domingo, 3 de marzo de 2019

SER BUENO PARA DAR FRUTOS BUENOS

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Lc 6,39-45
Siempre se ha oído que de las buenas semillas saldrán buenos frutos y lo contrario, de las malas saldrán malos frutos. Todo dependerá de la buena semilla que siembres en tu corazón. Así, lo cultivado desde lo más profundo del corazón tenderá a hablar la boca, de modo que si son cosas buenas, saldrán cosas buenas y si malas, malas. Se trata, pues, de convertir nuestro corazón en un corazón de bondad, de generosidad, de buenas intenciones y de verdadero amor.

Por eso, conviene arrimarse al que es verdadera Luz y puede orientarnos por el verdadero camino. Sería una gran equivocación dejarnos llevar por los que están tan ciegos como nosotros. Sólo Jesús es la Luz que nos puede alumbrar. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y sólo en Él podemos encontrar la Luz que nos guíe hacia la Verdad.

Los hombres no pueden guiar a los hombres, porque son pecadores y sus pasos están sujetos al error. Necesitamos abrirnos al Espíritu Santo que, en Él, si podemos convertirnos en Luz y servir de guia a otros. Nunca por nosotros mismos, sino siempre desde la acción del Espíritu Santo, recibido en nuestro bautismo, que actúa en y por nosotros para el bien de los demás. Es ahí de donde podemos sacar los frutos buenos.

Eso nos ayudará a ser humildes y ver los defectos y errores en los demás de una forma más generosa, menos exigente y acusadora y ser más reflexivos y auto críticos con los nuestros. Porque, frecuentemente miramos para los otros acusándolos de fallos y pecados que, quizás, son más grandes en nosotros. Seamos más compasivos, más misericordioso como Dios, nuestro Padre, lo es con cada uno de nosotros.

sábado, 2 de marzo de 2019

CONFIADOS COMO NIÑOS

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Si observas a un niño de darás cuenta que obedecen y confían en lo que le dicen los mayores, sobre todo sus padres, que le procuran todo el bien que pueden y, porque confían en sus palabras y en lo que les enseñan. Saben y lo entienden que sus padres procuran darle todo lo que les hace falta para su buen desarrollo, su crecimiento y preparación para su futuro.

Los niños, observamos y sabemos, son sencillos, humildes y abiertos a recibir las enseñanzas de sus mayores, que también comporta un peligro si se les enseña con mala intención cosas malas y que no convienen a su bien. Y esa es la actitud que nuestro Señor Jesús quiere mostrarnos hoy, tal y como debemos proceder ante sus enseñanzas y, sobre todo, a su Palabra. Porque, sucede que en la medida que crecemos y y dejamos de ser niños, prevalece nuestra razón y nos cerramos a todo lo nuevo y a todo aquello que no entra en nuestra razón.

Endurecemos, ese corazón tierno, suave, humilde bueno, inocente y abierto de niño, como una piedra y nos cerramos a la Palabra de Dios. Pasamos, de recibir todo lo que somos y tenemos, a exigir y poner condiciones atodo lo que Jesús nos propone y a rechazar todo lo bueno, porque, de la boca de nuestro Señor Jesús no puede salir nada malo sino, precisamente, todo lo que nos hace bien y nos conviene.

Será cuestión, y una buena oportunidad, aprovechar esta reflexión para ponernos en presencia del Señor y esforzarnos en abrir nuestro corazón a su Palabra y a sus enseñanzas. Tratemos de fijarnos en los niños y recordar nuestra etapa de niño y de experimentar como se ha endurecido nuestro corazón con las ambiciones y afanes con los que el mundo nos tienta y trata de seducirnos: mundo, demonio y carne.

viernes, 1 de marzo de 2019

ENSÉÑAME A OÍR LO QUE TU DICES Y NO LO QUE A MÍ ME GUSTARÍA OÍR

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Mc 10,1-12
La pregunta ronda mi cabeza, ¿quiero que lo que dice Jesús sea de mi agrado y, sin darme cuenta, acomodo sus enseñanzas a mis intereses? Esa es la cuestión, porque de esa forma me estoy creando yo un dios de acuerdo con mi imaginación y con mis intereses. Lo del matrimonio es duro, porque vivir en comunidad y en fidelidad es duro. Sobre todo cuando ese estado toca mis instintos sexuales, mi propia vanidad, mi ego personal y mis satisfacciones egoístas.

El amor es una batalla diaria y, a veces, ingrata, dura, costosa e incómoda. Mantener esa fidelidad, a veces no sostenida en la atracción sexual o mortificada y asediada por  tus propias pasiones; las diferencias y luchas con la orientación a los hijos y la propia estructura familiar hacen de tu vida un calvario, una cruz que cuesta cargar cada día. No hay otro camino, amar significa todo eso y todo eso es darte, olvidarte de ti y entregarte al otro y a los otros. 

La familia es espacio de gozo y cruz, de penitencia y de salvación. El amor exige eso, pues cuando todo empezó e iba sobre rueda no hacía falta buscar el amor, se amaba sin esfuerzo e incluso daba gozo vivirlo y hacerlo. Pero, llegan momentos de prueba y de sacrificio, y entonces es cuando hay que demostrar que realmente se amaba. Es lo que espera Dios de ti y de mí, y es lo que podemos dar a Dios, la prueba de nuestro amor amando en familia.

Es el plan que Dios ha pensado sobre nosotros y no pongamos pegas, porque sólo Dios sabe lo que nos conviene y lo que realmente es bueno para nosotros. No perdamos de vista que Dios nos ama así y así nos lo demostró Jesús en su Vida en este mundo. ¿No tendría Dios motivos para dejarnos a cada uno de nosotros? Sin embargo, no sólo no nos ha dejado sino que ha enviado a su Hijo para darnos la posibilidad de recuperar esa dignidad que tenemos por ser sus hijos. Tengamos fe y paciencia.

jueves, 28 de febrero de 2019

BUSCAR SIEMPRE EL BIEN

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Mc 9,41-50
En el fondo de todo corazón humano hay siempre una tendencia a hacer el bien, pero, en muchas ocasiones no hacemos lo que queremos sino todo lo contrario. Ya lo decía Pablo - Rm 7, 19 - y se establece una lucha constante cada día de nuestra existencia. El objetivo es vivir en el amor, es decir, en esa disponibilidad para estar constantemente en actitud de servir y hacer el bien.

Esa constante preocupación por todo lo que me rodea en aras de hacer el bien y, sobre todo, aliviar el sufrimiento y dar esperanza. Una esperanza que se agranda y se aviva en la medida que hagamos el bien. De modo que, todo aquello que nos pueda inducir a hacer el mal, a satisfacer nuestro egoísmo a costa del sufrimiento y la opresión de otros debemos cortarlo, porque eso nos aleja de la presencia y del agrado de Dios.

Aunque Jesús es bondadoso y compasivo, no olvidemos que nos ha creado libres y eso nos exige respuesta. Somos responsables de nuestros actos y no podemos dejar de hacer todo aquello que podemos hacer. Para eso, además de nuestra libertad tenemos nuestra voluntad y con ella podemos luchar para dejar lo que nos perjudica y nos estropea nuestra relación con Dios y aferrarnos a hacer las cosas que le agradan, que no es otra que la de amarnos como hermanos.

No podemos quedarnos con los brazos cruzados, porque el Espíritu Santo nos ayudará pero en todo aquello que nosotros con nuestras fuerzas no podamos. Para eso y por eso se nos ha dado la capacidad de decidir. Tratemos de buscar siempre el bien y de hacerlo aunque nos cueste y vaya contra nuestros intereses, pues de nada nos sirve conservar la vida y el placer en este mundo si perdemos la verdadera vida que nunca acaba. Porque, todo lo que aquí nos puede hacer feliz tiene su tiempo medido y termina. Por lo tanto, aspiremos a la verdadera vida.

miércoles, 27 de febrero de 2019

UNA IGLESIA ABIERTA AL BIEN

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Mc 9,38-40
A veces hay momentos que nos creemos los únicos salvadores y en posesión de la verdad. Fuera de nosotros y de la Iglesia no hay salvación y eso nos puede llevar a confundirnos y a permanecer equivocados. No parece que Jesús dice eso: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros».

Podemos deducir que todo aquel que haga el bien y tenga buenas intenciones de ayudar y de servir está del lado de Jesús, y, aunque, de forma ritual, esté fuera de la Iglesia, está muy cerca y bastante más dentro que muchos de los que nos creemos que la Iglesia es nuestra y de los que están con nosotros. Mucho cuidado, pues, Jesús en una ocasión también dijo: Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros - Mt 19, 30 -.

Es verdad que siempre hay quienes estén a favor y en contra, pero eso no significa que muchos que están alejado de la Iglesia, en cuanto a prácticas, preceptos y cumplimientos, no estén más cerca del Señor que los que están muchos que se consideran dentro y hasta poseedores de la verdad. Sucede que muchas veces estando dentro de la Iglesia tenemos dioses diferentes, porque nos formamos una idea de Dios según nuestro pensamiento y forma de ver las cosas.

Sólo hay un Dios, y ese Dios es el que nos ha revelado nuestro Señor Jesucristo. Un Dios liberador, que se compadece de los oprimidos, de los necesitados, de los que sufren y son marginados y excluidos. Un Dios que viene a dar Vida y a que tengamos la opción de decidir libremente el camino a seguir. El del bien o el del mal. Pero, nunca que seamos víctimas hasta el punto que nos inclinen a la fuerza a alejarnos de Dios. Porque, tanto se nos aleja del camino de Dios por la opresión y esclavitud como por el hedonismo y la corrupción.

martes, 26 de febrero de 2019

UNA PROPUESTA RECHAZADA

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Mc 9,30-37
La propuesta que nos hace Jesús no parece una propuesta bien acogida. Incomoda a los poderes religiosos de su propio pueblo y, Jesús que lo sabe, se siente amenazado y preve lo que le va a suceder. Por eso, trata de hacérselo saber a sus discípulos y ponerlos en aviso, pero, al parecer, ellos no se enteran porque están entretenidos en otros menesteres. Se disputan los primeros puestos en eso que ellos piensan que va a suceder. Están muy lejos de los pensamientos de Jesús y de lo que va a suceder.

También a nosotros nos puede estar sucediendo lo mismo. ¿Qué Dios tenemos en nuestra imaginación? Un Dios que se ajusta a la ley y leyes que muchas son injustas y ausentes de misericordia. Leyes que excluyen, marginan y oprimen en lugar de liberar. ¿Puede Dios aprobar y estar de acuerdo con esas leyes? Porque, el Dios que propone Jesús es un Dios liberador, un Dios que  ofrece y da vida y un Dios misericordioso.

Un Dios que se encarna en Naturaleza humana y hecho Hombre entrega su vida por y para darnos vida a todos los que en Él crean. Un Dios que será condenado y sufrirá Pasión y Muerte crucificado en la Cruz, pero que Resucitará. Un Dios que vencerá a la muerte y con ello nas dará vida en abundancia, gozosa y eterna. Un Dios que ha venido para servir y no para ser servido. Un Dios que se pone en el último lugar para poner la dignidad del hombre en el centro de todo y antes la ley.

Ese es el Dios que tendremos que descubrir. Un Dios que está por encima de la Ley y que nos da la oportunidad de tener nuestra propia voz y de defendernos, de exigir nuestros derechos como hijos del mismo Padre. Un Dios que ha enviado a su Hijo para darnos la oportunidad de expresarnos y de descubrir todas las injusticias a que nos someten las leyes de los hombres. Un Dios que es amor misericordioso y nos salva de la esclavitud del pecado.

lunes, 25 de febrero de 2019

LA FE SUPONE ORACIÓN

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No se entiende hablar de fe si detrás no hay una vida contemplativa y de oración, porque la fe se demuestra en y con la oración.   Esa es la explicación que da Jesús a los apóstoles: Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración».

Observamos que Jesús en todas sus intervenciones, previamente pide al Padre su aprobación y da su gratitud. Nos está señalando y enseñando el camino a seguir también por todos nosotros. Y es que sin oración quedamos a merced de nuestras  apetencias e instintos propios de nuestra naturaleza humana. 

Por y en nuestro bautismo hemos recibido al mismo Espíritu que recibió Jesús en el Jordán y, asistidos por Él, podemos hacer las mismas obras que hace Jesús - Juan 14, 12 -. La cuestión se esconde en nuestra actitud de fe: Le dijo: «Desde niño. Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros». Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!». Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!». 

Cuando la fe ha echado raíces profundas en nuestros corazones la oración toma una parte central en nuestras vidas. Sin la oración nos quedamos desguarnecidos, indefensos y a manos del diablo, que sin oración, nos puede y nos somete a los instintos de nuestra naturaleza y, por supuesto, al pecado. Por eso, nuestro camino debe ir directamente relacionado e interiorizado con la oración. Es nuestra arma y nuestra defensa. En y con ella los poderes del infierno no nos podrán porque tenemos la promesa del Señor.