domingo, 4 de febrero de 2018

NUESTRAS ESPERANZAS DESCANSAN EN ÉL

Mc 1,29-39
La vida presenta muchos obstáculos. Hay temporadas en las que todo marcha viento en popa, pero, quizás cuando menos lo espera todo se vuelve al revés y nos encontramos envueltos en dificultades o enfermedades. Y todo se viene abajo. Y sabemos que eso pasará y volverá a pasar. El camino por este mundo está envuelto en dificultades que no terminarán hasta el final.

Pero, ¿y cuál es el final? ¿Merece la pena vivir con esa amenaza y sin esperanza? ¿Tiene sentido este camino de rosas y también de espinas para terminar sin esperanza y en la muerte? Supongo que algo habrá que pensar y buscar, porque dentro de nuestro corazón hay un latido de esperanza, de gozo y de resurrección. Y si lo hay es porque Alguien lo ha puesto ahí. Por lo tanto, merece la pena buscar a ese Alguien para que nos saque de esa angustia e inquietud y nos dé descanso.

El Evangelio de hoy nos habla de eso, de un día normal de Jesús. Enseña y predica en la sinagoga y luego se reúne con sus familiares, aquellos que creen en su Palabra, y les atiende curándoles, como hace con la suegra de Pedro y con toda la ciudad que se agolpa a su puerta. Jesús ha venido para enseñarnos el camino hacia la Casa del Padre y para aliviarnos su recorrido.

Sin embargo, entre todos los que le buscan priman más las curaciones y los milagros que la Palabra que anuncia la buena Noticia. Es más atractivo el curar y los milagros que el mensaje. Pero, sin duda, las curaciones pasan, y también los milagros. Tendremos que volver a enfermar al final de nuestro camino. Sin embargo, la Palabra queda, esa no pasa. Y la Palabra trae la fe. Fe que nos dará la única y verdadera salvación.

Porque, la Palabra da sentido a nuestra vida y la llena de esperanza. Es posible que tengamos que soportar contratiempos y enfermedades, pero todo eso se supera con la esperanza de que es ahí donde empieza la verdadera vida. Porque cuando termina aquí empieza la verdadera, la que nunca termina y está llena de gozo y alegría eterna.

sábado, 3 de febrero de 2018

EL TRABAJO EXIGE DESCANSO

Todos hemos experimentado la necesidad de trabajar y, por consiguiente también la exigencia del descanso, pues quien trabaja tendrá que descansar. Sin descanso no se puede continuar la marcha del camino. El camino presupone pararse para, descansado, continuar la marcha. Podríamos concluir que sin descanso no se llega a ninguna parte.

Sin embargo, en este mundo en el que vivimos hay muchos esclavos del poder y la riqueza que se empeñan en no dejar descansar a los demás. Ellos si se toman su buen descanso. Quizás excesivo y algo o muy desproporcionado a sus méritos y trabajo, pero, para ello todo es válido. Sin embargo, someten a otros al esfuerzo casi continúo de vivir para el trabajo sin casi derecho al descanso. Incluso, a muchos como es el caso de los niños, les roban hasta la infancia.

En el Evangelio de hoy, Jesús, el Señor, nos habla de la necesidad de descansar. Llama a sus discípulos, a los que ve cansados y fatigados, y se los lleva a un lugar solitario para que descansen. El descanso nos es necesario, pues nuestra naturaleza humana, agotada y cansada, se regenera y fortalece con él. No digamos de la necesidad al mismo tiempo del sueño, regenerador de nuestras neuronas. Sin lugar a dudas, un buen descanso nos renueva y nos deja como nuevos.

Pero, también el Señor, con su ejemplo y testimonio, nos alienta a extremar todas nuestras capacidades para disponernos a dar descanso a aquellos que, sometidos a la esclavitud de sus propias ambiciones, vicios, apegos, dependencias y drogadicciones se ven atormentados y desorientados y sin lugar para el descanso, que exige cierta paz y tranquilidad.

Miremos al Señor y tratemos de descansar en Él dejándole nuestras cargas e inquietudes para que Él las ponga en camino y las renueve fortaleciéndolas. Porque, sólo en él podemos encontrar reposo y descanso y renovar cada día nuestras fuerzas.

viernes, 2 de febrero de 2018

JESÚS ES EL MESÍAS

Su presentación en el Templo es de lo más sencilla y normal. Él, que es el Rey de la Gloria y por lo que el Templo se ha construido, pasa inadvertido y de forma humilde se presenta llevando, como prescribe la Ley, dos pichones, la ofrenda, quizás, más humilde. Nadie advierte nada y todo se desarrolla de forma muy normal.

Pero, al mismo tiempo sube un hombre justo y piadoso, Simeón, que no es levita, ni escriba, ni doctor de la Ley. Sube movido por el Espíritu Santo, pues a él le ha sido revelado que no vería la muerte sin ver al Cristo del Señor. Todo ha sido preparado por el Espíritu de Dios y todo es un nuevo milagro prodigioso para que también nosotros creamos. Simeón descubre y proclama la Naturaleza Divina de ese Niño, nacido para Gloria de Dios y redención de los hombres.

Y, auxiliado e inspirado por el Espíritu Santo, dice: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

Sería bueno que también nosotros tratáramos del ver al Señor poniéndonos en sus brazos y como Simeón descansaramos en el Señor. Podríamos decir que Simeón presenta al Señor, le descubre y sabe de su misión. Es entonces cuando experimenta, por la Gracia de Dios, que puede morir en paz. Y eso significa que sabe en manos del quien está y nada tiene que temer, pues los que en Él creemos estamos llamados a la Resurrección.

Hagamos también nosotros ese esfuerzo de ir al Templo, es decir, de buscar al Señor para encontrarnos con Él, y tengamos la seguridad que le veremos, tal como hizo Simeón, Bartimeo y tanto otros. Señor, abra nuestro ojos y danos la fe.

jueves, 1 de febrero de 2018

MISIÓN CLARA

Mc 6,7-13
No hay vuelta de hoja, todo está definido y bien claro. Jesús envía a sus discípulos para que continúen su misión. No es una llamada para que se limiten a seguirle, sino también para actuar y proclamar. El Bautismo nos configura como sacerdotes, profetas y reyes, y nos compromete a proclamar la Buena Noticia de Salvación. Todo está meridianamente explicado.

Ahora, no se trata de ir, proclamar sin ningún compromiso. Estamos llamados a vivir lo que proclamamos. Y Jesús nos lo deja claro y nos señala la forma y el camino: En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos».

Si no hacemos eso es porque falla algo en nosotros. Posiblemente, ni tenemos la fe suficiente, como un grano de mostaza, ni vamos tal y como nos envía Jesús. Posiblemente estemos apegados a este mundo y nademos entre dos aguas, al menos yo me veo en esa actitud. No estamos decididos del todo, aunque hagamos muchas cosas, porque el mandato del Señor, y Él no se equivoca ni falla, es claro.

Sin embargo, no por eso estoy desesperado ni desanimado. Al contrario, trato de esforzarme y de confiar en Él. Su Gracia nos transformará y nos dará la sabiduría y fortaleza para cumplir la misión tal y como Él quiere y nos ha enviado. Tengamos fe y confianza en el Señor. Creamos que, por su Gracia, tenemos poder sobre los espíritu inmundo y que podemos curar y sanar enfermedades. Es la Gracia del Señor que obra milagros a través de nosotros. De hechos, muchos enviados los realizan.

Pero, eso no debe obviarnos a nosotros a excluirnos y a mirar para otro lado. El Señor quiere que tú y yo también vayamos y proclamemos el Evangelio como Él nos ha enviado. Pongamosno en sus Manos, tengamos fe y confianza.

miércoles, 31 de enero de 2018

CUANDO LA FE SE CONVIERTE EN TU RESPUESTA VÁLIDA

(Mc 6,1-6
Sucedió en tiempo de Jesús y también sucede en nuestro tiempo. Nadie es profeta en su tierra. Lo dijo Jesús en su tiempo, y también lo decimos nosotros en el nuestro. Lo conocido, lo cercano y a los que sabemos de dónde viene no le damos valor ni importancia. La palabra de nuestro padre, hermano o amigos nos cuesta mucho obedecer y tomarla en serio.

Nos impresiona más lo extraño, lo desconocido y toda palabra que venga de alguien que no sabemos quién es. Eso lo experimentó Jesús en su propio pueblo. Sus milagros y su Palabra no eran tomadas en serio ni era creída. Siempre se le buscaba una excusa, pues como iba a ser el Mesías el hijo del carpintero y de la joven humilde y sencilla María. No cabía en sus cabezas, aunque reconocían su sabiduría respecto a las cosas que decía y cómo los decía.

« ¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?».

¿No nos ocurre a nosotros lo mismo ahora? ¿Acaso creemos en su Palabra y en sus milagros? Sí, nos merece respeto, dicen muchos, pero de ahí no pasan. No creyéndose ciegos lo están, pues no son capaces de ver la Verdad. Viven en la mentira y en los espejismos de la realidad. Tal como aparecen, todos se desvanecen y vuelve al caos y al sin sentido.

Porque ser ciego no es ver las cosas que hay en el mundo, sino ver la Verdad. Y todos los que no ven la Verdad están ciegos. Cegados por las luces del mundo que los encandila y les impide ver sus propios pecados, sus incapacidades de amar. Y si no eres capaz de amar, nunca serás feliz. Porque la felicidad no te la puede dar sino el amor. Lo habrás experimentado aquellos instantes que has descubierto que estás a bien y en comunión con los que te rodean. Entonces es cuando te experimentas feliz. 

Y, tenlo en cuenta, nadie te podrá dar esa capacidad de amar sino Jesús. Porque, tú estás herido por el pecado y vencido por tu naturaleza caída que te pone en manos del Maligno que te somete y vence. Sólo el poder del Amor que viene del Señor te liberará y salvará.

martes, 30 de enero de 2018

LA AUTORIDAD QUE DESPRENDE JESÚS EN TODOS SUS ACTOS

Mc 5,21-43
¿Puedes imaginar como se quedarían aquellos que se reían de Jesús cuando les dijo que la niña no estaba muerta sino dormida? Sería hermoso podérselo imaginar, pues sus caras serían un poema. Desde ese hecho podemos hacernos una composición de como hablaba Jesús y la autoridad que desprendían sus Palabras Su seguridad y su firmeza dejaban a la gente atónita y asombrada.

Hoy Jesús, nos narra el Evangelio de Marcos, y de como va a la otra orilla y la multitud de gente le sigue. Tiene que ser emocionante como Jesús responde a la petición de aquel hombre - jefe de sinagoga - y le pide la curación de su hija que está a punto de morir. ¡Qué gran autoridad de Jesús al responderle con su decisión firme de ir a su casa a curarla! No se puede encontrar una autoridad más grande. Seguro de su Poder y del beneplácito del Padre, Jesús, el Señor, camina para afirmar que Él vence a la muerte.

Y, hermosa la actitud de Jesús, al comprobar que aquella mujer, enferma de flujo de sangre, se esfuerza en tocarle su manto. Piensa y lo hace que, de tocarle el manto, puede quedar curada. Está cansada de tanto médicos que le han tratado. Se ha gastado todo su dinero, y, sin más recurso que el de confiar en Jesús, se lanza a la proeza de tocarle su manto. No se siente digna ni importante para que Jesús le dedique un tiempo, y tampoco para hablar con aquellos apóstoles tan influyente. Ella, una pobre mujer que ya no tiene nada está convencida que tocando el manto de Jesús puede quedar curada.

Ambos, Jairo -jefe de la sinagoga - y aquella mujer -que padece flujo de sangre- tienen algo muy importante y necesario para que Jesús les conceda su Gracia y les cure. Ambos creen en Él, y se mueven, se molestan, se esfuerzan en buscarle, en encontrarse con Él. Jairo va directamente a pedírselo, y aquella mujer, más temerosa de no ser escuchada, trata de tocarle el manto.

Y Jesús, el Señor, les atiende y les concede, por su fe, a uno la resurrección de su hija, y a otra la curación de su enfermedad. También, el Señor espera tu petición, y si tienes fe te la concederá. Pero, no esperes que sea como tú quieres, porque no sabemos pedir. Será, siempre, lo mejor para tu salvación que es lo que más importe. Esa Resurrección al final de los tiempos para pasar la Eternidad, en gozo y plenitud, junto a Él.

lunes, 29 de enero de 2018

TÚ TAMBIÉN ESTÁS INVITADO A PROCLAMAR LO QUE DIOS HA HECHO CONTIGO

Mc 5,1-20
Quizás no has reflexionado sobre tu vida y todo lo que tienes. Posiblemente, tienes familia, salud, estabilidad económica, vives en un lugar en paz y te sientes agradecidos a la vida. Otros no pueden decir lo mismo, pero, te has parado a dar gracias a Dios y a proclamarlo por todos los lugares por donde transitas y compartes. Porque, Dios hace cosas buenas con todos sus hijos.

Y tú eres hijo de Dios. Quizás tu vida esté también desorganizada, en peligro y mal orientada. Quizás estés sufriendo y sintiéndote mal. Mira al Señor, Él viene a buscarte para salvarte. No como tú y yo nos lo imaginamos o nos gustaría, sino como realmente Él quiere salvarnos. No para un tiempo ni una etapa, sino para toda la vida, está, que necesita construir y experimentar durante un camino y tiempo, para llegar a la otra, la plena, donde viviremos con Él y con el Padre para toda la Eternidad.

Por eso, te invito a reflexionar y a sentirnos agradecidos con todo lo que tenemos en la actualidad, en este tiempo presente. Podemos estar mejor o peor, pero de una u otra forma estamos salvado. Dios nos quiere y ha enviado a su Hijo para salvarnos y liberarnos del pecado que nos somete, nos atormenta y nos hace infeliz. Despierta y abandónate en Manos del Señor, Él te librará de las garras del demonio, que te azota y te enfurece y te lleva a tu propia destrucción.

Pero, no perdamos de vista la actitud de los porqueros que anteponen el valor material que representa la pérdida de los cerdos a el valor humano de aquel endemoniado. Lo material ante que lo humano; los intereses económicos antes que la vida de las personas. Posiblemente eso sigue vigente en nuestra sociedad de hoy, se anteponen los intereses económicos a los intereses y derechos de las personas. Se impone el aborto ante el derecho a la vida.

No es una historia lejana sino una realidad. El hombre sigue dándole más valor a lo material que a lo espiritual. El hombre se preocupa más por el valor de sus bienes que por los valores espirituales. Descuida los derechos de las personas dándole prioridad a los derechos e intereses materiales. Eso debe hacernos e invitarnos a reflexionar.