lunes, 27 de noviembre de 2017

LA MEDIDA DE TU ENTREGA

Lc 21,1-4
No haría falta reflexionar mucho sobre el mensaje del Evangelio de hoy. Mejor, mirar que medida de lo que tiene entrega uno a la vida, a la sociedad, a los demás y, por supuesto, al mundo. Porque el mundo será mejor en la medida que tú des lo mejor de ti mismo. La consecuencia de tanto mal se esconde también en ti mismo, en tus regateos, en tus egoísmos y en tu ambición.

No está mal el mundo porque otros lo deterioren, sino que está mal porque tú, y otros también, lo deterioran. Entre esos otros también me encuentro yo. Por eso decía al principio que, más que reflexionar, sería mejor mirarnos y tratar de ver nuestra vivencia personal en la parcela de este mundo que nos ha tocado vivir. El Evangelio de hoy toca precisamente eso.

Se trata de una viuda pobre que pone unas moneditas en la bandeja. Algo sin importancia y que no llama la atención ni destaca por su importancia crematística. Sin embargo, otros si se hacen notar. Incluso le dan bastante importancia a ese hecho, y hacen sonar sus abundantes monedas de gran valor al caer en la bandeja. Son importantes, o, mejor, se creen importantes por lo que dejan, sin advertir que esa donación a penas les supone sacrificio. Son monedas que les sobra y nada las van a echar en falta.

Volviendo a la viuda pobre, para ella si supone sacrificio. Esas pocas moneditas que dejó es parte de lo poco que tiene, y le hace falta. Tendrá que privarse de algo importante para ella, que le exigirá sacrificio y dolor. Comparte lo que es y lo que tiene. Ni que decir que, delante de Dios, su donación tiene un gran valor, que no se puede comparar con las otras monedas que han dejado los notables del pueblo. Porque, el valor y la medida de tus actos no está en la cantidad que das sino en la medida y entrega según tus posibilidades.

Jesús, el Señor, te ha dado todo lo que tenía. Ha entregado su Vida hasta el extremo de morir por amor. Y no se ha guardado nada para sí. Todo lo ha dejado en la Cruz para que tú puedas liberarte y salvarte. Reflexiona esa entrega y mira como es la tuya de cada día.

domingo, 26 de noviembre de 2017

EL MOMENTO MÁS ESPERADO

Mt 25,31-46
Todo en nuestra vida debería estar en función de ese momento glorioso y esperado que se concreta en la segunda venida del Señor. No hay meta mayor ni mayor aspiración que tenga el hombre, porque es ese momento la hora donde el hombre se juega su felicidad y gozo eterno. Mejor, diría que ya se lo ha jugado durante el trayecto de su vida, porque si la ha gastado en amor, la habrá ganado. Pero, si la ha gastado en las cosas y seducciones del mundo, la habrá perdido.

Es el momento más emocionante de nuestra vida. ¡Dios mío, tenerte delante será algo inimaginable que no sé como podré soportar! Sé que por tu Gracia todo será para bien, pero tengo miedo de encontrarme a la izquierda tuya, porque eso traerá malas consecuencias. Yo, Señor, quiero estar a tu derecha. Mi vida, a pesar de mis debilidades y pecados, la quiero para Ti, y me esfuerzo en vivir en tu Palabra y tu Amor. Dame la fortaleza y la sabiduría de vencerme y de entregarme a servir a los necesitados, a los descarriados, a los que están alejados y a todos los que te buscan y necesitan.

Nada de lo que haga será válido si no lo hago por amor y con amor. Tengo que amar y necesito amar. Pero, ¿soy yo capaz de amar sin Ti, Señor? Enciende mi corazón y préndelo del fuego de tu amor, para, que de esa forma pueda yo también prender a otros y contagiarlos de tu Amor. Dame, Señor, la oportunidad de servir a los que lo necesiten, y, para ello, fortaléceme, lléname de voluntad y sabiduría para dar respuesta y concreción a todo eso que Tú me vas a pedir en el momento final de mi vida.

Porque, yo, Señor, quiero estar contigo. Nada de esta vida me interesa, a pesar de que tengo un corazón humano y apegado a las cosas de este mundo, Tú, Señor, eres la prioridad. Confieso que en algunos momentos me cuesta y puedo hasta fallar, pero, Tú sabes que mi intención es la de darte a ti toda la prioridad. 

Es verdad que, a veces, puedo equivocarme y no saber qué hacer. O hacerlo equivocado. La parábola del samaritano lo dejas ver bien. A veces las obligaciones hay que dejarla ante la prioridad del amor. 

sábado, 25 de noviembre de 2017

UN DIOS DE VIVOS

Lc 20,27-40
La resurrección es nuestra esperanza y se apoya en la Palabra de Dios. De un Dios de vivos, tal y como lo deja bien claro Moisés, en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor Dios de Abrahán, de Isaas y Jacob por el que es enviado. Un Dios que permanece Vivo por generaciones y para siempre, pues de no ser así, sería un Dios que muere. Por lo tanto, ese es el fundamento de nuestra fe, la Resurrección del Señor.

Ocurre que nosotros, seres limitados y finitos, eternos por la Misericordia de Dios, queremos dar respuesta a los proyectos de Dios con los criterios de aquí abajo. Un mundo caduco y limitado. Y, claro, partiendo de criterios equivocados y limitados, llegamos a conclusiones erróneas. Distorsionamos la realidad de lo que ni siquiera imaginamos, porque nuestros pensamientos no son los de Dios.

No cabe en nuestra razón el pensamiento Infinito de Dios. No podemos imaginarnos la eternidad, ni tampoco como seremos o viviremos junto al Señor. Lo dejamos, confiados en su Bondad y Misericordia, en sus Manos, seguros que seremos eternamente felices. El Señor nos da un adelanto de como seremos en el Evangelio de hoy sábado. Nos dice que como ángeles e hijos de Dios, pues participamos de su misma Gloria y Resurrección.

Y no necesitamos más, porque experimentamos que nuestra razón es limitada y no abarca el Infinito pensamiento de nuestro Padre Dios. El Cielo, la Eternidad está en Manos de Dios, y sólo nos interesa saber que allí seremos felices y no habrá esos vínculos que hay aquí ahora. Ya nos advierte el Señor que nos avisa de que ha ido a prepararnos -Jn 14, 2- una mansión, que no podemos imaginar. 

Confiemos en su Palabra, porque en Él todo se ha cumplido y tiene Palabra de Vida Eterna. El Señor ha resucitado y en Él ponemos toda nuestra esperanza, porque, nuestro corazón palpita con latidos de eternidad, pues ha sido creado por Dios y para Dios, y sólo descansará cuando llegue a Él.

viernes, 24 de noviembre de 2017

UNA NUEVA FORMA DE VIVIR EL CULTO

Lc 19,45-48
El templo se había convertido en un mercado. La necesidad de ofrecer sacrificios de animales había desembocado en un vender y comprar animales para ofrecerlos como ofrendas de sacrificio. Todo se iba desviando y quien no parecía pintar mucho era a quien iban dirigidos esos sacrificios. Jesús irrumpe en el templo echando abajo todo eso. 

En adelante no hará falta hacer sacrificios: "Misericordia quiero y no sacrificios" -Mt 9, 13-, porque el único y verdadero sacrificio es el ofrecido por el Señor entregando su propia vida para redención de todos nuestros pecados. Jesús quiere significar y llamar la atención al verdadero templo, que no es de piedra. Y que destruido, Él lo reconstruirá en tres días. Porque, el Señor nos habla del verdadero y único Templo que es Él, y que vive dentro de cada uno de nosotros.

A partir de ahora, precisamente de su Resurrección, el Señor vive en nuestro corazón. Somos templos vivos del Espíritu Santo, y dentro de nosotros tenemos al Señor al que verdaderamente adoramos en espíritu y en verdad. Desde ese momento, nuestro templo va con nosotros a todas partes. Y si nos reunimos en un lugar concreto es por la necesidad de estar juntos y unir nuestras voces en una sola voz. La comunidad nos fortalece y nos sirve de apoyo y de defensa, y de verdadera ayuda y oportunidad para amarnos.

De tal forma que, si pecamos destruimos el verdadero templo que hay dentro de nosotros. Ya no basta con estar en el templo edificio. No se trata de estar o no estar; de adoptar una actitud silenciosa o no, o de una postura y vestimenta adecuada. Se trata de que, estemos en el templo edificio o no, el verdadero templo está en nuestro corazón, dentro de nosotros. Y, bien en la calle o en el templo debemos estar en la misma actitud de respeto con el otro, donde está el Señor, y tratarlo con debida compostura, ya sea de silencio o de atención a sus necesidades o compartir.

Adorar al Señor es reverenciarlo y amarlo hasta el extremo. Pero, eso se concreta en y con el prójimo, porque es allí donde también se encuentra el Señor.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Y TODO SE ESTÁ CUMPLIENDO

Lc 19,41-44
Mirando detenidamente este Evangelio, observamos que dice: En aquel tiempo, Jesús, al acercarse a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita».

Ahora, miramos a Jerusalén y constatamos que eso ha ido ocurriendo a lo largo de su historia y ocurre ahora mismo. Todo se cumple y la Palabra de Dios es Palabra de Vida Eterna. Pero, también podemos extender esto a todos nosotros, el mundo. Un mundo donde se encuentra la Iglesia, pueblo escogido por Jesús, y en donde tiene que llevar a cabo su misión evangelizadora. Un mundo que hace verdad y realidad esa profecía que leemos en el Evangelio de hoy.

Un mundo que se ha escondido en la oscuridad de la mentira, del individualismo, de la ciencia y los avances científicos y técnicos. Un mundo que vive de espaldas a Dios y se enroca en sí mismo perdido en violencia, odios, venganzas y guerras. Un mundo que mata la vida y ordena su tiempo. Un mundo que valora la eficiencia, la productividad y se deshace de lo inservible y de lo que no produce. Un mundo que se olvida de la solidaridad, de la justicia, de la verdad y de la fraternidad. Un mundo que no dejará, como dice el Evangelio, piedra sobre piedra, porque no ha conocido el tiempo de tu visita. 

Y, ahora, la Palabra de Dios proclamada por su Iglesia. Una Iglesia que sigue firme y que continua, a pesar de sus debilidades, de sus desvaríos y pecados, luchando contra corriente y esperanzada en la promesa final de la victoria. Porque, el Señor está Vivo. ¡Ha Resucitado y está con nosotros!, y nos acompaña en nuestra misión de cada día para llevarnos por el camino de salvación. Y en Él estamos esperanzados, porque su Misericordia es Infinita.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

UN TIEMPO PARA RENDIR CUENTAS

Lc 19,11-28
Son los últimos momentos de la vida de Jesús en este mundo, y, repetidas veces, nos advierte, antes de su Pasión, Resurrección y Ascensión a los Cielos, de la necesidad y exigencia que tenemos de rendir cuentas de los talentos y cualidades que hemos recibido. Hoy nos lo dice con otra parábola: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio...(Lc 19, 11-28).

Al final ocurre lo mismo, hemos recibido unas cualidades y tendremos que dar cuenta de ellas. No cabe duda que cuando el trabajo se hace bien, los resultados son también bien. Es decir, si amamos contagiaremos amor, porque los hombres y mujeres de este mundo están hechos para amar. Todos buscamos amar y sabemos cuando no lo hacemos, o cuando nos buscamos a nosotros mismos. O cuando nuestra vida no está de acuerdo con nuestro corazón ni con nuestros actos.

A nadie se le esconde lo que está bien y lo que no lo está. Todos sabemos que la verdad es blanca, pura y sale a la luz, y la mentira se esconde en la oscuridad. Luego, quien vive en la verdad descansa y se experimenta en paz. Pero, quien se esconde en la mentira se percibe mal, se siente intranquilo y le invade la tristeza y desasosiego.

Todos hemos recibido cualidades. De una forma u otra nos ha sido dada nuestra onza de oro, que tenemos que poner al servicio de los demás. Guardarla o ponerla en función de mí mismo es egoísmo y sabemos que no está bien. Muchas veces lo haremos sirviendo a otros, y otras nos tocará a nosotros ser servidos en correspondencia de esos otros. Nuestra presencia siempre tiene un valor, bien para servir o bien para ser oportunidad para que otros sirvan.

La onza de oro siempre se cotiza al alza, pero, para ello hay que ponerla en el mercado. Y esa es nuestra exigencia y responsabilidad. Descubrir mi onza de oro me exige tiempo, esfuerzo y trabajo. Ese es nuestro compromiso. No puedo caer en la holgazonería, la comodidad y la pasividad. Hacerlo equivaldría a enterrar mi onza de oro. Y no puedo justificarme, pues he sido advertido. Tampoco puedo ampararme en el miedo y paralizarme. La libertad exige riesgo y búsqueda, y cuando se hace desde la fe y la confianza en el Señor, los frutos aparecen.

martes, 21 de noviembre de 2017

¿QUIERES SER HERMANO DE JESÚS?

Mt 12,46-50
Tu palabra cobra vida y fertiliza la tierra de tu corazón dando hermosos frutos cuando coincide con tu vida. Se mantiene en silencio, pues no le hace falta activarse. Se guarda para otras posibles y más arriesgadas tareas. Tu ejemplo basta. Lo dice todo, y convence. Llega al corazón. No hace falta más. Simplemente das vida y comunicas vida cuando tu ejemplo, hecho vida, hace presente la Palabra de Dios.

Nos ocurre eso. Gastamos nuestro tiempo en buscar métodos, estrategias y diversas formas de evangelizar, y nos quejamos de su ineficacia y de sus frutos. Y un simple ejemplo de vida amorosa y de compromiso con el prójimo, derrumba todo nuestro afán de metodología y estrategia. Y llega al corazón e irrumpe el lloro y agradecimiento. Y todo porque la palabra que tú predicas la has hecho coincidir con tu vida.

Eso es lo que Jesús ha querido destacar hoy en el Evangelio. Su Madre, sus hermanos, sus amigos son todos aquellos que cumplen la Voluntad de su Padre. Por lo tanto, si quieres ser hermano y amigos de Jesús trata de conocer la Voluntad de su Padre y llevarla a la práctica de tu vida. Y déjate de pamplinas y de tanta metodología, estrategias y reuniones. Más oración y eficacia.

Una cosa quiero aclarar. No estoy diciendo que las reuniones, metodologías y estrategias no hacen falta. Todo lo contrario. Son muy necesarias. Vitales, diría. Pero, no puedes quedarte en eso y hacerlo el centro de tu vida y tu proclamación. La acción y el riesgo de tu aventura por amar están dirigidas por el Espíritu Santo, y, muchas veces, están fuera de la estrategia, metodología o reunión. Es el Espíritu Santo quien sopla, quien dirige y quien impulsa, y siempre teniendo en cuenta que el destinatario de tu amor es el pobre, el desvalido, el alejado, el necesitado...

Y que mejor ejemplo que el de María, la Madre del Señor. Ella fue el eje de la comunidad desalentada, perdida, confundida, temerosa y hasta huida. Ella sostuvo la firmeza de sostenerse unidos en la fe y en la esperanza. Ella es la primera en guiarnos a seguir a su Hijo y cumplir la Voluntad del Padre. Ella es nuestra Madre y nuestra hermana. La primera después del Hijo.