viernes, 22 de mayo de 2020

GESTANDO LA ALEGRÍA DEL GOZO PLENO Y ETERNO

Evangelio del Día, Viernes 11 de mayo de 2018 - Arquidiócesis de ...
Jn 16,20-23a
Todos hemos presenciado el gozo de una madre cuando da a luz a un hijo/a. Durante el parto ha estado inquieta, preocupada y privándose de caprichos u otras apetencias para la buena gestación y cuidado del ser que se forma dentro de su vientre. Unas sufrirán más que otras y, algunas, lo pasarán mal e incluso tendrán problemas a la hora del parto. Pero, sufrido todo, la alegría es inmensa cuando se tiene al hijo o hija entre sus brazos. 

Tanto las madres como los padres pueden, desde sus vivencias particulares y de cada uno como padre o madre, han experimentado esa alegría de colaborar en la vida, por la Gracia de Dios, a un nuevo ser humano. Pues bien, reflexiono sobre esto, también lo cita el Evangelio de hoy, porque, nuestra vida, según mi manera de ver, es como si de un gran parto se tratara. Un recorrido lleno de tristezas y alegrías que desembocarán en el gozo pleno de felicidad eterna.

Y es que en nuestra vida hay momentos de alegrías, pero, también, momentos de tristezas y sufrimientos. Serán inevitables, pero no debemos perder la esperanza de que el final que nos espera es la alegría definitiva como el ejemplo de parto que hemos citado anteriormente. Nuestra vida será una lucha constante en la que debemos convertir esas tristezas en alegría, porque sabemos que nos espera el triunfo final. Y eso es misión del Espíritu Santo que nos acompaña.

Un Espíritu Santo que nos sostiene, nos anima, nos da esperanza y fuerza para soportar los sufrimientos, aceptar los momentos de tristezas llenándolos de paz y alegría interior contenida en la esperanza de sabernos llamados al gozo de la Resurrección y plenitud eterna.

jueves, 21 de mayo de 2020

SUPONGO QUE A MÍ ME OCURRIRÍA LO MISMO

Juan 16,16-20 - Parroquia San Pedro Apóstol (Málaga)
Me pongo en el lugar de los apóstoles y discípulos de Jesús. El entusiasmo de estar con Él y la alegría de las primeras proclamaciones quedan apagadas con la noticia sorprendente que Jesús nos da y comparte con ellos: «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Supongo que a mí también me hubiesen dejado tocado, desanimado, entristecido y con ganas de abandonar. 

Claro, hablaba de su muerte y Resurrección, pero los apóstoles no entendían nada y, puesto en su lugar, tampoco yo entendería nada. Por eso, lo he compartido muchas veces, hoy tenemos más ventajas que en aquel tiempo, pues sabemos, por el testimonio de aquellos apóstoles, que Jesús Resucitó y tenemos toda la historia, que así nos lo testimonia y nos descubre, que Jesús Resucitó al tercer día.

¿Hay mayor consuelo y, sobre todo, esperanza? Vivimos esperanzados en y por la Resurrección del Señor. Sí, es verdad que el camino no es cosa fácil y que se presenta duro y complicado. Es verdad que Jesús lo recorrió primero y su ruta es una ruta de muerte que concluye en la Cruz, pero una cruz, aparentemente de muerte, pero que termina en Cruz de Victoria y de Salvación.

Es verdad, repetimos, que la vida, nuestra vida, pasará por momentos difíciles, de sufrimientos, de dificultades y de cruz, pero, también sabemos y es verdad que el final es la victoria y el triunfo que nos espera en la Gloria del Señor. Él nos ha revelado y enseñado el Camino y, nosotros, confiados en su Palabra y sus Obras nos fiamos plenamente de su Camino, su Verdad y Vida. Esa es, realmente, las pruebas de nuestra fe que cada día nos salen a nuestro encuentro y que debemos, confiados en el Señor, de superar perseverando en Él.

miércoles, 20 de mayo de 2020

ESPÍRITU DE LA VERDAD, EN EL LUGAR DE JESÚS

Juan 16,12-15 - Parroquia Stella Maris (Málaga)El Espíritu de la Verdad viene a continuar la labor de Jesús. Nos acompaña y nos va iluminando todo aquello que ha quedado oscuro o incompleto en nuestra limitada mente, así como la asistencia a discernir todo lo nuevo que en el tiempo se nos va presentando.

Porque, nuestra vida es un camino donde se desarrolla y tiene lugar el proceso de nuestra fe. Una fe incipiente que necesita madurar por la Gracia de Dios, pues, la fe es un don de Dios.

El camino se hace imprevisible y exige tomar decisiones para las que el hombre necesita el auxilio del Espíritu de la Verdad. Y lo necesita porque, sujeto al pecado por su naturaleza humana, está incapacitado para liberarse del mismo. Necesita la fuerza liberadora del Espíritu Santo que, como lo hubiese hecho Jesús, ahora lo hace el Espíritu Santo. Por eso, le invocamos y le abrimos nuestro corazón para que nos ilumine, nos alumbre el camino y nos dé la sabiduría para pode discernir sabiamente y correctamente lo correcto, lo bueno y verdadero siguiendo la Voluntad de Dios.

Con los tiempos, las situaciones y circunstancias van cambiando y presentando nuevos retos y desafíos a los que hay que saber enfrentarse para discernir lo correcto siguiendo la Palabra de Dios. Y para eso experimentamos y necesitamos la presencia del Espíritu Santo. Un Espíritu Santo que había sido olvidado o, en su defecto, no muy presente en nuestras vidas. Hoy, es imprescindible su presencia en nuestro camino de perfección. Sin Él no podemos avanzar ni crecer. 

Nuestro Señor Jesús se ha ido para quedarse en el Espíritu Santo, que continúa su labor de acompañarnos, fortalecernos y auxiliarnos en el camino de maduración de nuestra fe. Esa fe que hemos recibido gratuitamente en la hora de nuestro bautismo y que, con la asistencia del Espíritu de la Verdad, irá creciendo en nosotros por la Gracia del Espíritu y nuestra disponibilidad a recibirla.

martes, 19 de mayo de 2020

ES NECESARIO QUE JESÚS SE VAYA PARA QUEDARSE

El camino a la salvación!: Juan 16, 5-11. Les conviene que yo me ...
Parece un contrasentido, irse para quedarse, pero es la realidad para el creyente desde la fe, don de Dios. Porque, sería disparatado que Jesús se quedase eternamente en la tierra. ¿Cómo entenderíamos a Jesús ahora con 2020 años? ¿Podrías imaginártelo? ¿Y qué sentido tendría nuestra fe? Era, pues, más que necesario que Jesús fuese a la derecha del Padre. Y también la única forma de quedarse para siempre entre nosotros de una forma espiritual - Espíritu de la Verdad - en todas partes y entre todos nosotros.

Ahora nos resultará más fácil encontrarlo y ponernos en contacto directo con Él. La Eucaristía es la forma de tocarle, de comerle y de alimentarnos espiritualmente de Él. Lo podemos ver en la Beata Catalina de Emmerick por poner un ejemplo, y lo podemos experimentar en cada uno de nosotros. Sólo necesitamos creer y dejarnos amar por su Infinito Amor. 

Es obvio que los apóstoles y los contemporáneos de su época lo tenían más difícil, porque, en ese tiempo Jesús, hecho hombre, no estaba en todas partes. Recordemos el episodio de la muerte de su amigo Lázaro. Sin embargo, ahora sí lo está y podemos hablar con Él en casa, en el templo y en cualquier lugar del planeta. Su Espíritu siempre nos acompañará y nos iluminará y nos dará la fortaleza y la sabiduría para dar testimonio de su Palabra con nuestra vida y obras. Obras, a pesar de ser pequeñas, llenas de buenas intenciones y con verdadero amor.

Transcribo literalmente estas palabras, tomadas del Evangelio de cada día, San Pablo - porque me parecen muy interesante y difícil de poder expresarlo mejor: Él es nuestra capacidad. Habita en la hondura de la creación integrándolo todo y bombeando el dinamismo de la vida, la bondad y la reconciliación frente pecado, la injusticia, los juicios cerrados que impiden las transformaciones personales e históricas. El Espíritu de Jesús nos anima a renovarlo todo hasta que todo quede unificado e integrado en el amor. Por eso, la fe está siempre en éxodo, en camino, en salida. Es dinamismo y apertura.

Y continúa diciendo : Por eso nada más contrario al Espíritu de Jesús que la instalación mental y espiritual de quienes le confesamos y la acomodación de la Iglesia al poder y los intereses dominantes.

lunes, 18 de mayo de 2020

CONTAMOS CONTIGO, ESPÍRITU SANTO

Catholic.net - Se conmovió y la amó profundamente
Jn 15,26—16,4
Nuestra confianza está puesta en el Espíritu de la Verdad, que nos fue prometido por Jesús: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho».

 El mismo Espíritu que acompañó a Él al desierto y a la oración en silencio; al servicio, a y para los demás; a la Cruz, entregando tu vida en cada instante por servir a los demás; al gozo y la alegría de saberse enviado por el Padre, hacer su Voluntad y permanecer, conociéndose glorificado por el Padre, Resucitado,  y a la comunión y unión con la comunidad, donde el Espíritu se hace presente, en y con la Iglesia, lugar donde tu amor encuentra la posibilidad de expresarse y concretarse.

Jesús consciente de nuestras limitaciones no nos deja solos.  Es obvio que tiene que irse, pues no puede permanecer con nosotros físicamente presente. Hoy tendría 2020 años y eso dejaría sin sentido la necesidad de la fe, pues, su sola presencia tan hermosa, poderosa y de gran autoridad bastaría para creer. Y la Voluntad del Padre ha sido darnos la libertad para, desde ella, tener la capacidad de elegir. Por eso, la fe nos es tan necesaria y con ella la confianza. Confiar en Jesús, no sólo en los momentos que todo viene bien sino, precisamente, en los momentos de cruz, de calvario, de oscuridad y hasta de confusión.

Para dar testimonio de nuestra fe necesitamos pruebas. No podemos afirmarnos en nuestra fe cuando todo viene bien rodado, sino cuando todo parece contradictorio y confuso. Y, precisamente, es para eso para que se haga presente el Espíritu Santo. Recordemos a los apóstoles en el cenáculo, ¿creen que hubiesen sido capaces de dar testimonio de Jesús sin la fuerza y la sabiduría del Espíritu? Igual nos sucede a nosotros, el Espíritu Santo nos acompaña, se queda con nosotros, y no para cruzarse de brazos, sino para impulsarnos, lanzarnos y fortalecernos en ese turbulento camino de tentaciones y dificultades donde nuestra fe y, sobre todo, confianza en nuestro Padre Dios necesita afirmarse, apuntalarse y perseverar.

domingo, 17 de mayo de 2020

CAMINAMOS EN EL ESPÍRITU SANTO

Os dará otro Paráclito (Jn 14,15-21)
Jn 14,15-21
Todo se hubiese venido abajo si de nosotros dependiera. Pero, por la Gracia de Dios, no es así y todo nuestro quehacer y obras están dirigidas e impulsadas por la acción del Espíritu Santo. Espíritu que nos fortalece y nos da el valor para ser pasibles y soportar todos los obstáculos y miserias que el mundo nos imponga o nos presente con el objetivo de apartarnos del seguimiento al Señor Jesús.

Nuestro bautismo nos da esa posibilidad de recibir al Espíritu Santo, para que, confirmado algo más tarde, en nuestra juventud, en el Sacramento de la confirmación, recibamos la fortaleza y sabiduría para proclamar con nuestra vida y obras la Buena Noticia de la Salvación. Porque, es el Espíritu Santo que continúa la obra evangelizadora de Jesús en cada uno de nosotros. De ahí la responsabilidad que tenemos de abrirnos a la acción del Espíritu Santo.

¿De dónde podemos tomar referencias y testimonios? Precisamente, de nuestra Madre, la Virgen María, porque, ella fue la primera testigo de la presencia y la venida del Dios hecho hombre a este mundo, y ella fue la primera humillada ante el Amor y la Grandeza de Dios sometiéndose libremente a su Voluntad. Porque, Dios no nos impone la Buena Noticia, sino que nos la ofrece y nos la regala. Y eso lo hace porque sabe que lo necesitamos. Todos buscamos la felicidad y esa tan buscada felicidad la experimentamos y la encontramos en el amor.

Para eso ha enviado a su Hijo, nuestro Señor Jesús, para enseñarnos el camino y la forma de darnos en servicio a los demás. En eso precisamente consiste el amor. Porque, el amor es la única arma con la que se puede conquistar el corazón del hombre para que  viva en la verdad y la justicia. Entonces, el mundo será mejor y más de acuerdo con la Voluntad de Dios. De ahí que su mandato sea que nos amemos los unos a los otros. ¿No crees que así se acabaría las injusticias?

sábado, 16 de mayo de 2020

RESCATADOS Y LIBERADOS

Sergio E. Valdez Sauad: SI EL MUNDO LOS ODIA...Juan 15,18-21.
Jn 15,18-21
Quizás no nos hemos dado cuenta todavía, pero vivimos en un mundo que nos impone, bien por herencia, por cultura o por el propio ambiente de nuestros orígenes humanos, sus criterios y sus razonamientos. De modo que, todo lo que hacemos lo entendemos como bien hecho y como lógico. Si yo doy, tendré también que recibir. Nada se da gratis, o, al menos, exige una retribución. Y lo que se da gratis deja pendiente favores futuros. Estos son los criterios mundanos de los que somos esclavos.

¿Por qué? Porque, en el fondo de nuestro corazón vive la impronta de nuestro verdadero amor y el origen de nuestro ser. Hemos sido creados para amar y no descansaremos hasta descubrir ese amor divino que subyace en nosotros desde la eternidad. Porque, Dios, nuestro Padre, nos ha creado desde el principio y a Él volveremos de nuevo. Por eso, el Señor ha venido a rescatarnos de este mundo al que, por la naturaleza de nuestro pecado, pertenecíamos. 

Él nos ha liberado y nos ha sacado de este mundo. Por tanto, ya no somos de este mundo y, por esa razón, seremos odiado por el mundo igual que nuestro Señor. Si a Él le han odiado hasta crucificarlo, también a nosotros nos perseguirán y odiarán hasta, a muchos, crucificar y matar. Pero, eso no nos coge de sorpresa porque nuestro Señor Jesús nos lo ha advertido: 
«Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado».