sábado, 30 de mayo de 2020

TÚ SÍGUEME

No mires para otro lado, nos lo dice a nosotros también. Sí, a ti y a mí. Estamos en este mundo porque estamos en el pensamiento de Él desde siempre, desde el principio y para siempre. Y si nos ha creado es porque también quiere algo de nosotros. Para eso nos ha creado libres, es decir, con capacidad de respuesta y de elección. Pero, te ha dado la capacidad de conocer lo bueno y también lo malo, de ahí tu responsabilidad de utilizar esos talentos de forma a colaborar con el bien y la verdad.

JUAN 21, 20-25 | Dios, Citas bíblicas católicas, Frases cristianasY eso depende sólo de ti. Tú tienes la respuesta y la decisión. Eso se desprende de la respuesta de Jesús a Pedro en el Evangelio de hoy: «Señor, y éste, ¿qué?». Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme». Está claro, la misión de Pedro como la tuya y la mía es seguir a Jesús. Y seguirle implica hacer su Voluntad y no la nuestra. Eso quiere decir que, nadie mejor que Él, sabe de nuestros talentos y nuestras virtudes y capacidades para responder a lo que Él nos pide y quiere de cada uno. 

Todo lo que tenemos lo hemos recibido gratuitamente de Él y también nos ha dicho que espera de cada uno de nosotros - parábola de los talentos - . Por tanto, dependerá de nosotros que, por la acción del Espíritu Santo, respondamos a lo que el Señor nos pide. Porque, sería un disparate querer responderle por nosotros mismos siguiendo nuestros criterios e impulsos. ¿Para qué ha venido entonces el Espíritu de la Verdad? ¿Para qué nos lo ha enviado el Padre? ¿Para qué se ha ido Jesús Resucitado?

En lugar de ellos, y por la unidad y amor entre ambos, ha venido el Espíritu Santo. Un Espíritu que nos dirige, nos auxilia y nos fortalece desde la aceptación voluntaria y libre de dejarle actuar en nosotros. Por eso, Señor, desde esa disponibilidad y confiando en Ti abro mi corazón para que el Espíritu enviado por el Padre me alumbre el camino para poder seguirte con firmeza, valor y docilidad.

viernes, 29 de mayo de 2020

AMAR Y QUERER

Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres ...
Jn 21,15-19
Con mucha frecuencia confesamos querer a una persona o cosa, pero, menos frecuentemente confesamos amar. Sin embargo, de forma espontánea y casi sin darnos cuenta, utilizamos ambos conceptos para expresar un mismo pensamiento o deseo. Y es que expresan pensamientos similares, pero no significan lo mismo. Tienen algunas diferencias sustanciales.

Cuando decimos "te quiero" estamos expresando un deseo de pertenencia, de poseer algo que me gusta y que quiero tener, pero sin más compromiso. Un deseo que hoy es, pero que mañana puede no ser. Hoy me gusta y, quizás, mañana no. Sin embargo, con la palabra amor expreso un deseo más profundo, más íntimo y entregado, atemporal y sin condiciones. Un deseo que trasciende y siempre está vivo, ardiente y eterno mientras exista la vida. Por eso, en el sacramento del matrimonial decimos: "...hasta que la muerte nos separe".

Posiblemente tengamos que buscar nuestra respuesta en el significado de esos dos verbos, querer y amar, porque, quizás, estamos tratando de querer al Señor en lugar de amarlo. Él nos confiesa que nos ama. Nos ama plenamente hasta el extremo de dar su Vida por la nuestra, y es que el amar implica entrega total hasta el extremo de dar la vida. Y el querer se queda simplemente en un deseo de tener o poseer sin ningún compromiso. 

En su mandato, nuestro Padre Dios nos invita a amarnos los unos a los otros, y ese amor implica entrega y servicio pleno. Y ese amor es el que nos lleva, a pesar de nuestra diversidad, a permanecer unidos como el Padre está en el Hijo, y el Hijo en el Padre. Por eso nos invita a relacionarnos con Él como Padre nuestro, que nos hace a todos, sean de la condición que sean, hijos suyos. Y, como hijos, amarnos tal y como Él nos ama.

Como Pedro, revisemos la medida de nuestro amor para que trascienda nuestro querer en un seguimiento amoroso capaz de amar con un amor, como nos ha revelado nuestro Señor Jesús, igual a nuestro Padre. 

jueves, 28 de mayo de 2020

UNIDOS PARA AMARNOS

Evangelio del día (Jueves, 1 de junio de 2017) - La Luz de Maria
La única razón para la que nos ha creado nuestro Padre Dios es para amarnos. Nos crea por amor y nos manda a amarnos como Él nos ama. Nuestra meta es llegar a ese amor entre todos nosotros como Él y el Padre se aman. Y eso lo logramos abriéndonos a la acción del Espíritu Santo, porque, en el Espíritu y con el Espíritu alcanzamos la Gracia de amar como nos ama Dios.

El Espíritu Santo es el Amor de Dios, manfestado en la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, que, bajado del Cielo, para continuar la misión amorosa y misericordiosa del Hijo, nos infunde y regala la Gracia de transformar nuestro corazón en un corazón como el de Dios. Un corazón capaz de amar a todos los hombres, incluso a los enemigos, como los ama Él.

Y es ese amor el que transformará al mundo al ver como muchos se aman en clave de Amor de Dios hasta el extremo de dar la vida unos por otros. Claro, a vista de los hombres es imposible, pero, abiertos a la acción del Espíritu Santo es una realidad. Porque, por ese Amor ha sido creado el mundo y todo lo que en él vemos, y ha sido creado el hombre y la mujer, a imagen y semejanza de Dios. 

Nada nos dará esa felicidad que buscamos sino el Amor. Un amor que se realiza en el darse y entregarse al servicio de los demás. Porque, desde el instante que ese amor revierte sobre ti mismo se convierte en un amor descafeinado, inservible, egoísta y corrompido, que terminará perdido, desorientado e infeliz para siempre. Sólo cuando eres capaz de vivir en una actitud responsable, coherente y dada en servicio por amor a los demás, estás en la órbita del Amor de Dios, y, por tanto, en el hallazgo del Tesoro de esa felicidad que buscas.

miércoles, 27 de mayo de 2020

DOMINADOS Y SAQUEADOS

Donde encontrar ayuda en la Palabra de Dios en caso de estar… "EN ...
Jn 17,11b-19
La experiencia de nuestra vida y la de muchos nos enseña y descubre que el hombre y la mujer, por naturaleza, son egoístas. Y eso no porque lo deseemos, sino, porque esa es la impronta de nuestro pecado inserto en nuestro herido corazón. Un corazón endurecido y abyecto que, contaminado por el pecado, se entrega mal intencionado a la perversión, al poder y a la corrupción.

Esos egoístas son los dominadores o saqueadores modernos de este mundo. Son los que quieren dominarlo todo, poseerlo todo y saquearlo a sus antojos y caprichos. Es decir, a la satisfacción de sus egoísmos. Tratan de dominar el mundo, no con la fuerza, sino con la manipulación de las voluntades, con la satisfacción de la concupiscencia que esclaviza a muchos y con el poder de usar los vicios que debilitan las voluntades de los más débiles y les permiten dominar y saquear el mundo a sus antojos.

Y, los conocemos, hay muchos que exhiben su poder y hacen fuerza de sus galas. Jesús en el Evangelio de hoy le pide a su Padre que nos cuide: En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo... - Jn 17, 11b-19 - Se descubre una preocupación por los peligros que el mundo nos tiende y que, no siendo de este mundo, vamos a seguir en él. Y Jesús, siendo conocedor de este peligro, pide al Padre que nos mande un protector para que nos acompañe y nos auxilie. 

Y nos ha sido enviado, el Paráclito - Espíritu Santo - para que nos auxilie y nos ayude a superar esas difícutlades y obstáculos que nos vienen del mundo y también de nuestro propio corazón contaminado y endurecido por las tentaciones que nacen en lo más profundo de nuestro corazón. Sabemos, ya hemos sido advertidos por Jesús, que el mundo no nos recibe con agrado y que nos van a poner resistencia y hasta a amenazarnos con dureza hasta el punto de que nuestras vidas peligren. Pero, confiamos en tu Palabra y en la asistencia del Espíritu Santo. 

martes, 26 de mayo de 2020

ES LA HORA, EL INSTANTE DONDE JESÚS ENTREGA SU VIDA POR NOSOTROS

Evangelio del Día | Movie posters, Poster, Movies
Jn 17,1-11a
Llegó el momento, un momento que resume toda su Vida. Una Vida entregada por amor y concretada en obras de amor. Una Vida que se da, que renuncia a sí mismo para darse enteramente a buscar el bien de los demás y a ofrecerse en servicio por amor. Una Vida que busca que el hombre se entere de la Buena Noticia, que no es otra sino la de buscar la felicidad eterna. Esa felicidad para la que el hombre ha sido creado por su Padre Dios. Una Vida en la que el Amor es la clave y la esencia de la felicidad.

Y ese momento culmina en la Cruz. Una cruz que se transforma desde este momento en una Cruz de salvación. Una Cruz que nos devuelve nuestra dignidad de hijos de Dios porque en ella Jesús, el Hijo de Dios, entrega su Vida para liberarnos de la esclavitud de nuestros pecados. Y nos devuelve la libertad de hijos de Dios y la capacidad de elegir ese camino, ¡que tanto buscamos!, de felicidad eterna.

Y hoy nos lo dice Jesús en el Evangelio de Juan - 17, 1-11a -: En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado... Su misión ha sido cumplida. La semilla ha sido sembrada y abonada en el corazón de lo hombres y ahora, para eso baja a nosotros el Espíritu Santo, nos toca a nosotros, abiertos a su acción, continuar nuestro camino ascendente hacia la Jerusalén celeste.

La fe es un proceso evolutivo, es decir, una fe que permanece parada deja de ser fe y será otra cosa. La fe cuando es fe verdadera, es decir, te fías y te dejas llevar por la confianza en el Espíritu de la Verdad, crece, se compromete, avanza y aprende en sabiduría y en verdad. Y eso se nota, se palpa y se ve. Tu vida queda marcada y visualizada en actos de verdadero amor en el compromiso por servir a los demás. 

lunes, 25 de mayo de 2020

CONSCIENTE DE QUE LA CRUZ ESTÁ SIEMPRE PRESENTE

Siguiendo el Evangelio: ÁNIMO: YO HE VENCIDO AL MUNDO
Jn 16,29-33
No podemos engañarnos ni ignorar que la cruz es algo que llevaremos adherido a nuestra vida y durante todo nuestro camino. Y quienes tratan de ignorarla o evitarla experimentaran que, quieran o no, su vida está sometida a la cruz. Cruz de enfermedad; cruz de tentaciones y debilidades; cruz de soberbia, de ambiciones y egoísmos. Cruz representada por todo aquello que nos impulsa a la ambición de nuestras apetencias y de la búsqueda de nuestra felicidad apoyada en nuestros deseos y satisfacciones materiales.

Por lo tanto, es de buen gusto y de persona inteligente ponerse en Manos del Espíritu Santo para que le oriente y le conduzca por el buen camino hacia la felicidad. Porque, una cosa está clara y a la que no debemos renunciar, la felicidad. ¡Claro!, hemos sido creados para ser felices. No a medio gas ni por un cierto tiempo, sino plenamente y para siempre. Y a esa felicidad sería absurdo renunciar. Ahora, para darnos cuenta de ello necesitamos caminar en la Luz, la verdadera y única Luz que nos puede llevar a ese gozo y felicidad plena y eterna.

Y esa Luz no se encuentra en el mundo. Viene de arriba y ha sido enviada una vez que Jesús ha ascendido al Cielo. Por tanto, la Ascensión del Señor marca el punto del comienzo de la llegada del Espíritu Santo a nuestro corazón para guiarnos por el camino de la salvación. Él nos guiará, nos alumbrará el camino y nos fortalecerá nuestro espíritu para superar los peligros, las cruces y tentaciones que surgirán en nuestras vidas.

Porque, seguir a Jesús no solo no es fácil, sino que nos será imposible hacerlo por nosotros mismos. Necesitamos el auxilio y la compañía del Espíritu Santo. Así lo hizo Jesús y así nos señaló el camino, para que, como Él y en el Espíritu Santo, podamos vencer, sin miedos y con toda garantía, la esclavitud del pecado.

domingo, 24 de mayo de 2020

RESURRECCIÓN, ESPERANZA DE NUESTRA VIDA

Santo Evangelio. San Mateo 28, 16-20 de Edward Céspedes en ...
Mt 28,16-20
Las dificultades y los problemas que la vida nos presenta son necesarios para superarnos y crecer. Todos hemos experimentado a lo largo de nuestra vida como las dificultades nos han exigido superarnos y afrontar los retos que nuestro propio crecimiento nos ha exigido. Igual que la semilla necesita tiempo y abono para crecer, morir y dar el fruto, así nosotros necesitamos lucha, esfuerzo y superación para crecer, madurar y llegar al conocimiento de la Verdad.

Sin dificultades nos será más difícil aprender. Cuando el camino es llano nos acostumbramos a lo cómodo, a lo fácil y a no exigirnos. Eso nos acostumbrará a ser poco exigentes con nosotros mismos y a no exigirnos en las dificultades. El resultado será la comodidad, la pereza y la instalación en la comodidad y en el mínimo esfuerzo. Y nos llevará a la falta de compromiso y a la exigencia del riesgo y, por tanto, de la fe. Los apóstoles necesitaron la experiencia del encuentro con Jesús Resucitado para creer, y, así y todo no les fue fácil. Necesitaron varias apariciones de Jesús y de estar con Él, tocarle y hasta compartir alguna comida.

Y fue la fuerza del Espíritu Santo la que los fortaleció y les dio el valor, la sabiduría y el empuje de dar a conocer la experiencia del encuentro con Jesús Resucitado al mundo. También nosotros necesitamos el Espíritu Santo para, a pesar del testimonio de los apóstoles y de la Iglesia, encontrar el valor y la sabiduría para anunciar la Buena Noticia de la Salvación apoyada en la Resurrección y Ascensión a los Cielos de nuestro Señor Jesús.

Pero, a pesar del auxilio del Espíritu, necesitamos poner todo nuestro esfuerzo en dejarnos conducir, orientar y llevar por la acción del Espíritu para vivir y obrar en la Voluntad del Padre anunciado por nuestro Señor Jesús. Y, para ello, tenemos la promesa del Señor Resucitado y Ascendido a los Cielos de estar con nosotros todos los días de nuestra vida y de volver a buscarnos para llevarnos con Él. Esa es nuestra fe y nuestra esperanza y hoy la recordamos y celebramos en la Ascensión de Jesús a los Cielos.