miércoles, 20 de mayo de 2020

ESPÍRITU DE LA VERDAD, EN EL LUGAR DE JESÚS

Juan 16,12-15 - Parroquia Stella Maris (Málaga)El Espíritu de la Verdad viene a continuar la labor de Jesús. Nos acompaña y nos va iluminando todo aquello que ha quedado oscuro o incompleto en nuestra limitada mente, así como la asistencia a discernir todo lo nuevo que en el tiempo se nos va presentando.

Porque, nuestra vida es un camino donde se desarrolla y tiene lugar el proceso de nuestra fe. Una fe incipiente que necesita madurar por la Gracia de Dios, pues, la fe es un don de Dios.

El camino se hace imprevisible y exige tomar decisiones para las que el hombre necesita el auxilio del Espíritu de la Verdad. Y lo necesita porque, sujeto al pecado por su naturaleza humana, está incapacitado para liberarse del mismo. Necesita la fuerza liberadora del Espíritu Santo que, como lo hubiese hecho Jesús, ahora lo hace el Espíritu Santo. Por eso, le invocamos y le abrimos nuestro corazón para que nos ilumine, nos alumbre el camino y nos dé la sabiduría para pode discernir sabiamente y correctamente lo correcto, lo bueno y verdadero siguiendo la Voluntad de Dios.

Con los tiempos, las situaciones y circunstancias van cambiando y presentando nuevos retos y desafíos a los que hay que saber enfrentarse para discernir lo correcto siguiendo la Palabra de Dios. Y para eso experimentamos y necesitamos la presencia del Espíritu Santo. Un Espíritu Santo que había sido olvidado o, en su defecto, no muy presente en nuestras vidas. Hoy, es imprescindible su presencia en nuestro camino de perfección. Sin Él no podemos avanzar ni crecer. 

Nuestro Señor Jesús se ha ido para quedarse en el Espíritu Santo, que continúa su labor de acompañarnos, fortalecernos y auxiliarnos en el camino de maduración de nuestra fe. Esa fe que hemos recibido gratuitamente en la hora de nuestro bautismo y que, con la asistencia del Espíritu de la Verdad, irá creciendo en nosotros por la Gracia del Espíritu y nuestra disponibilidad a recibirla.

martes, 19 de mayo de 2020

ES NECESARIO QUE JESÚS SE VAYA PARA QUEDARSE

El camino a la salvación!: Juan 16, 5-11. Les conviene que yo me ...
Parece un contrasentido, irse para quedarse, pero es la realidad para el creyente desde la fe, don de Dios. Porque, sería disparatado que Jesús se quedase eternamente en la tierra. ¿Cómo entenderíamos a Jesús ahora con 2020 años? ¿Podrías imaginártelo? ¿Y qué sentido tendría nuestra fe? Era, pues, más que necesario que Jesús fuese a la derecha del Padre. Y también la única forma de quedarse para siempre entre nosotros de una forma espiritual - Espíritu de la Verdad - en todas partes y entre todos nosotros.

Ahora nos resultará más fácil encontrarlo y ponernos en contacto directo con Él. La Eucaristía es la forma de tocarle, de comerle y de alimentarnos espiritualmente de Él. Lo podemos ver en la Beata Catalina de Emmerick por poner un ejemplo, y lo podemos experimentar en cada uno de nosotros. Sólo necesitamos creer y dejarnos amar por su Infinito Amor. 

Es obvio que los apóstoles y los contemporáneos de su época lo tenían más difícil, porque, en ese tiempo Jesús, hecho hombre, no estaba en todas partes. Recordemos el episodio de la muerte de su amigo Lázaro. Sin embargo, ahora sí lo está y podemos hablar con Él en casa, en el templo y en cualquier lugar del planeta. Su Espíritu siempre nos acompañará y nos iluminará y nos dará la fortaleza y la sabiduría para dar testimonio de su Palabra con nuestra vida y obras. Obras, a pesar de ser pequeñas, llenas de buenas intenciones y con verdadero amor.

Transcribo literalmente estas palabras, tomadas del Evangelio de cada día, San Pablo - porque me parecen muy interesante y difícil de poder expresarlo mejor: Él es nuestra capacidad. Habita en la hondura de la creación integrándolo todo y bombeando el dinamismo de la vida, la bondad y la reconciliación frente pecado, la injusticia, los juicios cerrados que impiden las transformaciones personales e históricas. El Espíritu de Jesús nos anima a renovarlo todo hasta que todo quede unificado e integrado en el amor. Por eso, la fe está siempre en éxodo, en camino, en salida. Es dinamismo y apertura.

Y continúa diciendo : Por eso nada más contrario al Espíritu de Jesús que la instalación mental y espiritual de quienes le confesamos y la acomodación de la Iglesia al poder y los intereses dominantes.

lunes, 18 de mayo de 2020

CONTAMOS CONTIGO, ESPÍRITU SANTO

Catholic.net - Se conmovió y la amó profundamente
Jn 15,26—16,4
Nuestra confianza está puesta en el Espíritu de la Verdad, que nos fue prometido por Jesús: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho».

 El mismo Espíritu que acompañó a Él al desierto y a la oración en silencio; al servicio, a y para los demás; a la Cruz, entregando tu vida en cada instante por servir a los demás; al gozo y la alegría de saberse enviado por el Padre, hacer su Voluntad y permanecer, conociéndose glorificado por el Padre, Resucitado,  y a la comunión y unión con la comunidad, donde el Espíritu se hace presente, en y con la Iglesia, lugar donde tu amor encuentra la posibilidad de expresarse y concretarse.

Jesús consciente de nuestras limitaciones no nos deja solos.  Es obvio que tiene que irse, pues no puede permanecer con nosotros físicamente presente. Hoy tendría 2020 años y eso dejaría sin sentido la necesidad de la fe, pues, su sola presencia tan hermosa, poderosa y de gran autoridad bastaría para creer. Y la Voluntad del Padre ha sido darnos la libertad para, desde ella, tener la capacidad de elegir. Por eso, la fe nos es tan necesaria y con ella la confianza. Confiar en Jesús, no sólo en los momentos que todo viene bien sino, precisamente, en los momentos de cruz, de calvario, de oscuridad y hasta de confusión.

Para dar testimonio de nuestra fe necesitamos pruebas. No podemos afirmarnos en nuestra fe cuando todo viene bien rodado, sino cuando todo parece contradictorio y confuso. Y, precisamente, es para eso para que se haga presente el Espíritu Santo. Recordemos a los apóstoles en el cenáculo, ¿creen que hubiesen sido capaces de dar testimonio de Jesús sin la fuerza y la sabiduría del Espíritu? Igual nos sucede a nosotros, el Espíritu Santo nos acompaña, se queda con nosotros, y no para cruzarse de brazos, sino para impulsarnos, lanzarnos y fortalecernos en ese turbulento camino de tentaciones y dificultades donde nuestra fe y, sobre todo, confianza en nuestro Padre Dios necesita afirmarse, apuntalarse y perseverar.

domingo, 17 de mayo de 2020

CAMINAMOS EN EL ESPÍRITU SANTO

Os dará otro Paráclito (Jn 14,15-21)
Jn 14,15-21
Todo se hubiese venido abajo si de nosotros dependiera. Pero, por la Gracia de Dios, no es así y todo nuestro quehacer y obras están dirigidas e impulsadas por la acción del Espíritu Santo. Espíritu que nos fortalece y nos da el valor para ser pasibles y soportar todos los obstáculos y miserias que el mundo nos imponga o nos presente con el objetivo de apartarnos del seguimiento al Señor Jesús.

Nuestro bautismo nos da esa posibilidad de recibir al Espíritu Santo, para que, confirmado algo más tarde, en nuestra juventud, en el Sacramento de la confirmación, recibamos la fortaleza y sabiduría para proclamar con nuestra vida y obras la Buena Noticia de la Salvación. Porque, es el Espíritu Santo que continúa la obra evangelizadora de Jesús en cada uno de nosotros. De ahí la responsabilidad que tenemos de abrirnos a la acción del Espíritu Santo.

¿De dónde podemos tomar referencias y testimonios? Precisamente, de nuestra Madre, la Virgen María, porque, ella fue la primera testigo de la presencia y la venida del Dios hecho hombre a este mundo, y ella fue la primera humillada ante el Amor y la Grandeza de Dios sometiéndose libremente a su Voluntad. Porque, Dios no nos impone la Buena Noticia, sino que nos la ofrece y nos la regala. Y eso lo hace porque sabe que lo necesitamos. Todos buscamos la felicidad y esa tan buscada felicidad la experimentamos y la encontramos en el amor.

Para eso ha enviado a su Hijo, nuestro Señor Jesús, para enseñarnos el camino y la forma de darnos en servicio a los demás. En eso precisamente consiste el amor. Porque, el amor es la única arma con la que se puede conquistar el corazón del hombre para que  viva en la verdad y la justicia. Entonces, el mundo será mejor y más de acuerdo con la Voluntad de Dios. De ahí que su mandato sea que nos amemos los unos a los otros. ¿No crees que así se acabaría las injusticias?

sábado, 16 de mayo de 2020

RESCATADOS Y LIBERADOS

Sergio E. Valdez Sauad: SI EL MUNDO LOS ODIA...Juan 15,18-21.
Jn 15,18-21
Quizás no nos hemos dado cuenta todavía, pero vivimos en un mundo que nos impone, bien por herencia, por cultura o por el propio ambiente de nuestros orígenes humanos, sus criterios y sus razonamientos. De modo que, todo lo que hacemos lo entendemos como bien hecho y como lógico. Si yo doy, tendré también que recibir. Nada se da gratis, o, al menos, exige una retribución. Y lo que se da gratis deja pendiente favores futuros. Estos son los criterios mundanos de los que somos esclavos.

¿Por qué? Porque, en el fondo de nuestro corazón vive la impronta de nuestro verdadero amor y el origen de nuestro ser. Hemos sido creados para amar y no descansaremos hasta descubrir ese amor divino que subyace en nosotros desde la eternidad. Porque, Dios, nuestro Padre, nos ha creado desde el principio y a Él volveremos de nuevo. Por eso, el Señor ha venido a rescatarnos de este mundo al que, por la naturaleza de nuestro pecado, pertenecíamos. 

Él nos ha liberado y nos ha sacado de este mundo. Por tanto, ya no somos de este mundo y, por esa razón, seremos odiado por el mundo igual que nuestro Señor. Si a Él le han odiado hasta crucificarlo, también a nosotros nos perseguirán y odiarán hasta, a muchos, crucificar y matar. Pero, eso no nos coge de sorpresa porque nuestro Señor Jesús nos lo ha advertido: 
«Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado».

viernes, 15 de mayo de 2020

SIEMPRE UNIDOS AL SEÑOR

Cuál es tu parte favorita de este fragmento del Evangelio? (Juan ...
Jn 15,12-17
El Evangelio de estos últimos días, 13-14 y 15 de mayo, nos habla de lo mismo, de esa permanencia en el Señor sin la cual no podríamos obtener la cosecha y dar buenos y hermosos frutos. Dios te ha creado para que seas feliz. No entra en la buena lógica crearte para, luego, destruirte o hacerte infeliz. Dios te ha creado para compartir su Gloria contigo y que eso sea motivo de alabanzas y adoración hacia Él. Dios quiere tu felicidad sea eterna y compartida con Él.

Por y para eso ha enviado a su Hijo, para anunciarnos su Amor, su intención y su oferta de felicidad eterna junto a Él. Y, el Hijo, Jesús, nos lo ha transmitido así con hermosas parábolas - el Padre amoroso o el hijo prodigo, Lc 15, 11-32 - y también con su Amor desinteresado, gratuito y hasta el extremo de dar su Vida por cada uno de nosotros. Él, nuestro Señor Jesús, es el Camino, la Verdad y la Vida.

El Papa también nos lo decía ayer en su homilía de la Eucaristía en Santa Marta: Se hace necesario permanecer en el Señor, pero no una permanencia pasiva y dormida, sino activa y despierta. Una permanencia en actitud de escucha y de disponibilidad a dejarse mover por la acción del Espíritu y de entregarse plenamente a donde el Espíritu sople y requiera nuestra acción.

Un permanecer recíproco como resultado, decía el Papa, de que Dios actúa en ti en la medida que tú te abres a su acción. Porque, Dios, esto lo digo yo, responde en la medida que tú estás disponible a obedecerle y a confiar en Él. Cuando tú das un paso hacia adelante, Dios ya ha dado dos tendiéndote su Mano para que, donde tú no puedes llegar, Él te da su Mano para que llegues. Pero, siempre, recuerda, unido a Él, porque, sin Él nada puedes.

jueves, 14 de mayo de 2020

FECUNDOS Y NO EXITOSOS

6° Domingo de Pascua, 6 de Mayo 2018, Ciclo B - Capilla Santa Ana ...
Jn 15,9-17
El éxito crece rápido y, de la misma forma, desaparece. Éxito y fama aparecen con rapidez y con la misma rapidez desaparecen. La fecundidad es diferente. Ser fecundo significa dar frutos en el tiempo y con el tiempo, a través de la paciencia, de la humildad, de la poda de nuestras propias impaciencia y pecados. Ser fecundos exige desalojo, lucha y esfuerzos, a veces, en la oscuridad y confusión pero apoyados en la confianza.

El fruto exige primero que la semilla muera y, de la misma forma, nuestros frutos exigirán que salgamos de nosotros mismos para, dejando atrás nuestras apetencias y placeres, entregarnos al servicio de los que lo necesitan. Al preocuparnos por los que sufren y padecen la explotación y el abuso de otros, ya estamos tratando de dar frutos de amor. Porque, tras la preocupación viene la motivación a mirar por el bien de los demás. Un bien que nace del deseo interior en lo más profundo de nuestro corazón por colaborar con el bien, la justicia y la paz.

Nuestro propio árbol, que somos cada uno, necesita el ejercicio de la poda, para no secarse ni quedarse seco. Necesita vitalizarse con la savia que viene de la Vid - el Señor - y llenarse de esa fortaleza y vigor para que, el sarmiento - que soy yo - lleno de vida y de amor pueda germinar y dar fruto. Sin la Vid no puedo dar fruto, pero tampoco la Vid - porque así lo ha querido y dispuesto - lo puede dar sin el sarmiento. Gran misterio que, por ahora, no podemos entender, pero si experimentar. 

Porque, llenos de esa savia que viene del Cielo, podemos dar muchos buenos frutos para el bien de todos.