martes, 9 de julio de 2019

UN JESÚS INIGUALABLE


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Mt 9,32-38
Nadie ha podido hacer ni dar lo que Jesús ha dado. Por eso es el Hijo de Dios, porque su Poder ha sido inigualable. Ha hecho prodigios y milagros que nunca se han visto, no sólo en Israel sino en todo el mundo. Nadie ha curado al enfermos y paralíticos como lo ha hecho Jesús. Nadie ha sido capaz de resucitar a personas que han perdido la vida, ni antes, ni en su momento ni después de Él. 

Nunca nadie ha anunciado un mensaje de amor como lo ha hecho él. Un mensaje de amor que, todos nos damos cuenta, es la solución para el mundo. Un mensaje de amor lleno de bondad, de generosidad, de mansedumbre y gratuitamente. Un mensaje de amor incondicional e igual para todos los hombres y mujeres del mundo. Un mensaje de amor para buenos y malos. Nadie ha entregado su Vida de forma incondicional y gratuita para salvar a los hombres por amor. Una muerte que rescata al hombre y le da la posibilidad de alcanzar la Misericordia de Dios.

Realmente, ¿ha habido o hay alguien que haya podido parecerse a Jesús? Y sin embargo, muchos han creído, pero otros no. Y sigue ocurriendo eso. Muchos le siguen, pero otros se quedan a medias y algunos le rechazan. Y sin embargo, nadie puede igualarle ni siquiera imitarle. Nadie puede presentar y darnos su servicio, su entrega y su amor desinteresado y lleno de ternura y de misericordia. Jesús nos ha revelado el Rostro de su Padre Dios y en diversas parábolas nos ha presentado la forma de amarnos y su mensaje de salvación.

Hay quienes abrimos nuestros corazones a su Amor y, por su Gracia, le acogemos y creemos en Él. Sin embargo, otros se cierran a su Palabra y le quieren expulsar de este mundo. Es la lucha que experimentamos cada día en este mundo nuestro. El amor, que viene de Dios, y el mal que viene de aquellos que, incomprensiblemente no ven el Corazón amoroso de Dios. 

lunes, 8 de julio de 2019

LA NECESIDAD DESPIERTA LA FE

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Mt 9,18-26
No hace falta que nos lo demuestren, sabemos que cuando estamos bien y todo rueda según nuestras ideas y apetencias la vida nos sonríe y nos parece hasta fácil. Experimentamos suficiencia y que con nuestro poder y capacidad nos basta para alcanzar esa felicidad que buscamos. Nos sentimos fuertes y poderosos y llegamos a creer que con nosotros, nuestro poder y riqueza nos basta.

Sabemos también que en esas circunstancias no nos acordamos de nadie ni tampoco de Dios. Llegamos a creernos hasta que nosotros mismos somos nuestro propio dios. Y sólo basta un ligero percance o la más mínima adversidad para despertarnos y darnos cuenta de nuestra necesidad. El Evangelio de hoy nos pone dos ejemplos que pueden ayudarnos a pensar y a darnos cuenta que también nosotros somos esas personas, porque, tarde o temprano llegará a nuestra vida esas mismas circunstancias.

Un hombre jefe de los judíos. No era un cualquiera sino un hombre que tenía bajo su poder a otros. Porque ser jefe significa que tiene bajo su cargo a otros. Y ese jefe de judíos siente la necesidad de pedir ayuda, pero, ¿a quién? Porque, se trata de la curación de su hija que irremediablemente se muere. No se puede buscar sino a Aquel que tiene poder de devolverla a la vida y es a ese, al Señor a quien se dirige ese jefe de judíos. Eso esconde una fe en que Jesús, el Señor, puede curarlo, y en esos términos se dirige a Él: En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá».

También sucedió que una mujer, que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Conocemos por el mismo Evangelio lo que sucedió después en ambos casos. Y eso nos debe animar a nosotros, tal y como Jesús animó a la mujer curada respecto a su fe. 

La fe nos salva, pero una fe que proviene de lo más profundo de nuestro corazón y que nos llena de confianza en el Poder y la Bondad de Dios. Un Dios misericordioso y compasivo que se conmueve con nuestra fe y responde a nuestros suplicantes deseos.

domingo, 7 de julio de 2019

LA MISIÓN ES DE TODOS

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Lc 10,1-12.17-20
El mundo no puede mejorar si no mejoras tú. Eso está muy claro y todos lo entendemos. Nadie podrá hacer lo que está guardado para ti. Tú tienes una aportación que hacer a este mundo para mejorarlo. Tu parcela, tu propio ambiente, tu círculo de amistad, tu familia tendrán el sello del anuncio de la Buena Noticia, o por el contrario ese anuncio se perderá. Y el único responsable serás tú.

Jesús fundó su Iglesia en la roca de los apóstoles, pero está claro que ellos no se iban a quedar aquí hasta el final de los tiempos, por eso urgía fundar la Iglesia y dejarla como continuadora de su misión. Y a los apóstoles han seguidos otros apóstoles y así hasta nuestros días. Todos somos apóstoles en el sentido de que, por el compromiso de nuestro bautismo, estamos llamados a continuar y proclamar la Buena Noticia de Salvación. Y ese es nuestro reto, proclamar que Cristo Jesús vive y camina entre nosotros señalándonos el Camino, la Verdad y la Vida.

Por tanto. el Evangelio de hoy es una llamada a esa misión de proclamación de la Buena Noticia que todos los bautizados tenemos. Una proclamación que puede ser de diferentes formas y maneras, pero que, al final, es proclamación y anuncio del Reino de Dios. Porque, para unos podrá ser el anuncio por la palabra, pero para otros será el servicio al enfermo. Otro será la enseñanza, la justicia...etc. y cada cual según sus talentos o capacidades. Todos podemos en cualquier lugar que nos haya tocado vivir derramar ese anuncio de salvación por el hecho de ser hijos de Dios.

Nuestra alegría no debe estar apoyada en nuestros éxitos sino en que hemos sido elegidos por el Señor para esa misión y nuestros nombres, como nos dice el Evangelio están inscritos en el Cielo: Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

sábado, 6 de julio de 2019

LO NOVEDOSO: UNA NUEVA FORMA DE MIRAR LA VIDA

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Mt 9,14-17
Jesús irrumpe en este mundo con una nueva forma de mirar la vida. Es algo diferente a todas las propuestas que hasta ahora se habían contemplado siguiendo los impulsos y apetencias humanas. Hasta su llegada todo se resumía en el conocido "ojo por ojo y diente por diente". El enemigo era el peligro y el objetivo a vencer. Todo consistía en someter y dominar a aquellos que piensan diferente y no se avienen con nuestra forma de ver la vida o de aplicar nuestros intereses y apetencias.

Jesús presenta otra forma de ver a los demás. Su Corazón tiene otra actitud y su Mensaje presenta una nueva, renovada y buena Noticia. Es liberador y acoge a todos, buenos y malos como hijos de Dios a los que ofrece su incondicional Amor. Es la manera de echar, como nos dice en el Evangelio de hoy, el vino nuevo en odres nuevos y no en odres viejos que lo estropee por no admitirlo. Nuevas formas de relacionarnos que pasan por presentar un amor joven, renovado y actualizado en el Señor que no se pueden mezclar con las viejas maneras de contemplar la vida y las tradiciones.

Hay, primero, que purificar nuestros corazones y limpiarnos de muchas impurezas que lo hacen viejo, obsoleto y duro. No hay enemigos sino personas a las que hay que ayudarles a ver la vida desde la perspectiva del amor. Quizás eso sea difícil para nosotros e incluso no llegamos a entenderlo, pero, para nuestro Padre Dios todo es posible. Por tanto, debemos dejarnos llevar por el Amor de nuestro Padre y, abiertos a su Espíritu, posibilitar un cambio en nuestra manera de ver la vida. Es el amor el valor más grande que tenemos y el arma más propicia para transformar nuestros corazones.

Nadie se ha atrevido ni ha propuesto nada que ataque directamente al corazón del hombre y le arranque el mal que, morando en él, le hiera y le atormente. Un corazón contaminado por el pecado y el odio de venganza al enemigo. Pongamos. como nos dice y enseña Jesús, el vino nuevo en odres nuevos.

viernes, 5 de julio de 2019

ENSÉÑAME, SEÑOR, A SER MISERICORDIOSO

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Mt 9,9-13
Tu fe te salva si va acompaña del compromiso misericordioso en tu relación con los demás. Una actitud misericordiosa que emana del Corazón de Cristo y llena tu vida terrena de cada día en tu relación con los demás.

Una misericordia que aterriza en hechos concretos que se traducen en poseer un corazón suave, benigno y manso como el de Jesús. Una  misericordia que va dirigida a todos aquellos que la piden porque la necesitan y les incluye en el redil del rebaño del Señor.

Porque, ¿quiénes necesitan esa misericordia? No son los suficientes ni los sanos o buenos. Ellos seguro que no la buscarán. La pedirán y buscarán  los pecadores necesitados de ser perdonados. A ellos va dirigida esa misericordia del Señor, porque, ha venido a perdonar a los pecadores. Son, pues, los enfermos los que necesitan de médicos y, de la misma forma son los pecadores los que necesitan misericordia.

Por tanto, no perdamos el tiempo en sacrificios y cumplimientos desencarnados de la realidad de cada día en relación con los demás. Tratemos de, en la lucha diaria, parecernos al Señor asistidos por y con su Gracia misericordiosa. Esa será nuestra meta y objetivo, poniéndonos siempre en Manos del Señor. Porque, sólo en Él conseguiremos alcanzar un corazón misericordioso.

jueves, 4 de julio de 2019

LA NECESIDAD DEL PERDÓN

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Mt 9,1-8
Pronto nos damos cuenta que mantenerse libre de pecado es misión harto difícil. Por eso, necesitamos encontrar el perdón para purificados continuar el camino. Es de sentido común que sea Dios quien me perdone los pecados, y eso pensaban los judíos. De ahí que la presencia de Jesús y su decisión de perdonar los pecados a aquel paralítico que le presentan es tomada como una intromisión y blasfemia.

¿Nos pasa a nosotros lo mismo hoy? ¿Confías que, por el poder del sacramento del orden el sacerdote te da, por la gracia de Dios y en el nombre del Padre. Hijo y Espíritu Santo, el perdón de tus pecados? O, como aquellos judíos de su tiempo piensas que eso no es así? Jesús, obligado por las circunstancias les demuestras a los presentes que Él es realmente el Hijo de Dios y tiene poder para perdonar los pecados. Y lo hace de una manera muy lógica, curando a aquel paralitico para que observen que quien cura la parálisis física también tiene poder para perdonar los pecados del alma contra Dios.

Lo que realmente importa es que tú y yo tomemos conciencia de eso y, a pesar de la distancia, creamos en la Palabra y el Poder de nuestro Señor Jesús de perdonar los pecados. Y entendamos que ese es el camino. No nos está permitido, al caer, quedarnos en el lodazal del pecado, sino levantarnos y continuar adelante. Para eso, nuestro Señor Jesús ha instituido el sacramento de la reconciliación, para levantarnos de nuestros frecuentes caídas y errores y, en pie, continuar el camino.

Posiblemente tengamos muchas parálisis y, las peores son las que escapan a nuestra vista. Busquemos la luz que nos ayude a descubrirlas para presentarlas ante el Señor y poder sanarla para que nuestro camino sea mejor cada día. Tengamos esa confianza en la Misericordia de Dios, que no sólo nos perdona sino que nos va dando la fuerza necesaria para irnos superando y venciendo esas parálisis que paralizan, valga la redundancia nuestros cuerpos.

miércoles, 3 de julio de 2019

¿TAMBIÉN TÚ TIENES DUDAS?

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Lo normal es que toda persona tenga duda. La duda es la causante de que se necesite la fe, y, por la fe, nos salvamos si nos mantenemos perseverante y confiando en la Palabra del Señor. Luego, si no hubiese duda no haría falta la fe. Es lo que ocurrirá cuando estemos en la presencia del Señor. Allí no nos hará falta tener fe, pues ya vemos al Señor. Será, pues, una dicha estar en su presencia y la puerta para llegar a Él es la muerte, lo que deja al descubierto que no es tan trágica como se puede creer. Diría que es el momento más glorioso de nuestra vida si realmente la sufrimos en Gracia de Dios. De otra forma sería la pérdida más grande.

Ahora, esas dudas tienen un gran peligro. Ese peligro está escondido en el recorrido de nuestra vida, ya sea de forma individual o colectiva. Es decir, hacerlo solo o en la comunidad. O sea, remar tu solo o ir remando con otros. Ir en tu barca o ir en la Barca de la Iglesia. Así de claro. Solos estaremos a merced de todos los peligros que el Maligno nos pueda poner. Él está atento a ponernos todas las sancadillas que necesita para hacernos caer y alejarnos del Señor. Recordemos las tentaciones que sufrió Jesús en el desierto. También nosotros, en el recorrido de nuestra vida pasaremos por esos momentos. El deseo de satisfacernos con las cosas de este mundo; la tentación de sentirnos importante, de colmar nuestra vanidad y orgullo y la ambición de sentirnos poderosos y dueños resume el contenido y las diversas formas de ser tentados.

Solos, quedamos a merced del demonio, que hará de nosotros lo que quiera, pero, en la Barca cambia todo. Estamos rodeados de hermanos que nos apoyan, nos fortalecen con sus oraciones y nos defienden alimentando, al compartir, nuestra fe. Tenemos un ejemplo en el Evangelio de hoy con Tomás. Su fe estaba dañada y herida. No creía en Jesús resucitado y exigía ver para creer. Es lo mismo que nos sucede a muchos hoy cuando dicen que no han visto a nadie regresar de la muerte para demostrar la resurrección. Realmente, ¿creemos que la aparición de alguien que haya muerto solucionaría eso? En la parábola del rico epulón -Lc 16,19-31- Jesús nos deja claro que no serviría de mucho.

Sin embargo, Tomás está en la Barca - Iglesia - y, a pesar de sus dudas sigue en ella. Se encuentra, podemos simbolizar que está embarcado a la semana siguiente, y de nuevo Jesús se presenta a sus discípulos, y ve que está Tomas, lo llama y tiene un encuentro con él. Sabemos el resto. Ocurrió que Tomas seguía en la Barca y esa es la diferencia. Es en la Iglesia donde Jesús se te hace presente y donde tienes que buscarlo. Jesús no se presenta sino espera que tú le abras tu corazón. Él está a tu lado, te llama y espera tu respuesta y tus deseos de búsqueda. Y se te manifiesta cuando tu corazón se abre a su llamada. Estar en la Iglesia es muy importante, porque, Jesús se le presenta a sus amigos, a aquellos que le buscan y desean conocerle. La pregunta podría ser, ¿quieres tú conocerle?, pues, búscale en la Iglesia.