jueves, 12 de noviembre de 2020

EL REINO DE DIOS YA ESTÁ AQUÍ

Lc 17,20-25

Busca dentro de ti y experimentarás que cuando vives en la verdad y la justicia, deseando para tu prójimo lo mismo que deseas para ti, tu vida se iluminará y se hará la paz y el gozo en tu corazón. Entonces experimentarás que el Reino de Dios ha llegado. Así nos lo ha transmitido, de forma sencilla y humilde, nuestro Señor, porque, con Él ha llegado el Reino.

No busques en lo relevante, en lo extraordinario, en lo notorio y espectacular, porque el Reino no se manifiesta ahí. Busca en lo sencillo, en el pesebre, en lo humilde y cotidiano de cada día, porque, es ahí donde se manifiesta. ¿No lo ves?, está a tu lado, en el pobre, en el necesitado, en el que bebe de tu sencillo y humilde testimonio. ¿Acaso no lo notas en tu satisfacción interior cada noche al acostarte en la presencia del Señor?

Sí, no mires para acá o para allá, porque en la simplicidad y normalidad de la vida de cada día se esconde el Reino de Dios, que solo espera que le tiendas tu mano y que le abras tu corazón. En cada instante de amor, de servicio y de verdad, tú manifiestas que el Reino de Dios vive dentro de ti.

Posiblemente, la puerta de entrada definitiva, sea esa que el mismo abrió con su Pasión y muerte en la Cruz. También, nosotros tendremos que estar dispuestos, injertados en Él, a abrazar esa cruz que nos abre la puerta para encontrarnos con Él.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

SER AGRADECIDO

Lc 17,11-19

Supongo que es algo innato que con el tiempo se nos olvida agradecer todo lo que somos y hemos recibido. Nacemos indefensos, sin voz y sin ninguna posibilidad de defendernos. Somos muy vulnerables durante bastante tiempo de nuestra vida, de tal forma que tenemos mucho que agradecer. A nuestros padres, que se han desvividos por nosotros dándonos, por la Gracia de Dios, la vida y, luego, sosteniéndonos y  acompañándonos hasta la madurez. Sin embargo, aunque estamos muy agradecidos, igual no sabemos demostrarlo o no correspondemos como pensamos que deberíamos hacer.

Incluso, llegamos a pensar que están obligados a darnos todo lo que nos dan. Y que lo merecemos por derecho propio. Algo así nos sucede también con nuestro Padre Dios. En el fondo no nos damos cuenta de todo lo que nos da y regala cada día. Nos ha dado la vida y nos sostiene vivo cada instante de nuestra vida, y, entregándonos a su Hijo, nos ofrece la alternativa de reconocerle como Padre y de ser perdonados por su Infinita Misericordia. Podemos preguntarnos, ¿nos damos cuenta de eso?; ¿respondemos adecuadamente a ese inmenso regalo de salvación?

Nuestro agradecimiento nunca será suficiente ni merecedor de tanto don gratuito. Siempre estaremos en deuda con nuestro Padre Dios. Pero, si podemos responder como ese leproso del Evangelio de hoy que, Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?». Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado». 

Te propongo que saques tú tus propias conclusiones: ¿Respondemos a nuestro Padre Dios con el agradecimiento que espera de nosotros?

martes, 10 de noviembre de 2020

ETERNAMENTE AGRADECIDO, SEÑOR, DE TRABAJAR Y ESTAR CONTIGO

 

Con frecuencia solemos quejarnos en nuestro trabajo y, reclamar derechos y mejores condiciones. Realmente, ¿nos sentimos agradecidos por tener la oportunidad de poder trabajar y gozar de todas las ventajas que nos da tener trabajo? ¿Caemos en la cuenta de la importancia y lo que significa tener trabajo? Sin embargo, en la medida que lo tenemos, perdemos el valor de su importancia y, encima, protestamos, exigimos y reclamamos derechos olvidando nuestros deberes.

Aquel hermano mayor de la parábola le reprochó a su padre que no le había dado un cabrito para disfrutarlo y compartirlo con sus amigos. Y, sin embargo, había matado el becerro cebado para celebrar el regreso del hijo que se había marchado. ¿Qué nos dice esto? El Evangelio nos interpela sobre esta cuestión. A este reproche del hijo mayor, el padre le responde: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. 

Y es que de la misma forma tendremos nosotros que estar agradecidos a nuestro Padre para darnos la oportunidad de estar en su Casa y servirle. Ese es nuestro deber, responder como servidor a su Infinita Misericordia y Amor. Simplemente, cuando cumplimos con su Voluntad no hacemos sino lo que realmente debemos hacer. Y todo por nuestro bien, porque somos nosotros los más beneficiados.

lunes, 9 de noviembre de 2020

TEMPLO VIVO Y VERDADERO


Jn 2,13-22

Es posible que vayamos al templo y perdamos en él la excelencia de lo sagrado. Quizás, nos quedamos en la superstición de tocar o pedir como si de una caja mágica de regalo se tratara. En el tiempo de Jesús lo habían convertido en un espacio propicio para la mercadería y el negocio. 

Era un momento oportuno para el cambio y el trueque. Y, quizás hoy no haya cambiado, sobre todo en la forma, si en la apariencia, nuestra asistencias al templo. Porque, lo único y verdaderamente importante es que allí está Jesús - Verdadero y Vivo Templo - que se nos da, bajo las especies de pan y vino, como verdadero alimento.

Me culpo, al menos yo, que muchas misas pasan desapercibidas como si se tratara de un mero cumplimiento, deseando en mi interior que termine lo antes posible, quedándome una sensación de libertad como si se tratara de quitarme algo de encima. Ahora, el peligro no es darte cuenta de eso, sino el - dándote cuenta - aceptarlo y quedarte establecido en ello. Se hace necesario saberlo y, a pesar de nuestras limitaciones y pecados, ofrecernos también como pecadores aceptando nuestra cruz.

Porque, lo único y verdaderamente importante es que el Señor se hace presente y entrega su Vida - no cruenta ahora - para el perdón de tus pecados. Y es esa la única condición que tenemos que tener en cuenta. Conocer y sabernos perdonados con el propósito de luchar para no volver a pecar, a pesar de conocer también nuestras limitaciones por nuestra condición humana. 

Indudablemente, Jesús nos sacude y nos expulsa de ese templo construido en mi interior con el afán de riqueza, de mercadería y de nuevos ídolos creados. Jesús nos descubre ese Templo Vivo y Verdadero que está en Él y que, edificado en nuestro corazón, nos sostendrá también vivo eternamente.

domingo, 8 de noviembre de 2020

¿TENGO YO TODO EL ACEITE QUE NECESITO?

Mt 25,1-13

Es posible que no entendamos lo de la falta de aceite, pero, posiblemente, en nuestra vida muchas veces nos podemos quedar sin aceite. Ese aceite que nos sostiene vivos e ilumina nuestra vida espiritual alimentada por los sacramentos. Pero, sobre todo, sostenida en la esperanza de perseverar y estar atentos a la llamada del Novio que puede acudir en el momento más inesperado y sorprendernos.

Por eso, necesitamos estar preparados y no despistarnos ni ser sorprendidos con nuestras alcuzas semivacías. Y ese estar preparado exige una vigilancia constante y perseverante. Proveernos de ese aceite significa estar limpios de todo aquello que nos impide vivir según la Palabra que Jesús, el Hijo de Dios y Mesías enviado, nos ha proclamado y enseñado y, con su Vida y Obras, dado testimonio. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Jesús quiere advertirnos de la importancia de perseverar en estar y permanecer alerta y preparados a su llamada. Ese es el mensaje del Evangelio de hoy más allá de la generosidad y el compartir. Quiere que nos fijemos en la imperiosa necesidad de estar atentos y preparados. Quiere, sobre todo, alertarnos y hacernos tomar conciencia que nuestra prioridad debe ser esa, la de estar preparados. Y, para ello, necesitamos despojarnos de todo lo que en principio nos aleja e impide estar en y con el Señor.

Esa es la reflexión de hoy, pregúntate, ¿tengo yo el suficiente aceite en mi corazón para sostenerme en la presencia del Señor cada día de mi vida? Y si no lo tengo, ¿qué hago para no ser sorprendido como aquellas doncellas necias?

sábado, 7 de noviembre de 2020

ÍDOLOS O SERVICIOS

 

 

 

Porque, en ellos y ellas ponemos nuestras esperanzas y, simplemente, son medios para llegar y proclamar el anuncio de la Buena Noticia, que no es otra que el Reino de Dios - Jesús - el Hijo de Dios Vivo - está entre nosotros. Por medio de nuestras oraciones, no cumplimos, sino nos ponemos en contacto con el Señor para, por su Gracia, cumplir, y hacer su Voluntad. Por tanto, rezar no es el fin, sino el medio, Cumplir no es el fin, sino el medio. La misa no es el fin, sino el medio y lugar donde nos encontramos con el Señor Jesús, presente y real en la Eucaristía, para, fortalecidos y alimentados en y por Él, salir a nuestro mundo familiar, laboral, de ocio y social a reflejar, con nuestros actos y obras, que Cristo está presente en todos nosotros.

Cuando alguien ve en ti algo bueno, justo, honrado - por desgracia poco frecuente - se asombra y se interpela. Descubre que tú eres diferente y te asocia con Jesucristo. Ese debe ser tu Señor, tu adorado Dios a quien solo debes poner como principio y fin de tu vida, Porque, de El has salido y a Él irás. Por tanto, ídolos ningunos. Sólo Dios es mi ídolo y mi todo, por expresarlo de alguna forma, y sólo a Él sigo, adoro y pongo como Camino, Verdad y Vida. Todo lo demás, debe quedar en segundo lugar y en función de servicio al Señor y a los hombres más necesitados.

Y en ello, como nos dice el Evangelio de hoy, debemos poner toda nuestra astucia y sagacidad para que el Plan de Dios, que nos quiere y nos da gratuitamente esa Felicidad Eterna que buscamos, se cumpla y no se pierda por la dejadez que debemos poner de nuestra parte.

viernes, 6 de noviembre de 2020

ILUMINA, SEÑOR, MI ESPÍRITU

 

Necesito ver. Ver lo importante que es esta vida para lograr la otra. En muchos momentos, en el silencio de los primeros instantes, antes de alcanzar el sueño, me pregunto, ¿quién eres, Señor?, y me sobrecoge el santo temor de la grandeza de tu misterio. ¿Cuál es tu poder, Señor, que te has creado a Ti mismo y has creado todo lo que mis ojos ven y todo lo que también se le oculta? Y la realidad me descubre que no es un sueño, que yo existo y que Alguien me ha creado y que te llevo impreso en mi corazón.

Es obvio que hemos recibido la capacidad de discernir y de razonar. Somos seres -a diferencia de los animales -  inteligentes y debemos emplear esa inteligencia para lo verdaderamente importante. Porque, todo lo de este mundo tiene valor cuando se utiliza y se dirige para conseguir lo que nos espera en el otro. Pues, sabido es que si lo gastamos para éste, aquí muere todo. Y el riesgo que tomamos nos supone perder la felicidad eterna que nos ha sido prometida. Y eso es muy grave, pues, hablamos de eternidad sin esperanza de felicidad.

¿De qué me vale ganar el mundo si pierdo lo que realmente busco? Porque, supongo que tú y también yo buscamos lo mismo. Es decir, la felicidad eterna en plenitud. Y ya es hora que descubramos que en este mundo no está. Observamos como nuestro tiempo se acaba en este mundo y, durante los años que pasamos aquí, nuestra felicidad no es plena. Es más, pasamos muchas penurias y sufrimientos. Evidentemente, aquí no está.

Por tanto, ¿cómo es posible que no utilices tu inteligencia y astucia para indagar, discernir y buscar la forma de ganar la Vida Eterna? Esa es la cuestión que hoy te plantea - nos plantea - el Evangelio. Termina Jesús diciendo: «El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz».