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sábado, 28 de marzo de 2026

CONVIENE QUE UNO MUERA

Jn 11, 45-57

Se encontraba atrapado. Decidiera lo que decidiera, alguien saldría perdiendo.
Si no hacía nada, se ponía del lado de la rebelión; si intervenía, declaraba la guerra a los rebeldes.

«¿Qué hacer?», se preguntaba.

Eligió acercarse a la terraza y pedir opinión. Allí tenía buenos amigos que solían ayudarle a ver con más claridad.

Se acordó de Manuel. Siempre le había dado buenos consejos. Ahora los necesitaba más que nunca.

—Buenos días, amigos —saludó con la esperanza de encontrar alguna luz.

—Buenos días —respondieron—. ¿Cómo andas, Rogelio? —preguntó uno del grupo.

—Con un problema que no me deja tranquilo —respondió—. Y vengo buscando alguna pista… algo que me ayude a salir de esta situación.

Mientras hablaba, buscaba con la mirada a Manuel.

—¿No está Manuel? —preguntó, con un deje de inquietud.

—Ahora mismo no, pero no tardará —respondió Basilio—. Mira, ahí viene.

Al entrar Manuel en la terraza, todos lo miraron con expectación.

—Buenos días —dijo, sorprendido—. Veo que hay buena tertulia.

—Buenos días —respondieron—. Rogelio te buscaba —añadió Basilio.

—Pues aquí estoy —dijo Manuel, tomando asiento—. Cuéntame.

Rogelio dudó unos segundos. No sabía cómo plantear lo que llevaba dentro. Finalmente, se sentó frente a él y habló:

—La gente de mi barrio está dividida. Unos quieren encontrar a alguien que pague por lo ocurrido. Otros piensan que nadie debe ser señalado, que todos debemos asumir lo que ha pasado.

Hizo una pausa, respiró hondo y continuó:

—Y yo estoy en medio… No sé qué hacer. ¿Qué me aconsejas?

Manuel escuchaba en silencio. Luego tomó su Biblia, la puso sobre la mesa, entrelazó las manos y dijo:

—Toda discusión esconde intereses encontrados. Pero lo importante es descubrir dónde está la verdad…

Levantó la mirada y recorrió con ella a los presentes.

—La verdad es la que busca el bien de todos, no el de unos pocos. Esa es la opción que merece la pena.

Se levantó, abrió la Biblia y leyó:

—Evangelio según san Juan 11, 45-56…

Al terminar, cerró el libro con calma y añadió:

—Hay momentos en los que elegir implica renunciar. Y no sin dolor. Porque detrás de cada decisión hay personas, consecuencias… heridas.

Hizo una breve pausa.

—Lo de Lázaro no fue solo un milagro. Fue el momento en que todo cambió. Algunos creyeron. Otros empezaron a tener miedo… y decidieron que alguien debía pagar.

El ambiente quedó en silencio.

Manuel continuó:

—Y, sin embargo, ahí se revela algo más profundo. Solo desde la fe en el Crucificado —en Aquel que se despoja de todo poder— nace una forma nueva de vivir, una comunidad distinta.

Miró a Rogelio con serenidad.

—Como explica Benedicto XVI, incluso decisiones tomadas por motivos equivocados pueden quedar dentro de un designio mayor que Dios conduce… aunque eso no justifique la intención de quien actúa.

Rogelio guardó silencio. Pero su rostro había cambiado. La confusión había dado paso a una decisión.

sábado, 8 de mayo de 2021

SEGUIR EXIGE DOLOR Y SUFRIMIENTO

 

Sería contradictorio seguir al Crucificado de manera cómoda, sin compromiso y sin dolor, síntomas de que ese seguimiento no parece auténtico. La Cruz del que seguimos es una Cruz dolorosa, aunque aceptada libremente, sin condiciones y gratuitamente. Solo por amor. 

No se trata de un dolor comprado ni aceptado por y para conseguir éxito, simplemente, aceptado y asumido, como ya hemos dicho, por amor. Y un Amor que paga plenamente, llenándote de gozo, satisfacción y plenitud.

Ese es precisamente el premio del amor que todos, consciente o inconsciente buscamos. La plena satisfacción de saber que has hecho aquello que vive y reside en lo más profundo de tu corazón y que sentías gusto de hacer. Aquello que tu conciencia te empujaba y te decía. Esa experiencia de gozo, de paz y alegría plena que trasciende nuestra muerte. Por eso, superamos y soportamos todo dolor y sufrimiento.

La persecución o incomprensión es el signo inevitable de todo discípulo de Cristo. No se puede impunemente ser seguidor de un crucificado sin experimentar en propia carne los efectos de la crucifixión del maestro. A pesar de que el mundo proclame que nada le va ni le viene nuestra adhesión o desapego ante él, no le es indiferente que seamos "sacados" del mundo y vivamos una vida no demasiado compatible con sus ideales y pasa factura por ello. Y, a veces, bien abultada. De manera que, si no hay conflictos con el mundo, podemos tener buenas razones para preguntarnos si seguimos al Cristo de los evangelios o a un Cristo que nos habremos modelado a nuestra imagen o semejanza.  (De la 5ª semana de Pascua - Evangelio Diario en la Compañía de Jesús - comentario Josep Giménez Meliá, sj.