viernes, 19 de julio de 2019

LA MISERICORDIA ESTÁ POR ENCIMA DE LA LEY

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Mt 12,1-8
Sin darnos cuenta vivimos sujetos a las leyes e incluso a las costumbres y tradiciones. Y lo hacemos hasta el punto de hacerlas criterio de nuestra vida a las cuales nos sometemos y supeditamos todo nuestro ser y obrar. Los judíos, por ejemplo, imponían el descanso del sábado anteponiéndolo a la misericordia con el prójimo. 

Esa controversia nos lleva a preguntarnos: ¿Está la ley antes que la urgente necesidad al prójimo? ¿Se puede postergar la asistencia urgente a una persona por el descanso del sábado?  ¿Qué piensas tú a este respecto? Porque, esa cuestión nos puede llevar a más consecuencias dependiendo de cómo lo valoremos. ¿Podía el buen samaritano dejar a aquella persona herida, por el hecho de ser sábado, a su suerte y no asistirla? ¿Cúal sería según tú la actitud correcta?

Supongo que estarás pensando lo mismo que yo. La Misericordia, dependiendo de su necesidad y urgencia, es lo primero. Y eso, aparte de que lo sentimos y experimentamos en nuestros corazones, es lo que también nos ha dejado claro el Señor: Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: ‘Misericordia quiero y no sacrificio’, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.

Porque, la misericordia es la máxima expresión del amor. Estamos salvados y llamados a la Vida Eterna por la Misericordia de nuestro Padre Dios, y no porque lo merezcamos, sino por pura gratuidad y misericordia de Dios. No merecemos nada, y menos el perdón y la salvación eterna, pero, por la Misericordia de Dios, misterio indescifrable para nosotros, alcanzamos el perdón de nuestros pecados y el regalo inmerecido de la Vida Eterna.

jueves, 18 de julio de 2019

QUIERO, SEÑOR, ACEPTARME TAL CUAL TÚ ME HAS CREADO Y DESCANSAR EN TI

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Me voy dando cuenta, Señor, y por eso te doy las gracias, que no son mis esfuerzos ni mis empeños los que me transforman ni me dan la paz, sino, simplemente, tu Gracia. Y en eso estoy, en estos momentos de Gracia y lucidez recibida por el Espíritu Santo, después de seguirte tanto tiempo en actitud de colaborar contigo cuando en realidad eres Tú quien haces todo. Perdona, Señor, mi gran disparate, porque lo que me toca a mí es seguirte y dejarme modelar por tus Manos.

Seguirte, Señor, y ponerme en tus Manos. Hoy me lo recuerdas y me lo dices claramente con tu Palabra: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Gracias, Señor, por encender mi corazón y abrirme los ojos para ver que sólo Tú eres mi descanso, mi alivio y mi paz. Llevo mucho tiempo buscándote, Señor, pero, quizás en lugares equivocados. Sin darme cuenta he puesto mi paz en mis obras cuando la realidad es que sólo está en Ti. Me lo has advertido muchas veces: buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas Mt 6,33. y, erre que erre no me enteraba.

Sí, Señor, primero Tú y siempre Tú, pues todo lo demás son sólo apariencias y mentiras. Nadie da la vida por mí como lo haces Tú cada día, y de forma real y presente en cada Eucaristía. Te me entregas, Señor, y te conviertes en mi alimento, mi descanso y mi paz. Gracias de nuevo, Señor, por esa luz con la que me has iluminado para que deje de buscarte en las obras y pueda encontrarte en mí corazón. Porque, lo demás, Señor, confío que correrá de tu cuenta.

miércoles, 17 de julio de 2019

SENCILLOS DE CORAZÓN

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Mt 11,25-27
La sencillez no admite doblez. Lo sencillo es simple, tiene una sola cara y no presenta complejidad. De modo que no se resiste a la verdad ni presenta dificultades ni complicaciones. Se abre a la verdad porque, de hecho, están en su búsqueda. La sencillez no tiene lugar para la mentira ni para el engaño. No es compleja y sólo presenta la cara de la verdad. Por eso, Jesús da gracia a Dios por la gente sencilla que pone su confianza en Dios.

Y es que sucede que los sabios y entendidos tienen mil razones para resistirse y para poner en duda el anuncio de la Buena Noticia. Su complejidad les inclina a cerrar sus corazones y a dudar de la Palabra de Dios. Siempre encuentran excusas para sortear y rechazar la Palabra de Dios. Se cierran a la fe y se agarran a su razón, pues, lo que no son capaces de entender ni cabe en sus mentes no lo aceptan.

¿Acaso puede el ser humano entender el misterio y la grandeza de su Creador? ¿Es él más grande o igual que el Creador de todo lo visible e invisible? Sin lugar a duda el sencillo no se hace esas preguntas ni se complica buscando razones, simplemente cree y se abandona en las Manos del Señor y escucha su Palabra. Porque, a Dios se llega desde el corazón y desde el amor y no por la inteligencia.

Dios se da a conocer y se revela a la gente sencilla, a los que son capaces de esforzarse en amar y buscar el bien. A aquellos que, experimentando en sus corazones el deseo de amar son capaces de entregarse y confiar en su Palabra. Así ocurrió con Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Juan el Bautista... hasta llegar a María. Quizás estemos ahora nosotros experimentando esa llamada y nos corresponderá responder y abrir nuestros corazones mostrándonos sencillos y humildes a la escucha de la Palabra de Dios. Es cuestión de experimentarnos sencillos y humildes y dejar que el Espíritu de Dios nos transforme.

martes, 16 de julio de 2019

¿ERES INDIFERENTE A LA LLAMADA DEL SEÑOR?

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Mt 11,20-24
Conviene estar despierto y atento a los signos que se presenta a diario en nuestra vida. Son signos que nos hablan y descubren la presencia del Señor. ¿Qué nos ocurre entonces? Quizás, aunque confesamos nuestra fe no tenemos fe, porque, la fe se demuestra no con palabras sino con hechos. ¿Qué diríamos de Abraham si no hubiese obedecido a Dios sobre el sacrificio de su hijo Isaac? Por supuesto que no estaríamos ahora hablando del padre de la fe. 

Abraham obedeció al Señor y en el momento de ejecutar su mandato un ángel del Señor le detuvo. Su fe había sido probada. ¿Podemos decir nosotros ahora lo mismo? ¿Hemos probado nuestra fe obedeciendo al Señor tratándole de escucharle? ¿Nos acercamos a su Palabra para, leyéndola, llevarla a la realidad de nuestra vida de cada día?

Nos puede ocurrir lo mismo que Corozaín, Betsaida y Cafarnaún, que siendo llamada por el Señor en muchos momentos de nuestra vida pasar de largo sin prestarle atención. Podemos decir que creemos en él, pero priorizamos todo lo demás dejando para Él el tiempo que nos sobra, y muchas veces ni eso, pues lo que nos sobra lo dedicamos al ocio o al descanso.

Es cuestión de plantearnos nuestra fe y ver si realmente ponemos al Señor en el centro de nuestros corazones dándole a Él la prioridad en todas las cosas de nuestra vida. No es fácil, porque el demonio se encarga de hacernos ver lo contrario y de que aborrescamos nuestras cruces y las evitemos haciendo todo lo contrario, es decir, buscando el placer, la distracción y la buena vida. Y no es ese nuestro camino sino todo lo contrario. Abracemos nuestras cruces porque ellas son el camino para llegar a Dios. Ellas son el reclamo que nos llevan a necesitarle y a descubrirle como única salvación.

Tratemos de reflexionar y de ver que nuestra salvación no está ni consiste en ver milagros, sino en conocer realmente la Buena Noticia que nos trae el Señor y que ella nos da lo que realmente buscamos, la Vida Eterna.

lunes, 15 de julio de 2019

UN DURO CAMINO LLENO DE CRUCES

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Mt 10,34--11,1
Sucede que cuanto más cerca de Jesús crees que estás, descubres que te encuentras más lejos. Cuando crees que entiendes algo te das cuenta que no entiendes nada. Es difícil seguir al Señor y el darte cuenta de eso te ayuda a verte realmente como eres: pobre, limitado, pequeño y necesitado de Dios. Y lo primero que empieza a pensar es que Dios es mi Padre, y un Padre que me quiere y que no permitirá que me ocurra nada malo si yo confío en El. Luego, todo lo que ocurra en mi vida es para mi bien.

Eso significa que las cruces que aparezcan en mi vida son cruces que me señalan el camino a Dios. Dicho de otra forma, bendiciones del Señor para que lo descubra y me acerque a Él.  La cruz hace que tome conciencia de que sólo Dios me puede salvar y lo hace en la medida que yo sea capaz de abrazar esa cruz de mi vida. Por eso, Dios tiene que estar por encima de todo, de los afectos, de las pasiones, de las amistades y de todo tipo de apego y apetencias. Él es lo que realmente te conviene y te salva.

No puedes dejarte coger por todo lo que se interponga entre tú y el Señor, porque entonces dejarás al Señor y te alejarás. Es esa la pretensión de las cruces de tu vida, apartarte de Dios y abrazar al pecado. Porque, la fe en Dios te libra de todo y te da Vida Eterna ya, ahora. Y esa Vida Eterna destruye al pecado e impide que tú seas destruido por él. Por lo tanto, desde esa perspectiva el Señor no ha venido a sembrar a este mundo la paz sino a poner al hombre en enemistad con todo aquello que le pueda apartar de Dios, porque eso le conduce al pecado y a la muerte.

Jesús te pide romper con todos aquellos que se interponen en tu vida, en tu amor a Dios y te impiden ser libre. La familia, los padres, hijos y demás cuando son queridos más que Dios te impiden ver a Dios. Y lo son cuando quieres seguir a Dios sin renunciar a ellos. La fe es posponer todo al amor de Dios y eso conlleva todo lo demás. Jesús te ha dado todo y también te reclama todo. Y lo hace porque eso es lo único que te hace feliz y te da la Vida Eterna, que es precisamente lo que tú buscas. Ponerte en Manos del Señor te irá aclarando el camino a seguir.

domingo, 14 de julio de 2019

LA LEY ES CLARA

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Mt 10, 24-33
La ley es clara, pero, a pesar de estar muy clara y no dejar dudas, nosotros si encontramos dudas a la hora de llevarla a la práctica. La teoría es una cosa, pero la práctica es otra. Si la teoría es más fácil de reconocerla y de asumirla, la práctica se nos hace más difícil y más complicada. De ahí el refrán: obras son amores y no buenas razones. El amor se descubre y se manifiesta no con palabras sino con obras.

Quizás, aquel maestro de la ley quiso ver que pensaba Jesús de la última sentencia referida al amor a Dios y al prójimo, sobre todo a esta última. Posiblemente, ¿tendría dudas? Igual nos puede ocurrir a nosotros, queremos matizar y hasta darle un cierto carácter light a esto de amar al prójimo para justificarnos. Es posible que no sepamos lo que escondían la razones de su pregunta. Si trataban de justificarla preguntando esa duda o si realmente la tenía. De cualquier modo, desde mi humilde opinión personal puedo decir que a mí también se me presenta muchas veces la duda, no en cuanto a la claridad de saber quien es mi prójimo, pero sí en cuanto a la forma de aplicar esa expresión de la ley. Para eso debemos pedir sabiduría y capacidad de discernimiento.

Jesús nos lo deja muy claro con la exposición de la parábola del samaritano. Y lo lleva al extremo de la situación extrema referente a los enemigos. No sólo nos advierte quien es nuestro prójimo, sino que nos desvela la posibilidad de descartar a los que no nos sean gratos o enemigos. Nuestros prójimos son todos aquellos que están en apuros y necesitan ayuda, sean de la condición que sean, de la raza, etnia o color que sean. En resumen, son todos los hombres y mujeres que necesiten de nuestra caridad y asistencia.

Y todo, al menos yo lo veo así, por un sencilla razón: Así nos quiere Dios a todos y no excluye a nadie. Por lo tanto, también nosotros debemos querer y estar en actitud de ayudar a todos, a los buenos y malos, a los simpáticos y antipáticos, a los amigos y enemigos, a los blancos y negros...etc. 

sábado, 13 de julio de 2019

EL SEÑOR YA NOS HA AVISADO DE LO QUE IBA A SUCEDER

En estos momentos pasamos por circunstancias que nos hacen recordar tiempos pasados de la Iglesia y nos preparan para estos que vienen ahora. Son tiempos de turbaciones y de luchas. Hay persecuciones y se persigue a la Iglesia de forma agresiva y violenta. En algunos lugares se llega hasta matar y en otros se establece una guerra fría excluyéndola de la educación y de todos los lugares públicos de la sociedad. Los medios y las fuerzas dictatoriales tratan de encerrarla de momento en las sacristías para más tardes destruirlas.
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Mt 10, 24-33

Sin embargo, esto ya lo sabíamos, así que no nos toma de sorpresa. Jesús nos lo ha dicho con mucho tiempo de antelación para que estuviésemos preparados. Ha ido ocurriendo en todos los tiempos y, a pesar de tener algún tiempo de bonanza, por ejemplo en nuestro país, ahora empieza a renacer de nuevo esos peligros, no sólo espirituales sino también materiales y de persecución. Pero no pasa nada. El Señor nos ha dicho y nos dice en este mismo momento que no tengamos miedo. Él está con nosotros, y aunque nosotros no seremos mejor que Él que fue ultrajado, escupido, flagelado y crucificado, nosotros también pasaremos por esas experiencias. Cada uno en proporción a su medida, pero tendremos que compartir con el Señor nuestras propias cruces.

Por lo tanto, no perdamos de vista que el mundo está regido por el demonio y enfrentado al Señor. Es el ángel rebelde que se opone al mensaje de amor que trae nuestro Señor Jesús enviado por su Padre. El mundo está enfrentado a la Iglesia y nos hará la vida imposible engañando a muchos que se someten a él para excluir a la Iglesia de este mundo. Él es enemigo del alma que busca que la perdamos. En nuestro bautismo hemos jurado desobedecerle, plantarle cara y luchar contra él para pertenecer solamente al Señor, y eso lo llevamos a cabo cada día en nuestra batalla particular contra él y auxiliado por el Espíritu Santo, que nos conforta, nos fortalece y nos llena de firmeza y voluntad.

No olvidemos también que tenemos una Madre, La Virgen María, que nos protege y nos defiende de esas amenazas y peligros que representa el demonio. Ella lo ha vencido y nos ayudará, intercediendo por nosotros, a que también nosotros lo venzamos.