domingo, 14 de abril de 2019

PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESÚS

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(Lc 22,14—23,56
Hoy, domingo de ramos, celebramos la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesús, que terminará con el domingo próximo, domingo de Resurrección, el triunfo de la Vida sobre la Muerte. Y desde esta perspectiva es como debemos contemplar esta Semana mayor, centro de la vida del cristiano.

Proclamamos, como sucedió en este domingo de ramos, a Cristo como Rey y Señor nuestro. Un Rey que viene humildemente a salvarnos, porque su Reino no está en este mundo contaminado por el pecado, sino que su Reino se apoya y fundamenta en el Amor. Un Amor que dignifica a la persona humana y que la antepone a toda la creación. Porque, Dios ha creado al hombre y la mujer como centros de la creación.

Tratemos de vivir esta Semana Santa con la intensidad que esa celebración demanda y significa, porque en ella está fundamentada nuestra fe. Jesús es condenado por blasfemia, y su blasfemia es revelarnos que Él es el Hijo de Dios enviado al mundo para revelarnos el Anuncio de salvación. Es condenado porque no creen en su Palabra y le rechazan como el Hijo de Dios. Es condenado porque no aceptan que, tomando nuestra propia naturaleza humana se ha despojado de todo asumiendo nuestra propia esclavitud y haciéndose igual a nosotros menos en el pecado.


Es condenado porque, (Flp 2,6-11): Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. 
Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Tratemos nosotros de exaltarlo y arrodillarnos ante su presencia y proclamarlo como el Señor, para gloria de Dios Padre.

sábado, 13 de abril de 2019

CUANDO LA PALABRA NO INTERESA

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Hay momentos decisivos en nuestra vida cuya elección marcará la decisión más importante y trascendental a la que aspiramos: El hallazgo y descubrimiento del gran Tesoro de nuestra felicidad eterna. Y es que ante lo razonable y la verdad se anteponen los intereses, el poder, la riqueza y la felicidad inmediata. Es el pecado del hombre que cierra los ojos ante la verdad y se vence al placer, la gloria y el disfrute de esta vida.

Aquellos sumos sacerdotes y fariseos no se detuvieron a pensar qué hacía Jesús, sino que sólo pensaron en la amenaza a su poder y gloria. Las consecuencias de lo que se desprendía de las Obras y Palabras de Jesús les amenazaba con dejarles sin poder religioso y civil ante el poder romano. Y no estaban dispuestos a consentirlo. Era, pues, necesario que muriese un sólo hombre para salvar al pueblo. 

Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación». Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación —y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos—. Desde este día, decidieron darle muerte.

El ansia de poder, de riqueza, de vanagloria y de el gozo inmediato les cerraron los ojos y endurecieron sus corazones. También nos ocurre a nosotros hoy. Obviamos la Palabra de Dios para afirmar la de los hombres en aras de mantener nuestros criterios y apetencias. No queremos cambiar porque nos sentimos seducidos por el placer, la gloria y el poder inmediato. El camino nos parece lejos, largo, cansado y con cruces, y cerramos nuestro ojos a la Verdad.

Buscamos razones para justificarnos y auto engañarnos y seguir nuestras mentiras disfrazadas de aparentes verdades. Nos ocultamos a la Luz porque permanecemos en la oscuridad y nos resistimos a salir de ella. Cerramos nuestros ojos y como ciegos nos dejamos guiar por otros ciegos - Mt 15, 14 -.

viernes, 12 de abril de 2019

Y HOY SIGUEN CON LA INTENCIÓN DE APEDREARLE

Resultado de imagen de Jn 10,31-42 por Fano
La Iglesia es perseguida y muchos siguen queriendo tirar piedras sobre ella e incluso matando a muchos por no apostatar. Se obstinan en no creer en Jesús y,  a pesar de sus buenas obras siguen obstinados en no creer en su Palabra ni que se manifieste como el Hijo de Dios Vivo. 

También nos puede a nosotros ocurrir lo mismo. Quizás nuestra impotencia y nuestros pecados no nos dejan ver nuestra debilidad y, si no rechazamos a Dios, sí creemos en un dios que nos hemos fabricado nosotros y que hemos ido adaptando a nuestra medida. Un dios al que no escuchamos sino al que interrogamos y respondemos nosotros mismos. Nuestra razón está muy lejos de la capacidad para entender a Jesús. No entenderemos lo que nos dice, y en la medida que queramos entenderle nos perdemos y alejamos más.

Porque, al querer entenderle y no poder, nuestra soberbia se despierta y nos ensoberbece más hasta el punto de rechazarle y de coger piedras para apedrearle. Tenemos que estar con mucho cuidado, sobre todo, con el demonio que está al acecho y al notar confusión y debilidad en nosotros se aprovecha para llevarnos a su terreno y tentarnos con nuestra propia suficiencia y soberbia.

Busquemos dentro de nosotros mismos las razones que nos ayudan a encontrarnos con el Señor. Porque, está dentro de nosotros. No lo busquemos afuera. Escuchemos la voz en la profundidad de nuestro corazón y dejémonos conducir por él, puesto que si somos semejante al Señor buscaremos, a pesar de nuestras caídas y errores, reflejarle en nuestro diario actuar.

Y eso, si miramos hacia nuestro interior, es lo que realmente hacemos. Queremos portarnos bien; queremos hacer buenas obras; queremos para los demás lo que deseamos para nosotros. Luego, ¿por qué no lo hacemos? El pecado nos ciega y esconde la parte buena de nuestro corazón sacando lo malo, lo contaminado, lo que incluso no queremos hacer.

jueves, 11 de abril de 2019

ESTA ES LA CLAVE

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El Evangelio de hoy es la razón que mueve todos los resortes de mi corazón. Siempre he querido vivir, como creo que anhela todo ser humano, pero, la clave está en que muchos lo quieren, pero no creen que se pueda lograr. Y soy uno de tantos que sí creen que se pueda lograr. Yo creo en la Palabra de Jesús, porque creo que es el Hijo de Dios hecho Hombre y su Palabra es Palabra de Vida Eterna.

No hay otra aspiración mayor que la de vivir eternamente. A veces me encuentro con gente que, incluso después de haber tenido experiencias cercanas a la muerte o a la enfermedad no reaccionan a la oferta que tienen propuesta gratuitamente por el Señor. Siguen emperrados en el disfrute de esta vida cuando su tiempo está marcado y muchos por su edad lo tienen cerca.

¿Es qué están ciegos?, me pregunto. ¿Es qué sus corazones están sometidos y engañados por el demonio? No lo puedo entender por mucho que me esfuerzo en hacerlo. Sí, no puedo negar que apetece. A mí también, pero no por eso voy a cerrar los ojos y no ver que este tiempo se gasta rápido y por mucho que disfrute ahora llegará pronto la otra vida. ¡Y luego ya no hay remedio!

Algunos llegan hasta decir que si creen en el otro mundo, pero que no hay nada malo en disfrutar de este y cuando llegue el otro difrutaremos del otro. Otros consideran que se portan bien porque la vida con ellos se porta bien y lo pasan bien. Pero, ¿no has pensado que según vivas aquí te corresponderá  vivir allí? No puedes desentenderte de todo el bien que puedes hacer en este mundo compartiendo todo lo que has recibido gratuitamente para el bien de los que, no teniendo nada, necesitan de ti, y luego, querer disfrutar también en el otro mundo. ¿Es qué no piensas sino en ti? Eso te descubre una actitud egoísta, encerrada en tu propio disfrute y pensando sólo en ti.

Y eso no se corresponde con el Amor que Dios te da para que tú como reflejo de Él lo compartas también con los demás. Luego, cuando hayas gastado tu tiempo aquí, disfrutando o no, allí recogerás tu cosecha. Y tú sabrás bien cual te corresponde. El Señor te iluminará para que veas claro que sitio te has ganado.

miércoles, 10 de abril de 2019

CUANDO VIVES EN LA VERDAD TE EXPERIMENTAS LIBRE


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Es la verdad la que te libera, te da paz y te hace actuar libremente. Pero, la verdad no está en este mundo ni en las cosas de este mundo. Sólo Dios es libre y es la Verdad Absoluta. Él nos hace libre porque es el Camino, la Verdad y la Vida. Y es eso lo que Jesús nos dice hoy: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres».

Por experiencia, la mentira no nos libera. Al contrario, nos esclaviza y nos pierde. Nadie gusta de vivir en la mentira, y miente por el pecado, porque, sometido a él se deja dirigir por la venganza, por la soberbia, por el poder y la suficiencia y se corrompe alejándose de Dios.

Jesús, tomando naturaleza humana se hace obediente al Padre y hace lo que el Padre le dice y le da. Todo lo ha recibido del Padre. Por el contrario, el hombre sigue y hace lo que le ha oído a su padre. La gran diferencia es que Jesús viene enviado por el Padre y el Padre es veraz, tal y como nos ha dicho estos últimos días. Los hombres se jactan de ser hijos de Abraham y, por eso, ser libres, pero no hacen lo que hizo Abraham y, por el pecado, ha sido sometido a la esclavitud.

Sólo quien es Libre puede darles la verdadera y única Libertad. Esa Libertad que viene de Dios y nos libera de la esclavitud del pecado. Ellos confiesan que son libres, pues tienen como Padre a Dios, pero, ¿realmente hacemos la Voluntad de Dios? Esa es la pregunta que Jesús les dirigió a aquellos judíos y que también hoy nos la dirige a nosotros. 

Porque, nos confesamos hijos de Dios cuando rezamos el Padrenuestro, pero, ¿actuamos como verdadero hijos de Dios en el acontecer diario de cada día? Y más, ¿reconocemos a Jesucristo como verdadero Hijo de Dios?

martes, 9 de abril de 2019

LIBERADOS DE ESTE MUNDO

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Nadie quiere morirse. Eso es obvio y, en consecuencia todos buscamos la salud, el bienestar y, por supuesto, la eternidad. Sería una canallada que sintamos el impulso de buscar la eternidad si esa posibilidad no existe. Porque, de sentirlo es claro que alguien lo habrá puesto. Por lo tanto, por lógica y sentido común, si somos capaces de sentirlo es porque esa posibilidad existe y está ahí. Y quien no cree en ella porque no la ve o no la puede entender, se lo perderá y se será víctima de su pecado de incredulidad.

En el Evangelio de hoy Jesús nos lo dice claramente: «Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir». Los judíos se decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’?». El les decía: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados». Entonces, muchos al oírlo hablar así creyeron en Él. Y yo también creo, porque Tú, Señor, eres el Camino, la Verdad y la Vida.

Todo está muy claro,  nunca podremos entenderlo por nuestra razón. Sí, llegamos a tener razones para poder creer. No se trata de creer a lo loco, sino en base a lo que Jesús nos dice y lo demuestra con sus obras, con su entrega a una muerte de Cruz y, sobre todo, la prueba cumbre, su Resurrección. Por tanto, es la hora de creer en lo que nos dice: "Yo soy".

Jesús es obediente al Padre y se siente apoyado y respaldado por el Padre, que lo ha enviado a este mundo. Jesús, siendo de condición divina, no codició ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz - Flp 2, 6-8 -.

lunes, 8 de abril de 2019

YO SOY LA LUZ DEL MUNDO

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Jn 8,12-20
Todos queremos buscar la luz, esa luz que nos ilumine el camino y nos resuelva los diversos problemas que se nos van presentando. Diríamos que esa figura de la luz que buscamos se refleja hoy en esos asesores que todos buscan cuando inician un proyecto. Eso se ve con frecuencia en el mundo político y empresarial. Los responsables y líderes de los proyectos buscan luz en los asesores para que les iluminen y aconsejen.

Sin embargo, los asesores y todos las personas estamos sujetas a errores y, la experiencia nos descubre que así sucede. Hay aciertos, pero también muchos errores. La luz y la verdad es algo que la persona necesita y la busca con interés y necesidad. Pero, su gran y peor error es que la busca en el lugar equivocado. La busca en este mundo, es decir, en los hombres y mujeres de este mundo, y ahí no se encuentra.

Jesús nos lo dice hoy en el Evangelio: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida». Jesús está apoyado en el Padre que lo ha enviado y que da veracidad a todas sus obras y acciones. Porque, las enseñanzas de Jesús nos descubren el amor del Padre y lo que el Padre quiere para cada uno de nosotros.

El mensaje de Jesús está cargado de verdad, de justicia, de solidaridad, de búsqueda del bien y de verdadero amor. Ese amor que no piensa en sí mismo, sino ese amor que se materializa en una entrega sin interés, gratuita y sin condiciones. 

Precisamente, lo que buscan todas las personas y lo que cada uno experimenta dentro de su corazón. Un amor fraterno que se concreta y se descubre en la Cruz, donde Jesús se ofrece como víctima por todos nuestros pecados.