martes, 12 de junio de 2018

EL SABOR DE LA VIDA

Resultado de imagen de Mt 5,13-16
Mt 5,13-16
La vida tiene sabor si se le busca su sentido. Porque, una vida a la deriva y sin saber bien el rumbo de su propio destino, pierde su sabor y también su sentido. La tendencia innata en el hombre y la mujer es buscar al felicidad. Es decir, el bienestar y el gusto de sentirse cómodo y placentero, pero la experiencia es que en este mundo que vivimos todo lo que se consigue de gusto y placer se evapora rápidamente.

Es cierto que lo que gusta da placer, porque lo que no te gusta te desagrada y, por lo tanto, no te a placer. El placer empieza por el gusto, pero el gusto empieza a convertirse en placer o gozo cuando encuentra su propio sentido y su verdadero camino. No te da gusto, al menos termina mal y con resentimiento y remordimiento de conciencia cuando te deleitas en algo que reconoces que está mal, que es abusivo para otros o que sometes e impones tu voluntad para conseguir esas situaciones plancenteras. Al final todo eso se convierte en lo contrario.

Sólo lo que encuentra su verdadero sentido y hace bien a los demás es lo que te hace gozar de la vida. Es decir, darle sabor a la vida, aunque te exija esfuerzos y compromisos que, en muchos momentos la complican. Es ese sabor, que da tu propia sal al mundo que te rodea, lo que hace la vida hermosa y la llena de verdadero gusto. Entonces, encuentra su sentido, su camino, su rumbo y orientación y el camino se hace gozoso y placentero, a pesar de las dificultades, obstáculos y sufrimientos.

Y, entonces, se hace la luz. El sentido llena, no sólo de gozo y sabor nuestra vida, sino que la ilumina también y le alumbra la ruta de sus pasos y de su destino. Cuando encuentras la meta de tu vida, Camino, Verdad y Vida, tu existencia es gustosa e iluminada, y tus pasos son más firmes y seguros.

lunes, 11 de junio de 2018

FELICES PORQUE ESE CAMINO DE ADVERSIDAD Y SUFRIMIENTO SE TORNARÁ EN DICHA Y ETERNIDAD

Resultado de imagen de Mt 5,1-12
Mt 5,1-12
Nadie puede querer pasarlo mal. Al contrario, todos queremos ser felices y disfrutar de los sentidos, de las cosas buenas de la vida y del placer que podamos obtener en esos buenos momentos de la vida en la verdad y la justicia. Todos experimentamos ese deseo eterno de felicidad, pero, la verdad es que en esta vida no llega. O, dicho de otra manera, se esfuma y evapora muy rápido que no llegamos a disfrutar plenamente.

Por otro lado, experimentamos que esa felicidad que podamos disfrutar es transitoria y no nos llena plenamente. Nos gustaría que otros, que lo pasa mal y sufren, pudieran también disfrutar. Sentimos pena y compasión de los pobres que pasan miserias; de los que sufren; de los que lloran y padecen injusticias; de los que padecen hambre y sed de justicia... Sí, no nos quedamos tranquilos con nuestro bienestar porque intuimos que este no durará mucho.

Y es que nos experimentamos mejor cuando sufrimos, cuando lloramos, cuando padecemos y cuando luchamos por construir un mundo mejor. Cuando compartimos el sufrimiento de los demás, a pesar de nuestros sacrificios y dolores; a pesar de pasarlo mal y de también nosotros llorar y padecer y sufrir incomodidades; cuando luchamos y nos arriesgamos a ser maltratados e insultados por defender la verdad, la vida, la justicia y eso nos trae pasar hambre y sed de justicia. Cuando, a pesar de ser insultados y mal tratados, somos misericordiosos y damos nuestro perdón.

Es verdad, nos sentimos mejor en estas situaciones porque experimentamos que esta actitud será revertida y se convertirá en lo que realmente queremos, eterna felicidad. Y es que realmente ya lo experimentamos dentro de nosotros mismos. A pesar del dolor y los padecimientos, sentimos en lo más profundo de nuestro ser, paz y gozo. Sí, el Señor no se equivoca, somos bienaventurados cuando realmente sufrimos por amor buscando el bien de los demás.

domingo, 10 de junio de 2018

CON Y EN JESÚS TODO SE SUPERA

Resultado de imagen de Mc 3,20-35
Cuando se quiere buscar alguna disculpa o razón que justifique nuestra defensa o arrogancia siempre se encuentra. Aquella gente, los letrados no aceptaban que un judío cualquiera les pudiera poner en entredicho su poder y su mando absoluto en la religión de su pueblo. Ellos eran los amos y los que tenían la verdad y el poder absoluto. No se les podía discutir.

Sin embargo, el pueblo le seguía hasta el punto de aglomerarse junto a Él que no les dejaban comer. Los letrados impulsados por su envidia y viendo que Jesús les quitaba la clientela y la autoridad, por expresarlo de alguna manera, le acusan de expulsar espíritu inmundo en nombre del demonio. Enorme disparate que no guarda coherencia ni se sostiene por sí mismo. 

La respuesta de Jesús es la correcta: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin.

Es de sentido común que nadie puede hacerse la guerra a sí mismo, pues el mismo se destruiría. Pero, deja sentada otra cosa muy importante. No puedes entrar en casa del fuerte y saquear su ajuar si antes no le atas. Porque, de no hacerlo él te lo impediría. Con eso el Señor deja sentada su autoridad y su poder sobre el demonio. En y con Él vencemos los poderes del mal y quedamos libres para hacer el bien.

Porque, todo aquel que se cierre a la verdad y al bien y a la acción del Espíritu Santo impide que sea iluminado y perdonado. El perdón que Dios te da necesita una condición que sólo tú le puedes dar. Se trata del arrepentimiento. Para ser perdonado, no importa el pecado que sea, necesitas reconocerlo y arrepentirte, y conseguirás la Misericordia de Dios.

sábado, 9 de junio de 2018

DOLOR DE CORAZÓN

Resultado de imagen de (Lc 2,41-51
(Lc 2,41-51
Uno empieza a darse cuenta del sufrimiento y del dolor cuando adquiere el rol de padre o de madre, y empieza a comprender a sus propios padres. Sobre todo a la madre, la que por su papel de gestora de la vida en su propio vientre está más cerca vitalmente de las emociones, sensibilidades y ternura del hijo. Desde esa perspectiva comprendemos el dolor de María y José.

Pero también, comprendemos la ternura y compasión de una madre que, por el hecho de ofrecer y donar su vientre para la vida intrauteria, experimenta más sensibilidad, más ternura, más compasión más interacción con el hijo y, por supuesto, experimenta también más el sufrimiento y el dolor. Hoy, día del Corazón Inmaculado de María, queremos centrarnos en ella, la Madre, ejemplo de fidelidad y obediencia a la Voluntad de Dios.

María, como sufriente, profetizado ya desde la presentación del Niño Jesús en el Templo por el anciano Simeón. ¿Podemos entender como recibió María esa respuesta que hoy nos relata el Evangelio?  «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». ¿Podemos entender su dolor? Recibir una respuesta así puede resultar desconcertante y hasta sorprendente. Y, por supuesto, sin entender nada al respecto. 

Es doloroso cuando al mismo tiempo se percibe que está próximo la hora de que el Hijo empieza a distanciarse y a dar señales de gestos que no llegas a comprender. Asumir estas circunstancias hace sufrir al corazón y cargarlo de esos interrogantes te hace costoso y difícil sostenerte en la fidelidad y confianza. Sin embargo, María persevera y camina junto a su Hijo. Ella, elegida por Dios para ser la Madre, persevera fiel a su Voluntad y sufre en silencio el mismo silencio de Dios.

Miremos a María con esa mirada de tratar de imitarla y de buena intención, para esforzarnos en seguir su ejemplo y de, también nosotros, interrogarnos respecto a la misión que nos toca a nosotros cumplir.

viernes, 8 de junio de 2018

TODO SE CUMPLE

Resultado de imagen de Jn 19,31-37
Jn 19,31-37
Todo estaba profetizado y todo se cumplió como se había dicho. Jesús estaba muerto y decidieron no quebrarles las piernas. Así lo narra el Evangelio de hoy: En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado —porque aquel sábado era muy solemne— rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con Él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino...

Es de suma importancia dejar sentado y comprobado que Jesús murió, porque, para resucitar se necesita antes morir. La muerte se llena de esperanza y de gloria para el creyente, porque es la puerta y la llave para entrar en la Gloria y en la Eternidad junto al Padre. Así lo creemos los que tratamos de seguir al Señor confiados plenamente en su Palabra. Dios, que ha mantenido la promesa de resucitar a su Hijo, mantendrá también la segunda promesa: nos resucitará también a nosotros y nos elevará a su propia diestra. Pero pone una condición mínima: creer en Él y dejarnos salvar por Él. Dios no impone a nadie su amor en detrimento de la humana libertad. [ComentarioP. Raimondo M. SORGIA Mannai OP (San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)].

Hoy celebramos la festividad del Sagrado Corazón de Jesús, ese corazón que atravesado por una lanza desprendió sangre y agua. Sangre que borra nuestros pecados y nos redime, y agua que los purifica y nos limpia en el bautismo. Y a Él no confiamos poniéndonos en su Manos.

jueves, 7 de junio de 2018

EL VALOR DE LOS HOLOCAUSTOS Y SACRIFICIOS

Resultado de imagen de Mc 12,28-34
Mc 12,28-34
Con frecuencia confundimos lo fundamental con lo accidental y le damos más importancia o más valor a lo que es consecuencia que a la esencia y sello del ser creyente. Porque, nada de los actos religiosos que hagamos tienen valor si realmente no son consecuencia del amor. De un amor que emana del único y verdadero Amor que es Dios. 

Porque, para darnos de manera total e íntegra necesitamos la fuerza del Amor Absoluto que nos alimenta y nos capacita con su Espíritu y Gracia para amar como Él nos ama. Nada de lo que hagamos en favor de los otros será valioso si no está bañado de ese amor generoso, gratuito que busca el bien desinteresado del otro. Esa es la realidad de nuestra vida y lo que observamos a nuestro alrededor.

Solemos decir que nadie da nada gratis y así parece suceder en la vida de cada día. Nos sorprendemos cuando observamos que alguien se da desinteresadamente y gratuitamente y pensamos que esa persona debe ser creyente y consecuente con su fe. Porque, una cosas son las prácticas y la liturgia, y otra muy distinta es la aplicación de tu fe en la realidad de tu vida de cada día. No, por el hecho de practicar y orar das testimonio de tu fe, sino cuando esa fe aterriza en la vida y se hace amor con obras. Es entonces cuando realmente el testimonio y el ejemplo se contagia y se hace verdad.

Sucede que nuestra vida va muy por debajo de lo que nos gustaría, y que no hacemos lo que pensamos que deberíamos hacer. Nos confesamos pecadores y no nos debemos desanimar porque comprobemos que eso sea verdad y se haga realidad. No damos el nivel y a muy pesar nuestro no contagiamos nuestra fe. El Señor, a pesar de que lo ve y lo sabe, sigue confiando en nosotros y mantiene sus brazos abiertos a nuestra conversión y espera pacientemente a que nos dispongamos a mejorar. 

Claro, necesitamos mucha oración, mucho acercamiento y confianza en que Él nos transforme y, también, a dejarnos nosotros transformar. Necesitamos abrirnos a su Gracia y a dejar al Espíritu Santo entrar en nuestro corazón y movernos. Necesitamos, como los niños, dejarnos guiar por nuestro Padre del Cielo y, conociéndole, amarlo más para también amar al prójimo.

miércoles, 6 de junio de 2018

LO ABSURDO DE NUESTRA INTELIGENCIA

Resultado de imagen de Mc 12,18-27
Mc 12,18-27

El hombre razona y deduce sus consecuencias, pero lo hace desde su pequeñez y mentalidad humana. Porque, el hombre es una criatura y no ve más que lo que tiene delante, y muchas veces ni eso llega a ver. Por lo tanto, no comprende ni alcanza a comprender los planes que Dios tiene después de la Resurrección. El mundo será diferente, inexplicable e incomprendido para nosotros.

No será un mundo pensado como camino de salvación para el hombre. Para eso ya tenemos este, un mundo de familias, de matrimonios, de leviratos, herencias, segundas nupcias y todas las relaciones sociales y de convivencia por las que el hombre se ha desviado y corrompido. No, será un mundo diferente, sólo pensado por Dios e ininteligible para el hombre de hoy. Nunca podremos comprenderlo hasta que estemos en él y en la presencia de Dios.

Como tampoco comprendemos la resurrección, problema de aquellos saduceos que, acercándose a Jesús, le habían planteado ese problema exponiéndole un caso extraño y complicado, fantasioso mejor, pero que Jesús resolvió con la autoridad de siempre: En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero...

Aspiramos a un mundo mejor. Un mundo donde la vida sea eterna y plena de felicidad. Un mundo donde no haya sufrimiento ni carencia de ningún tipo. Un mundo del que nos ha hablado Jesús, el Hijo de Dios, y al que Él ha regresado a prepararnos una mansión para llevarnos con El -Jn 14, 1-3-. 

Tenemos un Dios eterno, un Dios de vivos, un Dios que ha existido siempre y que, como Dios que es, está fuera de nuestra comprensión, pero que en Él depositamos nuestra fe y nuestra esperanza, porque su impronta y su imagen está sellada dentro de nuestro corazón.