martes, 23 de agosto de 2022

JUSTICIA, MISERICORDIA Y FE

Son los tres pilares sobre los que tienes que construir y edificar tu vida: Justicia, Misericordia y Fe apoyados en la Roca que es Jesús. En Él podemos y seremos capaces de practicar la justicia, la misericordia y abrirnos al don de la fe recibida, de y por su Amor Misericordioso. Todo lo demás vendrá por añadidura.

Es de pura lógica que quien práctica la justicia cumplirá con todos los preceptos y normas que marca la Ley. Es primero ser justo, misericordioso y, por supuesto, creer firmemente en Jesús, el Hijo de Dios Vivo. Por lo tanto, lo básico y fundamental es vivir en la justicia, la misericordia y confiados en la Bondad Misericordiosa de Dios.

Debemos tener mucho cuidado y estar siempre en estado de alerta con nosotros mismos, porque, el diablo está al acecho y, aprovechándose de nuestras inclinaciones naturales a las pasiones, concupiscencias y satisfacciones egoístas, trata de seducirnos, acomodarnos y vivir en el cumplimiento y práctica olvidando lo fundamental, el amor. El amor que se concreta en la justicia, misericordia y, sobre todo, la fe en Jesús.

 

—¿No te parece, Pedro —dijo Manuel— sin darnos cuenta nos instalamos en nuestras propias seguridades y comodidades olvidándonos de lo fundamental, el amor?

—Es, verdaderamente, un peligro —respondió Pedro.

—Y muy fácil de caer. Somos propensos al pecado, débiles y fáciles de ser seducidos. El diablo sabe aprovechar bien esas oportunidades y circunstancias.

—Conviene, por tanto —afirmó Pedro— tener fe y agarrarnos fuertemente al Señor. En y con Él venceremos esas tentaciones y seducciones.


Ese es el camino. Confiados y sustentados por la fe en el Señor, esforzarnos en hacer su Voluntad, tal es vivir verdaderamente en la justicia, la misericordia y confiado en su Palabra. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

lunes, 22 de agosto de 2022

ALEGRATE, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO

Lc 1,26-38

Sabemos y conocemos, por el mismo Jesús, que el camino es duro y sufrido. Sabemos que seguir al Señor nos complica la vida y que la puerta por la que hemos de pasar es estrecha y complicada atravesarla. Pero, a pesar de ese panorama pesimista y poco apetecible, María, también nuestra Madre, aceptó la propuesta que Dios le hizo y se abrió a hacer su Voluntad.

El premio a su disponibilidad fue la invitación a estar alegre y llena de la Gracia de Señor. Con Él nada hay que temer. Para Él todo es posible, y así se lo hizo saber anunciándole que su prima Isabel estaba en cinta. El camino sabemos que es duro. Jesús no nos miente y nos lo ha dicho, pero, la consecuencia de seguir por ese camino que Jesús nos señala es la alegría, la paz y el gozo de la plenitud eterna.

Esa es la propuesta del Señor que se esconde detrás de nuestro sí, tal y como hizo María. Ese es el premio a la aceptación y seguimiento a su Palabra que se esconde detrás de la cruz. Una cruz que es la prueba de nuestra fe y la que nos traerá la alegría y la felicidad eterna, que buscamos en este mundo y nunca encontraremos porque en él no se encuentra. Está en el Señor que nos promete alegría. Así fue el anuncio a la Virgen: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». 

 

—La verdad es que no apetece nada seguir a Jesús. Esa es la primera impresión que sentimos —dijo Pedro.

—Así es —respondió Manuel. Nuestra naturaleza está inclinada a la materialidad y a la satisfacción. Y la renuncia, el sacrificio y las privaciones no gustan a nadie.

—Se hace duro elegir ese camino.

—Sí, pero, detrás se esconde esa felicidad que todos buscamos. Una vez que lo inicias vas saboreando y gozando que es ahí, detrás de esa puerta estrecha, que es caminar con Cristo, donde está el gozo y la felicidad.

domingo, 21 de agosto de 2022

UNA VIDA PARA GANAR LA ETERNIDAD EN PLENITUD


Lc 13,22-30

Hemos sido creados no para un tiempo determinado, sino para la eternidad. Pero, una eternidad en plenitud que dependerá mucho de nuestra forma de vivir y de amar en esta vida temporal de este mundo caduco. Estamos llamados, quieras darte cuenta, aceptarlo o no, a una Vida Eterna, pero, vivida en plenitud de gozo y felicidad o, por el contrario, en angustia y sufrimiento infernal. Serás tú, como también yo, quienes decidamos que sucederá con esa invitación, que todos tenemos y llevamos en nuestro corazón, al Banquete Eterno junto a nuestro Padre Dios.

No hay otra realidad. La puerta del esfuerzo, de la fe, de la perseverancia y de la llamada al Reino de Dios permanecerá abierta mientras vivamos en este mundo. Siempre habrá tiempo de conversión y de abrirnos a la fe, pero, somos consciente que cada día que pasa hay menos tiempo. Y, para algunos, como es mi caso particular, la fecha no está lejos. Por tanto, siempre urge abrir nuestro corazón a la Palabra de Dios y ponerla en práctica en nuestra vida esforzándonos en entrar por esa puerta estrecha que el Señor nos señala.

Aligerar nuestro corazón de malicia; segunda y malas intenciones egoístas; concupiscencias, envidias, odios, venganzas y todo aquello que levanta una barrera entre nuestro Padre Dios y nosotros impidiéndonos verle y acercarnos con humildad y abiertos a su misericordia. Necesitamos despojarnos de todo lo que nos impide avanzar y crecer en la fe.

 

«El camino nos lleva a algún sitio, pensó Manuel, y mirar para otro lado no arregla nada. Es más, nos puede sorprender con encontrarnos la puerta de esa felicidad que buscamos cerrada»

—¿Qué piensas, Pedro, al respecto de esa puerta estrecha?

—Habrá que adelgazar para poder entrar y esforzarse en despojarse de muchas cosas innecesarias que, aunque nos supongan esfuerzo, convienen dejarlas a un lado.

—Creo que has respondido correctamente. Lo bueno exige esfuerzo y tras la puerta estrecha se esconde esa felicidad que todos buscamos. Por tanto, exigirá esfuerzo y privaciones. ¿No te parece?

 

Evidentemente, esa era la consigna y la actitud. Seguir a Jesús, que es lo que conviene, lo bueno y donde está la felicidad, exigirá sacrificios, esfuerzos y lucha. Pero, verdaderamente vale la pena. Conviene, pues, esforzarse para poder entrar por la puerta estrecha.

sábado, 20 de agosto de 2022

TESTIMONIO Y PALABRA

La palabra es el vehículo de la comunicación y, por medio de ella, nos relacionamos y nos comunicamos transmitiéndonos lo que pensamos, como vivimos y lo bueno y verdadero. Descubrimos la mentira y la falsedad, lo malo y lo ficticio. La palabra nos ayuda a crecer y a avanzar en la verdad. Pero, más que la palabra está lo impactante que es el testimonio. Una imagen vale más que mil palabras, porque la imagen transmite la verdad de lo que tú ves. Y una buena imagen llega siempre al corazón.

De ahí que Jesús dice en el Evangelio de hoy: (Mt 23,1-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y

Es evidente que la palabra es necesaria y ayuda mucho, pero una palabra, por muy bien dicha y expresiva que sea, si no va acompañada del testimonio de poco vale. Porque, lo verdaderamente importante es que lo que tú digas trates de cumplirlo. Al menos que se note tus esfuerzos por ajustar tu vida a la de tu palabra.

No se trata de estar y ocupar los primeros puestos, sino, si estás ahí porque los que te hayan puesto sea por tu servicio, por tu actitud de ser el último y darte a los demás. Pues, muy bien dice Jesús que los últimos serán los primeros. Sus Palabras finales son muy elocuentes y claras: «El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

 

—Si lo que te digo y anuncio no lo ves luego insertado en mi vida, mis palabras se las llevará el viento. Solo —agregó Manuel— lo que se ve se queda.

—Lógico —respondió Pedro. Lo que no se ve será difícil creerlo.

—¡Claro!, ¿cómo puedes hablar de amor y luego vivir en el desamor y la indiferencia?

—La palabra dicha tiene que ir en la misma sintonía que la vida. Si hay desajuste en ambas, la palabra no llega.

Hubo una pausa y, concluyendo, Manuel afirmó.

—Sin testimonio la palabra muere en el camino y no llega al corazón.

viernes, 19 de agosto de 2022

SOLO UN MANDAMIENTO: EL AMOR

De nada te valen los cumplimientos y las buenas obras si son realizadas por mero cumplir y compartir sin esa chispa de amor que te impulsa a hacerlas gratuitamente, sin ningún interés partidista ni de provecho y, simplemente, por amor. Porque, así actúa nuestro Señor, nos da la Vida y Vida Eterna por y con Amor Misericordioso. ¿Cómo, pues, nos atrevemos nosotros a actuar por interés filantrópico; de forma interesada buscando algún provecho; para lucirte, que te vean, admiren y te halaguen o por otros motivos que esconde un interés egoísta? Quizás puedas engañar a muchos, pero nunca a nuestro Padre Dios.

Solo un amor bien intencionado y sin ningún interés, incondicional, gratuito y en correspondencia al amor que recibimos de Dios es el amor que tendrá valor delante de nuestro Padre Dios. Un amor que se realiza y se concreta en este mundo y en donde tú estás. 

No necesitas buscar lugares o circunstancias donde dar tu amor, las tienes a tu lado en tu ambiente, en tu familia, en tu trabajo, en tu círculo social y en todos los instantes que tu vida se encuentra ante alguien que necesite de ti. Se trata de ser en cada instante una fuente de amor sin más pretensiones. Amar en las cosas corrientes, sencillas, pequeñas que cada día se presentan en tu vida. Y Dios, si así lo decide, hará lo demás. Tu y yo, simplemente, tendremos que esforzarnos en amar.

 

—Porque, que saco con amar a Dios si a Él no le veo. Dios no necesita nada —esbozó Manuel.

—Y amarle a Él es demasiado fácil. No te va a regañar nada ni a ponerte ninguna condición. Simplemente, amas como a ti te gusta y según tú quieras y desees —respondió Pedro.

—Así es, solo con y en el prójimo encontraremos razones para demostrarle amor a nuestro Padre Dios. Amándole a ellos amamos a Dios.

jueves, 18 de agosto de 2022

A ESE DESTINO VAMOS: EL JUICIO FINAL

Así sucederá cuando llegue la hora del juicio final. Tendremos el nuestro, propio y particular, pero al final habrá uno de carácter universal. Podrá creer lo que desees y te interese, pero el Evangelio de hoy lo deja bien claro: Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, más pocos escogidos».

Evidentemente, todos somos enviados sin excepción, pero no todos aceptan esa invitación. Sucede ahora en nuestro tiempo y ha sucedido en todas las épocas. Es cuestión de planteárselo porque el tiempo es corto. Concretamente, el mío está próximo. Por tanto, la mejor opción de mi vida está en mirar al Señor y tratar, con mi humilde esfuerzo, vivir en su presencia cada día. Tratar de, donde Él me ha puesto, ser lámpara de su Palabra y de su Amor Misericordioso.

No hace falta buscar misiones extraordinaria y que suenen mucho, simplemente la tuya y la mía es la que tenemos en nuestro ambiente, en nuestro círculo, con los nuestros, con los próximos. Así de sencillo, abramos los ojos y veamos que el Señor lo que nos pide es que vivamos en su Amor y dando amor en donde estamos y con los que estamos. Posiblemente, ese será el traje de boda que debemos llevar. De lo contrario podemos averiguar que nos puede suceder. Tengamos confianza en el Infinito Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios y confiemos en Él. Nada le es imposible.


—¿Qué piensas al respecto, Pedro? —Preguntó Manuel.

—Supongo que habrá un juicio final. O mejor, te quedará todo claro sobre tu actitud y comportamiento en esta vida. Es decir, tú mismo te juzgarás.

—Es lo que pienso —dijo Pedro. Se nos abrirá la mente y veremos nuestros propios pecados y nuestra indiferencia al amor de nuestro Padre Dios.

—Pero, cuando nuestro corazón le confiesa y cree en Él, seremos perdonados. Su Misericordia es Infinita. Solo los que le rechazan serán víctima de sus propios pecados.

 

Esa es nuestra esperanza y nuestro gozo. Sabemos de la Infinita Misericordia de Dios, pues, Jesús, el Hijo de Dios Vivo, nos lo ha dicho y nos lo ha testimoniado entregando su Vida por verdadero Amor misericordioso. Y en esa esperanza y misericordia creemos y vivimos mientras nos esforzamos en ir lo mejor preparados y limpios.

miércoles, 17 de agosto de 2022

LA MISERICORDIA NO TE EXIME DE LA REPARACIÓN DE TUS PECADOS.

Mt 20,1-16

Es evidente y de sentido común que lo que hayas hecho mal tenga su castigo. O mejor, dicho de otra forma, sea reparado justamente. Sería absurdo pensar que la misericordia de Dios, al perdonar nuestros pecados, dejara sin reparación nuestras faltas. Es lógico que todo lo que se ha hecho mal se tenga que reparar y, por tanto, pagar. Nadie puede escapar a su responsabilidad y todo lo realizado de manera injusta y maliciosamente tendrá que pagarse. Quizás esa sea la razón evidente del Purgatorio.

Dios es justo, pero también misericordioso. Es vedad que tenemos el pasaje del último momento del Señor en la cruz y el buen ladrón, pero solo Jesús, el Señor, sabe el por qué y la razón de su ofrecimiento a aquella persona. En el Evangelio de hoy la justicia de Dios se percibe claramente. Ajustó un denario con aquellos primeros trabajadores invitados a ir a su viña; luego invitó a otros más tarde y a otros casi al final del día. Y a todos quiso pagarle igual. Tanto con los que había ajustado un precio que con los que llamó a última hora.

Posiblemente, esa sea la razón del ofrecimiento con aquel crucificado – buen ladrón – a su derecha. El Señor quiso pagarle lo mismo que a otros muchos que, habiendo supuestamente hecho más méritos – entre paréntesis – merecían más. No alcanzamos a comprender ni entender la Infinita Misericordia de Dios. Miremos a nosotros mismos y veremos como no merecemos nada de todo lo que nuestro Padre Dios nos da.

No es el cumplimiento lo que nos salva, pues, por mucho que nos esmeremos siempre erraremos. ¡No somos perfectos! Nos salva la fe y la confianza puesta en nuestro Padre Dios – esa puede ser una gran razón para el perdón de aquel llamado buen ladrón – y, por supuesto, su Infinita Misericordia. Quizás pasemos parte de nuestra vida ociosos espiritualmente, pero, confiados y esforzados en ser  dócil a su Palabra y perseverantes en la fe alcanzaremos su Misericordia. Quien cree en Mí, dice el Señor, tendrá Vida Eterna. 


—Evitar —dijo Manuel— todo el mal que puedas es vital para tu vida. Pues, lo realizado mal se tendrá que reparar. Es de sentido común. ¿No te parece Pedro?

—Evidentemente, amigo Manuel. Todo debe ser reparado a pesar de ser perdonado.

—Supongo —agregó Manuel— que esa es la razón por la que debe haber un lugar donde pagaremos todos nuestros pecados hasta, limpios, gozar en la Gloria de nuestro Padre.

—Sí, respondió Pedro. Y ese debe ser el lugar que llamamos Purgatorio.


Ambos amigos estaban de acuerdo y pensaban que es mucho mejor hacer todo el bien que se pueda y evitar el mal. Y, de hacerlo, tratar siempre de repararlo. De cualquier manera, la Infinita Misericordia de Dios nos llena de gozo y alegría. Por ella nuestra esperanza fortalece nuestro espíritu y nos invade de gozo, amor y felicidad.