sábado, 30 de enero de 2021

LA SEMILLA DE LA FE

Mc 4,35-41

Sin darme cuenta, con el paso del tiempo, el pelo se me ha ido cayendo. De la misma forma no me di cuenta cuando apareció la primera cana en mi pelo y, poco a poco, todo mi pelo se ha ido transformando de negro a blanco. Y hoy es todo blanco - canoso -. 

Y todo eso ha ido sucediendo sin darme cuenta. Lo mismo ocurre con la semilla, la siembras y, sin darte cuenta, crece. A propósito, tengo en mi jardín una platanera y, sin darme cuenta, sin darme cuenta, un día, aparece un racimo de plátanos, que, luego, van madurando y creciendo sin apenas notarlo hasta que, un día, percibes que están maduros.

¡Es verdad!, mi fe ha sido igual. Ha ido creciendo y no la he notado. Incluso, todavía no la noto. Si, es verdad y cierto, experimento y creo que ha crecido, que ahora tengo más fe. En muchos momentos de mi vida he experimentado que sin Jesús no podría vivir, pero, también constato que todavía, mi fe, no está madura ni apta para caminar y sostenerse firmemente. Mis propias tempestades del camino la ponen en peligro y la hacen tambalearse. Necesito la compañía y la Gracia del Señor para poder superar esas propias tormentas que amenazan mi vida.

Es indudable, necesito fe para seguir al Señor y, valentía, para vencer mis miedos. Necesito darme cuenta que Él no se ha ido y que sigue a mi lado. Necesito entender que, aunque aparente dormir, Él es el Señor y todo le está sometido. Y necesito llenarme de esperanza para, a pesar de que en mi vida se presenten malos momentos  que se que llegarán - Tú, Señor, siempre estarás a mi lado para ayudarme a calmar la tempestad de mi vida.

viernes, 29 de enero de 2021

¡PARÁBOLAS!

Mc 4,26-34

 

Jesús acostumbraba a usar parábolas para, comparándolas con el Reino de Dios, enseñar a que se parece ese Reino que Él anuncia al pueblo de Israel. Parábolas que son ejemplos de sucesos fingidos que muestran claramente cierto parecido con el Reino que Él anuncia. Y son ejemplos de la vida ordinaria de la gente sencilla de su pueblo. La siembra, el campo, la viña, la pesca, la vid, el pan...etc., son acciones de cada día que la gente entiende muy bien.

Hoy, Jesús expone y narra dos parábolas que explican de manera nítida y limpia como es el Reino de Dios. Nos invita a reflexionar, a meditar e interpelarnos observando la propia naturaleza y como la semilla - sin permiso ni intervención nuestra - crece por su cuenta desde las entrañas de la tierra y da esos frutos que, luego, nosotros necesitamos, consumimos y nos alimentamos nuestro cuerpo. O, como la semilla más pequeña, sembrada en la tierra, crece y se hace enormemente grande hasta que los pájaros las utilizan para anidar en ellas.

¿Qué deduces de esas parábolas? Sencillamente vienen a descubrirnos como Dios - nuestro Padre - actúa en el mundo y lo prepara y dispone para nuestro provecho y el de todos los seres que en él habitan. Porque, detrás de toda esta actividad y movimiento, hay un Creador que administra, sostiene y dirige el mundo. Y en él estamos nosotros - criaturas predilectas de Dios - a las cuales ama y, por mediación de su Hijo, redime de sus pecados y les invita a compartir su Gloria junto al Él eternamente.

La conclusión final para nosotros se concreta en avivar más nuestra reflexión - oración - contemplativa y acoger a ese Padre Bueno que nos alimenta - materialmente y espiritualmente - y nos alienta a amar y dejarnos amar, compartiendo también todo lo que hemos recibido gratuitamente de la misma forma.

jueves, 28 de enero de 2021

COMUNICACIÓN Y VERDAD

 

Hoy vivimos en la época de la comunicación y comunicarnos ha sido algo vital en la vida de las personas. El lenguaje es el vehículo que nos interrelaciona y nos pone en relación unos con otros, de forma que nos ayuda a conocernos y a amarnos. El hombre es un ser en relación y necesita comunicarse, y esa comunicación - vital en su vida - tiene que servir para alumbrar su camino.

Por tanto, es de sentido común que necesita un lugar destacado para que pueda comunicarse con eficacia y visibilidad. Porque, si se esconde pierde toda su eficacia. A eso se refiere el Evangelio de hoy, lo muestra muy diáfano y claro: En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: « ¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga». 

La verdad se expone a la luz para que todos la conozcan y nada se oculte, porque sería contradictorio que la luz - la verdad - se oculte y se esconda. Es, por supuesto, la mentira la que se oculta y trata de revestirse de la verdad para aparentar y engañar. Por eso hay que estar atento, como nos dice también el Evangelio. Atentos a la escucha de la Palabra para, luego, ponerla en práctica y llevarla a nuestra vida.

Porque - así termina el Evangelio - «Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará». Es decir, aquel que comparte y da, recibirá más y tendrá más. Y el egoísta, el tacaño e individualista que se guarda para sí, al final se quedará sin nada. ¿Cómo lo ves tú?

miércoles, 27 de enero de 2021

¿ME ESFUERZO EN SER TIERRA BUENA?

 


Pienso que el Señor me hizo tierra buena, porque me ha creado para ser feliz y para amar. No lo puedo ver de otra manera, porque, de verlo de otra manera, llegaría a pensar que Dios no es del todo bueno. No se puede entender un Dios que no nos haya creado para amar, cuando el mismo nos ha dicho que nos ha creado a su imagen y semejanza. Si, indudablemente, Dios es un Padre Infinitamente bueno y nos ha creado para que seamos felices eternamente.

Ahora, ha convenido, porque así le ha parecido bien, que seamos libres y que podamos elegir creer en Él o rechazarle. Y esto ha sucedido desde el momento que el hombre quiso ser como Dios - pecado original - y fue desterrado a la tierra a ganarse el pan con el sudor de su frente y a ser protagonista de su propia elección. Creado libre para que pudiera elegir dar frutos de amor o dar frutos egoístas pensando en sí mismo.

La parábola del sembrador nos descubre esa posibilidad de convertir nuestro corazón en tierra buena y dar los frutos que, queramos o no, deseamos dar desde lo más profundo del corazón. Son frutos de amor que, amenazados por ese deseo del mal - pecado -  también cultivado en nuestro corazón, irrumpe en nuestra vida y nos inclina al mal y a apartarnos del amor de Dios.

Sin embargo, Dios no nos ha abandonado nunca, somos sus hijos y desea recuperarnos. Para eso ha enviado a su Hijo predilecto que nos enseña el Camino, la Verdad y la Vida para dar los buenos pasos y llegar a recuperar, por la Gracia y Mediación de su Hijo, nuestra dignidad perdida de hijos de Dios, alcanzando su Infinita Misericordia y gozar de y con Él la Gloria de Vida Eterna.

Conviene leer despacio y abiertos a la acción del Espíritu Santo este pasaje del Evangelio de - Marcos 4, 1-20 - y reflexionarlo aplicándolo a nuestra vida. ¿Qué tierra considero que soy? ¿Y cómo puedo revertirla para que bien abonada dé frutos? En tus manos está.

martes, 26 de enero de 2021

LA VOLUNTAD DE DIOS


Ser cristiano es hacer la Voluntad de Dios - «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».- Y todo lo que se haga contrario a la Voluntad de Dios será no ser cristiano. Por lo tanto, lo que tiene que hacer un cristiano es cumplir en su vida la Voluntad de Dios.

Ahora, se nos plantea el problema, ¿cuál es la Voluntad de Dios? Sabemos - por las enseñanzas de Jesús - lo que nos propone nuestro Padre Dios, amar y amar, pero esa forma de amar, tal como nos ha amado su Hijo predilecto no nos es posible a nosotros - pecadores - porque el pecado nos arrastra, nos puede y nos inclina a hacer lo que no queremos hacer. Nos aleja de la Voluntad de Dios.

Por tanto, nuestra única oportunidad es poniendo todo lo de nuestra parte, agarrarnos al Señor y pedirle - que lo hacemos todos los días en el Padrenuestro - que venga a nosotros su Reino y que se haga su Voluntad y, por supuesto, no la nuestra. No le pedimos que nos ayude, sino que se haga su Voluntad en nosotros. Recordemos que es lo mismo que hizo María - Lc 1, 26-38 "Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho". -  cuando el ángel le anuncia que ha sido elegida para ser la Madre del Hijo de Dios. 

De eso se trata, de dejar hacer la Voluntad de Dios en nosotros. De abrir nuestro corazón al Espíritu Santo - recibido en nuestro Bautismo - para que actúe en nosotros y, fortalecidos en Él, hagamos la Voluntad del Padre.

lunes, 25 de enero de 2021

UNA BUENA NOTICIA


La Buena Noticia es buena noticia para todos, incluso para el mundo entero. No se trata de una noticia que salva a unos cuantos, sino que acoge a todos y a todas las cosas de este mundo. El mundo mejora cuando se vive esa Buena Noticia porque repercute en todo y mejora todo.

 Así lo narra el Evangelio (Mc 16,15-18): En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará...

 A toda la creación. Es decir, no solo al hombre y la mujer - criaturas semejantes al Señor - sino a toda la creación. A todo lo creado. Es un grito de proclamación, de que ha llegado el Reino de Dios y está entre nosotros, al mundo entero. Pero, la condición única es que creamos y seamos bautizados, porque, el creer supone el bautizo. Y en el bautizo recibimos la Gracia de hijos de Dios y al Espíritu Santo, que nos acompañará en toda nuestra vida para superar esas dificultades que nos propondrá el pecado.

Y no tengamos miedo de aceptar y acoger con fe ese reto que Jesús nos brinda. Porque, va con nosotros el Espíritu Santo - recibido en nuestro bautismo - y Él nos dará todo lo que necesitamos para saber actuar y superar las dificultades.

domingo, 24 de enero de 2021

AHORA ES TU MOMENTO


No se trata de una oportunidad, sino de la oportunidad de tu vida. Es la hora de la llegada del Reino de Dios, y, también, es tu hora, porque este es el tiempo de tu vida y no puedes dejarla. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva».

Es tu hora, no hay ni habrá otra hora para ti. Dios, encarnado en naturaleza humana, ha venido a este mundo y te anuncia su llegada para que creas en Él. Él es el Reino de Dios y te invita a convertirte - creer en Él - y aceptar en esa Buena Noticia de Salvación.

No es cuestión de aplazar esa llamada porque mañana puede ser tarde. Es, ahora, el momento de aceptar esa llamada a la conversión que Jesús te propone y seguirle. Seguirle para iniciar el proceso, que no es cuestión de días, sino que es un proceso lento y perseverante. El Reino de Dios es como una semilla - la más pequeña - que una vez sembrada se hace grande hasta... (Mc 4, 26-29).

La urgencia no es tanto ultimar nuestra conversión cuanto responder a esa llamada de Jesús y dejarnos impregnar de su Palabra y de su estilo de vida. La conversión es un proceso que, asistidos y auxiliados por el Espíritu Santo - recibido en nuestro bautismo - va germinando en nuestro corazón para dar los frutos de amor que nuestro Padre Dios espera de nosotros.