miércoles, 20 de marzo de 2019

EL PODER MÁS PODEROSO ES EL SERVICIO

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Sería hermoso y el mundo iría muy bien si los que ostentan poder entendieran que deben ponerse en el último lugar y dedicarse a servir. Un servicio que pasa por la preocupación de los más necesitados, que no son solos los que no tienen y carecen de lo imprescindible, sino los débiles que sucumben rápidamente a las tentaciones y pierden la cabeza hundiéndose en la miseria. Todos debemos velar por todos, expresamente por los más débiles.

Y son los gobernantes los llamados, por sus fortaleza, sus dones y cualidades, recibidas del mismo Padre, los que deben de cuidar por los que más lo necesitan. Ellos ocupan los primeros puestos cuando son capaces de situarse en los últimos lugares. Y esto lo hacen cuando se dan en servicio por los demás. Pero, por desgracia para la humanidad y para los que en ella viven, los seres humanos, no sucede así. El hombre y la mujer buscan, cono el en Evangelio de hoy sucede con los hijos de Zebedeo, los primeros puestos, y cuando se busca así se está pensando en ser importantes y mirarse así mismo.

Entonces no se piensa en los otros sino en recibir gloria y poder para mandar y ser mayor que otros. Tanto es así que produce en los demás, en este caso particular los otros diez restantes, rechazos y enfrentamientos. Y Jesús corrige esa ambición desmedida y mala diciéndoles: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

Todo lo contrario a lo que piensa el hombre. No se ha de ser grande por el poder ni por la gloria, sino por el servicio. Porque, te haces grande ante los ojos de Dios, que es lo que verdaderamente importa, cuando te das en servicio y entrega por el bien de los demás.

martes, 19 de marzo de 2019

NO ES FÁCIL ACEPTAR EL PLAN DE DIOS

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Mt 1,16.18-21.24a
No parece fácil aceptar el plan de los otros, porque no pensamos iguales y cuando tú has planeado un proyecto y te vienen con otro, te resulta difícil aceptarlo. Imaginemos a José y a María, ambos tenían un proyecto de vida común y, de repente, ambos se ven llamados por Dios a otro proyecto que les supone un riesgo, una aventura y un esfuerzo de creer. No parece fácil aceptar la Voluntad de Dios.

Sin embargo, José se fía de lo que el ángel le dice en sueños. Se lo cree y acepta ese camino. Posiblemente, su buen corazón deseaba salvar a María, porque creía en ella y no se imaginaba lo que veían sus ojos. Posiblemente, eso le habrá ayudado a fiarse del Señor y a actuar tal y como le había dicho el ángel. De cualquier modo podemos imaginarnos la situación como cualquier situación que pueda darse hoy. Ni más ni menos, eran seres humanos como nosotros.

Aceptar la Voluntad de Dios supone riesgo y dudas. Nunca estamos seguros de que vamos por el buen camino. El diablo actúa, como hizo con Jesús en el desierto, y trata de engañarnos, de hacernos dudar. Ese el mérito y el valor de la fe. Fiarnos significa saltar todas esas barreras que nos confunden y seguir adelante confiando en lo que Dios nos propone. Y esa lucha y tribulaciones es lo que supone un camino cuaresmal. Un camino de penitencia, de sufrimiento, de luchas y contrariedades que nos fortalece y sostiene en la fe.

Tendremos que estar agradecidos, muy agradecidos a María, nuestra Madre, que con su Sí decidido y confiado posibilita la encarnación del Hijo y nuestra liberación. Y, también, en segundo lugar, a José, que se acepta ese papel de padre adoptivo para honrar a María y formar la Sagrada Familia donde debía nacer el Hijo de Dios. 

Hagamos también nosotros ese esfuerzo que el camino cuaresmal nos propone para tratar de, cada día, aceptar la Voluntad de Dios y adaptar el camino de nuestra vida según el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros.

lunes, 18 de marzo de 2019

EL CORAZÓN HUMANO ES COMPASIVO

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La experiencia nos lo dice y lo observamos con frecuencia. El hombre tiene un corazón compasivo y generoso y lo comprobamos ante las miserias humanas y en aquellos que sufren y que son débiles. ¿Cuántas veces nos ponemos de parte de los inocentes, de los más débiles frente a los fuertes y poderosos? En estas circunstancias nos compadecemos y experimentamos el deseo de ayudar y de defenderlos.

Hay muchas quejas y lamentos en favor de aquellos que en estos momentos están sufriendo en muchos lugares del planeta debido a las guerras, a las explotaciones y riquezas y a la ambición de muchos que anteponen sus intereses a las personas humanas, incluso a costa de sus vidas. Por un lado nos encontramos con que el corazón humano se compadece, pero, hay otros que se endurecen y provocan el sufrimiento de otros.

 Ante esta realidad de cada día Jesús dice lo siguiente: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».

Ante estas sabias palabras, sencillas, concisas y breves, no se puede agregar más ni expresarlo más claro. Todo está dicho y todo está meridianamente claro. No juzgues para que no seas juzgados.  Ante muchas cosas que, quizás tengas tu juicio, mejor callar y no juzgar, porque en esa medida serás tú también juzgado. Mejor ser compasivo y abrir tu corazón a la comprensión y al perdón, porque en esa medida serás tú también perdonado. 

Se trata pues, de dar y de darse, porque en esa medida a ti también se te dará. Por lo tanto. quizás puedas opinar en algunos momentos y alumbrar desde la comprensión, la generosidad y la invitación misericordiosa a encontrar respuestas y caminos de verdad, justicia y paz, pero siempre desde el amor y la luz recibida en y desde el Espíritu Santo, que nos asiste, nos guía y nos conduce hacia la Verdad.

domingo, 17 de marzo de 2019

UN ANTICIPO DE LA RESURRECCIÓN

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Lc 9,28-36

Jesús está en el inicio de su subida a Jerusalén y es el momento de animar a los discípulos, sobre todo a los tres que le acompañan, Pedro, Santiago y Juan. Necesita animarles y mostrarles que va a suceder más adelante. Jesús se les muestra con un cuerpo glorioso lleno de esplendor y aparecen con Él Moisés y Elías, los cual supone que Jesús resucitará como lo están Moisés y Elías.

La transfiguración es un anticipo de la Resurrección de Jesús. En ella, el Padre le presenta de nuevo, como hizo en el Jordán, como el Hijo elegido y al que nos dice que debemos escuchadle. Son momentos elegidos por Jesús para orar. Está en íntima relación con el Padre y transparenta su Gloria. Gloria que también alcanza a los apóstoles cuando deciden construir tres tiendas olvidándose de ellos mismos. Tan bien se encuentra en la presencia del Señor transfigurado que no saben ni lo que dicen.

Esta transfiguración nos llena de esperanza y nos descubre que la muerte está vencida. Jesús, hoy transfigurado en el Tabor, es anticipo de que, muerto en la Cruz, resucitará. La muerte no será ya ningún obstáculo porque ha sido vencida.  No obstante, el camino de subida sigue y continúa. Hay que bajar del monte y seguir con los pies en la tierra. Vendrá el tiempo del sufrimiento, del abandono, del miedo y de la cruz, pero siempre con la esperanza de que Jesús triunfará.

La Pascual, que se vislumbra al final del camino, es el paso de la muerte a la Vida. Con esa esperanza caminamos llenos de alegría, de gozo, de triunfo y de confianza. Creemos en el Señor y confiamos en su Palabra. Esta visión de la transfiguración nos anima, nos llena de perseverancia, de paciencia y de fe. Sabemos que corremos hacia el objetivo de nuestra meta, vencer la muerte. Y lo conseguiremos estando unidos a Jesús, Camino, Verdad y Vida. No perdamos sus pasos y fe en Él.

sábado, 16 de marzo de 2019

AMAR ES LA CLAVE Y EL ARMA A PRACTICAR

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No se trata de amar a aquellos que nos aman, porque eso no exige gran esfuerzo, es la tendencia innata, corresponder a los que nos corresponden. La cuestión es amar donde no encuentras correspondencia y donde hay barreras que lo impiden, tal es el odio, la envidia, el afán de gloria y poder, la riqueza, la venganza y otras apetencias y pasiones que nos separan, nos enfrentan y rompen la unidad y la paz entre los hombres, los pueblos, las diferencia en el pensamiento y, como consecuencia, la paz.

Sólo el amor es capaz de derrumbar todas esas barreras que emergen por el pecado de un corazón herido y maltrecho, caído y corrupto por la ignominia que suscita en él el rechazo de un Dios que lo ama.. Se experimenta soberbio, orgulloso y suficiente ante la necesidad y misericordia del Padre que lo acoge, lo perdona y lo ama hasta entregar a su hijo a una muerte de Cruz para redimirlo y ganar para él la Misericordia del Padre.

Sólo el amor es capaz de aniquilar esa macha del pecado y establecer un corazón limpio y puro que hace posible que renazca la concordia, la paz y la unidad entre todos los hombres. Esa es la máxima que Jesús pone como exigencia de su Amor y como revelación de parte de su Padre, mostrándonos esa forma de amor misericordioso que el Padre nos ofrece. Y lo hace en su Hijo, el predilecto y en el que se complace, entregándolo a una muerte de Cruz, con la cual vence al pecado, la muerte, y gana para todos los que creen en Él la Vida Eterna. Y todo de forma gratuita e incondicional.

Amar es la respuesta de Dios. Por amor nos ha creado y, también por amor, nos ofrece, por los mérito de su Hijo, la Salvación Eterna. Nos lo entrega para que tengamos una referencia clara y concreta por donde debemos ir y a quien debemos seguir. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y, siguiéndole encontraremos esa meta que se esconde dentro de nuestro corazón. 

Por lo tanto, busquemos, llamemos y pidamos esa Gracia para nunca perderlo de vista y que sea siempre la antorcha que alumbre nuestros pasos y nos dé la energía de amar con la fuerza y el estilo que nos enseña y nos da ejemplo. De esta forma venceremos al odio, la violencia y venganza, y estableceremos la paz y la fraternidad entre todos los hombres.

viernes, 15 de marzo de 2019

LA LEY NO TERMINA CON EL ACTO DE CUMPLIMIENTO

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Mt 5,20-26
La ley siendo importante queda muy limitada, porque, puedes cumplir, pero ser un malvado si en tu corazón anidan malas intenciones, que se descubren en los momentos importantes y difíciles de la vida. Lo dice Jesús en el Evangelio de hoy- Mt 5, 20-26 - :«Os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego. 
El camino está bien señalado y no da lugar a duda. No puedes seguir avanzando si no hay una buena intención fraterna con todos los hombres, buenos y malos, porque, todos son hijos de Dios y todos son hijos de la Misericordia del Padre. Por eso, nosotros no podemos obviar la Voluntad del Padre y permanecer resabiados con otras personas. La Voluntad de Dios es que busquemos la reconciliación fraterna.
La ley no abarca todo el sentido del pecado, porque, aún cumpliendo podemos pecar. El cumplimiento tiene que ir acompañado de la buena intención, empapado de verdad y justicia y de la acción pertinente que desprende el espíritu del acto cumplido. No basta con ir a misa y, se acabo mi actitud cristiana, sino que realmente empieza con la misa. 
Mi corazón abierto a la Misericordia del Padre tiene que proyectarse misericordiosamente a mi relación con los hermanos. Porque, si no estoy mintiendo y quien miente permanece en pecado.La verdadera Ley está dentro de nuestros corazones - Jr 31, 33 - y es más amplia que la ley humana, la trasciende y la perfecciona, porque la misericordia de Dios está en nosotros y nos da la vida y la oportunidad de ser felices eternamente. Por eso, siempre estamos en tiempo de conversión. Nuestro camino es un camino de conversión y de perdón. Siempre tenemos esa oportunidad, levantarnos de nuestras caídas y volver, con la buena intención anidada en nuestro corazón, a comenzar de nuevo, confiados y esperanzados en la Misericordia de Dios nuestro Padre.

jueves, 14 de marzo de 2019

LA BONDAD DE UN PADRE

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Todos sabemos, por experiencia, lo bueno que son nuestros padres. Es verdad que hay excepciones, pues somos humanos y, por eso, pecadores, y se cometen muchos errores. Pero, en sentido general los padres desprenden bondad  para con sus hijos. Pues, si eso es así, ¿cómo nuestro Padre del Cielo, Bondad Infinita y que nos ha creado, nos va a dejar desamparados? No tendría sentido, por lo que deducimos que hemos sido creados para la eternidad.

Pero, eso no queda ahí, sino que Jesús nos lo ha revelado y nos lo ha demostrado con sus enseñanzas, su Muerte y Resurrección. Y para eso nos ha dado la oración del Padrenuestro, que en el Evangelio de ayer comentabamos y reflexiónabamos. Porque, necesitamos relacionarnos con el Padre, nuestro Padre, para pedirle por nuestras necesidades; para buscarle y conocerle mejor cada día en aras de hacer su Voluntad; porque, el que toca será respondido y se le abrirá la puerta.

Esa es la dinámica de nuestro camino. No podemos caminar por nuestra cuenta, ni formarnos un dios que sea producto de nuestros sentimientos, nuestra imaginación o nuestros deseos. Necesitamos encontrar al Dios que Jesús nos revela, nos descubre, nos enseña y nos muestra con su Palabra y con su Vida. Un Dios creador; un Dios Padre y un Dios que quiere compartir su Gloria con cada uno de nosotros para siempre.

Pero, un Dios que exige sus condiciones, porque es el que sabe, el que nos conoce y el que nos puede llevar a la plena felicidad que, perdidos en este mundo, no sabemos encontrar. Y mejor que condiciones podemos decir condición. Simplemente amar. Amar como Él nos enseña a amar en su Hijo Jesús. Un amor que sólo plantea una regla: no quieras para otro lo que no quieres para ti. Esa es la condición y la regla de oro. 

Posiblemente estés de acuerdo conmigo que tratando de vivir esa regla el mundo daría un vuelco total y todo sería mejor.