lunes, 24 de febrero de 2014

NECESIDAD DE ORAR

(Mc 9,14-29)


Hoy, la Palabra de Dios, nos descubre y nos anima a orar. La oración valorada como el arma principal para ir contra el mal que ocasiona el diablo. No podemos enfrentarnos nosotros por nosotros mismos, sino que siempre tendremos que recurrir a la oración para que en la intimidad con el Señor nuestra súplica llegue al Padre y su poder derrote al Maligno.

Por eso debemos orar y orar. Orar y pedir al Señor fortaleza, sabiduría y poder para contrarrestar los males que el diablo, en los hombres que se someten a él, están haciendo en el mundo: aborto, eutanasia, pederastia, ideología de género, familias...

Pero una oración confiada y segura de que el Señor actuará para iluminar a los hombres que ciegos por el pecado se someten al poder del Príncipe de este mundo. No obstante, experimentamos que el corazón del hombre exulta gozo por la verdad y ama la verdad. El mundo, a pesar del mal que ocasiona el pecado y el demonio, se sostiene por el Amor de Dios y los hombres buscan ese amor.

No dejemos de rezar unidos en la fe y la esperanza de que el Señor nos escucha y nos atiende.

domingo, 23 de febrero de 2014

AMOR CONTRA ODIO

(Mt 5, 38-48)


El criterio humano está en responder a una ofensa con otra ofensa. Considera el equilibrio en responder con la misma moneda. Es el "ojo por ojo" de la antigua ley, pero que hoy aunque solapado y escondido sigue reinando en el corazón del hombre. Observamos que la sociedad es reflejo de ese criterio y que el hombre busca solucionar la ofensa con otra ofensa.

A todo esto, Jesús nos propone la ley del amor. El amor como arma y medida contra el odio y las ofensas de este mundo. En la oración del Padre nuestro, Jesús nos enseña como hemos de orar y esforzarnos en vivir esa oración en nuestra vida: "Perdónanos nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden..."

En la medida que nosotros seamos capaces de perdonar a los que nos han ofendido, seremos también perdonados. Y es que la única forma de restablecer el amor es con el perdón. El perdón es el pegamento que une a las personas y establece la concordia y la paz. Y, obviamente, para perdonar hay primero que amar.

No perder de vista que nuestro Padre Dios nos perdona todos nuestros pecados, nos puede ayudar a perdonar también nosotros a los que nos ofenden.

sábado, 22 de febrero de 2014

¿RESPONDO AL SEÑOR?

(Mt 16,13-19)


Jesús quiere nuestra libre respuesta. Se nos ha dado, por Voluntad del Padre, la capacidad de decidir, y hoy Jesús le pregunta a los doce sobre Él: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». 

Sin embargo, lo que importa ahora es lo que respondes tú y respondo yo. ¿Quién es Jesús para nosotros? ¿Es alguien importante a quién admiramos y seguimos de lejos? ¿Es alguien notable e importante en la historia de la humanidad?, ¿o es el Señor, Hijo de Dios Padre verdadero a quién sigo sin condiciones y entrego mi vida?

¿Es Jesús el motor de mi vida donde vuelco todas mis esperanzas y anhelos? ¿Es Jesús el Ideal que colma todas mis aspiraciones y al que abro mi corazón para que actúe según su Voluntad?

Dame Padre la Gracia de que mi vida sea testimonio y respuesta a la pregunta que tu Hijo Jesús me hace hoy.

viernes, 21 de febrero de 2014

YO SEÑOR QUIERO SEGUIRTE

(Mc 8,34-9,1)


La mayor parte de mi vida Tú Señor has sido mi meta. Desde muy temprano mis inquietudes nacían de vivir según tu Voluntad. Pronto, en la adolescencia, descubrí eso que Tú me dices hoy: "¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Y hoy descubro que has sido tu Espíritu quien me ha guiado y ha inquietado mi alma.

Primero te doy gracias, Dios mío, y después reafirmo hoy, a los 68 años de mi vida, mi seguimiento total a Ti y sin condiciones, porque Tú, Señor, tampoco me pones ninguna. Eso sí, siempre pidiéndote y contando con tu Gracia para poder seguir tus pasos, pues Tú sabes quién soy y lo pecador que soy. Yo, Señor, ¿qué puedo hacer? 

Te entrego toda mi miseria, todos esos innumerables fallos que he dejado detrás de Ti al esforzarme en seguirte. Todos mis cambios de pasos y mis fracasos. Mis pérdidas de tus huellas y todos mis pecados. Te sigo y continuo con esperanza porque de Ti he aprendido que Tú lo que quieres son mis pecados, y yo lo único que tengo para darte son también mis pecados.

Has venido para eso, para lavar y limpiarme de mis pecados. Es lo que me pides porque es lo único que no tienes. Tú, Señor, eres Inmaculado, limpio de toda mancha, Infinitamente Bondad y Amor. Y yo pecador que te entrega sus pecados y mi libre y voluntario arrepentimiento que, por tu Gracia, me has concedido decidir. Por eso te pido fuerzas, voluntad y sabiduría para negarme y soportar mi cruz caminando detrás de Ti.

Tú, Señor, eres mi poder y mi fuerza, y contigo podré vencer mi pobre humanidad caída por el pecado.

jueves, 20 de febrero de 2014

EL SEÑOR NOS CUIDA E INTERPELA

(Mc 8,27-33)


Te gusta que te diga que te quiere, diríamos. se me ocurre ahora, la frase de las tres "t": te gusta; te diga; te quiere. Y aunque lo sabes necesitas que de vez en cuando te lo repita o te lo recuerde. Quizás por nuestras debilidades estamos deseosos de que nos den prueba de amor con bastante frecuencia.

Supongo que el Señor, sabiendo todo lo que se decía de Él y todas las murmuraciones que se oían, preguntó a sus discípulos que pensaban ellos acerca de su Persona. Ellos constestan con evasivas porque hablan de lo que se oye y dicen otros. Pero Jesús vuelve y les repite: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo». 

Hoy, Jesús, también nos pregunta a nosotros sobre su Persona, y nos pide una respuesta. Respuesta que pasa por muchas pruebas por las que pasamos y en muchas ocasiones no entendemos o se debilita nuestra fe. Siempre tenemos la duda detrás de la puerta y necesitamos esos toques de amor que el Señor nos da y nos advierte que Él está ahí.

Por eso, Señor, te respondemos con un sí decidido y firme que queremos seguirte y confiamos en Ti. Danos las fuerzas para no desfallecer y aumenta nuestra fe.

miércoles, 19 de febrero de 2014

¿QUÉ LUZ ME INTERESA VER?

(Mc 8,22-26)
 
No cabe duda que a bote pronto deseamos ver la luz del sol y todo lo que ella alumbra. Ver a mis familiares, a mis amigos, el campo, las flores y todo lo que se mueve a su derredor. Ver es muy hermoso, pero, ¿qué relamente interesa ver?

No vamos a negar que nos encanta ver lo dicho anteriormente, pero Jesús nos quiere hoy hacer pensar que la Luz más importante es Él y la que verdaderamente importa ver. Y para eso necesitamos abstraernos, apartarnos de las cosas de este mundo y buscar espacios de silencio y serenidad donde encontrar al Señor y poder escucharle.

Por nuestros propios ojos que damos deslumbrados y el mundo nos ofrece verdaderas maravillas. Son apetencias que el demonio usa para apartarnos de la escucha atenta del Señor y de la verdadera Luz. La paradoja de la luz del mundo, aparentemente hermosa, pero que nos oscurece el camino, y la Luz que aunque empieza por poco y algo borroso, en la presencia del Señor se hace clara y hermosa.

Seamos pacientes y dóciles a la Palabra del Señor y déjemonos alumbrar por la Luz que viene de sus Manos.

martes, 18 de febrero de 2014

SÓLO VEMOS LO QUE TENEMOS DELANTE

(Mc 8,14-21)


Sucede que no tenemos ojos sino para la necesidad que se nos pone delante. Observamos que nos faltan provisiones y perdemos de vista lo demás quedando sólo preocupados por eso. Ese les ocurrió a los apóstoles, se olvidaron por el problema de la  escasez de pan de que iban con Jesús. 

Sus mentes no se separaban del problema de la falta de pan. Posiblemente nos ocurre también a nosotros lo mismo. Estamos preocupados por muchas cosas que necesitamos o que deseamos, y nos olvidamos de los peligros que nos acechan tentándonos a ofrecérnoslo a cambio de alejarnos de la verdadera necesidad: "Sólo Dios basta".

Y viéndolos distraídos y con la mente embotada, Jesús les dice: «¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?». «Doce», le dicen. «Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?» Le dicen: «Siete». Y continuó: «¿Aún no entendéis?».

¿No nos ocurre a nosotros lo mismo que los apóstoles? Pedimos pan al Señor, pero el Señor nos advierte de otras cosas más importante y más peligrosas. ¿Acaso no creemos que el Señor proveerá nuestra comida y nuestro trabajo? Sin embargo, sostener nuestra fe y amistad con Él es el principal alimento que debemos guardar y pedir.

Aunque estamos atrapados por nuestra humanidad, pidamos al Señor que nos dé la sabiduría de saber elegir escucharle y seguirle por encima de otras necesidades.