domingo, 16 de enero de 2022

LA BODA DE CANÁ DE GALILEA

 

Esta boda está importantemente significada en el Evangelio de Juan porque marca el comienzo de la presentación – por decirlo de alguna manera – en la vida pública de Jesús. A partir de ahí, su fama se extiende por toda Galilea y el Espíritu de Dios – que ya le había acompañado y presentado en el Bautismo del Jordán y desierto -  continúa su acción para que Jesús cumpla su misión: Anunciar la Buena Noticia del Amor de Dios y su Infinita Misericordia.

No cabe ninguna duda, María, su Madre, tuvo una intervención, digamos de solidaridad y confianza en la misión Divina de su Hijo. El milagro del agua convertida en vino extendió por toda la región la fama de Jesús y, desde ese momento, el Espíritu de dios actuaba entre los hombres a través de Jesús, el Hijo de Dios, presentado en el Jordán, citado ya antes, y presentado por la Voz que vino del Cielo – Padre – y luego señalado por Juan el Bautista.

Desde ese momento, nuestra relación íntima con nuestro Padre Dios pasa a través del Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y, sólo a través de Él y por Él llegaremos a intimar con el Padre. Jesús, por tanto, será el Camino, la Verdad y la Vida. No hay otro, Él es el único Camino. Conviene, pues, invitarlo también a nuestra boda – porque está entre nosotros – para que transforme nuestras impuras aguas contaminadas por el pecado en vino espiritual de amor y misericordia, eliminando todas nuestras impurezas de soberbia, vanidad, egoísmos, malas tentaciones para que, quedándose en nuestro corazón,  nos limpie y nos deje sólo llenos de amor y misericordia, por la Gracia de Dios. Por tanto, ¡invitémosle!

sábado, 15 de enero de 2022

`PUBLICANOS Y PECADORES

 

Si nos preguntáramos, ¿a qué ha venido Jesús? La respuesta no puede ser otra que la de liberarnos del pecado. ¿Y por qué? «podíamos seguir preguntándonos» porque el pecado nos esclaviza y somete nuestra libertad. De modo que, ya no somos libres, sino que quedamos sometidos a nuestra concupiscencia y apetencias humanas de la carne. Hacemos ─ como diría Pablo ─ lo que no queremos hacer, y no lo que queremos.

Pues bien, la misión de Jesús está claramente definida: liberarnos del pecado que mata y secuestra nuestra libertad impidiéndonos hacer el bien. Porque, ser libre es estar en actitud permanente de buscar la verdad y hacer el bien. Quien es libre no desea el mal y su voluntad está empeñada en hacer y buscar siempre el bien propio y de los demás. ¿O es que no lo has experimentado en tu propia vida? Cuando te has sentido libre has deseado y querido hacer el bien. Otra cosa que, nuestra debilidad y naturaleza herida ─ por el pecado ─ nos pueda y nos someta.

Para eso llama a Leví – Mateo – al pasar y verlo sentado en su mesa de recaudador de impuestos para los romanos. Sucede que Mateo responde y le sigue. Se supone que, Mateo estaba inquieto y algo había oído y le atraía de Jesús. Aquel seguimiento perdura hasta hoy. Le siguió el resto de su vida – fue uno de sus doce apóstoles y evangelista - en este mundo y está con Él, en el otro, eternamente.

Sin embargo, la cuestión que nos ataña a nosotros es otra distinta. No tanto el testimonio de san Mateo, que ya nos lo ha dejado escrito en el Evangelio, sino nuestra respuesta a la llamada del Señor. Porque, también a ti y a mí nos llama el Señor. A nosotros y a todos los que continuamos peregrinando por este mundo todavía. Y nos invita a seguir, a escuchar su Palabra y a tratar de vivirla – asistidos por el Espíritu Santo – que ha bajado sobre nosotros en la hora de nuestro bautismo. El mismo Espíritu Santo que asistió y estuvo con Jesús. Por tanto, reflexionemos al respecto.

viernes, 14 de enero de 2022

PODER PARA PERDONAR LOS PECADOS

Mc 2,1-12

Es evidente que todos buscan a Jesús. Es el que cura, el que libera de toda enfermedad, dolencias y espíritu inmundos. ¿Cómo no van a buscarle y pedirle que les cure? Sin embargo, hay algunos que se obstinan en no creerle y, su soberbia les somete hasta el punto de que viendo sus curaciones y gran poder, no aceptan su Palabra y su Divinidad.

El colmo llega cuando Jesús, viendo la fe de los que le ponen el paralítico delante « al que habían bajado haciendo un abertura por el tejado» le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». La respuesta de aquellos fariseos y herodianos presente – que no aceptaban la divinidad de Jesús, saltó de inmediato: Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?». Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».

Y así sucedió: Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida». Luego, se hace difícil creer que, al menos aquellos fariseos y herodianos que estaban presente no terminaran creyendo en Jesús. Y no lo sabemos, pero, posiblemente ante tal prodigio hayan recapacitado. Sin embargo, la realidad también nos habla de que hoy está pasando lo mismo. Muchos no reaccionan ante hermosos y veraces testimonios que reciben de otros ni ante la Palabra de Dios, que responde exactamente a sus aspiraciones y búsqueda de felicidad.

¿Qué ocurre entonces? La soberbia, el egoísmo y nuestras apetencias carnales e inclinaciones hedonistas  nos ciegan y nos someten al rechazo a la Verdad. El pecado es la causa que nos seduce y no pervierte. Indudablemente, necesitamos el perdón de nuestros pecados.

jueves, 13 de enero de 2022

UNA NOTICIA QUE NO SE PUEDE SILENCIAR

Mc 1,40-45

Aquel leproso, marginado y expulsado del entorno social por la lepra. Sufriendo sus propias consecuencias, que derivan de la enfermedad, añadida al asilamiento que le impide relacionarse en el Templo con Dios y con los hermanos, es sanado por Jesús de esa triple esclavitud a la que le somete la lepra.

Consecuencia de esa liberación e integración en la vida social, así como su sanación de la terrible enfermedad de la lepra, aquel leproso no se resistió a permanecer en silencio, sino que estalló en júbilo y alegría anunciando a los cuatro vientos la acción salvífica que había recibido de Jesús. Una salvación y liberación que nos une en amor fraterno, verdad y justicia. Resurge y nace la paz y la felicidad. Esa felicidad que, aunque por caminos erróneos todos buscamos.

Ahora, ¿somos nosotros conscientes de esa Buena Noticia? ¿Nos sentimos salvados por la acción de Jesús, por los méritos de su Pasión, muerte y Resurrección? Y, si es así, ¿por qué no anunciamos la Buena Noticia, como aquel leproso, de la Infinita Misericordia y liberación que Jesús, el Hijo de Dios nos regala gratuitamente por Amor?

miércoles, 12 de enero de 2022

ORACIÓN - RELACIÓN - ESPÍRITU SANTO

 

  

Hace ya, aproximadamente catorce años, que decidí ir diariamente a misa. Me dije lo siguiente, «si Jesús es mi mejor amigo, ¡y qué amigo! Y además es el Hijo de Dios que nos anuncia la Buena Noticia de la resurrección y la vida eterna en plenitud, lo correcto sería visitarlo diariamente, siempre que se pueda. Y, además, alimentarme, de y con su Cuerpo y Sangre ─ alimento espiritual Eucarístico ─  que me fortalece, me sostiene para el camino hasta descansar en Él.

Por la Gracia de Dios, hasta hoy, lo he cumplido, exceptuando algunos días que, bien por enfermedad, pandemia y fuerza mayor no he podido acudir. Y, ya se me hace imprescindible no tomar ese alimento diario que me vigoriza espiritualmente y me sostiene – también materialmente – en esta lucha de cada día donde el Maligno me acecha y trata de interrumpir mi amistad con el Señor.

Precisamente, el Evangelio de hoy nos habla de un día en la Vida de Jesús donde el denominador común es curar enfermedades, dolencias y endemoniados de todos aquellos que, cada vez más, acudían a Él para que les curase. Pero, también Jesús está en pleno contacto con su Padre y en su diálogo con Él renueva y fortalece su Espíritu abriéndose a la acción del Espíritu Santo, que le asiste y le auxilia para la tarea de cada día.

Y es que, sin estar en permanente relación y contacto con el Espíritu Santo ─ recibido en nuestro bautismo ─ y alimentados en la Eucaristía de cada día con el Cuerpo del Señor, no podremos perseverar ni sustentarnos en cumplir su Voluntad. Es evidente y necesario, necesitamos la oración ─ en permanente contacto con el Espíritu Santo y abiertos a su acción ─. Sin relación ─ oración ─ con Dios y abiertos al Espíritu no podremos avanzar en nuestra conversión, ni tampoco fortalecernos de las seducciones y tentaciones que el príncipe de este mundo ─ demonio ─ nos tiende. Tengamos muy en cuenta la necesidad de relacionarnos diariamete y en cada instante con el Espíritu Santo que nos acompaña desde la hora de nuestro bautismo.

martes, 11 de enero de 2022

JESÚS ES DIFERENTE Y ENSEÑA CON AUTORIDAD

 

No  cabe ninguna duda, Jesús es diferente. Su Palabra está en sintonía con sus obras. Su vida tiene coherencia, lo que dice lo hace. ¿Se puede tener mayor autoridad? Lo extraño y anormal sería nos sorprenderse ante la forma de actuar y hablar de Jesús. Su presencia desprende admiración y una gran autoridad, pues sus palabras se corresponden con su actuación. No conocían a nadie que tuviese y mostrase esa autoridad de enseñar. Sus palabras quedan confirmadas con sus obras. Jesús asombra y deja sorprendido a todos.

Sin embargo, se hace difícil de entender es que, tanto sus contemporáneos como los de nuestro tiempo, no nos demos cuenta de esa extraordinaria Autoridad de Jesús. No nos percatemos de que su Palabra tiene siempre cumplimiento en directa sintonía con su obra. Lo que sale por sus labios queda confirmado en su obra. ¿Cómo es posible que no percibamos esa realidad? Supongo que el poder de la soberbia y la prepotencia hace esa labor de oscurantismo y ceguera para impedir que realmente percibamos que estamos delante del Hijo de Dios, el Mesía profetizado en las Escrituras e enviado por el Padre.

Jesús, como no podía ser de otra manera, es extraordinario hasta el punto que es el Libertador que – enviado por su Padre – viene a liberarnos del pecado propiciado por el Maligno – demonio – príncipe de este mundo. Posiblemente, instalados en una vida cómoda, placentera y egoísta nos cuesta desinstalarnos y ver la realidad que Jesús, el Hijo de Dios, nos anuncia y proclama. Quedamos sometidos al pecado que nos esclaviza y nos seduce impidiéndonos ver la necesidad de liberación que nos trae Jesús. Indudablemente, necesitamos oración y penitencia para alcanzar esa conversión que nos pide Jesús