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sábado, 7 de noviembre de 2020

ÍDOLOS O SERVICIOS

 

 

 

Porque, en ellos y ellas ponemos nuestras esperanzas y, simplemente, son medios para llegar y proclamar el anuncio de la Buena Noticia, que no es otra que el Reino de Dios - Jesús - el Hijo de Dios Vivo - está entre nosotros. Por medio de nuestras oraciones, no cumplimos, sino nos ponemos en contacto con el Señor para, por su Gracia, cumplir, y hacer su Voluntad. Por tanto, rezar no es el fin, sino el medio, Cumplir no es el fin, sino el medio. La misa no es el fin, sino el medio y lugar donde nos encontramos con el Señor Jesús, presente y real en la Eucaristía, para, fortalecidos y alimentados en y por Él, salir a nuestro mundo familiar, laboral, de ocio y social a reflejar, con nuestros actos y obras, que Cristo está presente en todos nosotros.

Cuando alguien ve en ti algo bueno, justo, honrado - por desgracia poco frecuente - se asombra y se interpela. Descubre que tú eres diferente y te asocia con Jesucristo. Ese debe ser tu Señor, tu adorado Dios a quien solo debes poner como principio y fin de tu vida, Porque, de El has salido y a Él irás. Por tanto, ídolos ningunos. Sólo Dios es mi ídolo y mi todo, por expresarlo de alguna forma, y sólo a Él sigo, adoro y pongo como Camino, Verdad y Vida. Todo lo demás, debe quedar en segundo lugar y en función de servicio al Señor y a los hombres más necesitados.

Y en ello, como nos dice el Evangelio de hoy, debemos poner toda nuestra astucia y sagacidad para que el Plan de Dios, que nos quiere y nos da gratuitamente esa Felicidad Eterna que buscamos, se cumpla y no se pierda por la dejadez que debemos poner de nuestra parte.

sábado, 10 de noviembre de 2018

O DIOS O EL DINERO

Resultado de imagen de Lc 16,9-15
La elección de Dios u otro ídolo es algo que está en el filo de la navaja de nuestra vida. Podemos cortar en cualquier momento nuestra relación con Dios, y de hecho muchas vivencias nos hablan de eso, pero también podemos tomar el camino en sentido contrario, encontrarnos con el Señor. En medio de todo se erige el dios dinero, un dios que tiene poder en este mundo, pero que muere en él y no nos da felicidad sino a media. Y nos abandona cuando quizás más lo necesitamos.

Por el dinero faltamos a nuestra palabra y rompemos nuestros compromisos. Somos infieles, sin embargo, actuamos con sigilo e inteligencia captando amigos y favores incluso con el dinero mal ganado y obtenido con el engaño o la injusticia. Estamos avispado a sacra provecho de lo conseguido incluso con el dinero injusto, porque, sabemos que es bueno tener amigos en todas partes.

Sin embargo, somos necios a reconocer que este dios que nos creamos y que nos parece fuerte nos puede dar la felicidad. ¿Qué felicidad nos puede dar ese dios finito y caduco? Un dios que empieza y termina en el mismo dinero y que pertenece a este mundo caduco donde nunca encontraremos lo que buscamos, la felicidad eterna. No obstante, no levantamos la mirada y escudriñamos en nuestros corazones para ver que en él está la semilla de ese Dios que, sí, nos da esa vida nueva y eterna que buscamos.

Y es ahí donde se esconde la verdadera idolatría, el señor dinero, en el que se pone toda esperanza y se busca con tanto anhelo y esfuerzo. Y se venera como única garantía de seguridad, de salvación sacrificando cualquier valor a este ídolo. ¿Tan ciegos estamos? ¿Cuántos lo han poseído y han terminado desengañados y decepcionado? ¿Cuántos han faltado a su palabra y a su prójimo por posponerlos al dinero? ¿Acaso el dinero te da la felicidad? ¿Acaso el dinero te salva dándote la vida eterna?

Es cuestión, y no perdamos más tiempo, plantearnos el destino de nuestra vida. ¿A dónde vamos y dónde terminamos? ¿Y qué es lo que nos queda al final? ¿Nos llevamos el dinero a la otra vida o es, precisamente el amor el verdadero tesoro?