lunes, 24 de marzo de 2025

EL PELIGRO DE NO RECONOCER EL TALENTO DEL OTRO

Es fácil caer en el peligro de mostrarse indiferente ante el talento del otro. Sobre todo si ese otro es alguien de afuera, o contrario a nuestra manera de pensar. La vida nos ha mostrado muchos ejemplos de ese cainismo que está anclado en nuestro corazón. Y es, precisamente, esa inclinación al mal la que debemos tratar de expulsar de lo más profundo de nuestro corazón en este tiempo de conversión y fe – Cuaresma – que se nos brinda como oportunidad de salvación.

Es cierto que nos cuesta quedarnos en segundo plano. Es cierto que nos duele que se mire al otro mejor que a mí, pero es ese dolor el que nos purifica y nos abaja de nuestro pedestal de soberbia y suficiencia. Es la cruz de la humildad la que nos salva, no el talento o la suficiencia, que sólo sirven para entregarlas – para eso se nos han dado -  en servicio al que lo necesita.

Ahí está establecida la lucha. Dejarnos llevar por nuestra soberbia significa hundirnos en los celos y envidia por el talento ajeno, y eso nos descontrola, nos empobrece y nos deja vacío de contenido y de esperanza. Tratemos de ser humildes y de reconocernos pobres y, nunca, mejores que otros.

domingo, 23 de marzo de 2025

CIERTAMENTE, DIOS NO NOS CASTIGA

Sucede que las personas que sufren alguna adversidad, al menos nos parece, viene de un castigo de Dios. Y, por otro lado, las que intentan hacer su Voluntad reciben premio y les va bien.

En mi humilde opinión, ni una cosa ni otra. Dios, nuestro Padre, no se mete en esas cosas, si bien, si lo cree necesario actuará. Él es dueño de hacer lo que crea, sobre todo si es para bien de sus hijos.

Las cosas suceden porque los hombres, consciente o inconsciente las provocan con sus actuaciones. A veces aparecen sin intención, por coincidencias en el tiempo o en la acción, y otras por nuestras irresponsabilidades, errores y pecados. Dios ha dejado el mundo en nuestras manos, y para nuestra salvación. Es cierto que nos acompaña y nos asiste, pero siempre contando con nuestro permiso. Nos ha creado libres y nos deja la libertad para que decidamos nosotros.

Otra cosa es que nos ha creado a su imagen y semejanza, y eso nos inclina, al menos lo experimentamos, deseos de hacer el bien y amar. Y otra, consecuencia de nuestra libertad – si no no seríamos libres – inclinados a dejarnos seducir por nuestras pasiones, ambiciones y egoísmos. La sombra del pecado nos acompaña y nos somete si no acudimos al Espíritu Santo, que desde la hora de nuestro bautismo está presente en nosotros.

La paciencia de nuestro Padre Dios, así como su Misericordia es Infinita, y, a pesar de nuestras meteduras de pata, errores y pecados, nuestro Padre nos da siempre la oportunidad de arrepentirnos y convertimos. Así nos lo dice en el Evangelio de hoy con esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar … Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”.

sábado, 22 de marzo de 2025

ESPERANZA EN LA MISERICORDIA

Aquellos momentos, imagino, tuvieron que ser trágicos. Pobre, indefenso, arruinado, alejado de su casa y de la protección de su padre, aquel hijo estuvo a punto de la desesperación y de cualquier disparate. Sin embargo, le pudo la razón y la confianza en la misericordia de su padre. Su conclusión fue confiar en el padre y regresar a casa.

La pregunta que nos lleva a la reflexión es: ¿Qué hubiésemos hecho nosotros? ¿Confiar en la misericordia de nuestro padre, o, desesperado hundirnos en la perdición? La parábola del hijo pródigo o, también conocida del Padre amoroso, nos señala el verdadero camino a tomar. Tenemos un Padre Infinitamente Misericordioso, y eso nos debe servir para no desesperar sino, tras reconocer nuestros pecados, levantarnos y volver a la Casa del Padre.

Porque, en ningún lugar estaremos mejor que con el Padre. Nuestro querido Padre, que nos ha creado, nos ha dado todo lo que somos y tenemos, y nos quiere con un Amor Misericordioso hasta el extremos de, encarnado en Naturaleza humana, segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo Predilecto, entregar su vida por nosotros.

¿Se puede querer más? Y nos espera con una paciencia infinita, para acogernos, abrazarnos y perdonar nuestros pecados. La mejor opción, nuestra mejor opción es levantarnos y volver a casa. Se nos permite pecar, pero no quedarnos en el pecado.

viernes, 21 de marzo de 2025

CERRADOS A LA ESCUCHA DE LA PALABRA

Vivimos con cierta indiferencia a nuestro destino. Imbuidos en el consumo de un mundo que nos seduce con sus ofertas, desde siempre no hemos rebelado contra nuestro propio origen y destino. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Dónde esta nuestra felicidad? Porque, una cosa es clara, buscamos la felicidad.

La realidad, nuestra propia realidad, es que hemos sido creados y provisto de todo lo necesario, y capacitados de libertad y talentos para, con nuestro esfuerzo, construir el mundo en el que vivimos y alcanzar la felicidad que buscamos. Porque, hemos sido creados para ser felices eternamente. Sin embargo, no despertamos a ese bien del que dependemos y del que hemos recibido todo lo que somos y tenemos. Y nos negamos a devolverle los frutos que espera de nosotros.

Podemos decir que de alguna manera nos negamos a ser felices. Precisamente para lo que hemos sido creados. Y, el Creador, ha enviado a Profetas una y otra vez y los hemos matado. Por último nos ha enviado a su Hijo predilecto, y hemos hecho lo mismo, le hemos matado. Y erre que erre seguimos haciéndolo cada día de nuestra vida. ¿Hasta cuándo vamos a resistirnos a la escucha de la Palabra de nuestro Creador?

Mientras, nuestro Padre Dios, nos sigue amando y perdonando. Y nos espera con Infinita Misericordia a que nos demos cuenta de todo su Infinito Amor y le devolvamos esos frutos de gloria y alabanza por todo lo que somos y nos ha dado gratuitamente sin merecerlo.

jueves, 20 de marzo de 2025

EL PELIGRO DEL RICO: NI VEN NI SE COMPADECE

Diría que nada ha cambiado. Tanto los ricos de ayer como los de hoy, salvo excepciones, ni ven la pobreza de otros, ni tampoco se compadecen. Como muy bien cuenta la parábola, aquel hombre rico – que representa a todos los ricos, incluso más allá de los crematísticos – es indiferente al pobre que, a su puerta, sufre de un modo considerable la carencia de todo. Y así, hoy, sucede entre muchos, excluidos del mundo, y otros, con abundancia notable.

La diferencia es insalvable. Entre los ricos del mundo y los pobres excluidos de él. No obstante, sabemos que Jesús declara sus predilectos a los pobres o excluidos. De alguna manera, Él, experimenta también esa pobreza y exclusión desde su gestación en el seno de María antes de venir a este mundo. Y, previo a su nacimiento, fue excluido hasta el extremo de venir a este mundo en un abandonado establo. Allí, sus padres, se ingeniaron un pesebre.

De la misma manera, esa distancia entre unos y otros será, tal como cuenta la parábola, también insalvable en la verdadera vida eterna. Y no es que la indiferencia hacia el otro no se pague y se perdone. ¡Claro que sí, la Misericordia de Dios es Infinita! Ahora, ahora ese perdón exige arrepentimiento y reparación. Nuestro Padre es infinitamente Misericordioso, pero también infinitamente justo.

Y eso lo vemos en la conclusión de la parábola que hoy nos trae el Evangelio. La clave es compartir, y también la fe. Una situación muy de acuerdo con los tiempos que corren y muy actual en cada época de nuestra vida.

miércoles, 19 de marzo de 2025

UN PADRE AL SERVICIO DE SU FAMILIA

Hay una oración que rezo todas las noches desde hace ya tiempo. Y me parece que muestra y detalla las características de San José. Un padre bueno, justo y responsable hasta el punto de que podemos suponer que para Jesús fue un reflejo del Padre del Cielo. La oración, por cierto del Papa León XIII, dice así:


A vos, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación,
y después de invocar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido y, por el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos volváis benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades.

Proteged, oh providentísimo Custodio de la Sagrada Familia la
escogida descendencia de Jesucristo; apartad de nosotros toda mancha de error y corrupción; asistidnos propicio, desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro en esta lucha con el poder de las tinieblas y, como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús del inminente peligro de su vida, así, ahora, defended la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir y alcanzaren el Cielo la eterna felicidad.

martes, 18 de marzo de 2025

UN MUNDO DE HIPÓCRITAS

Es evidente que el mundo está lleno de hipócritas. Y no es cosa nueva, pues en tiempos de Jesús abundaban por todas partes. Y, ahora, en nuestro tiempo, siguen abundando. La hipocresía es un pecado del pasado, de presente y, posiblemente, del futuro. Muchos son los que tratan de aparentar lo que no son, y dicen, lo que no hacen  e imponen a los demás lo que ellos no van a cumplir.

Son, los hipócritas, maestros de la incoherencia. Predican un comportamiento, y ellos se comportan según les convenga e interese. Tienen una doble vida y la viven según les convenga en cada momento. Y la Iglesia, nuestra Iglesia, no se escapa de ello. En ella también hay mucha hipocresía, la nuestra propia, porque muchas veces imponemos o proponemos cosas a otros que nosotros mismos no estamos dispuestos a cumplir.

Precisamente, este tiempo cuaresmal es una buena ocasión para proponernos limpiar la viga de nuestros ojos para poder ayudar a quitar la mota del de nuestro prójimo. Es una buena ocasión para humildemente tratar de ser más coherentes con nosotros mismos y esforzarnos en ajustar más nuestras palabras y mandatos con nuestras obras y vida.