domingo, 31 de diciembre de 2023

EN LA VIDA ORDINARIA Y COMÚN COMO CUALQUIER FAMILIA.


Así vino Jesús, el Hijo de Dios al mundo y así creció como cualquier otro, sin diferencias ni privilegios. Eso sí, Hijo de Dios, encarnado en Naturaleza humana pasó por todos los tramites como cualquier otra familia, pero siempre según el Plan y Voluntad de Dios. Eso marca la diferencia respecto a otras familia.

¿Cuántas veces nosotros queremos imponer nuestra voluntad a la de Dios? Yo diría, hablando de mi propia familia, donde nací y crecí, que casi siempre según nuestra voluntad. Y también, de la que he formado con mi mujer más adelante, diría que casi siempre he seguido mi voluntad, o la he antepuesto, a la del Señor.

Posiblemente fuese consecuencia de un fe más débil, más hundida en las necesidades materiales, más sometida a los vicios y apegos propios de nuestra naturaleza herida por el pecado. Una fe que necesita crecer, fortalecerse y madurar y, en consecuencia, tiempo. Pero, de cualquier forma un camino que hoy vemos más claro, más decidido, más fortalecido y, por supuesto, más maduro.

En consecuencia experimentamos un crecimiento en conversión y una fe más firme y capaz de sostenerse en una actitud más solidaria, más dada a pensar en el otro y olvidarte de ti. Posiblemente sea ese ejemplo que nos brinda la Sagrada familia detrás de esos treinta años oculto en Nazaret. Una vida ordinaria, rutinaria en el trajín de los problemas que también hemos vivido cada uno de nosotros. Una vida desde un amor capaz de recomenzar cada día y de salir de su propio interés para ir al encuentro del otro.



sábado, 30 de diciembre de 2023

QUÍEN BUSCA ENCUENTRA

El refrán lo descubre claramente: «Quién busca encuentra» Y la experiencia lo confirma. Todos hemos experimentado que cuando nos empeñamos en algo terminamos por conseguirlo. Sobre todo si ese algo es algo – valga la redundancia – que está a nuestro alcance. Pues bien, el Reino de Dios está al alcance de todos porque Jesús, el Mesías prometido, ha venido a eso, a enseñarnos el camino para alcanzar el Reino de Dios.

El testimonio y vida de búsqueda que hoy nos pone el Evangelio – sobre la profetiza Ana – nos puede servir de ejemplo para fortalecer nuestro empeño por encontrarnos con el señor. Su vida fue una búsqueda incesante del Señor sirviéndose de todos los medios que tuvo a su alcance. ¿Y nosotros, utilizamos los medios – Sacramentos, oraciones, la Palabra y otros -  que están a nuestro alcance para ayudarnos a encontrarnos con el Señor? ¿Estamos empeñados en discernir, meditar, reflexionar y orar a fin de Señor?

No esperemos que cruzados de brazo y vamos a encontrarnos con el Señor. Ni tampoco que las cosas se nos aclaren tal y como deseamos sin poner todo lo que está a nuestro alcance. El camino de conversión nos exige esfuerzo, riesgo, confianza, fiarnos y creer en el Señor.

Y, sobre todo, estar atentos y expectante a los signos que, a lo largo del año, tanto el que termina como el que viene, se nos han ido regalando a través de los acontecimientos, de las personas o sucesos que han tocado nuestra vida. Estar en esa actitud expectante y en espera nos aviva y despierta nuestro corazón para poder ir aclarando el rostro, el amor y la misericordia de Dios nuestro Padre.

viernes, 29 de diciembre de 2023

NUESTRO GOZO SE ESCONDE EN NUESTRA RESURRECCIÓN ETERNA.

Es verdad, el gozo del Niño Dios nacido parece enturbiarse pronto con la profecía del anciano Simeón. ¿Cómo nos va a sentar bien que alguien nos diga que una espada de dolor va a atravesar nuestro corazón? Supongo que eso nos dejaría tocados por un buen tiempo. Pienso e imagino como le caería eso a María, tanto por su hijo como por ella misma.

El creyente y seguidor de Jesús tiene que saber que tras el dolor del camino y las luchas de cada día contra el ma,l está el gozo y la infinita alegría de la Resurrección eterna que celebramos cada domingo. Jesús, tras su Pasión y muerte, Resucitó para gloria del Padre. Y nos lo ha prometido también a todos aquellos que crean en Él. Una Resurrección para vivir eternamente en el gozo y la plena felicidad en la Gloria del Padre.

Ahora, ¿vale la pena recorrer ese camino? ¿Qué dirías tú? Supongo que no hay duda, ¡evidentemente, claro que vale la pena! Todos aspiramos y luchamos a brazo partido para eso, ser felices eternamente. Y Jesús, con su venida, pasión, muerte y Resurrección nos rescata de la esclavitud del pecado, nos libera y nos salva para el gozo eterno. ¿No es eso lo que realmente buscamos todos?

Quizás nuestros caminos son los equivocados y nuestra propia experiencia nos lo demuestra. No está nuestra salvación en este mundo, sino en el que Jesús, el Señor, nos propone. Ha venido para eso, y en Él nos regocijamos y fortalecemos para hacer también nuestro recorrido de salvación. Así lo percibió el anciano Simeón y, cumplida su misión, pidió ya descansar en paz porque había visto al Salvador. Y, alumbrado por el Espíritu Santo, profetizó el camino que Jesús, ese Niño encarnado en naturaleza humana, había de recorrer para salvación de muchos.

jueves, 28 de diciembre de 2023

DE VUELTA A EGIPTO

Parece una simple coincidencia pero está escrito y se cumple a su tiempo y hora. Aquel José, hijo de Jacob, repudiado por sus hermanos, encontró refugio y cobijo en Egipto. Ahora, otro José, de la tribu de David, huye a refugiarse en Egipto para salvar, no ya su propia vida, sino la de su esposa María y, sobre todo, la del Salvador de Israel, su hijo Jesús.

Llegada su hora, Jesús, nuevo Moisés, es llamado de Egipto para volver a Nazaret, cumpliendo así el oráculo de los Profetas. Todo trascurre como había sido profetizado y eso nos adentra en el conocimiento que fortalece nuestra fe. Porque, esta historia de Jesús no es una historia más, sino una historia ya contada en la voz de los Profetas. El último, Juan el Bautista, lo señala claramente hasta el punto de prepararle el camino a su venida. ¿Acaso no es todo esto un milagro tras otro?; ¿una prueba tras otra? Aquellos que buscan pruebas, ¿no las tienen delante de sus propias narices?

El camino del creyente en Jesús de Nazaret es un camino de lucha, de conversión permanente, de gozo y alegría al saberse triunfante, porque a pesar de las persecuciones, sufrimientos y muerte, sabemos que la última palabra es la del Señor. Y eso es Palabra de Vida Eterna.

miércoles, 27 de diciembre de 2023

TESTIMONIO DE FE

No cabe ninguna duda que para creer en alguien, primero hay que conocerle. Será, pues, condición sine qua non conocerle. Es de sabio, pues, saber que sin conocer a Jesús no puedes abrirle tu corazón a la fe y, por tanto, creer en Él.

La fe de los apóstoles y discípulos nace de sus cercanías con el Señor. Estar a su lado, oírle y escucharle despierta tu interés en conocerle y te motiva e invita a seguirle. Es verdad que la fe es un don de Dios y solo puede venir de Él, pero, también es verdad que a ti como a mí nos toca buscarla, pedirla y esforzarnos en recibirla. Porque, el Señor la da a quienes se abren a ella y escuchan su Palabra.

¿Por qué creen Pedro y Juan? Ellos al parecer hasta esos momentos tienen duda. Habían pasado unos tres años aproximadamente con el Señor. Le habían oído y escuchado, e incluso presenciado muchos milagros. Sin embargo, llegado el momento de la crucifixión se les derrumba esa aparente fe que al parecer tenían.

Su propia experiencia les pone en el camino de la fe. Avisados por Magdalena de que el Cuerpo de Jesús no está en el sepulcro, Pedro y Juan, tal como narra el pasaje evangélico, corren hacia el sepulcro. Fue precisamente aquel domingo de Resurrección, día escogido por el Señor para manifestar su Gloria al Padre, cuando Pedro y Juan entiende esa Palabra que tanto habían escuchado y que no habían asimilado. Se dan cuenta de quien es realmente el Señor. Sus corazones quedan llenos de fe y se abren en adelante a la acción del Espíritu Santo.

¿Estamos nosotros en esa dinámica? ¿Sabemos realmente quién es el Señor?  ¿Le buscamos, escuchamos a diario su Palabra? ¿Nos acercamos, le tratamos y, conociéndole, tratamos de seguirle? Dar respuestas a esas preguntas nos ayudarán, como a Pedro y Juan, a saber realmente a quién seguimos.

martes, 26 de diciembre de 2023

MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIO (Mt 9, 12-13)

El camino está trazado desde el nacimiento del Niño Dios en el pesebre de Belén. Nace en el silencio de la noche y sin ruidos ni fuegos artificiales. Solo cantan los ángeles y se les anuncia a los pastores cuyas voces no tienen ni crédito ni capacidad para influir y llegar al mundo. Sin embargo, hay gozo y alegría entre todos aquellos que descubren que el Mesías esperado nace en Belén.

Y cada año se repite la celebración de ese Misterio que se renueva cada día en el corazón de los hombres que creen, esperan y empiezan cada día una nueva aventura de renovar sus corazones en la Palabra y el Amor Misericordioso de ese Dios hecho hombre.

Tras esa venida se esconde un camino de gozo pero también de sacrificio. Amar y vivir en una actitud misericordiosa exige, y causa en muchos momentos, dolor y sufrimiento. Es el camino de Pasión que ese Niño Dios al que hoy cantan en Belén, mañana será causa y motivo de confrontación, luchas, divisiones, guerras y muertes. Camino de cruz al que la Iglesia da su punto de partida con el martirio de san Esteban.

Hoy esta pasando algo parecido, si no más fuerte e intenso. Muchos cristianos son perseguidos y amenazados de muerte. Desde todos los ambitos sociales (familia, amigos, trabajos...etc.) hasta los políticos, razas, pueblos, ideologías...etc.). Los medios, sobre todos algunos de los más importantes, no parece prestarle mucha atención. Igual no les interesa que se sepa o quieren que la Iglesia sea perseguida y borrada del mundo. El cristiano tiene que saber que será perseguido e incluso martirizado, pero dentro de su fe está esa posibilidad de entregar la vida como lo hizo su fundador, nuestro Señor Jesús, ese Niño del que hace unos días celebrábamos su nacimiento.

lunes, 25 de diciembre de 2023

LA PALABRA SE HIZO CARNE

Dios ha querido hacerse hombre de carne como nosotros y venir a este mundo para desde una naturaleza humana como la nuestra anunciarnos el amor misericordioso que nos tiene y el deseo de rescatar nuestra dignidad – perdida por el pecado – para devolvernos nuestra condición de hijos y gozar de su gloria.

Dios se encarna en un Niño, y nace de mujer en una familia humilde en el silencio de la noche, en un pesebre apartado, sin llamar la atención, sin estrépitos ni signos espectaculares que llamen la atención. Un nacimiento del que solo algunos pastores, avisados por los ángeles, son invitados. Un nacimiento que el mundo no percibe,

Y viene la pregunta, ¿lo percibimos nosotros? ¿Nos damos cuenta de lo que realmente celebramos? ¿O simplemente somos ovejas del rebaño que caminan al ritmo, no de María y José, sino de Herodes y el pueblo de Israel que ignora el nacimiento del Mesías esperado? ¿Dónde estamos nosotros en este momento de la celebración navideña?

Supongo y creo firmemente que esa es la pregunta que debemos hacernos. Pero, serenos y tranquilos. Sin exigirnos más de lo que podamos y teniendo siempre en cuenta que Dios, primera Persona, el Hijo, segunda Persona – el Niño encarnado – y el Espíritu Santo, tercera Persona, quieren y buscan nuestra salvación. Son infinitamente misericordiosos y nos tienden sus brazos para redimirnos en los méritos del Hijo con su Pasión, muerte y Resurrección.

Por tanto, a nosotros, como María, nuestra Madre, solo nos toca abrirnos a la acción del Espíritu Santo y dejar que Él haga maravillas en nosotros convirtiendo nuestro endurecido corazón a su Amor Misericordioso.


¡¡FELIZ NAVIDAD!!