viernes, 20 de julio de 2018

MIRANDO A LA LEY

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Mt 12,1-8
Somos muy ávidos a poner leyes prohibiciones para organizar el tiempo y las costumbres de los hombres, y, de alguna manera, controlar los movimientos y administrar el ritmo social y todas las consecuencias económicas y otros intereses que de ello se desprende. El hombre tiende a controlar todo lo que se mueve a su derredor, y para eso pone leyes.

Pero, salta la pregunta, ¿es la ley lo verdaderamente importante? O proclamada de otra forma, ¿es la ley más importante que el ser humano? A lo que podemos añadir, ¿es más el sacrificio que la misericordia? El sentido común nos descubre claramente que se impone la verdad y la justicia. Y eso nos lleva a desvelar que es la persona humana la prioridad y todo debe estar sometido a su bien y felicidad.

Aunque lo sentimos así porque sale de nuestro interior y de nuestro sentido común, la verdad no está en la ley sino en lo que esa ley sirve para el provecho y bien del hombre. Por lo tanto, la leyes deben estar contenidas en la verdad porque son hechas para servir al hombre. Y Jesús, el Señor, nos lo deja muy claro en el Evangelio de hoy: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: ‘Misericordia quiero y no sacrificio’, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado».

Ahora, saca tu mismo tus propias conclusiones desde la Palabra de Dios que nos ilumina y nos alumbra.

jueves, 19 de julio de 2018

SÍ, LLEGA EL MOMENTO DEL CANSANCIO

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Mt 11,28-30
A veces nos parece que somos incombustibles y que no nos cansamos. Sí, sabemos que tenemos que dormir y descansar, pero creemos que el descanso nos repara y nos recarga para volver a empezar. Eso es así, pero también sabemos, por experiencia propia y de otros, que hay cansancios que, a pesar de que tenga su correspondiente descanso, no terminan por aligerarse y encontrar el sosiego y la paz.

Porque, hay cansancio físico, psíquico y espiritual. Posiblemente, el físico sea más fácil de reponer, pero el psíquico y espiritual se hacen más difíciles, a pesar del descanso, de reponerlos. Y es que hay momentos y situaciones que nos sobrepasan y nos alteran la vida. En esas circunstancias el descanso no es posible y tendremos que hacer uso de fármacos que nos duerman y, aparentemente, nos permitan descansar. Porque, la realidad es que siempre estamos angustiados y atormentados.

Jesús se dirige hoy en el Evangelio a esas personas. A todos aquellos que nos sentimos en muchos momentos de nuestras vidas desesperados, desfallecidos, desilusionados, derrotados y sin ánimo para continuar en la batalla diaria contra las fuerzas del mal que nos amenazan con aplastarnos y ponernos en situación de dejarnos llevar por la corriente del conformismo, de la satisfacción, de la comodidad, de los placeres y del abandono de nuestra conciencia.

Ante esta dura realidad que nos presenta el camino de cada día, Jesús, consciente de nuestras debilidades nos dice: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera». Simplemente, cree en Él y abándonate en sus brazos, porque en Él encontrarás el gozo y la paz que el mundo nunca te pueda dar.

miércoles, 18 de julio de 2018

CUANDO EL CORAZÓN DERRAMA GRATITUD

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En muchos momentos de nuestra vida hemos sido espontáneos y hemos experimentados que habla nuestro corazón. Es verdad que no nos atrevemos a dejarlas escapar y también que todas, o casi todas, mueren en el mismo lugar que nacen, dentro de nosotros. Sería bueno dejarlas escapar y que revoloteen a nuestro derredor y, ¿por qué no?, salgan a la luz y descubran nuestro corazón agradecido.

Hoy, Jesús, deja escapar una de esas oraciones espontáneas que le tocan el corazón. Experimenta que la escucha de la Palabra no es receptiva para aquellos intelectuales que presumen de sabérselo todo; experimenta que para escuchar hay que ser humilde y sencillo y eso no abunda en corazones orgullosos, suficientes y soberbios. No podrá crecer nunca la buena semilla entre abrojos, pedregales y tierra poco profunda, pero a pesar de eso, la Palabra será siempre sembrada porque está destinada a sembrarse en todas partes.

Pero, sólo la tierra buena, abonada con humildad y sencillez, permitirá hundir las raíces de la Palabra en sus senos y fertilizar sus profundos surcos de la Gracia de Dios transformando tu corazón humano en un corazón divino semejante al Señor. Por eso, necesitamos un corazón humilde y  sencillo para dejar que la Gracia del Señor nos transparente y la luz pueda reflejarse en nosotros y traspasarnos para llegar a otros.

También nosotros, en el Señor Jesús, damos gracias por tener esa actitud de querer convertir nuestro endurecido y humano corazón en un corazón semejante al Señor. Y, siguiendo sus pasos, nos postramos ante su presencia en gesto y señal de suplicar su sabiduría y su Amor.

martes, 17 de julio de 2018

PERO, A LA HORA DE LA VERDAD...

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Mt 11,20-24
Supongo que visto el milagro todo sigue igual. Y no lo digo por supocisiones, sino apoyado en realidades. El milagro de Calanda - ver aquí - es relativamente reciente - siglo XVII - y al parecer no ha cambiado mucho el obrar de la gente. Puede ser que empieces a pensar de otra forma, pero si tu pensamiento no te lleva a creer y la fe a obrar, tu conversíon no se ha realizado.

Convertirse es tomar la decisión de creer en Jesús de Nazaret y de ponerse con toda confianza en sus Manos. Eso no va a cambiar tu vida, pero si le va a dar verdadero sentido, gozo, felicidad y paz. Y eso no significa que todo te va a salir bien ahora, sino que todo te saldrá bien al final de tu vida. Es decir, ahora tendrás - tendremos - que caminar utilizando la mochila que nos ha sido regalada y todas nuestras capacidades, pero nunca solos, sino agarrados de la Mano de nuestro Padre Dios en el Espíritu Santo. Pero, sin perder de vista que al final, en nuestra hora, nos espera el gozo, la plenitud y la Vida Eterna.

Y, convertirse, significa que el Espíritu Santo irá cambiando tu corazón humano por un corazón parecido al de Jesús. Empezarás, quizás sin darte cuenta, a amar como te ama tu Padre Dios y a entender el amor de Jesús y su entrega hasta dar su vida sin tú haberle respondido ni hacer ningún gesto de cambio. Empezarás a comprender que el amor no exige cambio, sino aceptación y entrega hasta el extremo. Empezarás a comprender que no se necesitan pruebas sino confianza y dejarse llevar hasta experimentar el gozo y la paz dentro de ti.

Pero, no te fias de alguien que trata de ganar tu confianza, te fías del Alguien que ha dado su vida, Él primero, por ti y que ha Resucitado. Lo que te ofrece, la Vida Eterna, Él la tiene, porque ha vencido a la muerte. Así que es simplemente creer y fiarte de Él, tal y como dice Pablo, 2Tm 1, 12, - sé de quien me he fiado -.

lunes, 16 de julio de 2018

EL AMOR NOS ENFRENTA

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Mt 10,34--11,1
Parece algo raro y contradictorio, pero el amor, cuando es verdadero amor nos enfrenta y nos divide. Porque, los hombres y mujeres nos relacionamos y nos amamos con amor humano. Un amor que no sobrepasa la frontera de la gratuidad ni de la entrega total hasta la vida. Un amor que se detiene en lo puramente humano: interés, beneficio, gusto, egoísmo, placer...etc. Un amor que busca la correspondencia o el mismo pensamiento. Un amor que tiende a igualar.

Y eso no es realmente amor. No es lo mismo amar que querer. Aunque ambas palabras parecen expresar lo mismo, no lo hacen. Querer es desear una cosa o a una persona, hasta el punto de poseerla y disfrutar de su presencia, pero nunca servirla. Amar puede quedarse en lo mismo, como un querer, pero va más allá hasta el punto de implicarse en servir sin condiciones ni exigencias.

Dios nos quiere así, sin exigirnos a cambiar; sin modificar nuestra manera de ser; sin pedirnos nada a cambio. Dios nos quiere tal y como somos, pues ha sido Él quien nos ha dado la vida y todo lo que tenemos. Dios simplemente quiere que creamos en El y estemos dispuestos a dar la vida por los demás como Él la da por nosotros. Dios quiere que amemos con un amor ágape, un amor que se da en servicio y entrega hasta las últimas consecuencia. Ese es el amor que nos pide Dios.

Y ese amor nos enfrenta muchas veces. No nos hace falta ejemplos, porque todos lo hemos experimentado en nuestras familias, en nuestros ambientes y círculos más próximos, y lo vemos y observamos en los demás. Dios quiere que cambiemos en ese aspecto, en dejarnos transformar nuestro corazón endurecido por un corazón ágape. Y eso no lo puedes hacer tú, ni tampoco yo. Ambos amamos humanamente y para amar como Dios tendremos que dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo.

Esa es la cruz que tendremos que tomar y, sin mirar para otro lado, seguir fielmente al Señor. Jesús nos lleva a amar tal y como Él lo hace con nosotros. No nos pide que cambiemos sino que tratemos de amar inmersos en Él y llevados de su Gracia. Será ese amor quien nos transformará.

domingo, 15 de julio de 2018

ENVIADOS A MISIONAR

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Mc 6,7-13
No hay otro objetivo ni otra misión. Nuestra misión es misionar, valga la redundancia. Una misión, pongámosle un nombre, seglar. Es decir, una misión que realizas desde tu familia, desde tu colegio, desde tu círculo de amigos, desde tu ambiente, pueblo o ciudad. Y, hoy, también desde Internet. Desde el momento de tu bautizo quedas configurado como sacerdote, profeta y rey, y eres enviado a dar testimonio de la Palabra y del Reino de los Cielos.

Pero, ¡cuidado!, no te asuste. No se trata de nada que no sea natural. Sí, existen vocaciones concretas de misioneros que van a otros países, y de consagrados en unas misiones concretas, pero no todos son enviados a lo mismo. También está la ciudad, las familias, los pueblos, el colegio, el ambiente de tu círculo más íntimo, en tu trabajo...etc. Cada cual debe dar testimonio de su fe, es decir, de lo que vive. Y es muy fácil hacerlo. Se trata de escuchar, de compartir, de comprender, de ser amable, de ser solidario, de ayudar, de ser generoso, de...etc. Eso está al alcance de todo y en todos los lugares que tu vida se sitúe.

Otra cosa es que nos cueste y nos resulte difícil por nuestros pecados. El orgullo, la soberbia, la suficiencia, la envidia, la avaricia, el egoísmo, las riquezas, el poder...etc, son piedras que nos impiden avanzar y realizar la misión como a nosotros nos gustaría. Sí, lo fácil se torna difícil. Pero, tenemos una carta en la manga. No vamos solos. Desde el día de nuestro bautismos recibimos al Espíritu Santo, y Él nos acompaña y nos fortalece, nos da sabiduría, inteligencia, consejo, ciencia, piedad y temor de Dios. Con ellos y sus constante asistencia podemos vencer las dificultades y realizar nuestra misión.

No perdamos de vista, porque es lo que verdaderamente importa. Siempre, cuando vamos al cine, nos interesa saber el final. Pues, nuestro final es el gozo y la plenitud de la Vida Eterna. ¿Qué te parece? Ese objetivo nos ayudará a confiar, a creer y a dejarnos interpelar y dirigir por el Espíritu Santo, porque eso nos hará mas felices ahora y en la otra vida para siempre.

sábado, 14 de julio de 2018

ABANDONADOS EN EL SEÑOR

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Mt 10,24-33
No perder de vista al Señor y su promesa es la fuerza que nos impulsará antes la dureza y dificultades del camino. Sabemos, por la fe, que nuestro camino, sostenido en la fidelidad al Señor, será un éxito y un triunfo de gozo y vida eterna. El Señor nos lo ha prometido y su Palabra tiene cumplimiento. El Señor no permitirá que nuestras dificultades sean superiores a nuestras fuerzas. Yendo de sus Manos seremos siempre más fuerte y tendremos la capacidad de resistir. Él nos acompaña y no deja que desfallezcamos,

Somos sus hermanos por adopción, hijos adoptivos de su Padre del Cielo, quien lo ha enviado para rescatarnos con su voluntaria y libre entrega a una Muerte de Cruz. Por ella,  gratuitamente, y por su Gracia, alcanzamos la Misericordia y el perdón de todos nuestros pecados ante el Padre, a  pesar de ser indignos. Por su Pasión y Muerte somos acogidos y aceptados en la Gloria del Padre.

Pero, eso no evitará las pruebas que hemos de sufrir y padecer, pero tampoco permitirá que nos derrumbe. Son necesarias para que demos testimonio de nuestro auténtico amor y entrega. "Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo". Por lo tanto, tendremos que padecer en proporción a la capacidad y fortaleza que hemos recibido.

Y, sólo Dios sabe de nuestra capacidad y resistencia, pero nos ha dejado en libertad, para elegir enfrentarnos o entregarnos a las seducciones del Maligno. Somos muy valiosos para el Señor y en Él permaneceremos fuertes y seguros, y tendremos el mejor defensor ante el Padre, pues el mismo nos lo ha dicho: «todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos».

Tengamos confianza y fe en el Señor, pues Él nos ha creado para hacernos eternamente felices.