el momento final - la hora de su muerte - significa la hora de la liberación, la hora máxima y gloriosa del encuentro con Jesús de Nazaret, que ha venido a liberarnos del pecado y del sufrimiento. Por tanto, morir significa vivir. Vivir la verdadera Vida a la que todos estamos llamados, pero que muchos rechazan y no aceptan engañados y seducidos por los espejismos y falsas promesas de felicidad que les presenta este mundo.

Jesús nos anima y nos alienta ante los acontecimientos apocalípticos que sucedan  en el mundo: ...Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación».

martes, 31 de marzo de 2020

LA BRUJULA DE NUESTRO CAMINO: "LA CRUZ"

Sergio E. Valdez Sauad: Juan 8,21-30. JESÚS PASA
No podemos encontrar el camino sin cruz. Es verdad que nadie quiere sufrir y la Iglesia, continuadora de la obra de salvación de Jesús, se afana en mitigar el sufrimiento de los más pobres, de los marginados y excluidos, pero, también es cierto que nuestro camino terrenal termina en la cruz, nuestra muerte. Y a ella llegamos por diversos caminos: enfermedades, accidentes u otras formas que nos violentan y acaban con nuestro periplo aquí en la tierra.

Nuestro Señor nos enseña el camino desde su nacimiento, desde su encarnación en Naturaleza Humana. Su concepción ya fue un camino de espina y de sufrimiento para María y José. Ambos fueron anunciados por el ángel del Señor para anunciarle y descubrirle tanto la concepción por obra del Espíritu Santo, como a José, que era cosa de Dios. Y toda su vida, huida a Egipto, presentación en el Templo... estuvieron llenas de acontecimientos y sorpresas que auguraban un camino de cruz.

Y, obediente a la Voluntad del Padre, Jesús toma la Cruz y en la Cruz manifiesta todo su amor a nosotros. Porque, por esa muerte de Cruz, aceptada voluntariamente, nos da la prueba de su Infinito Amor a cada uno de nosotros y por el que somos, misericordiosamente, perdonados de nuestros pecados y liberados para, recuperando nuestra dignidad de hijos de Dios, entrar en la Gloria de Dios Padre.

Jesús es el Mesías enviado por el Padre que viene a darnos prueba de su Amor entregando su Vida para darnos a nosotros vida eterna. Jesús es la Voluntad de Padre que nos ama y, por los méritos de su Hijo, nuestro Señor, nos manifiesta y nos prueba que quieres salvarnos y compartir su Gloria con cada uno de nosotros.

sábado, 28 de septiembre de 2019

UNA CRUZ EN EL HORIZONTE


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Lc 9,43b-45
Una mala señal sería no ver la cruz en tu horizonte, porque, eso significaría que tu meta la buscas en el bienestar y la felicidad de este mundo. Y eso es un mal signo y un camino equivocado. ¿Te das cuenta? Has puesto en tu horizonte una meta finita, caduca y que con los años está condenada a desaparecer. ¿Y luego qué? ¿No experimentas que tu ambición es pobre y de poca cosa? ¿Cómo aspirar a algo finito cuando tienes la oportunidad de aspirar a lo más grande, la felicidad eterna?

La cuestión, te estarás preguntando, es creértelo. Y tienes razón, esa es la cuestión, porque yo no te puedo dar esa fe para que te lo creas. La fe es un don de Dios, pero, puede ponerte en camino y pedírsela, porque Él ha venido a eso, a salvarte y quiere dártela. Pero, necesita que tú le busques, lo desees, te fíes de Él y la quieras recibir. Lo demás correrá de su cuenta. Ese es el principio. Recuerdas tus primeros pasos con tus padres. ¿Te fiabas de ellos aunque no entendías nada, no? Pues, haz lo mismo, con mucha más razón, con Jesús.

Ahora, no trates de esperar que tu vida vaya a cambiar en lo material. Las cosas seguirán de la misma forma o, quizás peor. Todo, en ese sentido, dependerá de ti, de tu trabajo, de tus esfuerzos y de tu disponibilidad a hacer las cosas bien y con sentido. Jesús no es una caja mágica ni un amuleto que lo tocas y te va a solucionar tus problemas, tus deseos y proyectos. ¿No crees que eso sería injusto, fácil y no cambia tu corazón? Jesús te pide, y entérate de una vez, que aceptes tu cruz. Tal y como Él la ha aceptado. Los apóstoles, sus más íntimos amigos no se enteraron hasta muy tarde. No tardemos tú y yo más tiempo. 

Se trata de aceptar tu camino, que nunca será mejor ni menos que el de tu Maestro. Seguir a Jesús es tomar tu cruz, la tuya de cada día y, cargándola y soportándola, seguir esforzándote en vivir al estilo de Jesús. Tu cruz que se concreta en ese hermano que no soportas; en ese hijo que te cuesta aceptar y estar a su lado; en esa esposa o esposo que no comprendes y que te preocupa; en esa parroquia, grupo o comunidad donde hay gente que dan mal ejemplo o que cuestiona tu vida...etc.

Ahí es donde te quiere probar Jesús y donde quiere ver la calidad de tu amor. Ahí es donde Jesús se identifica contigo y te tiende su Mano para darte esa fe que ya estás probando y abandonándola en Él. Ahí es donde Jesús te está anunciando que Él pasó por el mismo trance y perdonó a todos los que le crucificaron. Ahí es donde te espera y te busca Jesús y es donde tú tienes que buscarlo. No lo busque en otro lugar ni trates de tocarlo en una imagen, sino tócalo en los hermanos y búscalo en la Eucaristía para que te de fuerzas y fe.

sábado, 14 de septiembre de 2019

HEMOS SIDO RESCATADO DE NUESTRA CONDENA

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Jn 3,13-17
No es cuestión de juicios sino de rescate. No es cuestión de merecimientos sino de misericordia, porque, ni tú ni yo merecemos la salvación. Así que el juicio ya está dictado. A pesar de buenas obras y, entre comillas, nuestros méritos no alcanzan la altura para merecer nada y menos la salvación. Pero, por los méritos de nuestro Señor Jesucristo, que con su Muerte, entregada voluntariamente, nos ha rescatado y dado la dignidad de hijos de Dios. Algo que ahora no podemos entender y que, algún día entenderemos por la Gracia de Dios.

Es maravilloso y algo tan grande que se nos escapa de nuestra mente y nuestro corazón. El Amor y la Misericordia de nuestro Padre Dios, dignidad, como ya hemos dicho, por la Muerte de nuestro Señor Jesús, Hijo del Padre, nos da la oportunidad de alcanzar la salvarnos. O dicho de otra manera, pone en nuestras manos la elección de optar a la Salvación o de renunciar a ella. Eres tú quien decide, pues Dios te da esa libertad para que puedas elegir y optar a la salvación o no, pues, su Hijo, nuestro Señor, ha pagado con su Vida, en una Muerte de Cruz, por ti y por mí.

Desde ahora, esa Cruz es nuestra esperanza y nuestra salvación, y, también, nuestro destino. Nuestro camino no estará exento de cruces que, en, con y desde Jesús podemos soportar y superar sin desviar nuestra mirada de Él, porque, Él es el único Camino, la única Verdad y la única Vida. Él no ha venido a juzgarnos, pues nuestro juicio sería un juicio de condenación, sino todo lo contrario. Ha venido a Salvarnos y a darnos la oportunidad, por la fe en Él, de alcanzar la Salvación.

Sin embargo, no podemos permanecer impasibles y pasivos. Nuestro camino está plagado de cruces que intentarán apartarnos de Dios y que, injertados en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, y auxiliados en Él, tenemos la garantía de salir victorioso. Por eso, debemos adentrarnos en el camino de nuestra vida confiados en la Palabra del Señor, que nos promete que todo el que cree en Él tiene Vida Eterna.

domingo, 20 de noviembre de 2016

FIESTA DE CRISTO REY

Siempre he envidiado, sanamente, al buen ladrón. No sé si, imaginado que yo estuviese en su lugar, hubiese dicho lo mismo, pero esas palabras de Jesús son las que yo quisiera oír dirigidas a mí: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Y esa debe ser nuestra meta y nuestro principal objetivo, porque todo lo demás pierde todo su valor ante la caducidad a la que está sometida. La Cruz, fin de Jesús en este mundo nos descubre la realidad de nuestra trascendencia y nuestro destino. El Reino de Dios no es de este mundo y ese es el Reino al que nosotros aspiramos, a permanecer y vivir eternamente en gozo y plenitud junto a Él. Porque Él nos lo ha dicho y porque Él ha ido a prepararnos una mansión, Jn 14, 2, para, a su regreso, llevarnos con Él.

Hoy es un día grande porque proclamamos a Cristo Rey, y porque realmente su muerte en la Cruz lo descubre como Rey del Universo. La Cruz es la exaltación de Cristo. Lo dijo el mismo: "Cuando sea levantado, atraeré a todos hacia Mí, Jn 12, 32. La Cruz es Gloria y exaltación de Cristo.

Es verdad, tampoco somos ajenos a eso porque Él nos lo ha repetido en numerosas ocasiones, que padeceremos persecuciones, burlas, sufrimientos y toda clase de peligros como le sucedió a El, pero todo eso valdrá la pena en la esperanza de escuchar esas palabras que Jesús dijo al buen ladrón. Y con esa esperanza e injertados en el Espíritu Santo caminamos por los trayectos y circunstancias que nuestra vida nos presenta, esforzándonos en vivir misericordiosamente como el Padre.

lunes, 15 de septiembre de 2014

EN EL CAMINO JUNTO A MARÍA


(Lc 2,33-35)

María, la Madre de Jesús, y también Madre nuestra, no sólo nos acompaña en el camino sino que también nos sirve de guía, ejemplo, testimonio y Madre. Ella que, desde la boda de Caná, indicó la hora para que Jesús irrumpiera públicamente convirtiendo el agua en vino, también hoy nos indica a nosotros que el camino de nuestra vida está en seguir a su Hijo.

Ella que, al pie de la Cruz, supo soportar, por la Gracia del Padre, el sufrimiento y sacrificio de su Hijo, tal y como años atrás le había profetizado el viejo Simeón, nos transmite la actitud, el camino y el testimonio de perseverar y confiar en su Hijo Jesús.

Por eso, María es Madre, y ya sabemos cómo se comportan las madres. Pero en María, la Madre de Dios, su forma de mirarnos, acompañarnos y arroparnos es especial, porque la Madre del Señor, llena de su Gracia, es especial. Su ternura, su sencillez, su paciencia, delicadeza, constancia, humildad y generosidad nos llena de fortaleza, de luz, de esperanza y alegría para, también como Ella, ver y entender que la Cruz, donde Ella acompañó y vio morir a su Hijo es signo de liberación y salvación.

Por eso, Madre, acompáñanos y guíanos por el camino que, junto a tu Hijo, Tú supiste recorrer y que comienza en Él y termina en Él. Amén.