| Lc 18, 1-8 |
No se te van a pedir tus éxitos, sino el amor que hayas gastado en beneficio de los demás.
sábado, 15 de noviembre de 2025
INSISTENCIA SIN DESFALLECER
viernes, 14 de noviembre de 2025
PREPARADOS PARA EL DESENLACE
| Lc 17, 26-37 |
jueves, 13 de noviembre de 2025
EN MEDIO DE NOSOTROS
| Lc 17, 20-25 |
Reflexionaba sentado en la terraza. Sus pensamientos se detuvieron
cuando sus labios pronunciaron lentamente:
«Venga a nosotros tu Reino».
«¿Sabemos realmente lo que decimos?» —se preguntó.
Aquel pensamiento llenó plenamente el corazón de Manuel. Movió la
cabeza, como si quisiera encontrar a su alrededor la presencia del Señor.
«¿Cuándo vendrá su Reino?» —se dijo, sintiendo un gozo interior que se
reflejó en una suave sonrisa.
Manuel solía buscar en aquella terraza sus momentos más hondos de
silencio. Era un lugar donde su alma se abría para dejarse iluminar por el
Espíritu Santo. Tenía la certeza de que ese impulso interior no nacía de él
mismo, sino que era una insinuación de Dios.
—Buenos días —lo interrumpió Pedro, que acababa de llegar—. ¿Qué tal
anda el señor?
Al ver a Manuel ensimismado, añadió:
—¿Reflexionando otra vez?
—Estaba pensando cuándo será ese momento culminante y hermoso en el que
se establezca el Reino de Dios —respondió Manuel.
—Supongo que será de repente… o cuando este mundo se destruya —dijo
Pedro encogiéndose de hombros—. En realidad, no lo sé.
—En Lucas 17, 20-25 dice que el Reino de Dios está en medio de nosotros
—afirmó Manuel.
Levantó suavemente la mirada hacia el cielo y añadió:
—Creo que Jesús ha venido de forma sencilla, pobre, casi sin que nos
diéramos cuenta.
—Pero… el mundo lo ha ignorado —exclamó Pedro con cierto ímpetu—. Bueno…
muchos —corrigió con una sonrisa más serena.
Se hizo un silencio que abría interrogantes dentro de los dos.
Manuel respiró hondo, como quien está a punto de pronunciar algo
esencial:
Dios no fuerza a nadie. Se ata las manos ante nuestras decisiones.
La libertad es un regalo… pero también una responsabilidad.
Algunos compañeros que habían llegado a la terraza habían escuchado sus palabras. Se quedó un silencio notable. Todos comprendieron que la vida hay que aprovecharla, y que el final puede llegar en cualquier momento.
El Reino está aquí.
La pregunta es: ¿Lo dejamos entrar?
miércoles, 12 de noviembre de 2025
AGRADECIDO
| Lc 17, 11-19 |
El barrio estaba
alarmado, se sentían inseguros y les aterraba la idea de sufrir acoso, o amenazas.
Desde el atardecer y cuanto más ganaba terreno a la luz la oscuridad, el barrio
parecía dormirse. Nadie se atrevía a salir a la calle.
Aquella noche, sobre las
veintiuna horas, Sebastián, uno de los miembros del barrio, se atrevió a salir
a la calle. Se había propuesto acabar con ese miedo.
«Así no se puede vivir» — pensó. «Prefiero largarme o incluso la muerte.» «Esta forma de vida es
insoportable y hay que plantarle cara o morir».
La gente del barrio,
sobre todo la asociación de vecinos, se había planteado enfrentarse a esos macarras
que vivían de las sustracciones que sacaban del barrio y del dinero que les
robaban a los más asustados. Pero nunca se habían decidido a tomar medidas.
Nadie daba el primer paso.
Hoy, Sebastián, sin
saber cómo, estaba en la calle dispuesto a enfrentarse. Experimentó una fuerza
interior que le impulsó a retar a todos esos rateros.
Paseaba por las calles
de forma segura, desafiante, sin reflejar miedo. Su actitud firme y decidida hablaba
por sí sola.
«Estoy en mi barrio y tengo derecho a vivir en
paz, sin amenazas ni hurtos» —Pensaba mientras avanzaba con paso seguro. En frente había un grupo de
salteadores que se disponían a desvalijar a Sebastián y a ponerlo como muestra
para todo el barrio.
En esos momentos sucedió
algo inesperado. Varios vecinos, impresionados por la valentía de Sebastián,
salieron a la calle. A la vuelta de la esquina se le unieron y los del grupo
amenazador empezaron a recular.
En pocos minutos había desaparecido.
El barrio había conseguido vencer al miedo y enfrentarse a los malhechores. Estos,
observando la fortaleza del barrio, decidieron retirarse.
Hubo fiesta y
celebraciones. El barrio entero se echó a la calle y hasta la policía, algo
sorprendida, hizo presencia.
Mientras, solo una
persona se había acercado a Sebastián para felicitarle y darle las gracias por
su valentía y decisión. Casualmente, era uno que no pertenecía al barrio. Simplemente,
pasaba unos días en casa de unos familiares.
Aquella noche, a la hora
de retirarse a descansar, sentado en su cama, Sebastián abrió su biblia y leyó:
(Lc 17, 11-19):
Una vez,
yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a
entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se
pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús,
maestro, ten compasión …».
La gente del barrio entendía
que había recibido algo que les pertenecía.
Sin embargo, ninguno
había dado un paso hacia delante. Solo Sebastián había sido capaz de
enfrentarse a la banda de bandidos.
Nada
estrecha más la mirada que no reconocer el bien gratuito que recibimos.
Sebastián experimentó gozo y satisfacción personal.
Aquello transformó su persona al recuperar la paz del barrio y un nuevo horizonte vital.
martes, 11 de noviembre de 2025
AL SERVICIO DE LOS DEMÁS
| Lc 17, 7-10 |
lunes, 10 de noviembre de 2025
EL ESCÁNDALO
| Lc 17, 1-6 |
domingo, 9 de noviembre de 2025
SANTUARIO DE ADORACIÓN
| Jn 2, 13-22 |