domingo, 19 de mayo de 2024

LA HORA DEL ESPÍRITU

Es el momento de sentirnos llamados y fortalecidos para dejar salir todo lo que sentimos y descubrimos dentro de nosotros. La fuerza del Espíritu que nos invade nos lanza, nos vigoriza y nos ilumina. Es la hora del Espíritu, ese mismo Espíritu que ha entrado en nosotros a la hora den nuestro bautizo. Un Espíritu que nos abre nuestro entendimiento, que nos descubre a nosotros mismos, que nos identifica con el sentimiento de filiación con nuestro Padre Dios por su Infinita Misericordia, que pone en nuestras bocas las palabras del anuncio, que nos abre el corazón y nos mueve a dar testimonio de lo que sentimos y creemos.

Jesús es el Hijo de Dios, de modo que su Palabra, su Vida y su propuesta no es una suposición, ni una fantasía y menos una ideología o una historia edificante. Su Palabra es Palabra de Vida Eterna que nos transforma ahora en el presente y cambia el rumbo de nuestra vida. Nos lanza a la misión de darle a conocer, de decirle al mundo que Jesús Vive porque, muerto en la cruz, ha Resucitado.

Experimentamos que el sentido de nuestra vida cambia. Descubrimos que solo el amor nos hace felices y que la necesidad de darnos, de entregarnos al servicio gratuito por amor es lo que realmente da sentido a nuestra vida. Todo es diferente porque Jesús, el Señor, el Hijo de Dios Vivo es el gozo y la felicidad eterna que todos buscamos. Y en eso y a eso dedicamos nuestra vida.

sábado, 18 de mayo de 2024

TÚ, NO MIRES PARA ATRÁS, MÍRAME A MÍ Y SIGUEME

Hoy quiero transcribir, tal como vienen escritas, las palabras del Papa Francisco. Me parecen acertadas y mucho mejor de lo que yo pueda transmitir:

El Señor repite hoy, a mí, a ustedes y a todos los Pastores: “Sígueme”. No pierdas tiempo en preguntas o chismes inútiles; no te entretengas en lo secundario, sino mira a lo esencial y sígueme. Sígueme a pesar de las dificultades. Sígueme en la predicación del Evangelio. Sígueme en el testimonio de una vida que corresponda al don de la gracia del Bautismo. Sígueme en el hablar de mí a aquellos con los que vives, día tras día, en el esfuerzo del trabajo, del diálogo y de la amistad. Sígueme en el anuncio del Evangelio a todos, especialmente a los últimos, para que a nadie le falte la Palabra de vida, que libera de todo miedo y da confianza en la fidelidad de Dios. Tú, sígueme. (29062014)

(Papa Francisco)

Yo, Señor, quiero seguirte, Tú lo sabes, y sabes mejor que yo mis fracasos, mis debilidades, mis rebeldías, mis egoísmos, mis comodidades, mi soberbia y pecados. Límpiame de todas esas impurezas y dame la fortaleza, la sabiduría, la capacidad de discernimiento para elegir siempre hacer el bien, buscar la verdad y tenerte siempre presente y en el centro de mi corazón. Amén.

viernes, 17 de mayo de 2024

FIELES POR LA MISERICORDIA DE DIOS

Podemos asegurar ser fieles y no fallar, y asegurarlo una y mil veces. Y hasta dar pruebas de ello. Pero, queramos o no, tendremos que reconocer nuestra fragilidad, nuestra debilidad y nuestra condición humana y pecadora. Posiblemente, en este diálogo de Jesús con Pedro se esconde el descubrirle esa condición pecadora y la garantía, a pesar de sus pecados, de la siempre fidelidad del Señor. Pedro lo experimentará en esa noche irrepetible de sus tres negaciones a reconocerse amigo y fiel al Señor.

Y eso nos sostiene a cada uno de nosotros y, en su conjunto, a la Iglesia. No nos salvamos por nuestras obras, por nuestros méritos ni por todo el bien que hagamos. Si, verdaderamente eso vale, pero nunca será suficiente para una salvación plena junto al Señor. Nunca lo mereceremos. Si lo logramos será por la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios, puro regalo gratuito por Amor. Un amor que solo entenderemos cuando estemos en su presencia.

Y sabernos amado misericordiosamente nos fortalece, nos renueva, nos da ánimo para empezar de nuevo, para seguir en la lucha a pesar de la cruz que siempre estará tentándonos y probándonos. Ese es el camino y esa es la esencia de sentirnos Iglesia, camino sinodal que nos sostiene unidos, fortalecidos y, sobre todo, amados por el único que nos ama de verdad, nos perdona misericordiosamente y nos salva.

jueves, 16 de mayo de 2024

TODO NOS VIENE DE LA UNIDAD Y AMOR DEL PADRE Y DEL HIJO.

Lo verdaderamente importante es dejar pasar la luz que nos viene de arriba; lo más importante y grandioso es mostrar el Amor que nos une y nos hace uno con el Padre; lo más grande es dar a conocer que el Hijo, enviado por el Padre, nos anuncia el Amor Misericordioso del Padre y la unidad que tienen Padre e Hijo. Y eso es lo que, al anunciarnos y transmitirnos, quiere el Hijo dar a conocer. Por eso repite una y otra vez: (Jn 17,20-26): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que…

La misión de Jesús, el Hijo, es hacer la Voluntad del Padre. Viene libre y voluntariamente, pero enviado por el Padre. Entrega su Vida libre y voluntariamente, pero por amor misericordioso como es la Voluntad del Padre. Y nos anuncia y transmite que esa es la Voluntad del Padre: que permanezcamos unidos como lo están Él y el Padre. Y en esa misma medida, es decir, en nuestra unidad desde el amor, que nos tienen el Hijo y el Padre, podamos ser luz para los que crean y vean de donde nace y permanece nuestro amor.

Porque, realmente nos salva, no nuestras obras ni nuestros actos, sino la Misericordia Infinita de nuestro Padre Dios que está también en el Hijo y que por sus méritos recibidos en su Pasión, muerte y Resurrección nos rescata para la Vida Eterna.

miércoles, 15 de mayo de 2024

¡PADRE, GUARDALOS DEL MALIGNO PARA QUE SEAN UNO COMO TÚ Y YO LO SOMOS!

La realidad es que estamos de paso por este mundo. Es evidente que no pertenecemos a él porque a él hemos venido y de él no vamos en nuestra hora final. Digamos que somos aves de paso y que en él podemos merecernos – entre comillas – alcanzar la Casa del Padre si cumplimos los mandamientos que nos propone el Señor.

Por tanto, si aceptamos esa renuncia del mundo y bautizados en el Espíritu Santo nos proponemos cumplir los mandatos del Señor y seguirle siendo fiel a su Palabra, experimentaremos el rechazo del mundo: seremos perseguidos, odiados, excluidos, señalados, apartados… incluso hasta amenazados de muerte. Seremos tentados por los tres grandes peligros del alma: mundo, demonio y carne. Sufriremos el asedio de nuestras propias pasiones y egoísmos. Experimentaremos desesperación, serenidad y debilidad para luchar contra el desánimo, el desamor humano y nuestra propia creatividad.

Lo mundano es corrosivo porque provoca la pérdida del sentido de la gratuidad. No desestabiliza y nos roba la buena intención de buscar la paz y la concordia. De alguna manera buscan anularnos y someternos para debilitar nuestra fe, nuestra esperanza y deseos de amar y amarnos misericordiosamente injertados en el Espíritu Santo. Y eso, si permanecemos en el Señor, no podrán hacerlo. Injertados en el Espíritu Santo, recibido en la hora de nuestro bautismo, seremos invencibles, a pesar de que nuestra vida sea un camino de cruz. Nuestra hora final será el gozo y la alegría de la Resurrección en el Señor Jesús.

martes, 14 de mayo de 2024

GUARDAR MIS MANDAMIENTOS COMO YO LOS HE GUARDADO CON MI PADRE.

Lo que nos pide Jesús, el Señor, no es nada que Él no haya hecho antes. Su testimonio de vida es testimonio – valga la redundancia – de verdad. Él ha guardado el mandato de su Padre hasta el extremo de entregar, libre y voluntariamente, su Vida por amor y obediencia a su Padre. Y lo mismo nos pide ahora a nosotros: «Como el Padre me amó, yo también los amo a ustedes; permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos, permanecen en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

Confiesa su amor por nosotros de la misma manera que su Padre le ama al guardar Él el mandato de su Padre. Y se hace Señor y ejemplo para cada uno de nosotros. Es nuestra referencia y modelo para, tratando de esforzarnos en imitarle, guardar sus mandatos y permanecer en Él. Así de esa manera también permaneceremos en el Padre.

Experimentamos que somos espejos de nosotros mismos. Si nos miramos en un espejo nos vemos reflejados y, quizás sin darnos cuenta, miramos por nosotros mismo. Es evidente que la faz de nuestros hermanos no se hace visible. Incluso desaparece, pero, interiorizada nuestra vista podemos apreciar que están en lo más profundo de nosotros mismos. Podemos atrevernos a descubrirlos y romper nuestro propio e invisible narcisismo que se nos esconde a nosotros mismos, pero está.

Sin embargo, descubrir que solo no podemos es el primer paso por dar. Necesitamos al Paráclito que el Padre nos envía para, abriéndonos a Él, darlo. Se trata de irnos olvidando de nosotros para ver al otro y ponerlo en nuestra presencia tomándolo en cuenta. Es entonces cuando descubrimos que nuestra misión es amar como Jesús nos ama. Y esa medida experimentamos también nuestro amor, a través de Jesús, al Padre. Es cuestión de empezar el camino, ¡no te parece?

lunes, 13 de mayo de 2024

YO HE VENCIDO AL MUNDO

Y esa es nuestra esperanza, nuestra fuerza y nuestro camino: «vencer al mundo en Xto. Jesús». Sabemos que nos espera, de los sufrimientos y luchas que tendremos que afrontar en el camino, pero, también sabemos, lo que nos espera al final: Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad en la Gloria de nuestro Padre Dios.

Tengamos siempre presente de que no caminamos solos y que quien nos acompaña lo puede todo. Tengamos siempre presente que el Señor – quien nos acompaña – ha vencido a la muerte y, por tanto, ha Resucitado. Él nos explica el sentido de las Escrituras y enciende nuestro corazón – recordemos a los discípulos camino de Emaús – iluminándonos y transformándonos para que podamos anunciar al mundo su misterio de salvación con la fuerza y sabiduría – como nos dice el Papa Francisco – que nos viene del Espíritu Santo.

Jesús no nos engaña, habla muy claro con su testimonio de vida. Su sacrificio en la cruz nos deja muy claro cual es nuestro camino:  luchas, esfuerzos, sacrificios, dolor, rechazos…Victimarios que nos persiguen, maniobran de mala fe, manipulan, extorsionan y matan. Ambiciones y afanes de poder desmedidos, excluyentes, distorsionadores… En resumen un camino de cruz. A eso estamos dispuestos si queremos seguir al Señor.

Pero, no vamos solos. Jesús sigue y camina a nuestro lado. Él ha vencido al mundo y nosotros, injertados en Él lo venceremos también porque tenemos la fuerza del Paráclito que nos ha sido enviado para fortalecernos, asistirnos y auxiliarnos en esos momentos de debilidad, de oscuridad y tribulación.