viernes, 3 de mayo de 2019

JESÚS, ROSTRO DEL PADRE

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En la medida que conocemos a Jesús vamos conociendo al Padre. Porque, Jesús es el rostro de Dios Padre y con su Vida nos va enseñando y mostrando como nos quiere el Padre y lo que nos tiene preparado para aquellos que creen en el Hijo, que Él ha enviado para decirnos lo que nos ama.

Todos llevamos grabados en nuestros corazones el amor de Dios. La huella de su amor está impresa en nuestro corazón y también su Alianza con cada uno de nosotros - Jer 31, 31-33 - y, quieras o no, vayas despistados o no, o no quieras darte cuenta, llegará la hora de tu encuentro inevitable con el Señor. Por tanto, conviene conocerle y estar a bien con Él.

Para eso te ha creado libre, para que seas tú mismo quien decida estar a su lado o contra Él. Hoy les descubre a los apóstoles su verdadero Rostro: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto» 

Y a las Palabras de Felipe responde: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Nuestra vida es un gran privilegio y debemos aprovecharla. Nuestro tiempo es un regalo inmenso de Dios que debemos aprovechar, porque se puede acabar en un instante. Y no sabemos. Por tanto, abramos nuestro corazón a su Palabra y creamos en Él. Fíate de su Palabra, es el mejor Camino para tu vida.

jueves, 2 de mayo de 2019

LA OPORTUNIDAD DE CREER

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Jn 3,31-36
Tu tiempo es ahora y debes de cuidarlo y aprovecharlo. Tu vida tiene un tiempo y ese es tu tiempo de salvación. No conviene gastarlo inútilmente y de manera indiferente, distraida, superficial y en cosas vanas y vacías. Ese tiempo representa tu gran oportunidad de ponerte en Manos de Dios a través de su Hijo, el enviado, el Mesías que nos da todo lo que su Padre le ha dado. Creer en su Palabra es tomar el verdadero camino de salvación para alcanzar la Vida Eterna en plenitud, que es precisamente lo que todos buscamos.

Y, aunque todo lo que tienes lo has recibido gratuitamente y sin condiciones, dependerá de ti y sólo de ti el que tu elijas lo mejor, que es precisamente tu salvación. Y esa salvación no está en las cosas de aquí abajo, como hoy te descubre, te enseña y te lo dice el Evangelio, sino en mirar y levantar la mirada hacia arriba, porque es de arriba de donde nos viene la salvación: El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida.

Aquí abajo no hay nada que nos pueda dar lo que buscamos, y menos nuestra verdadera y anhelada salvación. Porque, tú y yo queremos salvarnos, pero no salvarnos unos años sino siempre. Es decir, la eternidad. Y esa nos viene dada de arriba, del que viene de arriba. Del que ha venido y nos ha revelado el amor del Padre. Por lo tanto, buscar lo de arriba es creer en la Palabra de Dios revelada por nuestro Señor Jesucristo, el Hijo predilecto en el que el Padre pone toda su complacencia.

Aprovechemos nuestro tiempo, regalo inmerecido de Dios, para, entregando libremente nuestra vida al servicio de la Palabra de Dios, podamos aspirar a todo lo que viene de arriba y alcanzar la Vida Eterna que nuestro Padre Dios nos regala gratuitamente y sin condiciones.

miércoles, 1 de mayo de 2019

LA LUZ NOS DEJA VER CON CLARIDAD

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El Evangelio de hoy nos abre la mente. Claro, a quienes quieren abrirla y mirar de frente la Verdad. El Amor de Dios es Infinito y no está a nuestro alcance entenderlo. Es un hermoso y maravilloso misterio, porque todo lo que se desprende de él es bueno, agradable, apetecido, gozoso y no acabaríamos de ponerles epítetos tan hermosos y extraordinarios que nos suenan a música celestial. 

Dios nos ama tanto que nos ha creado para hacernos la vida agradable, gozosa y eterna. La realidad es que no sabemos ni cómo expresarlo. Es algo que ni siquiera podemos llegar a imaginarnos. Y ese amor es tan grande que, condenados ya por el pecado, encarnándose se ha hecho Hombre y ha bajado a este mundo para, igualándose como nosotros, acompañarnos a encontrar el único y verdadero camino de regreso a la Casa del Padre.

Pero, y aquí está la clave de la cuestión, no ha querido imponernos esa salvación, que habíamos perdido por el pecado, sino que nos ha, poniéndose Él primero en la fila y entregando su vida de forma voluntaria por nosotros, dejado la libertad de elegir por nosotros mismos. Una elección que exige confianza y fiarse, a pesar de no entender muchas cosas. La misma paradoja que vivimos con nuestros padres que, sin entenderles, nos fiamos de sus consejos y mandatos.

Ocurre lo mismo con el Señor. La distancia entre nosotros y Él es Infinita, y nuestra capacidad, limitada y pobre, no llega nunca a entenderle. Necesitamos fiarnos y creer en Él. Y eso es lo que nos propone. Te fías o no. En ese sentido eres libres para elegir y para jugarte tu salvación eterna. Porque, de no creer en Él quedas ya juzgado. Tendrá un crédito según los años que te queden de vida. pero te urge darte prisa, porque no sabrás nunca cuando acaba ese crédito. Puede ser en este mismo momento o...

Busca la luz, porque quien está en la verdad no se esconde y deja que sus obras sean vistas por los demás. Eso es indicio que tus obras están cargadas de buenas intenciones, y, aunque manchadas por el pecado, buscan la luz que las purifiquen y las limpien. Y, seguramente, la encontraran, porque es Dios quien te busca primero y sale a tu encuentro.

martes, 30 de abril de 2019

¿NOS DEJAMOS DIRIGIR POR EL ESPÍRITU SANTO?

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Jn 3,7-15
Quizás recibimos el bautismo y no incide de una forma decisiva en nuestra vida. Es decir, nos bautizamos y seguimos la misma forma de vida. No ha cambiado nada y, siendo los mismos, seguimos haciendo lo mismo. Y eso debe ser entendido como una mala señal o un mal signo. Porque, si por el bautismo nuestra vida sigue igual a como era antes de bautizarnos y no sufre ninguna transformación hacia una Vida Nueva, significa que le hemos cerrado la puerta al Espíritu Santo.

Y de eso somos nosotros directamente los responsables. Porque, se nos ha dado desde lo alto la capacidad para elegir y aceptar o no la acción del Espíritu Santo. Si bien, el hecho de bautizarnos debe ser signo de que hemos aceptado el recibirlo y darle la libertad de que actúe en nosotros. Pero, al parecer eso no sucede y comprobamos que muchos bautizados siguen luego sus propias iniciativas o apetencias sin tener en cuenta la acción del Espíritu Santo.

Precisamente, hoy nos lo aclara Jesús en el Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu»

Nosotros podemos entender a que se refería Jesús, pues tenemos ventaja sobre Nicodemo y que nuestra Madre, la Iglesia nos lo ha enseñado y explicado. Pero, esa ventaja no significa que hayamos abierto nuestro corazón al Espíritu, sino que, peor aún, sabiéndolo lo tengamos cerrado a su acción. Y eso es muy grave para nuestra salvación. Dependerá, pues , de nosotros que el Espíritu Santo actúe y nos transforme, porque siempre respetará nuestra libertad en aceptarlo o no.

Recibir el bautismo significa que aceptamos y queremos ponernos en Manos del Espíritu para que, recibiéndolo nos transforme y nos dé esa Vida Nueva que viene de lo Alto y de la que nos habla Jesús. Una Vida Nueva que nos va a dar Vida Eterna en plenitud. Una Vida Nueva que transformará toda nuestra vida terrenal en los diferentes estados de profesional, cultural, deportivo, lúdico, familiar y, sobre todo, de piedad. Una Vida Nueva que se ve transformada y tocada por la Gracia de Dios.

lunes, 29 de abril de 2019

SEÑALES QUE DESCUBREN TU DIVINIDAD

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Mt 11,25-30
La Resurrección, Señor, deja con claridad meridiana la demostración de su Divinidad. Nadie tiene poder sobre la muerte, y Tú, Señor, eres Señor de Vida y de Muerte. Y es que sin Ti perdemos la vida y entramos en las tinieblas y la perdición. De nada nos valdría ganar este mundo si realmente perdemos la eternidad en plenitud de Vida gozosa en tu presencia.

Sin lugar a duda vamos experimentado, incluso por nosotros mismos, que son los sencillos, los humildes, sean de la condición que sean, los que se abren a la acción del Espíritu Santo y aceptan la filiación divina que nos viene de nuestro Padre Dios. O dicho de otra forma, sólo desde la humildad somos capaces de creer en Dios, nuestro Padre, y aceptar que Jesús es su Hijo, el enviado, para enseñarnos el camino hacia el Padre. 

Y esto lo va descubriendo nuestro Señor Jesús por su propia experiencia humana. Se va dando cuenta que su Palabra es aceptada por la gente sencilla, la que gente que se sabe creada por Dios y que cree que el Padre ha enviado a su único Hijo, el Mesías, encarnado en Jesús, para liberarnos de la esclavitud del pecado y enseñarnos el camino hacia la Casa del Padre. Y Jesús lo expresa de una manera extraordinaria y agradecida cuando dice: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Y consciente de nuestras debilidades y esclavitudes, el Señor nos invita a seguirle y a imitarle. A tratar de esforzarnos en parecernos a Él, no partiendo de nuestras fuerzas, frágiles y debilitadas por nuestra soberbia, por nuestra prepotencia y avaricia, sino descansados y apoyados en el Señor. 

«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

domingo, 28 de abril de 2019

SE ACERCA EL MOMENTO DE LA BUENA NOTICIA

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Jn 20,19-31
Están todos los discípulos reunidos y convencidos de que Jesús, el Señor, ha Resucitado. Pero, todavía no han recibido el Espíritu Santo que los fortalecerá y les dará la sabiduría para proclamar la Buena Noticia. Mantienen las puertas cerradas por miedo a los judíos y no están preparados para el anuncio de la Buena Noticia. Se acerca, pues, el momento para que sean enviados por el Señor a esa proclamación. 

Es el primer día de la semana y Jesús se aparece entre ellos estando las puertas cerradas. Y les muestra sus Manos y Costado. Ellos se alegran, pero no están todos. Falta Tomás, y cuando llega los discípulos y le hablan de Jesús, él no se cree nada. Exige meter sus dedos en sus llagas y costado para creer. ¿Nos identificamos con Tomás? Porque, sucede que a nosotros nos ocurre algo parecido. No terminamos de creernos que Jesús ha Resucitado, y, aunque no nos resistimos como Tomás, posiblemente, en lo más profundo de nuestro ser, no estamos del todo convencido.

Al menos, el estilo de nuestra vida no lo transparenta de esa forma. Y es que cuando uno está convencido de algo, nuestra manera de actuar se nota y transmite ese convencimiento. Es lo que sucede después cuando, estando Tomas, se aparece, a la semana siguiente, el Señor. Y llamándole le muestra sus llagas y costado para que introduzca sus dedos. La respuesta de Tomás no se hace esperar: «Señor mío y Dios mío».

Sabemos por el Evangelio la respuesta que dieron también los discípulos. Ahora falta la nuestra. ¿Estamos también nosotros a responder de esa forma? ¿O quizás no estamos todavía lo suficientemente convencido de ello? Posiblemente, necesitemos mucha más ayuda para irnos convirtiendo. Pero, no perdamos nunca la esperanza y la fe. Sigamos al pie del cañón injertados en el Señor y esperando pacientemente a que su Gracia nos vaya transformando. Eso sí, estemos abiertos a la acción del Espíritu y dispuestos a dejarnos llenar de Espíritu Santo.

sábado, 27 de abril de 2019

¿DÓNDE HACES VISIBLES TU FE EN CRISTO JESÚS?

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Mc 16,9-15
Confesamos que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios hecho Hombre, pero, ¿dónde y cómo lo proclamamos? Porque, podemos decir y confesar que creemos en Él, pero no basta sólo con la nuestras palabras sino que también deben ir en la misma dirección nuestro estilo de vida. Y eso significa, no tanto en las obras, que muchas veces salen al revés de las intenciones que nosotros pretendemos, sino en nuestras buenas intenciones por hacer presente en Reino de Dios en este mundo. De ahí que siempre tratemos de actuar y obrar desde la acción del Espíritu Santo.

Hoy, el Evangelio, nos habla de como muchos de los apóstoles con creyerón, al principio, a las mujeres ni a aquellos dos que iban de regreso a Emaús. Leemos como, a pesar de haber escuchado lo que el Señor les había dicho y visto sus obras, les cuesta creer en el testimonio de las mujeres y los de Emaús. ¿No está a nosotros también sucediendo eso? Esa es la pregunta que nos cuestiona y que debemos reflexionar sin dejar de estar presentes y pedir su auxilio ante el Espíritu Santo.

Porque, solos no sabremos encontrar respuestas ni quitarnos la venda de nuestros ojos mundanos que nos impiden ver el Rostro del Señor Jesús. No cabe duda que algo tendremos que poner de nuestra parte, pues hemos recibido desde la vida hasta nuestras capacidades y talentos. Y somos libres para poder decidir y optar por un camino u otro. Por lo tanto, debemos ponernos en ese camino de escucha, de atención y de estar vigilantes a la Palabra y enseñanzas del Jesús.

Y eso lo hacemos en la medida que nos acerquemos a Él; en la medida que nos esforcemos en escucharle y estar atentos a oírle con la buena intención de vivir esa Palabra escuchada y hacerla vida en nuestra propia vida. Así, poco a poco, iremos descubriendo la medida de nuestra fe al mismo tiempo que tratamos de proclamarla. Porque, de lo que viva en tu corazón rebozará y saldrá por tu boca en tus palabras.