lunes, 9 de diciembre de 2024

EL PERDÓN LIBERA

Posiblemente lo hayas experientado en esos momentos que has sido perdonado o has perdonado. Experimentas como si te quitaras un peso de encima. Te sientes más liberado, más libre, más ligero y gozo interior. No cabe ninguna duda que así es. Tu propia experiencia así te lo descubre.

Eso fue lo que pasó en aquel momento cuando le presentaron al paralítico delante de Jesús. Lo primero fue perdonarle sus pecados para que se sintiera liberado y reiniciara su vida; lo segundo, ante la incredulidad de los que estaban presente – también fariseos y maestros de la ley – Jesús aprovecha para mostrarle su poder de curar esa parálisis física que le otorga el poder también de perdonar los pecados.

Hoy está sucediendo lo mismo. Hay muchos milagros que, incluso viéndolos, no queremos ver ni aceptar. Tratamos de justificarlo con nuestros razonamientos humanos, torpes y limitados, distorsionando la realidad y auto engañándonos a nosotros mismos. Se repite más de lo mismo.

Nos resistimos a aceptar el perdón y a perdonar tal y como somos perdonados. Lo decimos en el Padrenuestro, pero muchos no son conscientes al decirlo y no creen en el perdón. Y eso nos impide renovarnos y levantarnos, tomar nuestra camilla y empezar de nuevo.

domingo, 8 de diciembre de 2024

LA LLENA DE GRACIA

No es María una criatura más, es la Madre, la elegida y, por tanto, «la llena de Gracia». Desde su concepción fue elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo, el Mesías prometido, y para ello, fue concebida sin pecado original. Llena de Gracia desde el primer instante.

Y no podía ser de otra manera. La Madre del Redentor tendría que estar limpia, llena de Gracia, y sin pecado. No se podría entender que la Madre del Redentor estuviese manchada por el pecado. De sentido común que la Madre fuese limpia, limpia de toda duda, de toda mancha y dispuesta a la Voluntad de Dios.

Por eso, María nos enseña el camino hacia su Hijo: primero creyó en su Palabra. Fue su primera discípula y, como tal, esperó, pues quien cree espera. María no desesperó, al contrario siempre mantuvo una actitud de espera. Y, al mismo tiempo acepta los acontecimientos que se van sucediendo en su vida. Confía, fortalece su fe en esa confianza que la anima a estar disponible, abierta al servicio.

Es evidente, María nos enseña el camino en ese Adviento de espera. Es la Inmaculada, la Madre que con su vida ejemplar nos lleva a la presencia de su Hijo, nuestro Mesías y Salvador.

sábado, 7 de diciembre de 2024

INFINITA MISERICORDIA Y COMPASIÓN

Es evidente que nuestra salvación es un misterio que nunca, al menos en este mundo, podemos llegar a comprenderlo. Todo es Gracia e Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios. Y una Misericordia inmerecida que, por mucho que hagamos nunca llegaremos a merecer.

Por tanto, la compasión de nuestro Padre Dios, inmerecida por nuestra parte, es un regalo tan grande que nunca llegaremos a entender ni comprender. Por medio de ella tenemos – gratuitamente – la posibilidad de alcanzar la Vida Eterna en plenitud de gozo  y felicidad junto al Padre en su Reino. Y, por otra parte, corremos el gran riesgo de – por el pecado – perderla permaneciendo en el dolor y rechinar de dientes eternamente.

Me estremezco sólo pensar en esa posibilidad de perder la Gracia que Dios me regala y me ofrece incondicionalmente. Y tan bajo perderla por el pecado, algo de tan poco valor ante la maravilla de la felicidad que sentimos cuando somos capaces de  amar negándonos a nosotros mismo.

Seamos, pues, del Señor de la mies y vayamos a trabajar en su mies entregando todo lo que gratuitamente hemos recibido. Vayamos asistidos – nunca solos – por la  acción del Espíritu Santo, recibido en la hora de nuestro bautizo. Y en Él démonos y demos todo lo que somos y hemos recibido de forma gratuita tal como lo hemos recibido.

viernes, 6 de diciembre de 2024

¿TU FE TE LLEVA A CREER EN LO INTANGIBLE?

Hemos dicho en muchas ocasiones que fe es creer en aquello que no se ve. Es decir, en lo intangible. Creer en Jesús de Nazaret, a quien no vemos, es creer precisamente en lo que no vemos, pero de lo que pensamos que sí está y es real. Precisamente esa es la condición que Jesús exige a aquellos dos ciegos: «¿Creéis que puedo hacer eso?». Dícenle: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe». Y se abrieron sus ojos.

En la misma situación estamos nosotros hoy, después de XXI siglos. Jesús vive, creemos en Él, y la cuestión está en que le pidamos, profundamente convencidos, que nos salve. Porque, como aquellos dos ciegos, creemos que Jesús puede salvarnos, y que su Voluntad es precisamente esa – para eso ha venido – la de salvarnos.

Por lo tanto, Señor, aumenta nuestra fe para que podamos, como aquellos dos ciegos, buscarte y gritar que abras nuestro ojos y podamos ver realmente tu Gloria.

jueves, 5 de diciembre de 2024

LAS PALABRAS NECESITAN HECHOS QUE LE DEN VIDA

La verborrea puede ser elocuente, pero si no se traduce en hechos se evapora y se queda en nada. Las palabras necesitan hechos reales y de nada sirven si sólo se quedan en eso, en simples palabras, que por muy elocuentes que sean no sirven para solucionar los problemas.

Escuchar, por tanto, palabras que signifiquen verdad y sean buenas necesitan ser puestas en prácticas, pues de no ser así ningún valor tienen. De modo que escuchar la Palabra de Dios y no ponerla en práctica es como construir una casa sobre arena, tal y como dice Jesús en el Evangelio de hoy. Llegada las lluvias, desbordados los ríos, soplaron los vientos y  la casa se derrumba y hunde.

Lo verdaderamente importante no es solamente escuchar la Palabra – que es de suma importancia – sino, una vez escuchada, hacerla tuya y llevarla a la vida. Es decir, en otras palabras, ponerla en práctica. Y eso, alumbrado en un ejemplo como el anterior, lo podríamos significar en aquel que construye su casa sobre roca. Vienen las tempestades, los vientos y las lluvias y la casa se mantiene firme.

De la misma manera, nuestra fe permanecerá firme si la sedimentamos en los sacramentos – Eucaristía y Penitencia – y en la oración. Esa será la Roca que nos fortalecerá y evitará que nuestra fe se desmorone, se debilite y desfallezca. Porque, en Xto. Jesús seremos Roca firme que soportará toda tempestad.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

LA OPCIÓN DE COMPARTIR

Compartir es la palabra, pues no se trata de multiplicar ni de aumentar el fausto de cada uno, sino de compartir lo que tiene cada uno. Se trata de dividir, de partirse o de darse. Esa es el gran significado de la multiplicación de los panes y peces. Tenerse en cuenta unos y otros. Sobre todo a aquellos más necesitados, más carentes de lo necesario para vivir.

La actitud que nos muestra Jesús es la de preocuparnos por los demás. No se trata de una preocupación superficial, sino de lo que realmente subyace dentro de cada persona y de sus verdaderas carencias, tanto espirituales como materiales. Quizás no vemos nada en lo exterior, pero sí puede haber cosas escondidas que no llegamos a apreciar.

De cualquier manera la actitud de Jesús estaba en asistir las posibles necesidades de aquel gentío tanto de hambre como de posibles desfallecimientos. Y, advertido de tal necesidad, se preocupó de proveer lo necesario.

Esa es la actitud y la misión: compartir todo lo recibido, pues gratis lo hemos recibido y gratis debemos ponerlo en servicio de los demás.

martes, 3 de diciembre de 2024

PROCLAMAR SU PALABRA ES SEGUIR A JESÚS

A veces observas, y eso te llena de satisfacción y júbilo, que muchos se retiran, dejan de seguirte o, simplemente, se dan de baja de tus páginas de Facebook o Twitter. Es evidente que te seguirán los que quieres leer la Palabra de Dios o, simplemente, comentar o reflexionar mis humildes reflexiones sobre la misma. Y los que no están de acuerdo, o no les gusta dejarán de leerlas y seguirlas.

Una cosa es evidente, la Palabra es la Buena Noticia que nos trae Jesús expresamente con su Palabra. Él es la Palabra; Él es la Buena Noticia; Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Y en Él está contenido todo, tanto lo que se ve como lo que no se ve. Y proclamar la Palabra es hablar de Jesús, de su Vida y Obra.

Y lo podemos hacer, siempre con buena intención, mejor o peor, pero siempre será su Palabra. Sobre todo si, al hacerlo, sincera y humildemente nos ponemos en presencia del Espíritu Santo y dejamos que Él nos aconseje, nos dirija y nos ilumine. Podrá resultarnos bien o no tan bien, pero a través de ella iremos descubriendo nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Caminando en el Señor encontraremos siempre la Verdad.

Una Verdad que al Padre le ha parecido bien derramar en los sencillos y humildes. Y que Jesús lo alaba y da gracias por ello. Y tal es la gracia que nos dice: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».