viernes, 16 de junio de 2023

SOLO EL AMOR DA VIDA Y HACE NACER VIDA

Es el momento para preguntarnos ¿qué sería la vida sin el amor? ¿Podríamos imaginar un mundo sin vida? ¿Y sin amor? Nos sería imposible hacer una abstracción de imaginar un mundo sin amor. El hombre fue creado por amor, con amor y para amar. Y desde que desvía su camino y su misión deja de ser hombre y de caminar según su misión: amar.

Su Creador, nuestro Padre Dios, es Amor y sus criaturas fueron creadas semejantes a Él. Por tanto, nacemos del Amor y vivimos para amar. Es evidente que esto no se entiende desde el conocimiento intelectual ni por la capacidad intelectiva. Se entiende desde nuestra pequeñez y desde nuestra apertura a la acción del Espíritu Santo que actúa en nosotros llenando nuestros corazones de esa sabiduría que viene del Cielo.

Nada mas certero y necesario que poner nuestra mirada en la Persona de Jesús, nuestro Señor e Hijo de Dios. En Él podemos observar como actúa Jesús desde su Sagrado Corazón. Su mansedumbre, ternura y bondad nos llenan plenamente y embriagan de belleza, verdad y amor. Su manera de actuar y ponerse a nuestro servicio nos deslumbra y apasiona. Y su Misericordia nos derrumba y nos cautiva. Y todo eso lo concretamos en la figura de su Sagrado Corazón.

Él será nuestra referencia y nuestro modelo de cada día. En Él podemos dar respuesta a todos nuestros problemas y encontrar solución a todos nuestros interrogantes y situaciones en las que nos vemos inmersos en nuestro camino por este mundo. Ver y contemplar su estilo de vida y de amar, nos marca y señala el camino asistidos por y en su Espíritu.

jueves, 15 de junio de 2023

EL RESENTIMIENTO MANTIENE ENCARCELADO NUESTRO CORAZÓN

Seguramente hemos oído alguna vez que quien no perdona no descansa. Ese deseo de venganza dentro de tu corazón no te deja en paz ni incluso cuando tienes la posibilidad de satisfacerlo. La paz está relacionada con la reconciliación y la reconciliación pasa por vaciar tu corazón de todo resentimiento y deseo de venganza.

Se trata de hacer la paz. Eso significa que el respeto a la libertad debe ser la opción primera. Una libertad bien entendida, porque no es libertad imponer tus pensamientos, satisfacer tus egoísmos y pasar por encima de todo aquel que no está de acuerdo con tu manera de actuar. La libertad busca siempre el bien de todos, el respeto y la igualdad. La verdadera libertad te protege, respeta tus derechos entendiéndolos como iguales a los míos y acepta tus pensamientos y tu manera de vivir siempre de acuerdo con no perjudicar ni imponerte a los demás.

Hemos sido creados libres para vivir en libertad y serás tú, persona humana, la que dirija tu vida de acuerdos con tus ideas y creencias. Ahora, también serás responsable de tus actos y de tus decisiones. De modo que todo aquel, y somos todos, de buen gusto elegirá ser feliz eternamente. Y esa máxima aspiración solo te la puede dar Jesús, el Hijo de Dios, que ya te la anuncia con su Vida, Palabra y Obras.

Por lo tanto, no podemos quedarnos tranquilos y conformes con nuestra manera de actuar ni con la que nos testimonian otros. Siempre debemos estar en actitud de superarnos, de perfeccionarnos y de, cada día, ser mejores personas y, si cabe, más perfectas. Ya nos lo advierte Jesús en el Evangelio de hoy: (Mt 5,20-26): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos». Habéis oído que…

Y el camino para conseguirlo ya sabemos cual es, caminar agarrados e injertados en el Espíritu Santo, que lo hemos recibido en la hora de nuestro bautismo. Abiertos a su acción podemos superar todos los obstáculos e irnos perfeccionando con y por su Gracia.

miércoles, 14 de junio de 2023

DETRÁS DE LA LETRA SE ENCUENTRA EL ESPÍRITU

Sabemos por experiencia que la ley no alcanza con plenitud todos los actos del hombre, porque todos no tienen la misma medida. Mientras unos llegan a ser concretos y pueden medirse, otros escapan a esa realidad y son inmedibles. Hablamos de los actos llamados objetivos y subjetivos, unos medibles, visibles, palpables y concretos y otros sujetos al espíritu y a la intención escondida que subyace en lo más profundo del corazón.

La bondad de muchos actos humanos no se puede apreciar. Hay acciones objetivas con resultados malos que buscaban una buena intención y no pretendía terminar en esa maldad. Ocurren ajenas a la voluntad de la persona que lo ha cometido. Es cuando hablamos del espíritu, de que tal persona no tenía esa intención. Y es precisamente esa intención del espíritu lo que da bondad o maldad a los actos humanos.

Por tanto, la ley debe regirse y contemplar esa otra dimensión del espíritu que llega hasta el arrepentimiento y dolor del acto cometido por las consecuencias que arrastra. Y es ahí donde se produce el choque y el dilema con los juristas de la ley del pueblo de Israel. Y también con los de nuestro tiempo. La ley se queda corta, no llega a la profundidad de la intención y queda estancada en el cumplimiento y la objetividad.

La misericordia avanza más y llega a la profundidad de la intención que bulle en el corazón del hombre. Y es ahí donde llega Jesús y donde cualquier precepto por insignificante y pequeño que parezca cobra una gran importancia como el más grande. Es el caso, por ejemplo, de aquellos dos reales depositados en la bandeja por aquella pobre viuda pobre (Lc 21, 1-4). Porque lo que determina la bondad o maldad del acto no es la importancia o la grandeza sino la intención, que se esconde en el espíritu.

martes, 13 de junio de 2023

NO ERES TÚ, ES TU TESTIMONIO QUIEN DA LUZ O SOMBRA A LOS DEMÁS.

Tu forma de ver y actuar dará luz o sombra a los que te ven o reciben los efectos de esa forma de actuar tuya. De modo que según tus obras tu vida será luz y sal o sombra y oscuridad. Ese es en definitiva tu testimonio que si va acompañado de tu palabra según la recibes del Señor, tu luz y sal será brillante y sabrosa para la vida de los que te ven y te rodean.

De ahí la importancia de tu ser y obrar. Porque, de no ir tu palabra en correspondencia con tus obras, la luz y la sal que tu vida desprende llegará mermada en penumbra y desabrida en gusto al corazón de los que las reciben. Significa eso que la coherencia, según la Palabra de Dios, entre tu vida y tus obras tiene que corresponderse. De no ser así no llegará al corazón de los que la ven y la reciben.

Experimentamos que nuestras obras serán buenas si estamos abiertos a la acción del Espíritu Santo. Porque es el Espíritu de Dios quien obra en nosotros nuestras buenas acciones y quien convierte nuestros errores en actos buenos y obras de amor. Es lógico y de sentido común que de un pecador no puede salir nada bueno, al menos lo suficiente bueno para alumbrar y salar el corazón de otro. Solo injertados en el Señor nuestras obras serán buenas y tendrán la luz y la sal que realmente alumbren y den sabor a la vida de los demás.

Realmente seremos luz y sal en la medida que sepamos humildemente aceptarnos como hijos de un mismo Padre Dios y que nuestras vidas, injertadas en Él, sean instrumentos en sus manos para, por su Gracia, ser y dar luz y sal de su Amor Infinito y Misericordioso, la Buena Noticia de salvación.

lunes, 12 de junio de 2023

LA VERDADERA FELICIDAD SE ESCONDE EN LAS BIENAVENTURANZAS.

Lo que el mundo nos dice, nos muestra y nos presenta es el éxito. Todo lo que no sea éxito es fracaso para el mundo. Será, pues, importante para el mundo todo aquel que tenga éxito, riqueza, bienestar, placer, arrogancia de poder y afirmación de sí mismo por encima y en perjuicio de los demás.

Eso determina y significa que seguir a Jesús y vivir en y según las bienaventuranzas será una renuncia a todo lo que el mundo nos ofrece. Sin embargo, todos los que estamos en este mundo buscamos la felicidad. Dentro de cada hombre hay una chispa de felicidad eterna que le impulsa a buscar la felicidad. Una felicidad que el hombre no encuentra en este mundo a pesar de su poder, riqueza y placer.

Luego, la pregunta es: ¿Dónde está esa felicidad tan buscada y deseada? Y la respuesta nos viene dada por Jesús en el Evangelio de hoy: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos… Son bienaventurados, es decir felices, todos aquellos que…

Por tanto, no busquemos la felicidad en este mundo ni en las cosas de este mundo. Y no la busquemos porque en el mundo y en sus cosas no se encuentra. Busquemos la felicidad que arde desde lo más profundo de nuestro corazón en la Palabra de Dios y en esas bienaventuranzas que nos presenta porque son en ellas donde la encontramos.

Seamos consciente de nuestra pobreza y limitaciones y pidamos al Señor la fuerza, la paz y sabiduría de su Espíritu para poder así sumergirnos en su Gracia y, fortalecidos en Él, vivir nuestra vida en y con la actitud de las bienaventuranzas. Amén.

domingo, 11 de junio de 2023

UN PAN QUE TRANSFORMA Y SE PARTE EN DISPONIBILIDAD PARA LOS DEMÁS.

Sí, la Eucaristía es un gran problema. Recibir el Cuerpo del Señor compromete a vivir en el Señor. Hacerlo de forma indiferente, descomprometida y rutinariamente es harto peligroso y puede ser nefasto para nuestra vida. Comer el Cuerpo del Señor, tal como Él nos ha dicho y bajo las especies de pan y vino, exige compromiso y respuesta a dejarnos transformar en unos corazones mansos, humildes y generosos.

¡Claro, un gran problema! Porque no es nada fácil transformar nuestro corazón endurecido, egoísta, cómodo y placentero en un corazón suave, dado y generoso y disponible a compartir sin límites todo lo que somos y tenemos. Porque eso fue lo que hizo Jesús y, al comer su Cuerpo decimos que también nosotros queremos hacer lo mismo.

Nos cuesta mucho y nos echamos para atrás. Muchos se lo piensan antes de comulgar y se retraen de hacerlo. Y otros nos debatimos constantemente en pedir perdón porque haciéndolo experimentamos que no vivimos a esa altura que el comer el Cuerpo del Señor compromete.

¿Qué hacer? Simplemente, reconocernos pecadores. Ya el Señor nos lo ha dicho: He venido a salvar a los pecadores (Lc 5, 32). Y eso significa que hay pecadores. Pues bien, nosotros estamos entre esos pecadores. Y la lucha será exigirnos mejorar, perfeccionarnos. Eso nos exigirá estar en el Señor, y nada mejor que comer su Cuerpo y alimentarnos de su Espíritu. Esa es la batalla, tomar conciencia de nuestra responsabilidad y compromiso y, alimentado espiritualmente en el Cuerpo y Sangra del Señor, enfrentarnos a la lucha diaria contra nosotros mismos con la finalidad de cada día ser un poquito mejor hasta llegar, por la Gracia de Dios, a poder partirnos como el Señor y darnos a los demás. Esa es nuestra meta ser Cuerpo del Señor: Corpus Christi.

sábado, 10 de junio de 2023

¿EN DÓNDE PONEMOS NUESTRA MIRADA?

La realidad no es exactamente lo que nuestros ojos perciben sino lo que pulula dentro del corazón del hombre. Es ahí donde se esconde la verdadera intención de sus actos. No todo lo que se ve es bueno o malo. Dependerá de la intención que realmente busca el corazón de las personas.

Planteado de otra forma. Lo que realmente manda, te hace responsable y califica tus actos. Y eso es lo que precisamente sale de tu corazón. Jesús lo ha dejado muy claro: - Mt 15, 17-19 - ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al estómago y luego se elimina?  Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre.  Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias.…

De ahí deducimos que vivir en las apariencias es autoengañarte porque al final de nada te vale. Fundamentar tu vida en trepar para alcanzar los primeros puestos, los asientos de honor, la admiración de los otros...etc. de nada vale. Da la casualidad, y ahora me viene a la mente sin haber pensado antes compartirlo en esta reflexión, de unos amigos que hablaban de una persona mayor ya fallecida que se deleitaba en placeres concupiscentes.

¿Al final de qué vale todos esos logros alcoanzados y ese placer? Ahora todo se acabó, esa persona ha fallecido y lo que verdaderamente importa es donde está. Porque eso es lo que se ignora, la vida que sigue a ésta que pasamos por este mundo. Aquí no se termina nuestra vida, seguimos viviendo y lo haremos según hayamos vivido en esta: Es decir en gozo y felicidad o en condenación eterna. Esa es la realidad y lo único importante.

De ahí la gran y verdadera importancia de nuestros actos. De ellos dependerá nuestra verdadera felicidad eterna. Perder esto de vista nos lleva a eso, a querer gozar en este mundo satisfaciendo nuestros egoísmos concupiscentes y vender nuestra plena felicidad por un potaje de lentejas.

Tengamos muchos cuidado y tratemos con la asistencia y auxilio del Espíritu Santo vivir nuestra vida de forma coherente con nuestra fe sin apariencias y mentiras.