martes, 17 de diciembre de 2013

UNA FAMILIA DETRÁS


(Mt 1,1-17)

Jesús viene al mundo casi en el anonimato. Se le anuncia a los que únicamente le necesitan, es decir, a los pobres, enfermos y necesitados. A los marginados y excluidos de la sociedad, aquellos que no cuentan para nada. Son los pastores, personas desechadas y tomadas como lo último en su época. En ese contexto, y obligado por las circunstancias del momento, Jesús se ve obligado a nacer en un pesebre.

Es la Luz que ilumina a todos, pero que solo los pobres buscan porque andan en la oscuridad de la noche y necesitados de calor. Los otros, los que se sienten cómodos y seguros al calor del mundo, no se dan por aludidos.

Si alguien, el más imaginario o creativo, llega a intuir quien era aquel Jesús le hubiese ofrecido su casa. Se hubiese hecho famoso y, posiblemente, alcanzado la salvación al estar muy cerca de ella. Esos hechos descubren el anonimato y sencillez del nacimiento del Niño Dios.

Y es que Jesús, como cualquier otro, procedía de una familia, de unos descendientes tan normales como la vida misma. Y en la que había de todo. Desde la fe y obediencia de Abrahan hasta el homicidio de David, la idolatría de Salomón o la prostitución (Rahab). No se esconde nada. Se descubre su grandeza, pero también se transparenta sus pecados. Una familia de un Dios que se hace Hombre como nosotros, con su familia y sus costumbres, pero que con su Divinidad limpia y santifica sus orígenes.

Un Dios cuya humildad nos libera y nos salva.

lunes, 16 de diciembre de 2013

LA VERDAD VENCE A LA MENTIRA

(Mt 21,23-27)


Jesús proclama la Verdad, porque el Amor sólo puede buscar la Verdad, pues de no ser así, no sería amor sino mentira. Y los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo buscan su verdad, aquella que, a pesar de ser su verdad egoísta y mentirosa, les permita continuar mandando a sus anchas e intereses.

Porque cuando te buscas a ti estarás enfrente del otro, porque tus intereses, en muchas ocasiones, difieren de los del otro. El bien de todos exige que muchas veces tú renuncies a los tuyos, porque en la renuncia y el amor se esconden los intereses de los demás. Muchas renuncias hacen que el amor satisfaga los intereses de todos.

Y Jesús busca los intereses de todos. Por eso, renuncia a los suyos y se pone al servicio de los demás. Y cuando es preguntado con qué autoridad enseña, Él responde con otra pregunta que no pueden contestar porque no buscan la verdad. 

Sólo en la Verdad se encuentra respuesta para todo.

domingo, 15 de diciembre de 2013

SEÑALES DE ESPERANZA


(Mt 11,2-11)

Juan también tenía sus dudas. Era sorprendente la forma en que Jesús se presentaba. Al menos no era la que esperaban los judíos. Sus esperanzas pasaban por recibir a un Mesías fuerte, poderoso y líder que los aglutinara y los liberara del poder y la esclavitud romana.

Y Jesús parece todo lo contrario. Manso, humilde y sin oponerse a la opresión romana. «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Es la pregunta que todos tienen en la mente, y quizás nosotros también la continuamos teniendo después de 2013 años.

Sin embargo, Jesús, tanto ayer a Juan, como hoy a todos nosotros, nos responde indirectamente: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!». 

Sí, hemos vistos muchas parálisis curadas; muchos ciegos que ven; muchos cojos que andan; muchas sorderas que se abren a la escucha; muchos leprosos que son sanados y muchos muertos que resucitan... Y se anuncia la Buena noticia a los pobres, porque sólo los pobres son capaces de aceptarla. Pero nosotros seguimos en duda, preguntando y exigiendo pruebas para creer.

¿Seremos capaces de ver nuestra parálisis, nuestra ceguera, nuestra sordera y cojera, nuestra lepra y nuestra muerte? ¿Estamos tan endurecidos que no advertimos que esa esperanza de vida eterna que cura todos nuestros males nos la está ofreciendo Jesús cada día?

sábado, 14 de diciembre de 2013

CIEGOS Y PREGUNTONES


(Mt 17,10-13)

Nos pasamos parte de nuestra vida haciendo preguntas. Escuchamos pocos, pensamos menos y tenemos la mayor parte del tiempo los ojos cerrados. No nos damos cuenta de muchas cosas, hasta el punto de pasar delante de nosotros y ni verlo o sospecharlo.

Quizás nos pasamos la vida esperando que alguien nos diga lo que tenemos que hacer, y, posiblemente, cuando venga, lo rechazo porque su mensaje no concuerda con lo que yo pienso. y entiendo. Quizás Dios se ha manifestado a muchos hombres que no le han respondido. Adan y Eva le rechazaron ensoberbecidos por la ambición de ser como Él.

¿Y yo, le descubro y le escucho? Vino Juan el Bautista y fue rechazado. Sólo minorías le siguieron, y vino Jesús, anunciado por Juan, y corrió la misma suerte. ¿Dónde me encuentro yo? ¿Abro mi corazón y dejo que sea transformado por su Amor, o lo dejo entre abierto para algunas cosas sí y otras no? ¿Se nota esa abertura y aceptación en mi vida?

Y si se nota, ¿creo que es suficiente y toca descansar? Si esa es mi actitud, líbrame Dios mío de tales propósitos y dame la inquietud de seguir el camino de esforzarme en perfeccionar mi vida según tu Vida.

Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.

viernes, 13 de diciembre de 2013

CUANDO EXPERIMENTAMOS LA PAZ...

(Mt 11,13-19)

Cuando nos encontramos a bien con nosotros mismos y experimentamos en lo más profundo de nuestro corazón inmenso silencio de paz y gozo, no echamos de menos nada. Nos encontramos satisfechos, gozosos y llenos de alegría. ¡Claro!, tenemos paz.

¿No será que cuando nos  increpamos y sacamos nuestra agresividad es porque no aceptamos actitudes que nos incomodan y nos exigen amar? Entonces afloran nuestras críticas y nuestras justificaciones para disfrazar la verdad que quizás nos hace daño. Se nos oscurece nuestra mente y nos autoengañamos: buscamos, distorsionada la realidad, justificarnos.

Si nos dicen que ha pasado esto, nosotros argumentamos lo otro; si cambian y hacen lo que les hemos criticado, decimos que se ha hecho tarde o mal. Y así vamos dando razones que nos descubren la actitud de no estar de acuerdo con nada. Y el mal está anidando dentro de nosotros. Necesitamos la paz y la sabiduría del Señor que nos ilumine y nos sosiegue.

Eso nos ocurre con nuestras respuestas. No nos entregamos porque no encontramos la paz, pues si habita en nosotros nada nos importa más, y todo se entrega y se ofrece por la paz. Incluso se sufre y se padece porque la paz compensa y es un bien superior. Cuando nos llenamos de paz, todo se contempla de otra forma, porque la paz inunda el corazón y aguanta todo. ¡Claro!, es la Paz.

jueves, 12 de diciembre de 2013

NO NOS VENDRÁ LA LUZ SIN ESFUERZO


(Mt 11,11-15)

Sería innecesario la Muerte y la Resurrección del Señor si la fe fuese un regalo sin esfuerzo. Es un don de Dios, pero un don que tenemos que pedir, que buscar y que esforzarnos en arrancárselo a Dios. Porque Él nos lo quiere dar, pero nos exige lucha, esfuerzo y batalla.

La figura de Juan Bautista nos alumbra ese camino y, nos testimonia con su vida, la forma y manera de preparar el camino hacia el Señor. Se trata de una lucha sin tregua, pero de una lucha de la que sabemos solos los ganadores. Hemos vencido en Xto. Jesús, y no debemos desfallecer, porque estamos ungidos por el Bautismo, no de Juan, sino del agua y del Espíritu de Dios.

Por él, el Bautismo, somos investidos de sacerdotes, profetas y reyes, y fortalecidos para emprender la lucha y batalla de allanar los caminos, abajar montes y colinas, enderezar lo torcido e igualar lo escabroso. Toda nuestra vida será una guerra sin cuartel donde nos esforzamos en conseguir someter nuestra voluntad torcida, escabrosa, escarpada, desobediente, cómoda, egoísta, interesada, individual, orgullosa, vanidosa y soberbia en una voluntad unida e injertada en la Voluntad de Dios.

Pero, no estamos solos. No desesperes, que el Padre sabe de tus debilidades e inclinaciones. Nos ha sido enviado el Espíritu Santo, y Él nos acompaña, nos asiste y nos infunde fuerza y esperanza que genera ilusión y ganas de seguirle. En y con Él ganaremos esta batalla, la batalla de nuestra vida eterna y gozosa.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

SI VAS CON ÉL, VAS BIEN ACOMPAÑADO

(Mt 11,28-30)
 
La vida es dura. Dura para unos más que para otros. Experimentamos que hay mucha gente que sufre mucho durante su vida; otros han nacido en lugares conflictivos y pasan toda su vida en vilo, expectante y llenos de miedo; otros son explotados y sometidos a una vida de trabajos, sacrificios y carencias materiales de todo tipo... ¡y para qué seguir hablando!

La vida es dura, y es un misterio que unos lo tengan, aparentemente, más difícil y dura que otros. Sin embargo, me resisto a pensar que Padre Dios reparta de esa forma tan desigual la tarta entre sus hijos. Detrás de esa distribución hay un sentido que para unos son necesario más que para otros. 

El dolor y las pruebas que cada uno tiene que experimentar y padecer son los altavoces que necesitan para despertar y levantar la mirada hacia el Padre Dios que les ofrece su salvación. Sin embargo, lo que me extraña es observar que hay personas que desorientadas, caminando sin sentido e incluso sufriendo no levantan la mirada y permanecen en la oscuridad.

Hoy escuché una frase muy bonita: somos portadores de luz, de una luz que nos ilumina el camino, pero que nosotros no queremos ver, e incluso la escondemos y no dejamos que nos alumbre ni alumbre a los demás. De cualquier forma, cuando sufres, tu dolor tiene sentido si vas con Él. No es tiempo perdido ni gastado en balde. Es tiempo bien fundido en oro de Gracia, porque con Él siempre vamos bien acompañados y la vida tiene futuro.

Tu paciencia es la prueba de tu fe, y tendrás la recompensa del Amor de Dios, pues el amor se prueba en las penas y tristezas, sobre todo cuando duelen. Él lo sabe mejor que nosotros.